Más culpables y otros daños colaterales

Lidia Falcón
09 ene 2015

En recuerdo y homenaje a los compañeros asesinados en Charlie Hebdo

Son unos monstruos los que han asesinado a los periodistas y el policía en la sede del semanario Charlie Hebdo (por cierto, ¿no había ninguna mujer en el consejo de redacción de la revista?). Son unos monstruos formados en las horribles enseñanzas de los fundamentalistas islámicos y no hay palabras para describir la conmoción, la tristeza y el espanto que nos embarga. Pero lo más terrible es que estas eran unas muertes anunciadas.

Y no sólo porque los periodistas de la publicación estaban condenados  por los ayatolás desde hacía tiempo y tanto el Ministerio del Interior francés como la policía lo sabían perfectamente, por eso disfrutaban de “protección” permanente, sino porque a partir de 1979 el “Occidente” democrático ha incubado, alentado y financiado a los  talibanes, los muyahidines, los ayatolás o las madrasas (escuelas) integristas, creando un movimiento islámico destructor de toda civilización que ahora no pueden controlar.

Afganistán fue la última trinchera, la última confrontación bélica de la Guerra Fría. La guerra de Occidente contra ese país comenzó en 1978, cuando se produjo la Revolución de Saur, que hizo de Afganistán un Estado Socialista gobernado por el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA). Fue entonces cuando el gobierno de Estados Unidos inició la operación Ciclón en el contexto de la Guerra Fría, suministrando armas y una amplia financiación a los rebeldes islámicos muyahidines que desestabilizaron el país hasta tal punto que menos de un año después el Consejo Revolucionario solicitó la intervención del Ejército Soviético. Las fuerzas soviéticas intentaron, en los diez años que duró su presencia en el país, modernizar una sociedad que comenzaba a evolucionar hacia la igualdad social, económica y sexual. Pero ni el gobierno de Estados Unidos ni el del Reino Unido, con el apoyo explícito de los demás gobiernos europeos, iba a permitir que en la frontera de Pakistán, donde estaban instalados los misiles de largo alcance de la OTAN,  se instaurase un gobierno socialista. La intervención soviética indujo inmediatamente a rebelarse a los guerrilleros muyahidines. EEUU, Israel, Pakistán y Arabia Saudí financiaron y armaron a las más salvajes tribus afganas contra el gobierno soviético. Que la mayoría de la población afgana no estaba contra el poder soviético lo demuestra el hecho de que a pesar de la ingente cantidad de recursos que invirtieron esos países en alentar la sublevación popular no se produjo en diez años ningún brote de la misma. Es bueno leer la novela del escritor estadounidense de origen afgano Khaled Hosseini, Mil Soles Espléndidos, donde describe el avance pacífico que habían experimentado las mujeres y los trabajadores bajo la protección soviética y el horror que se implanta más tarde con la dictadura de los talibanes.

Pero la derrota de las tropas soviéticas no concluyó la guerra. Ni en Afganistán ni en el resto del mundo. Era preciso acabar con todos los países socialistas. El desastre de Yugoslavia vino más tarde. Y los gobiernos democráticos de las potencias occidentales que se felicitaron por la caída del Muro de Berlín y auguraron el “fin de la historia” no fueron tan listos para comprender y predecir que habían incubado los nidos de mil serpientes. Pero tampoco creo que les importe mucho. En realidad, de los desastres de la guerra las oligarquías, a las que sirven esos gobiernos, que controlan los negocios del armamento y de la reconstrucción siempre salen ganando. Organizaron las invasiones de Afganistán e Irak y han dejado esos países destrozados, después de un millón de muertos, y a las tribus más salvajes enfrentadas entre sí. Las primaveras árabes se convirtieron en el caos egipcio y en las guerras de Libia y de Siria, promovidas por los mismos poderes estadounidenses, para cortar todo avance de los movimientos obreros de esos países. Siempre está antes alimentar el monstruo fanático religioso que permitir la instauración del socialismo.

De ese modo, desde la década de los noventa, comenzó el horror que estamos sufriendo. Todos. Los cristianos y los musulmanes, los ciudadanos de países occidentales y los de los países orientales. Mucho más sufrimiento es el de los países africanos como Nigeria o Yemen y por supuesto Afganistán, cuyo tormento es inacabable, e Irak, Irán, Libia, Siria. Se trata de aniquilar cualquier  movimiento socialista, de hundir el posible poderío de naciones no alineadas con Israel y Estados Unidos, y de abandonar a su suerte a las desgraciadas poblaciones de esos países, especialmente a las mujeres.

Ellas son las principales afectadas, dado el odio que sienten esos fanáticos contra las mujeres, que, en todo caso, para el Departamento de Estado de EEUU y los demás compinches europeos no constituyen más que daños colaterales.

Nunca en el último siglo, incluso desde finales del XIX, las mujeres musulmanas han sido tan maltratadas, tan despreciadas, tan humilladas, tan odiadas por sus propios hombres: padres, maridos, hijos, hermanos, compatriotas. Un corresponsal español en la guerra de Afganistán comentaba: “Estos hombres no tienen madre, ni esposa, ni amantes, ni hermanas, ni hijas, ni amigas. Únicamente enemigas”.

En los años setenta, cuando Vietnam estaba a punto de derrotar al imperio americano y las revoluciones socialistas se sucedían, en Marruecos, en Argelia, en Egipto, en Irak, en Irán, en Siria, en Libia, en Afganistán, la mayoría de las mujeres vestían faldas cortas, llevaban los cabellos al aire y ocupaban muchos puestos de trabajo. Es patético verlas ahora envueltas en largas túnicas, tapándose el pelo y hasta la cara como si fueran leprosas y apartadas de todo escenario público. En Siria, en Jordania ninguna mujer es dependienta de comercio, hasta la ropa interior de señora la venden los hombres.

La derrota de los intentos socialistas ha conllevado la masacre de las mujeres, que aumenta día a día. Las normas del más salvaje patriarcado se han impuesto. En el norte de Nigeria se las lapida por adulterio y los asesinos del Estado Islámico secuestran niñas por centenares para adjudicárselas como esposas a los combatientes;  en Arabia Saudí  no tienen consideración de ciudadanas y por tanto no pueden conducir automóviles ni trabajar; se las persigue en Irán como apestadas por no llevar velo o vestir trajes “poco decentes”; se las casa a los diez años en Yemen, y en todo oriente, incluyendo Pakistán y Bangladesh, se impone la poligamia y el matrimonio eventual, una manera de llamar los islamistas a la esclavitud sexual. Se las mutila sexualmente, se las vende como ganado, se las mata por cualquier motivo: en India para cobrar la dote de otra esposa. Hace unos días, en Yemen, un padre había acusado de adulterio a su hija de DIEZ años, y para averiguar quién era su amante la torturó durante horas, hasta que como la niña lo negaba le pegó dos tiros en la cabeza. Las asociaciones de Derechos Humanos, la ONU y organizaciones feministas explican que la miseria, los desplazamientos de población ocasionados por las guerras, los campamentos de refugiados donde se hacinan en condiciones infrahumanas millones de huidos de sus países natales han hecho proliferar la venta de niñas y muchachas para la prostitución y el trabajo esclavo, las violaciones, los raptos y la explotación más inhumana.

La lucha que el Movimiento Feminista ha desarrollado, ¡con tanto esfuerzo!, durante más de doscientos años ha fracasado trágicamente en esas áreas del planeta. Hasta en la que fue avanzada Turquía, ese presidente Erdogan que los gobernantes occidentales veneran llamándole islamista moderado, porque es el principal aliado de la OTAN en la zona,  está imponiendo cada vez más las normas musulmanas. Afirmaba incluso hace poco que la principal tarea de  las mujeres era la maternidad, y que no deben de reírse en público.  Las mujeres del Medio Oriente y de India, Pakistán,  Bangladesh y los países africanos, donde triunfa el fundamentalismo islámico, están abandonadas a su maldita suerte en las manos de los criminales de sus hombres. Esos que no tienen ni madre, ni amigas, ni hermanas, ni amantes, ni hijas, sino únicamente enemigas.

Pero ningún gobierno de los países democráticos considera que hay que defenderlas,  como se hizo contra el apartheid con la población de raza negra en el caso de Sudáfrica, estableciendo las sanciones que utilizan contra otros países cuando les conviene apropiarse de su petróleo o de su gas, o intentan acabar con el régimen socialista como en Cuba.

El triunfo del islamismo sobre los movimientos socialistas significa, entre otros horrores, la masacre de las mujeres. Y las guerras que se suceden en varios continentes. Esas guerras que desencadenaron los gobernantes de los principales países “democráticos” occidentales, para defender sus intereses económicos, porque se desarrollan lejos de sus metrópolis —ya no quieren enfrentarse entre sí para que se repitan los bombardeos sobre Berlín,  París y Londres—  y que ahora van a dirimirse en sus propios territorios.

Pero para  los gobernantes que dirigen los países al servicio del capital está bien, porque con el auge del terrorismo no solo eliminan a enemigos molestos como los políticos de izquierda, los dirigentes sindicales, las activistas feministas, sino que provocan el rechazo a los musulmanes en sus propios países. El atentado contra Charlie Hebdo atizará los odios populares contra los inmigrantes, dará argumentos al FN en Francia y a los nazis en otros países europeos para ganar más votos, facilitará el giro a la ultra derecha a los partidos de derecha que son llamados de centro, enconará las rivalidades entre los trabajadores de la misma región y del mismo pueblo y permitirá acentuar la represión contra todo movimiento en defensa de los derechos humanos. El terrorismo, como decía Lenin, da argumentos al poder para arrasar las organizaciones de izquierda de todo tipo: vecinales, sindicales, de mujeres, de estudiantes. La represión se desencadenará con enorme fiereza y los cuerpos de policía y  la judicatura tendrán carta blanca para detener indiscriminadamente, torturar y condenar a toda persona no ya sospechosa, sino simplemente indeseable en la moderna y blanca Francia, y esa ofensiva será acogida con agrado por la mayoría de la población que odia lo extranjero. Hay que saber, para los que claman contra la islamización del país, que Francia tiene sesenta millones de habitantes y únicamente cinco son musulmanes.

Lo peor de todo es que aunque los culpables son más que los fanáticos del Estado Islámico, las víctimas no son ni el presidente de los Estados Unidos ni el del gobierno del Reino Unido ni el de la República francesa. Sino las mujeres, los trabajadores, los pueblos  y los periodistas, inmolados en las hogueras de los incendios que han provocado los que cada día presumen de defender los valores democráticos.

http://blogs.publico.es/lidia-falcon/2015/01/09/mas-culpables-y-otros-danos-colaterales/

Respetando a los caníbales: Europa es cómplice del fundamentalismo islámico

No han entendido nada. Los cientos de miles de patriotas, así se llaman ellos, Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente, Pegida, no han entendido nada. Los menciono porque son el último grito en Alemania donde han reunido a decenas de miles de manifestantes en un par de meses. Pero lo mismo podríamos hablar del Frente Nacional de Francia o, simplemente, de esa marea de comentarios que usted se encontrará si se asoma a cualquier foro de internet español donde se mencionen las palabras “inmigración” o “islam”.

Lamentablemente, quienes se apresuran a salir a la calle en contramanifestaciones, normalmente respaldados de boquilla por los gobiernos, para pedir respeto, tolerancia, aceptación de otras culturas, han entendido todavía mucho menos.

Los doce muertos de Charlie Hebdo en París ya no dejan duda: el islam es un problema en Europa. Es muy fácil, y desde luego es señal de buena voluntad, asegurar que los asesinos eran simplemente asesinos, y no tienen nada que ver con el islam, porque “el islam no es eso”. Pero de nada sirve. El islam es eso y es lo contrario.

Sí: el islam también es el policía Ahmed Merabet, que murió por defender a los dibujantes de Charlie Hebdo. Al igual que el cristianismo es el cura rojo de un arrabal de Madrid y el arzobispo de Granada. Como el judaísmo es Abraham Serfaty y aquel rabino que decretó lícita la exterminación de niños palestinos. Como cualquier religión, “el islam” no existe. El islam no es más que la suma de lo que piensan en un momento concreto de la historia quienes se reconocen musulmanes.

Y el problema que tiene Europa hoy es lo que piensan los musulmanes de este continente.

Europa es responsable

Es un problema de Europa y es la responsabilidad de Europa. Los asesinos de los periodistas (si se confirman las sospechas de la policía) son franceses. Nacidos en París. Con apellido magrebí, sí: sus padres proceden del norte de África. Pero esto no disminuye en absoluto la responsabilidad del Gobierno de Francia: estos asesinos pasaron por el sistema educativo francés.

Decir que la culpa la tienen sus padres es no sólo hipócrita (para eso se inventó la enseñanza obligatoria: para asegurarle al Estado control sobre lo que aprenden los niños) sino además es falso. La generación de magrebíes que llegó a Francia hace medio siglo no era islamista ni violenta ni lo es hoy. Hicieron lo posible por integrarse. Son sus hijos y nietos, europeos de toda la vida, quienes han hecho de un cierto islam violento su bandera. Ocurre lo mismo en Inglaterra (vean el atentado del metro de 2005: tres de los cuatro terroristas habían nacido en Reino Unido; uno era converso de Jamaica).

Esta es la responsabilidad de Europa, y no puede sustraerse a ella. Los “patriotas” de derechas están metiendo la cabeza en la arena cuando denuncian la inmigración como causa de los males: ni fueron violentos los musulmanes que llegaron a Europa hace dos generaciones, ni lo son los que llegan hoy. No existe un flujo de yihadistas de Siria, Marruecos o Iraq a Europa. Existe un flujo de yihadistas de Francia, Alemania, Inglaterra, España, Austria hacia Siria. Europa no importa terroristas islámicos: los exporta.

Pedir cerrar la puerta a la inmigración musulmana como hacen tantos “patriotas”, equivale a cerrar las ventanas de una casa para combatir el mal olor de las cañerías.

Concentración en Frankfurt en tributo a las víctimas del ataque contra 'Charlie Hebdo' (Reuters).Concentración en Frankfurt en tributo a las víctimas del ataque contra ‘Charlie Hebdo’ (Reuters).

La metamorfosis

Y son ellos, los “patriotas” de derechas, esos que se manifiestan con una gran cruz para mostrar su oposición a la “islamización de Occidente”, ellos y sus mayores, quienes tienen la culpa que esto sea así. A los magrebíes y turcos que llegaron a Europa en los años sesenta y setenta no les faltaba voluntad de integrarse; explotados como mano de obra barata, les faltaban medios. Empezando con un punto clave: el aprendizaje del idioma. Quizás no hicieron suficiente esfuerzo. Pero no debe olvidarse que cierto racismo de la población (un racismo corriente, dirigido contra cualquier obrero de origen campesino, moreno, turco, magrebí, siciliano o andaluz) les puso un muro adicional, les cerró las puertas, les hizo entender que no eran bienvenidos.

Se replegaron. Ignorantes en todo a lo que se refiere al islam o a la cultura intelectual, literaria, de sus países de origen, criaron a sus hijos en un ambiente suspendido entre dos mundos, sin pertenecer a ninguno. Y también sus hijos se dieron cabezazos contra este muro: hasta hoy, tener un apellido magrebí en Francia hace desplomarse las oportunidades en el mercado laboral.

Se quedaron, pues, en el barrio. Viendo la televisión. Esa televisión que algún día empezó a poblarse, por obra y gracia de la parabólica, con predicadores vestidos de blanco que se dirigían a “los musulmanes”. A ti, sí: a ti. Tu vida tiene sentido ante Dios y la historia, les dijeron, si cumples las leyes divinas y garantizas que tu hermana no se pasee con hombres blancos. Que no se pasee con hombres, vaya.

Así se fue creando el gueto. Un gueto en el que se ha ido cristalizando una extraña cultura que guarda recuerdos de la gastronomía magrebí o turca, pero que se ha modelado según el ideario del islam que han difundido los telepredicadores y los imames del barrio. Estos imames que en han ido apareciendo por doquier, sin que se sepa siempre muy bien quién les paga el salario.

Saudíes en la M-30

En la Mezquita de la M-30 de Madrid lo sabemos, porque colocan orgullosos la foto del rey de Arabia Saudí en sus oficinas. En Alemania, la Diyanet, el Ministerio de Religión de Turquía, tiene bajo control gran parte de las mezquitas. Digo bien: control. Ankara envía supervisores que cambiar regularmente para impedir que se “contaminen” con ideas europeas. Y si bien el islam oficial en Turquía tiene que andar con pies de plomo, por respeto a la Constitución laica del país, en Alemania, un país que no es laico, no tiene cortapisas: puede difundir sin ambages la ideología de sus dirigentes, que los intelectuales turcos califican de “islamismo radical”. Y que los europeos siguen llamando “islam moderado”.

Moderado en comparación con los asesinos de París, querrán decir. Porque para los europeos, todo islam que no es directamente asesino es “moderado”. Ya puede ser todo lo violento que quiera: predicar el velo obligatorio para las mujeres, a medias o integral, decir que mujeres y hombres no deben tocarse, que las niñas no deben aprender música, que ser gay es malo para la salud, que hay que prohibir toda obra literaria o humorística que cuestione lo “sagrado”, que las leyes del Corán son inmutables, divinas y deben estar por encima de la legislación de cada país…

Un predicador islamista puede decir todo esto y más y será cortejado por ministros y presidentes que harán cola para debatir con este portavoz del “islam moderado”. Muchos de estos predicadores habrían ido a la cárcel en Marruecos o Siria por su discurso de incitación al odio, pero Europa les ofreció no sólo asilo sino una tribuna, un debate, el puesto de presidente del consejo oficial de musulmanes, el título de Honorable Caballero y orden de la Reina.

Sí: Europa ha fomentado, no sé si a ciegas o a conciencia, pero de forma activa y continua, de forma criminal, las corrientes más extremistas del islam, financiados desde Arabia Saudí, Qatar, Kuwait y sus vecinos gracias a la marea del petróleo. Desde las cúpulas del gobierno hasta el último alcalde, se ha elevado a los imames, los teólogos, los predicadores al rango de representantes de los colectivos de origen magrebí, turco o pakistaní. Un rango que nunca tuvieron en sus países originales, un poder que sólo pudieron adquirir gracias a la complicidad de las administraciones europeas. Por doble vía: por elegirlos como representantes y por cerrar a estos colectivos toda otra vía de expresarse.

Un niño juega durante el rezo en la Gran Mezquita de Estrasburgo durante el Ramadán de 2013 (Reuters).Un niño juega durante el rezo en la Gran Mezquita de Estrasburgo durante el Ramadán de 2013 (Reuters).

La náusea del multiculturalismo 

Cuando al periodista alemán Günter Wallraff le ofrecieron ser miembro del consejo musulmán local (gracias a su larga trayectoria de defensa de los inmigrantes turcos) aceptó con la condición de leer en la mezquita los “Versos Satánicos” de Salman Rushdie y debatir sobre los límites del arte frente a la religión. No hubo manera. Más tarde intentó que firmasen una declaración contra la lapidación de una mujer iraní. Tampoco.

Y con estos antecedentes hay quien sigue aplaudiendo que las mezquitas en España sirvan de lugar de reunión social y organicen comidas o talleres, en lugar de buscar a los inmigrantes un espacio donde pudieran reunirse lejos del control de los imanes, lejos de sus discursos excluyentes, lejos de frases tipo: “No pueden entrar las mujeres que tengan la regla”.

Europa ha islamizado, durante décadas, la sociedad inmigrante, religiosamente indiferente, que recibió. En plena complicidad con los jeques árabes y sus imperios mediáticos. Los gobiernos han envuelto su actitud en un neologismo venerado hasta la náusea: multiculturalismo. Una hermosa palabra para expresar el racismo de toda la vida. El racismo que preconiza la separación de “lo nuestro” y “lo de ellos”. Sí, también los manuales oficiales nazis decían que todas las razas tenían igual valor, sólo que no conviene mezclarlas. Hoy tenemos valores europeos, sólo aplicables a los blancos de tres generaciones, y hay valores de “ellos” que deben respetarse en “sus comunidades”.

Que más nos da que ellos fuercen a sus mujeres a taparse, qué más nos da que en sus barrios amenacen de muerte a cualquiera que venda alcohol, que más nos da que en sus familias dirimen matrimonio y divorcio según diga el imam. Son ellos, la sociedad es multicultural: respetamos el derecho de cada imam y de cada matón de barrio a oprimir a sus fieles, a castigar a sus hermanas, a imponer su machismo como vea bien. Eso se llama tolerancia. Lo de la tolerancia cero solo es cuando la violencia afecta a las mujeres nuestras.

¿Humillando a los débiles? ¿En serio?

Esto es lo que ha defendido, da vergüenza admitirlo, la izquierda europea. Una izquierda que ha enterrado su cabeza todavía mucho más profundamente en la arena que la derecha. No han aprendido: apenas ha dejado de retumbar el eco de los disparos de París cuando una legión de pensadores de izquierda se ha abalanzado sobre Charlie Hebdo para denunciar que caricaturizar a Mahoma es racista y xenófobo y se burla de los débiles.

Los débiles: como si el islam en Europa fuera la religión de los débiles. No lo es: ese islam que defienden los predicadores europeos, ese de las mezquitas de ostentación, sea la de la M-30 o sea la que pretenden construir en Colonia, de débil no tiene nada. Es la religión de varias monarquías bañadas en oro negro, países cuyos dirigentes son los dueños de Harrods y parte del resto de Londres. Países con dinero suficiente como para financiar cadenas satélite, universidades con becas para todos (a condición de convertirse al islam) y milicias cortacabezas por medio Oriente.

Seguramente también han financiado el mejor gabinete de relaciones públicas del mundo, si la izquierda europea cree que una revista satírica francesa al borde de la quiebra estaba humillando a “los débiles” cuando esta revista desafió la prohibición de dibujar a Mahoma, prohibición que no existe en el islam y de la que nunca han sabido nada los obreros magrebíes o turcos, hasta que no la proclamasen urbi et orbi los teólogos saudíes.

Imagen de una edición especial del semanario francés 'Charlie Hebdo' (Reuters).

Imagen de una edición especial del semanario francés ‘Charlie Hebdo’ (Reuters).Tristemente, nada hace presagiar que los disparos contra Charlie Hebdo vayan a despertar las conciencias europeas. Ya en el editorial conjunto que seis diarios europeos publicaron al día siguiente, se repite tres veces la palabra “Europa” en alusión a la defensa de la libertad de expresión. Como si más allá de sus fronteras no hiciera ninguna falta defenderla: allí no la necesitan, esa libertad, allí son musulmanes de todas formas, es el mensaje.

Bajo este prisma, la derecha vociferará más que antes contra “los inmigrantes”, enarbolará más alta aún la cruz del “Occidente cristiano”, como si el Renacimiento y la Ilustración hubiesen sido posibles sin siglos de ciencia y filosofía árabes, como si Europa no fuera en su integridad un resultado de aquella civilización histórica que hoy llamamos islámica. Como si la Biblia y los mandamientos de la Iglesia fueran un ápice mejor que los del Corán.

El islam ya es wahabí

Y la izquierda probablemente desgastará sus últimos cartuchos de tinta en intentar convencerse a sí misma de que luchar contra siglos de opresión eclesiástica y contra los coletazos de la reciente dictadura nacionalcatólica es justo y necesario, pero que el islam de los saudíes es diferente, exótico, intocable, digno de todo respeto como cualquier rito de una lejana tribu caníbal. Mientras se coman entre ellos.

Esa oleada de islamización saudí no sólo ha alcanzado Europa (y América) sino también a los países que llevan siglos siendo musulmanes. Ya ha practicamente conseguido reemplazar en la conciencia pública la religión que alguna vez se llamaba islam con su ideología particular, la wahabí. Tanto que he dejado de emplear el término “secta wahabí” en este texto y hablo del islam a secas: todo lo que usted ve y se llama “islámico” es ya wahabí.

Este proceso se acelera gracias a Europa: los franceses y belgas de origen marroquí son quienes llevan a Marruecos el ideario radical aprendido en sus guetos. Y fue una española, Marisol Casado, quien criticó a Turquía por no incluir chicas con velo en su vídeo de candidatura olímpica. Europa quiere que las musulmanas lleven velo. Para que se vea que son diferentes. Que no son mujeres sino musulmanas.

Europa, sus gobiernos, sus pensadores, sus demagogos, son el aliado necesario para los dirigentes de la hegemonía islamista financiada con petrodólares cuyo objetivo es convertirse en dueños absolutos de esa sexta parte del globo habitado por musulmanes, o personas forzadas por ley a considerarse musulmanes. Dueños absolutistas, por encima de las críticas, las parodias, las sátiras y las consideraciones de derechos humanos.

Esto no tiene nada que ver con una islamización de Occidente. Europa no es víctima. Es cómplice.

http://www.elconfidencial.com/mundo/2015-01-10/respetando-a-los-canibales-europa-es-complice-del-fundamentalismo-islamico_619350/

Javier Elzo: “Hay que construir el futuro desde el presente mirando al pasado”

El sociólogo ha presentado en San Sebastián su libro ‘Tras la losa de ETA’ que tiene como objetivo “abordar la situación que se ha generado tras tantos años de dolor, en clave de futuro”.

A su juicio, “ETA ha perdido la batalla militar, está ganando la batalla política y mucho cuidado que no gane la batalla judicial”.

Iñaki García Arrizabalaga, víctima de los CAA, apunta a que la memoria “nos permite recordar que es lo que hicimos bien y lo que hicimos mal en el pasado para no volver a repetir el mismo error”.

El Ararteko destaca que los “responsables de alguna manera de todo horror que hemos vivido, han de hacer una valoración crítica de su pasado y pedir perdón”.

Javier Elzo, acompañado de Iñaki García Arrizabalaga e Iñigo Lamarca durante la presentación de su libro.

Javier Elzo, acompañado de Iñaki García Arrizabalaga e Iñigo Lamarca durante la presentación de su libro.

El sociólogo Javier Elzo ha escrito un último libro “pensado en clave de futuro”. ‘Tras la losa de ETA: por una sociedad vasca justa y reconciliada’ tiene como objetivo  “abordar la situación que se ha generado tras tantos años de dolor”. Durante la presentación del libro en San Sebastián, Elzo ha asegurado que el punto focal de su reflexión es “cómo abordar la memoria justa de lo sucedido para no caer ni en el olvido, ni en una repetitiva rememoración paralizante del dolor padecido”, particularmente “cuando nos detenemos en el dolor padecido por nosotros y nos olvidamos del dolor padecido por los otros”. Así, insiste en que la violencia de ETA “no es la consecuencia inevitable del conflicto vasco, no estamos pues ante una violencia secundaria”. En consecuencia, “no es asumible en el magma de la violencia existente en el País vasco”, aunque “no es la única violencia injusta que hemos padecido”. El sociólogo ha destacado que “ETA ha perdido la batalla militar, está ganando la batalla política y mucho cuidado que no gane la batalla judicial”.

Sin embargo, Elzo ha querido destacar sobre todo el camino futuro y ha dedicado este libro “a los hacedores de concordia, de convivencia y de reconciliación”. En este sentido, su apuesta es que “con manchas de aceite en diferentes puntos de la geografía vasca, quizá consigan que la era post-ETA no pueda equipararse a la era post-franquista, donde triunfó el silencio del olvido de victimarios y de víctimas”. Asimismo, cree que en Euskadi “es imposible pensar en un único relato, pero sí es posible pensar en un relato compartido”. Por ello, defiende que hay que buscar el deber de la memoria verdadera poniendo el acento en los que más han sufrido, “particularmente las víctimas de todo tipo de violencia injusta”.

Elzo ha estado acompañado por el hijo del delegado de Telefónica en Gipuzkoa asesinado por los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA) Juan Manuel García Cordero, Iñaki García Arrizabalaga, quien participó en 2011 en el primer encuentro restaurativo de España. García define esta experiencia  como “una de las cosas que a nivel personal más me ha enriquecido”, ya que se “aprende a mirar y a determinar que por encima de la condición de terrorista, está la condición humana”.

Ejercicio de empatía

García Arrizabalaga señala que en el conocimiento de la verdad, las víctimas especialmente “debemos hacer un enorme ejercicio de empatía”, porque “en este país nos hemos dedicado con demasiada frecuencia a llorar a nuestros propios muertos y no hemos sido capaces de ver que la persona que tenemos en frente también estaba sufriendo”. Por todo ello, ha asegurado que le “duele terriblemente en el corazón” las críticas de asociaciones de víctimas al informe elaborado por el Gobierno vasco sobre otras víctimas de violencia y de abusos policiales. A su juicio, la verdad incluye conocer la autoría de los 250 asesinatos de ETA sin resolver, pero “precisamente las víctimas del terrorismo de estado y de la guerra sucia tienen muchas más dificultades en el camino para el conocimiento de la verdad”.

Por otro lado, ha mostrado su “fascinación” porque en 2014 el mundo de la Izquierda Abertzale critique la detención de miembros de ETA para ser conducidos ante los jueces, “es una burla a mi condición de víctima”. En este sentido, recuerda que “con impunidad no hay reconciliación que valga”. Finalmente, García ha remarcado que se debe hacer “memoria inclusiva, no de venganza”, lo que permitirá “recordar lo que hicimos bien y lo que hicimos mal en el pasado, para no volver a repetir el mismo error”.

Por su parte, el Ararteko, Iñigo Lamarca, ha destacado que en “este país hemos vivido un régimen de terror y corremos el riesgo de olvidarlo y querer pasar página”, lo que “sería algo tremendo para la sociedad vasca”. Así, ante todas las víctimas hay que “aplicar a rajatabla” el derecho a la verdad, justicia, memoria, reparación, reconocimiento y el derecho a las garantías de no repetición. Para ello, hay que tener muy presente lo ocurrido y a cada una de las personas que han sido víctimas de las violencias, porque “solamente así construiremos un futuro basado en unos valores comparativos”. Esto es, que todas aquellas personas que han sido victimarios, “responsables de alguna manera de todo horror que hemos vivido, han de hacer una valoración crítica de su pasado y pedir perdón”.

http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Javier-Elzo-construir-presente-mirando_0_326167718.html

“El Gobierno español tiene las manos manchadas de sangre palestina” (Manu Pineda)

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  • El brigadista Manuel Pineda, miembro de Unadikum, estuvo en Gaza durante la ofensiva israelí del pasado verano y cuenta de primera mano qué vio allí: “Hay ciudades que han desaparecido enteras. No hay electricidad, no hay medicamentos. No hay material de construcción para reconstruir viviendas”. Se muestra muy crítico con el Gobierno español y califica de “terrorismo” las acciones de Israel contra la Franja
  • “También nos hemos reunido con IU, que dicen que apoyan la causa palestina, pero si los acuerdos entre la Junta de Andalucía e Israel se llevan a efecto e IU sigue perteneciendo a ese gobierno, consideraremos que IU tiene también las manos manchadas de sangre de palestinos. Nosotros no estamos casados con nadie”

Manuel Pineda (Málaga, 1965) es un activista que reside habitualmente en Gaza desde septiembre de 2011. Estando allí ha vivido las dos últimas ofensivas contra el pueblo israelí, la operación Pilar Defensivo (que se saldó con más de 170 fallecidos y 1.300 heridos) y la del pasado verano, Margen Protector, en la que murieron más de 2.000 palestinos y unos 70 israelíes. Es miembro de las brigadas internacionales de Unadikum, con las que protege sobre todo a campesinos y pescadores gazatíes durante su jornada laboral. Este jueves estuvo en Jerez ofreciendo una charla e incluso participó en la marcha estudiantil que recorrió las calles del centro.

¿Cual es su labor en Gaza? ¿Cómo protegen a los gazatíes?

La manera de protegerlos es ponernos de escudo humano. Ellos van a trabajar a unos 300 metros de la valla y llegan los soldados, o a veces ni llegan, hay unas torretas que disparan por infrarrojos, y disparan contra los campesinos. Nosotros nos podemos delante de los campesinos cuando están trabajando. Cuando estamos nosotros evitamos que los hieran o los maten. No evitamos que disparen, pero disparan cerca de los pies o al aire. Algunas veces, cuando hemos estado protegiendo a un tractorista, a mí me han disparado en medio de las piernas. Una vez me volaron el talón de un zapato. Ellos saben que somos europeos y sabemos que no nos van a matar. Esos disparos tienen como objetivo asustarnos, disuadirnos, pero en el sitio que estamos no hay heridos ni muertos. Nuestro trabajo en el campo empieza a las 5:30 o 6:00 horas y acaba a las 10:00 o las 11:00 horas, en verano terminamos antes porque hace mucho calor. A partir de ahí quedamos libres el resto del día y a los brigadistas que vienen con nosotros les hacemos conocer cual es la realidad de la mayor cárcel al aire libre del mundo. Se ponen en contacto con los refugiados, con prisioneros que han puesto en libertad, con la familia de los que siguen secuestrados, hacemos que visiten a las familias de chiquillos que han quedado malheridos, que vean con sus ojos los efectos de la guerra. ¿Sabes qué nos pasa? Cuando hablamos de números hablamos de 1.200 muertos, 11.000 heridos, 529.000 personas que han tenido que dejar sus casas por los bombardeos… Hablamos de números y eso deshumaniza. Nosotros preferimos que la gente vaya y le ponga cara a las víctimas. La mayoría de la gente tiene una imagen muy distorsionada de Gaza. Muchos brigadistas vienen y se sorprenden cuando ven edificios y bloques de viviendas. ¿Dónde creen que vive la gente? Muchos piensan que van a llegar y se van a encontrar unas cuantas jaimas y barbudos con metralletas.

¿Cómo es la situación en Gaza ahora?

Tengo mucho interés en que quede claro que cuando no hay una operación en marcha, de estas a las que les ponen nombres ridículos, también hay agresiones. Sobre Gaza hay agresiones cada día. Cada día se dispara contra campesinos, contra pescadores, tres, cuatro, cinco veces por semana se bombardea en Gaza, se mata gente, pero al no haber de forma masiva, eso no sale en los medios de aquí. Han muerto cerca de 2.200 personas directamente por bombardeos o en las 24 horas posteriores a los bombardeos. El número de muertos ya es muy superior, y el que va a haber en los próximos meses debido a las heridas… Cuando hablamos de heridos no nos referimos a que tienen un dedo roto o un arañazo, nos referimos a gente con el cráneo abierto que ha perdido masa encefálica, nos referimos a más de 3.000 niños heridos, muchos de ellos con la columna vertebral rota, muchos han perdido las piernas o los brazos, muchos con la cabeza abierta… Estamos hablando de 11.000 heridos de ese modo, en una zona en la que no entran los medicamentos y los hospitales no tienen electricidad. Los 2.000 muertos estos pueden ser una anécdota comparado con lo que va a venir en estos próximos meses. Lo que pasa que estas van a ser muertes más silenciosas. Las muertes bajo las bombas son dramáticas, son terribles, pero ellos tienen al menos el consuelo de que sirve para denunciar la agresión israelí, para denunciar a sus verdugos.

¿Allí era libre de moverse por todo Gaza o tenía limitaciones?

Total libertad. La misma libertad que pueda tener un palestino. Allí el problema que teníamos era que caen bombas y te matan. El problema o la ventaja es que eso no te quita libertad porque no hay ningún sitio seguro. Han bombardeado doce hospitales, en uno estábamos como escudo humano, lo bombardearon con nosotros dentro. Israel avisó que iba a bombardear el hospital y nosotros nos metimos dentro para protegerlo. Había 50 enfermos, se evacuaron a los 33 que estaban en mejores condiciones, pero había 17 que estaban mal, y de esos 16 estaban en coma. Avisamos a nuestro Gobierno, avisé al cónsul español en Jerusalén, y avisamos a Israel en una rueda de prensa de que nos metíamos internacionales allí. El hospital lo echaron abajo, tuvimos que desenganchar a los enfermos como pudimos, porque avisaron a las 20:45 y a las 21:00 horas empezaron a bombardear. Los sacamos quitándoles las máquinas, metiendo a los 17 en dos ambulancias, evacuándolos en medio de los escombros y el humo para llevarlos a otro hospital. Uno de los enfermos no soportó el viaje. Ese caso fue más conocido porque habíamos internacionales y eso evitó que mataran a los enfermos. En Gaza hay muchos hospitales pero no tienen nada que ver con los de aquí. La gente cuando tiene problemas serios tienen que ir a otros. Allí te encuentras quirófanos en los que operan con la luz de un móvil porque no tienen electricidad y te están abriendo la barriga y la luz del cirujano es la linterna del móvil.

¿Se palpa en las calles de Gaza odio a Israel?

Imagínate. Allí no hay una familia a la que no le hayan matado varios miembros. Hablar de Israel allí es como hablar del demonio. La gente tiene mucho resquemor a la postura de la democracia occidental. Un ejemplo, iba con una compañera venezolana, a la que le preguntaban de donde era y le decían: Ahh, el comandante Chávez, Maduro. Era como un amigo. ¿Y tú de dónde eres? De España… ¿Eres del Madrid o del Barcelona? Era como mejor hablar de otras cosas, no de lo que hace tu Gobierno. Es vergonzoso lo que hacen los gobiernos europeos que son gobiernos títeres de EEUU.

¿Qué le pareció la postura del Gobierno de España durante el conflicto?

Estoy harto de decir que el Gobierno español tiene las manos manchadas de sangre palestina. El Gobierno español le vende bombas a Israel, bombas que Israel utiliza para destrozar las cabezas de los niños palestinos. Una vez que ha utilizado esa arma le revende armas al gobierno español con el sello de comprobado en batalla. Sí, esta bomba la he tirado y ha reventado la cabeza de los niños, es eficaz. Hace poco publicó El País un artículo que decía que el gobierno español vende armas a Israel por 12 millones y le compra por 400 millones. Es un gobierno cómplice del terrorismo israelí. Lo que pasa es que luego hace gestos, vende armas y luego manda unas pocas de tiritas a los niños para que se tapen las heridas. Me parece un ejercicio extremo de hipocresía. La función que tenemos es denunciar esa hipocresía y esa complicidad. Estoy invitado a comparecer en el Parlamento Europeo en noviembre para decirle a los europarlamentarios que son cómplices del terrorismo israelí. Nuestra asociación está nominada a los Premios del Ciudadano Europeo y ya te digo que después de la intervención creo que vamos a tener pocas posibilidades (risas).

La operación militar israelí sobre Gaza coincidió con el anuncio de un gobierno de unidad palestino. ¿Hubo intención de impedir que se produjera esa unidad?

La operación no empezó con el gobierno de unidad, ese fue el motivo real. Luego, ellos mismos (Israel) abrieron la caza del árabe, empezaron a linchar a gente, secuestraron en pocos días a 800 palestinos, muchos de ellos parlamentarios. Un tercio del parlamento palestino está en cárceles israelíes. Empezaron a matar gente, la provocación iba a más, lo que hizo que estallara todo. Los colonos hacen lo que hacen los paramilitares, son gente armada hasta los dientes. Los seis colonos secuestraron a un niño de 12 años, lo torturaron de forma sádica y antes de que muriera le hicieron beber gasolina y le metieron fuego. Eso ya hizo que la gente estallara y empezara a lanzar cohetes contra territorio ocupado. Lo que origina todo esto es el anuncio del Gobierno de unidad nacional que acababa con dos años de división irresponsable por parte de los dirigentes palestinos.

¿Qué han supuesto los 50 días de ofensiva que hubo entre julio y agosto?

La situación en el ámbito humanitario está bastante peor. Gaza está ahora mismo en una situación catastrófica. Hay ciudades que han desaparecido enteras. No hay electricidad, no hay medicamentos. No hay material de construcción para reconstruir esas viviendas. Se espera un invierno duro en el que hay mucha gente que no tiene un techo donde cobijarse. En este sentido ha servido para destruir aún más a una población que estaba bastante destruida. En el ámbito político ha servido para quitarle la careta a Israel. Y para quitarle la careta a nuestro Gobierno. Las charlas que voy dando no tienen un objetivo plañidero, no vengo para hacer a la gente llorar. Escucharme tiene el valor de que he estado allí y lo he visto de primera mano, pero no voy a aportar ninguna información que la gente no sepa. La asunción de Palestina y Oriente Medio no pasa por la pacificación con Israel porque es imposible. O sea, tú no puedes vivir con un escorpión en tu casa porque un escorpión en cuanto pueda te va a matar. Lo tienes que matar, o tú lo matas o él te mata a ti. La pacificación de Oriente Medio pasa por la desaparición de Israel. Y pasa porque los territorios históricos palestinos pasen a ser de Palestina, y que allí convivan musulmanes, judíos, cristianos y ateos como yo, y no que los judíos tengan más derechos que la gente de allí. Allí los musulmanes no tienen los mismos derechos que los judíos. No pueden ir por las mismas carreteras, ni ir a los mismos colegios, ni acceder a los mismos sitios. Eso lo hace Israel con el consentimiento y apoyo de la comunidad internacional. Hay que decirle a nuestro Gobierno que si sigue apoyando a esa entidad terrorista son cómplices de terrorismo. Durante la masacre, el Gobierno se vio obligado por las movilizaciones en la calle a anunciar una moratoria para no vender armas a Israel, una moratoria que duró agosto y septiembre, ya se ha acabado. El 7 de octubre se publicó en el BOE un nuevo acuerdo en materia militar entre el Gobierno español y el régimen israelí. Ponemos el ejemplo de varios países latinoamericanos que están dando ejemplos de decencia: El gobierno venezolano, con Chávez al frente, en la operación Plomo Fundido expulsó al embajador del país. Ahora han sido los gobiernos chileno, brasileño, ecuatoriano y salvadoreño. Estamos pidiendo a nuestro Gobierno que imite la decencia y dignidad de esos gobiernos y que eche al embajador sionista de aquí porque es un embajador de una entidad terrorista.

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A través de su cuenta de Twitter (@Manu_Abu_Carlos) iba contando todo lo que veía en Gaza, ¿cree que medios como éste sirven para concienciar a mucha gente sobre lo que pasa?

No me gusta decir esto porque parece que está uno echándose flores, pero ha sido fundamental la presencia de internacionales allí. Los medios de comunicación ofrecen un discurso bastante distorsionado de la realidad, escriben al dictado de Israel en la mayoría de los casos. La mayoría de la gente que escribe sobre Gaza no está en Gaza, está en Jerusalén, y escriben lo que cuentan los voceros israelíes. Distorsiona mucho lo que está pasando realmente. Esta vez hemos tenido más posibilidad de ir enviando noticias casi al minuto, nos ha permitido romper ese cerco mediático. Hay cosas que no han podido callar. Hay medios muy de derechas que han contactado con nosotros. He participado en tertulias de la Cope. El ABC sacó un artículo sobre el papel de los internacionales allí que parecía que lo estaba escribiendo Mundo Obrero. Ha sido tan malo lo que ha hecho Israel y ha sido tan imposible evitar que se supiera… Creo que ha sido bastante eficaz nuestra presencia allí.

¿No siente miedo estando allí? ¿Cómo lo supera?

Si no tuviera miedo estaría para que me encerraran. No tener miedo en una situación como esa es de locos. Nuestro miedo es menor en el sentido de que lo único que arriesgo es mi vida. La mayoría de los gazatíes el terror que tiene no es por su vida sino por la vida de sus hijos. Te pongo un ejemplo: A partir de un momento casi todas las familias deciden encerrarse en un cuarto de su casa, esperando que no le caigan las bombas pero también esperando que si les caen los maten a todos juntos. No querían dejar más familias rotas, como hay muchas. Hay una familia, la As-Samuni, que perdió en la operación Plomo Fundido a 29 miembros. En la operación Pilar Defensivo hubo dos familias que perdieron muchos miembros. La familia Ardhalu perdió a diez. Han sido casi 90 las familias que han muerto enteras. Cuando hablamos de desaparecer enteras no nos referimos al padre, la madre y un niño. Las familias tienen muchos hijos. Cuando se casan, las niñas se van a vivir con el marido y los niños hacen un piso encima de los padres. Cada vez que bombardean a una familia destruyen a varias generaciones. Tengo hijos y los comprendo perfectamente. Por eso me permitía ciertas licencias que si tuviera allí a mis hijos no me las podría permitir.

Imagino que se alegra entonces del nacimiento de plataformas como Jerez con Palestina.

Claro. Felicitamos a todos esos movimientos. Tenemos que estar pendientes, movilizándonos. La presidenta de la Junta, Susana Díaz, se reunió con el embajador de Israel, anunciando que iba a llevar a cabo una serie de acuerdos con el régimen israelí y se hicieron protestas contra eso. Se llegó a publicar el acuerdo en la web de la Junta y a raíz de las movilizaciones populares se quitó, pero no han renunciado a la firma de esos acuerdos. También nos hemos reunido con IU, que dicen que apoyan la causa palestina, pero si estos acuerdos se llevan a efecto e IU sigue perteneciendo a ese gobierno consideraremos que IU tiene también las manos manchadas de sangre de palestinos. Nosotros no estamos casados con nadie.

http://www.larepublica.es/2014/10/manu-pineda-el-gobierno-espanol-tiene-las-manos-manchadas-de-sangre-palestina/

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