Alemania empuja a Europa a una tercera recesión

 Escrito por  Marco Antonio Moreno / Jaque al neoliberalismo

Aunque Mario Draghi y Ángela Merkel traten de prolongar la agonía, la maldición del dinero barato provocará una seria fisura en Europa.
    Hace seis años, tras la caída de Lehman Brothers, los líderes europeos se reunieron en París para discutir una respuesta conjunta al tsunami financiero que se avecinaba. Francia y otros países impulsaron la creación de un fondo europeo para contener el impacto de la crisis. Sin embargo, Angela Merkel descartó un enfoque común e insistió en que cada país ideara su propio plan para combatir la que ha resultado ser la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de los años 30. Y ahora que Alemania empuja a Europa a su tercera recesión, confirmamos el descalabro de las malas decisiones económicas impulsadas por un egoísmo ciego y malsano.

Desde el estallido de la crisis, no se escatimaron recursos para el sistema financiero, apoyándolo con más de 30 billones de dólares, mientras el resto de los sectores económicos han debido luchar con las secuelas de la crisis. Los 30 billones de dólares inyectados al sistema financiero, permitieron superar los problemas a gran parte de la banca, desatando una euforia en los mercados bursátiles que, solo en los últimos dos años, se incrementaron entre un 50 por ciento, como el CAC francés, y un 80 por ciento como el Ibex español (ver gráfica), o un 65 por ciento como el Dax alemán. Todo esto mientras la economía real se mantenía estancada y los niveles de desempleo seguían por las nubes. Lo que estamos viviendo ahora es el derrumbe del castillo de naipes del dinero barato generado por los bancos centrales para ayudar al sistema financiero, que permitió a muchas empresas duplicar o triplicar el valor de sus activos. En estos seis años, todas las ayudas fueron al sector que creó la crisis, sin importar el hundimiento de la economía real. La caída de la demanda; el estallido del desempleo o el descenso imparable de los precios, no ha importado a los “rescatistas”. Y ahora que la zona euro sufre de un desempleo récord; cuando la deflación resulta inminente y cuando no hay ninguna perspectiva de crecimiento, como ha reconocido el propio Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, comienza el destape de esta caja de pandora que puede tener insospechadas consecuencias. Adictos a la droga del dinero barato El sistema financiero se ha tornado fuertemente dependiente de las inyecciones de dinero barato y de las tasas de interés al cero por ciento. Como el monstruo a lo Frankenstein que es, el dinero especulativo requiere de la constante creación de burbujas para mantener al sistema en funcionamiento. Y apenas los banqueros centrales, como Janet Yellen, anuncian que la política del dinero barato llegará a su fin, comienzan los espasmos catatónicos que hacen entrar a las bolsas en “modo pánico”. Así titulan los medios financieros cuando los mercados bursátiles se desploman más de 5 por ciento. Aunque no se puede esperar nada más de un sistema que se hizo adicto a la droga del dinero barato que se le entregó para la reactivación económica, y terminó usándolo en comprar más droga. La verdadera corrección del mercado no tardará en hacerse presente, y el “modo pánico” de estos adictos entrará en vigor de manera prolongada. La zona euro se encamina directamente a su tercera recesión y ésta será la consecuencia de los malsanos planes de austeridad que en nada tomaron en cuenta la profundidad de la crisis. Durante meses, las cifras muestran un descenso constante y sostenido de la actividad económica y de los precios, lo que indica que la zona euro se encuentra en pena trampa 3D, con deflación, desempleo y deuda. Y a medida que la desaceleración global se intensifica, la contracción adquiere más fuerza. Así lo expresan los datos de la producción industrial y las exportaciones de Alemania, que han caído con fuerza y no tendrán un repunte milagroso. Esto es porque también China, Japón y Estados Unidos van en serio retroceso, retroalimentando la espiral recesiva del contagio. Y ésto sin nombrar la catástrofe sanitaria del Ébola, a la cual en sus inicios las autoridades europeas no prestaron atención. El FMI y la debilidad de la demanda mundial El descenso del comercio mundial y la caída de la producción industrial ha llevado también al derrumbe en el precio del petróleo, que desde junio se ha reducido en más de un 20 por ciento. Asimismo, el precio del mineral de hierro ha caído un 40 por ciento en lo que va del año, mientras los precios del maíz, el trigo y la soja se han reducido entre un 20 y un 30 por ciento. Todo esto es resultado de la debilidad de la demanda mundial, lo que demuestra la ineficacia de las políticas promovidas por el FMI y los bancos centrales que aplicaron si mayor trámite las políticas de austeridad y recortes presupuestarios en un auténtico homicidio calificado. Esto confirma que la recuperación se ha enfriado y que Estados Unidos y Europa pueden desacelerarse más de lo esperado. El FMI volvió a revisar a la baja sus expectativas de crecimiento para 2014 y 2015, y sin duda tendrá que volver a revisarlas a la baja en un par de meses más. El castillo de naipes del dinero barato solo ha sido una vía de escape para el sistema financiero, permitiendo a la oligarquía financiera mantener su hegemonía y aumentar su riqueza, sin lograr dar empuje a la economía real. Esta desconexión, que comienza a verse en el mercado de bonos, puede tener serias consecuencias al allanar el camino para la fragmentación de la zona euro. Si antes Alemania podía erigirse como el ejemplo a seguir por los países europeos, una tercera caída de la zona euro en recesión puede echar por tierra el proyecto de la moneda única. Europa ha comenzado a transgredir todos sus principios, e incluir la prostitución y las drogas, como ha hecho recientemente Italia, no hace más que demostrar el derrumbe de una idea mal concebida. Aunque Mario Draghi y Ángela Merkel traten de prolongar la agonía, la maldición del dinero barato provocará una seria fisura en Europa.

El modelo alemán

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Detalles
06/marzo/2012
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Especialmente desde el inicio de la grave crisis económica global que padecemos, son muy frecuentes las alusiones elogiosas al modelo de relaciones laborales de Alemania por parte no sólo de destacados dirigentes de las organizaciones patronales españolas sino también por parte de importantes altos cargos gubernamentales y también de algunos comentaristas y tertulianos alineados en posiciones conservadoras y ultraliberales. No obstante, estas alusiones suelen ser casi siempre parciales y partidistas, ya que utilizan el ejemplo alemán de relaciones laborales únicamente en algunos de sus aspectos, sin tomar en consideración el contexto global de la economía germana y todo el conjunto de este marco de relaciones laborales.

Se nos dice, por ejemplo, que el subsidio de paro en Alemania alcanza en la actualidad sólo un año y asciende al 67% del último salario percibido por el trabajador desempleado, pero no se nos explica que la cobertura de este subsidio es más extensa para todos los parados mayores de 55 años de edad, ni que cuando un parado deja de percibir este subsidio pasa a percibir una pensión no contributiva de 359 euros mensuales, una pensión a la que se le añade el pago íntegro del alquiler de su vivienda, además del pago de los gastos de calefacción y también otros pagos, según cual sea su número de hijos y la edad de los mismos.

Es cierto que la grave crisis económica actual ha obligado a recortar algunas de estas prestaciones sociales, en especial las pensiones no contributivas, que en principio tienen carácter indefinido, pero en cualquier caso es evidente que en Alemania estas prestaciones están muy por encima de las existentes en España.

Quienes tan aficionados son a ponernos Alemania como ejemplo a seguir en las relaciones laborales deberían tener en cuenta que allí funciona en gran número de empresas el sistema de cogestión empresarial. Este sistema -que recientemente ha sido elogiado y puesto como modelo por el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría- permite que los comités de empresa tengan auténtico poder de decisión en muchos aspectos de la gestión empresarial, desde la fijación de la jornada laboral y la organización del trabajo hasta el establecimiento del rendimiento y los salarios, materias que en España quedan en exclusiva en manos de los empresarios. En Alemania, un país con un muy elevado índice de afiliación sindical, los empresarios asumen todos los gastos de su comité de empresa, incluidos los gastos de formación de todos sus miembros.

Todo esto sucede en un país donde cerca del 40% de los trabajadores pertenecen a empresas que cuentan con comité de empresa, con representación paritaria en los consejos de administración de gran número de estas empresas, sobre todo en las grandes empresas de la minería y el acero. Si añadimos a ello que cualquier despido es nulo si no es consultado al comité de empresa, las diferencias entre nuestro marco de relaciones laborales con el de Alemania resulta abismal.

No obstante, también en Alemania se dejan sentir las consecuencias de la grave crisis económica global que padecemos en la actualidad, bajo la excusa de la flexibilización y desregularización del mercado laboral. De ahí la aparición de nuevos fenómenos, desde los “minijobs” y las agencias privadas de empleo, que ahora implica ya a cerca de 8 millones de empleados. No ha aumentado el volumen del trabajo sino su reparto entre mayor número de personas. Y todo ello en un país con un paro del 7%, con una estructura económica basada en un potente sector industrial exportador y, alerta al dato, con un gasto social que está 25 puntos por encima del de España, que en la actualidad está 15 puntos por debajo de la media europea.

Está por ver si realmente Alemania es el ejemplo a seguir en España en materia de relaciones laborales, pero si es así debe serlo en toda su extensión, no únicamente en algunos aspectos.

Jordi García-Soler es periodista y analista político

http://www.elplural.com/2012/03/06/el-modelo-aleman/