“Mi madre es una desconocida para mí”

Mujeres engañadas y niños robados relatan su reencuentro

Tras las pruebas de ADN comienza una frustrante carrera para recuperar el tiempo perdido


Benedicta García cuenta cómo era su vida antes y después de encontrar a su hija robada. / FOTO: ALEJANDRO RUESGA / VÍDEO: ÁLVARO DE LA RÚA, NATALIA JUNQUERA Y PAULA CASADO

El salón de la casa de Benedicta García está cubierto de fotos de su hija. Apenas queda hueco en las paredes para un calendario en el que un gran círculo señala una fecha, 28 de noviembre: “Tres años desde que encontré a Pili”, dice justo al lado. En las estanterías, colocados como si fueran trofeos, hay una decena de vídeos que su hija robada, Pilar Monclús, le ha ido enviando desde Barcelona para enseñarle a su madre los 46 años que se ha perdido: su primera comunión, su boda, el nacimiento de sus dos nietas, las fiestas de cumpleaños, los disfraces de Carnaval…

Varios miles de personas en España se acuestan cada noche soñando con reencontrarse, como Benedicta y Pilar. Han llenado fiscalías y juzgados de denuncias por robo de bebés (más de 3.000) y foros de Internet de fechas, nombres de hospitales, fotos y descripciones de marcas de nacimiento con la esperanza de encontrar al niño robado o a la madre engañada. Pero los pocos que lo han conseguido saben que tras la prueba de ADN que confirma el parentesco se abre un difícil proceso, una agotadora y frustrante carrera para lograr lo imposible: recuperar el tiempo perdido.

Benedicta García y Pilar Monclús

Vivieron de manera distinta su primer encuentro. “Me tomé dos pastillas para los nervios y una tila y bajé al portal. Cuando la vi llegar me di cuenta de que era mi hija. El corazón me latía… fue impresionante”, recuerda Benedicta, de 75 años. “Ella nos esperaba en el portal y en cuanto la vi pensé: ‘Esa es mi madre”, coincide Pilar. “Nos dimos un beso, subimos a su casa, charlamos… Fue algo frío”, añade. “A los dos días volví yo sola y lo pasé mal. Ella quería ejercer de madre, pero para mí era una desconocida. Me sentí muy mal, me agobié. Me dio un ataque de ansiedad. Con el tiempo se me ha ido pasando, pero es muy duro. Yo no puedo cambiar su vida ni ella la mía. No sé cómo es, la voy conociendo poco a poco. Para mi mis padres son los que me criaron. Es muy difícil establecer una relación madre-hija, con 50 años. Ahora intento no comerme la cabeza. La quiero mucho y me tiene aquí para lo que necesite. La llamo casi todos los días y le mando fotos y vídeos para intentar ponernos al día, pero es imposible”.

Junto a los vídeos, Benedicta muestra con orgullo los álbumes que ha ido llenando, carta tras carta, con las fotos que le envían las personas que más quiere en el mundo, pese a ser las que menos tiempo llevan en su vida. “Esta es del día que nos conocimos, cuando Pilar vino a verme a Logroño con su familia. Antes la llevaba en la cartera, pero hubo robos en mi barrio y la saqué”. A Benedicta no le preocupaba que le quitasen el dinero. Le angustiaba la idea de que el ladrón se llevase esa estampa que recoge el momento más feliz de su vida.

Tenía 26 años cuando llegó a un pequeño pueblo de la costa brava a trabajar de interna en una casa. Allí se enamoró de un ferroviario y se quedó embarazada. “Me dijo que no quería saber nada. No le volví a ver”. Ella lo desconocía, pero su novio estaba casado y tenía hijos. Su familia no la ayudó y Benedicta, a punto de convertirse en madre soltera en la España de los sesenta, decidió irse a Bilbao. “Fui allí como podía haber ido a otro sitio. Solo quería ir a una ciudad grande donde nadie me conociera”. En la casa cuna de Bilbao las monjas le dijeron que podía dejar allí a su hija mientras estaba trabajando e ir a verla cuando quisiera. “Pero empezaron a darme largas, a decirme un día que estaba dormida, otro que estaba enferma… y yo me volvía a casa llorando sin verla. El día que le llevaba una medallita y unos pendientes, sor Bernardina me dijo que no volviera más, que mi hija estaba con una familia y que me olvidara de ella. Nunca pensé que las monjas pudieran hacer esas cosas”.

Pilar Monclús, y su madre, Benedicta García, el día que se conocieron, en noviembre de 2011.

Benedicta contrató a un abogado para que presentara una denuncia y buscara a un detective que localizara a su pequeña. “Pero las monjas pagaron al abogado y el abogado al detective, que me dijo que mi hija estaba estupendamente con otra familia y que no la buscara más”.

Años más tarde, Benedicta se casó, pero no tuvo más hijos. Sobrevivió al accidente de tráfico en el que perdió a su marido, Carlos, en 1980, y siguió buscando a Pilar. No se quitó aquella medallita que le habían impedido ponerle a su bebé hasta que la tuvo delante, 46 años después, y pudo al fin entregársela. “Yo no quería morirme sin encontrarla”, explica Benedicta. Contrató a otro abogado y a otro detective. Les llevó toda la documentación y esperó. “Hasta que me llamó y me dijo: ‘Bene, pásate por aquí, que tengo buenas noticias”.

Llegó a casa con el teléfono de su hija anotado en un papel, pero después de haber estado buscándola toda su vida, no se atrevía a llamar. “Me puse nerviosísima. Pensé que igual ella no querría saber nada de mí”. Finalmente, se armó de valor y llamó a una casa a 480 kilómetros y 46 años de distancia. “Estaba temblando”.

Cogió su nieta. Pilar había salido, pero cuando volvió a casa recibió un mensaje que la dejó de piedra: “Ha llamado una señora de Logroño que dice que es tu madre biológica”. Pilar devolvió la llamada y puso el teléfono en altavoz para que su marido y sus hjijas, de 20 y 13 años, escucharan la conversación. Duró una hora. “Las dos estábamos muy nerviosas, sobre todo yo. Me preguntó por qué la había abanonado y le expliqué lo que había pasado”, recuerda Benedicta.

“Hubiese preferido ser una niña abandonada”, explica Pilar. “Saber que has sido robada, que habían destrozado la vida de una mujer, de una madre, te descuadra totalmente y sientes mucha rabia”. Ella supo que era adoptada con 13 años. “Me enteré por terceras personas, se lo pregunté a mis padres y lo corroboraron. Siempre pensé que mi madre me había abandonado hasta que hace unos años vi un programa de niños robados. Miré mi documentación, vi irregularidades y puse una denuncia en el juzgado de Barcelona que se archivó por falta de pruebas”. Pilar, como la mayoría de niños robados, tuvo una infancia feliz. “Tuve mucha suerte con mis padres adoptivos. Sé que pagaron una cantidad de dinero, pero supongo que a ellos también les engañaron. Murieron hace años. No sé cómo habrían reaccionado hoy”.

Benedicta y Pilar siguen conociéndose. Y sorprendiéndose. “Es impresionante. Pese a haber estado tanto tiempo separadas nos parecemos muchísimo, ¡hasta en la manera de andar!”, dice Pilar. También Benedicta lo repite desde su salón mientas ve los vídeos una y otra vez: “Nos parecemos mucho. Cuando los miro lloro y me río. Es mi hija y la quiero tener conmigo, pero ella tiene su vida y yo la mía. Nos vemos cuando podemos y así vamos haciendo la amistad, cogiendo confianza, pero cuesta mucho, porque el tiempo perdido es muy difícil recuperarlo”. Pese a las dificultades, encontrar a su hija la ha cambiado. “Todo el mundo me lo dice. Antes era retraída, apenas hablaba, estaba siempre triste. Ahora soy otra, tengo alegría..”.

María Luisa Torres y Pilar Alcalde

Pilar Alcalde (izquierda) y su madre, María Luisa Torres, poco después de su reencuentro, en 2011. / GORKA LEJARCEGI

María Luisa conoció a su hija Pilar 29 años después del parto en la clínica Santa Cristina (Madrid). Allí se la había quitado María Gómez Valbuena, la primera monja imputada por robo de bebés. El proceso judicial concluyó poco después de la muerte de la religiosa, en enero de 2013, pero mientras duró, decenas de mujeres que buscaban a sus bebés robados solían arropar a María Luisa y Pilar a las puertas del juzgado. Ver a madre e hija llegar juntas, cogidas de la mano, era el mejor motivo para la esperanza. Todas querían ser como ellas.

Maria Luisa y Pilar disfrutaron durante dos años de sí mismas. Se contaron sus vidas, se deshicieron en abrazos. “Era como si nunca hubiéramos estado separadas”, recuerda Maria Luisa. Pilar se fue de vacaciones a Ibiza con las hermanas a las que acababa de conocer. Pasó la primera nochebuena de su vida con su madre en 2011. “Iba a mudarse a vivir con nosotras”, asegura María Luisa. Pero todo se torció.

“Hace 13 meses que no hablamos. Un día dijo que necesitaba tiempo y ya no volvimos a saber nada”, lamenta María Luisa. “Perderla de nuevo, después de 29 años esperando, ha sido el palo más duro de mi vida. En casa ya no hablamos del tema. Es muy doloroso”.

Antonia Morro

“Mis padres nunca me ocultaron que era adoptada y cuando con 16 años quise encontrar a mi madre biológica, me ayudaron a buscar”, explica Antonia Morro. “A ellos les habían dicho que era una prostituta y que yo no era la primera hija que abandonaba. Mi madre [adoptiva]solía decirme: ‘Ahora será mayor, seguro que si la encuentras podrás ayudarla”.

Pero la madre de Antonia ni era prostituta ni la había abandonado. “Murió tras el parto, el 20 de agosto de 1963. Y ese mismo día las monjas le dijeron a mi padre que yo también había fallecido. Él y mis tías siempre sospecharon. Fueron al cementerio y les dijeron que me habían enterrado con mi madre. Era todo mentira, ¿pero quién le llevaba la contraria a la Iglesia en los años sesenta?”.

Todo esto se lo contó su hermana cuando logró localizarla en agosto de 2011 gracias a la ayuda de dos empleadas del Consell de Mallorca. “Investigando, se enteraron de que mi madre había tenido cinco años antes una hija de una relación anterior y la encontraron. Fue ella la que me dijo que mi madre había muerto después del parto, que mis padres no estaban casados cuando nací yo, que mi padre le había pedido que me buscara…” Quedaron los tres para hacerse un test de ADN. “Fue muy emocionante porque cuando mi padre se bajó del taxi dijo: ‘No hay que hacer ninguna prueba, esa es mi hija’. La verdad es que teníamos la misma cara”.

Al principio todo fue bien. “Mi padre estaba contentísimo. Conoció a sus nietas. Me contó cómo había conocido a mi madre…” Pero la relación también se torció. “Personas de su familia metieron cizaña, pensando en herencias, y mi padre se dejó llevar. Hace muchos meses que no hablamos. Pero no estoy dolida. Yo iba buscando a mi madre y ya no estaba, pero encontré una hermana con la que tengo una relación maravillosa. Tu padre es el que te cuidó cuando estabas enferma, el que te llevaba al colegio, el que te castigaba… el mío está en el cielo y no lo va a sustituir nadie”.

Su madre adoptiva también falleció hace siete años. En el salón de Antonia hay una foto de los dos. Y junto a ellos, desde 2011, ha colocado una de su madre biológica. “Cada día de difuntos visito la tumba de los tres”.

Ensayo del primer saludo

Natalia Junquera

“Para un hijo adoptivo, encontrar a la madre biológica suele ser el final de un proceso: el de conocer su identidad. Y para la madre, en cambio, es el principio, a veces cree que va a recuperar al hijo”, explica Jaime Ledesma, mediador familiar especializado en reencuentros. Los hijos adoptivos que buscan a sus madres biológicas quieren satisfacer una curiosidad, no encontrar otra familia, porque sienten que la suya es la que les ha criado. Para evitar que ambas partes se hagan daño, “hay que ajustar las expectativas antes, ir lo más preparado posible al reencuentro”, añade el mediador.

La primera norma es “paciencia”. “Esto no debe hacerse de un día para otro. El proceso puede prolongarse meses antes del reencuentro. Tienen que escribirse cartas contándose su historia, mandarse fotos, preguntar todas las dudas que tengan”. La preparación psicológica incluye hasta ensayos del primer saludo, el momento crítico, porque ambas partes han fantaseado mucho sobre ese instante y es fácil que a la hora de la verdad, no sea como imaginaban.

Ledesma explica que “es muy difícil llegar a tener una relación madre-hija o madre-hijo. Puede llegar a haber mucha complicidad, pero después de tanto tiempo cuesta crear una relación de ese tipo. Lo que surge es un vínculo especial para el que habría que inventar una palabra nueva: algo entre la amistad y la relación familiar. En el caso de niños robados, el hijo siente rabia y la madre tiene que reelaborar el duelo”. Es decir, ella tiene que darse cuenta de que encontrarlo no es igual que recuperarlo. Y el hijo ha de asimilar una información que puede complicar la relación con sus padres adoptivos.

Desde 2007 los hijos adoptados tienen derecho, por ley, a conocer su origen y saciar su curiosidad. Pero al revés no: la madre biológica no puede pedir los datos de la familia a la que ha ido a parar su hijo. Ledesma cree que que en los casos donde haya indicios de robo o apropiación de ese bebé, la madre biológica debería tener más garantías. Y advierte sobre el cambio legal que recoge el anteproyecto de ley de protección del menor, en el que la madre biológica pasar de tener seis meses para arrepentirse y reclamar a su hijo a solo seis semanas. “Es poco tiempo”.

Más información

La Audiencia Nacional guarda una investigación secreta sobre los bebés robados por Videla

LOS ARCHIVOS SECRETOS DE ESPAÑA Y ARGENTINA

El expediente forma parte de la causa tramitada por Garzón contra la dictadura argentina a finales de los 90. Su archivo definitivo podría producirse en las próximas semanas

DANILO ALBIN Bilbao 16/11/2014

Manifestantes escuchan el veredicto contra Videla en julio de 2012.

Manifestantes escuchan el veredicto contra Videla en julio de 2012.– EFE

Los maquiavélicos métodos represivos aplicados por la dictadura argentina (1976-1983) no sólo incluyeron secuestros, torturas atroces o vuelos de la muerte. Siguiendo un plan sistemático ideado desde las más altas esferas del régimen, sus verdugos se encargaron de separar a cientos de niños de sus verdaderas familias. Muchos nacieron en campos de concentración u hospitales militares. Sus madres, nada más dar a luz, fueron fusiladas o lanzadas al mar aún vivas. En otras ocasiones, las criaturas eran apropiadas durante el secuestro de sus progenitores y entregadas a familias “occidentales y cristianas”. La condena era clara: ellos, los “hijos de subversivos”, jamás conocerían esta historia.

La lucha incansable de las Abuelas ya ha permitido que 114 jóvenes recuperen su identidad

Las cifras hablan por sí solas: según las Abuelas de Plaza de Mayo, cerca de 500 hijos e hijas de desaparecidos fueron secuestrados por la dictadura y entregados a familias de militares o civiles cómplices, que los criaron en la más absoluta de las mentiras. Sin embargo, la lucha incansable de las Abuelas ya ha permitido que 114 jóvenes recuperen su identidad. La búsqueda no sólo se realiza en Argentina, sino también en aquellos países donde los apropiadores podrían haberse afincado en la etapa final de la dictadura.

Según ha podido confirmar Público, España figuró entre los destinos elegidos por los ladrones de bebés. No en vano, en una habitación de la Audiencia Nacional existen varios documentos -hoy completamente olvidados- que así lo acreditan. De acuerdo a esos archivos, todo comenzó a mediados de 1996, cuando el juez Baltasar Garzón tramitaba una causa judicial por los crímenes cometidos en la Argentina de Videla. En aquel contexto, Matilde Artés Company, “Sacha”, una madre y abuela de desaparecidos que una década antes había logrado rescatar a su nieta Carla -apropiada por un agente de Inteligencia-, presentó una denuncia sobre posibles casos de hijos robados que por entonces podían vivir en España, sin conocer su identidad.

Las informaciones ofrecidas por Matilde Artés dieron lugar a una pieza judicial de carácter secreto, en el marco de la cual se realizaron distintas averiguaciones. Aquellas investigaciones estuvieron a cargo de un grupo conformado por agentes del Cuerpo Nacional de Policía, aunque la Guardia Civil también participaría en determinadas indagaciones. Durante varios meses, los agentes realizaron diferentes pesquisas para tratar de determinar si las denuncias de esta abuela eran ciertas.

Fuentes judiciales consultadas por Público confirmaron que este expediente -que reúne numerosas pruebas fotográficas y documentales- estaría condenado a dormir el sueño de los justos: el juez Pablo Ruz -sustituto de Garzón en el juzgado número 5 de la Audiencia Nacional- considera que los trámites relacionados con Argentina han concluido, por lo que próximamente podría producirse el archivo definitivo de la voluminosa causa. Si eso ocurre, la pieza secreta sobre los hijos robados por la dictadura se perderá para siempre.

Cuestión de sangre

Uno de los casos más llamativos de este expediente es el de P.E.V.B., un joven que por entonces vivía en Alicante. Las sospechas surgieron a raíz del testimonio de un odontólogo valenciano, quien aseguró que “un colega suyo, de unos 60 años de edad, tiene un hijo de unos 20 años, moreno, no guardando parecido físico con los padres”. “El padre de este niño, siempre que surgen conversaciones en relación a las personas desaparecidas durante el período de la dictadura militar en la República Argentina, elude éstas, evitando todo tipo de comentarios o impresiones al respecto”, añadía la denuncia presentada por Artés.

Las madres eran fusiladas o lanzadas al mar aún vivas nada más dar a luz

 Según comprobaron los agentes de la Guardia Civil que investigaron a esta familia en Alicante, P.E.V.B. había nacido en Buenos Aires el 15 de junio de 1979. Sin embargo, su anotación en el Registro Civil de la capital argentina se produjo casi 15 meses después, algo característico en los casos de apropiaciones de bebés por parte de la dictadura de Videla. Por tales motivos, los investigadores planteaban la necesidad de obtener “muestras biológicas de P.E.V.B. para su análisis, remisión y cotejo con el Banco de Muestras Genéticas de desaparecidos existente en Argentina”. Las fuentes judiciales consultadas por este periódico informaron que estos exámenes no llegaron a realizarse.

Las sospechas fueron aún mayores tras la declaración ofrecida a la Guardia Civil por un ginecólogo de origen argentino que a finales de los años 80 había atendido a la supuesta madre de este joven. La mujer había acudido a la consulta junto a su marido. Durante la charla con el ginecólogo, el hombre dejó entrever que había sido suboficial de las Fuerzas Armadas. “Se identificaron como argentinos y le dijeron que tenían un niño adoptado; igualmente le manifestaron que no tenían hijos biológicos”, recordó el médico. También aseguró que la pareja no le había explicado de qué manera habían realizado la adopción.

Junto a esta declaración judicial figuran fotos del joven y de sus supuestos padres, así como de las propiedades que la pareja tenía en España. También hay datos muy pormenorizados sobre rasgos físicos y hábitos personales del presunto hijo de desaparecidos. “Este caso era uno de los más claros”, señalaron desde el entorno de Matilde Artés. En las últimas horas, Público ha logrado confirmar que P.E.V.B. vive actualmente en Buenos Aires.

Dentistas en el punto de mira

Las sospechas también se centraron en J.M.A. y E.M.A., un jubilado argentino y una ciudadana alemana que vivían en Benidorm. En el marco de aquellas averiguaciones, la Guardia Civil obtuvo datos sobre los domicilios y las cuentas bancarias que el matrimonio tenía en esa turística ciudad. También pudo determinar que si bien contaban con residencia legal en España, la pareja mantenía su vivienda en una localidad situada a la orilla del río Meno, cerca de la frontera con Baviera. En los documentos no figuraba que tuviesen hijos, pero los investigadores no lo descartaban. Tal como explicaban en uno de los documentos, todas las pistas apuntaban a que J.M.A. y E.M.A. “se encuentran en este país de descanso, una vez alcanzado el retiro”, mientras que sus posibles hijos seguirían “residiendo en Alemania, donde tendrían sus estudios o trabajo”.

Una red de odontólgos “se habrían hecho cargo de sacar de Argentina y apropiarse de niños secuestrados”

Por su parte, la Policía Nacional llegó a elaborar un “listado de familias que tuvieran hijos cuya fecha de nacimiento estuviera comprendida entre 1975 y 1983 y que en el transcurso del tiempo continuaran residiendo en territorio nacional o hubieran obtenido la nacionalidad española”. De esta manera, los funcionarios detectaron “la existencia de 243 familias, repartidas en 26 provincias del territorio nacional, que tenían 366 hijos, los cuales se encontraban comprendidos en el objeto de la investigación”. Tras revisar los expedientes de cada uno de ellos, los policías aportaron al juzgado 134 fotocopias de partidas de nacimientos que, “una vez cotejadas, no han aportado nada nuevo a las investigaciones llevadas a efecto con anterioridad”, explicaban.

Entre las familias investigadas se encontraban el odontólogo V.R.O. y su mujer, R.B.H., quienes tenían una hija adoptada. Los inspectores a cargo de este caso aportaron a la Justicia diferentes documentos relacionados con esta familia, desde fotografías y copias de sus respectivos DNI hasta el expediente judicial sobre un altercado de tráfico que V.R.O. había tenido en 1984. Varios años después, la supuesta hija menor de este matrimonio, una joven que responde a las iniciales de L.O.H., inició su propia búsqueda de la verdad a través de las redes sociales. Si bien su nacimiento se habría producido en 1974, fuentes cercanas a la investigación recordaron a Público que la dictadura argentina solía falsear las fechas en las partidas, con el objetivo de hacer aún más difícil la localización de estos chicos.

En tal sentido, las mismas fuentes incidieron en uno de los nexos en común que tendrían los apropiadores afincados en España: muchos de ellos son dentistas de profesión. En efecto, los abogados de los organismos de derechos humanos ya habían advertido al juez Garzón sobre la “existencia de una suerte de red de odontólogos argentinos en el extranjero que se habrían hecho cargo de sacar del país y apropiarse de estos niños secuestrados”. Uno de los sospechosos de formar parte de este entramado, A.E.F., tenía una consulta en Vigo. En su denuncia, Matilde Artés advertía que tendría “dos o tres chicos que son hijos de desaparecidos”. Esta familia había llegado a España en junio de 1984, seis meses después de acabada la dictadura. Las sospechas, como en otros casos similares, aún siguen vigentes.

http://www.publico.es/especiales/memoriapublica/556667/la-audiencia-nacional-guarda-una-investigacion-secreta-sobre-los-bebes-robados-por-videla

Dos naves almacenan historiales que podrían aclarar la trama de los bebés robados

Investigación

El doctor Vela asegura que quemó la documentación de los supuestos bebés robados

El gran problema para las madres y los niños víctimas de la trama de los bebés robados es la imposibilidad de acceder a los historiales médicos que pueden contener las claves de sus casos. El doctor Vela ha asegurado que quemó toda la documentación pero ‘Se enciende la noche’ ha localizado dos naves industriales que almacenan los historiales que podrían aclarar muchos de los casos de los bebés robados.

Dos naves almacenan historiales que podrían aclarar la trama de los bebés robados

¿Qué ha pasado con los expedientes médicos de las madres y los niños víctimas de la trama de bebés robados? A la hora de iniciar la búsqueda, las familias encuentran un escollo prácticamente insalvable: les niegan los expedientes médicos.El intento por acceder a los historiales es, en casi todo los casos, imposible. Les dicen que se han perdido, que han desaparecido o que han sido destruidos (el doctor Vela ha asegurado que quemó toda la documentación).

El equipo de investigación de ‘Se enciende la noche’ ha encontrado en el boletín oficial de la comunidad de Madrid una empresa que gestiona los archivos de varios hospitales de la comunidad de Madrid y ha localizado dos naves industriales que podrían almacenar los historiales médicos que podrían aclarar muchos de los casos de niños robados.

Situadas en un polígono a las afueras de Madrid, una reportera, haciéndose pasar por una niña robada, ha intentado acceder a los expedientes médicos. El acceso ha sido imposible. “No le puedo dar ningún tipo de información porque usted no tiene ningún tipo de autorización. No le podemos dar ningún tipo de información. Tiene que ser a través del hospital. Nosotros estamos contratados a través de esos hospitales y no podemos hacer nada. A nosotros nos piden la historia, la servimos y ya está”, ha explicado el trabajador, que ha confirmado que en esa nave están los archivos del Hospital 12 de octubre.

Los archivos de La Paz, en otra nave industrial a 20 kilómetros del hospital

Localizados los expedientes del hospital 12 de octubre, el equipo de investigación de ‘Se enciende la noche’ continúa indagando para localizar más archivos y consigue encontrar la nave en la que se encuentran los historiales médicos de La Paz pero los trabajadores dejan claro que, aunque el historial es propiedad del paciente, es el hospital el que los tiene que solicitar. “Nosotros no os los vamos a poder dar. Nos lo va a tener que pedir La Paz. La historia clínica es propiedad del paciente y si tú reclamas tu historia clínica te la tienen que dar”, ha dicho el trabajador de la empresa, que ha confirmado al equipo de investigación que los archivos del año 1975 están en esa nave.

El doctor Vela: “No me arrepiento porque no hice más que bendecir a Dios salvando vidas”

Pese a que son muchas las madres que le señalan como el médico que les atendió en el parto y como el responsable del robo de sus bebés, el doctor Vela lo niega de forma contundente. Según su versión, nunca intervino en el robo de bebés. Asegura que se limitó a salvar vidas. “No me arrepiento, no hice más que bendecir a Dios salvando vidas”, dice el doctor Vela, que asegura que Sor María era una muy buena persona.

http://www.telecinco.es/seenciendelanoche/programas/10-12-2013/dos-naves-industriales-almacenan-historiales-aclararian-trama-bebes-robados_0_1714650027.html