La lenta muerte trans

29 Nov 2014
Escrito por  Martín Miguel Quintana

Boys don’t cry, basada en el caso real de Brandon Teena, ponía sobre el tapete de los noventa el problema de la violencia transfóbica. Sólo desde enero de 2008 se contabilizan más de 1500 asesinatos de personas trans (la estadística incluye pocos países fuera de Occidente, donde podemos suponer que la situación es peor). Casi el 80% de esos crímenes ocurrió en América Latina.

 Una escena: la bella Hilary Swank, caracterizada como un hombre —camisa a cuadros, vaqueros— sujeta por dos tipos, aterrada, mientras un tercero le baja los pantalones y descubre que sus genitales son femeninos. Después vendrán los golpes, la violación grupal. Finalmente, la muerte. Boys don’t cry, basada en el caso real de Brandon Teena, ponía sobre el tapete de los noventa el problema de la violencia transfóbica.

Sólo desde enero de 2008 se contabilizan más de 1500 asesinatos de personas trans (la estadística incluye pocos países fuera de Occidente, donde podemos suponer que la situación es peor). Casi el 80% de esos crímenes ocurrió en América Latina. Si consideramos que sólo una de cada 33.000 personas es transexual, la cifra resulta impresionante: un asesinato cada dos días. Esta situación de especial violencia es la que llevó a muchos colectivos LGBT a hablar de un “genocidio trans”.

Veamos cómo está compuesta esa masa de personas transexuales asesinadas. Si tomamos un período prudente de tiempo, podemos ver que en su mayoría se trata de trabajadoras sexuales, de entre veinte y cuarenta años. Jóvenes, precarizadas y en la calle: la fórmula de la desprotección.

La discriminación diaria y elabuso al que están sometidas las personas transexuales las convierte también en un sector especialmente vulnerable al suicidio: el 41% intentó suicidarse al menos una vez, un porcentaje nueve veces más alto que la media (4,6%).

Si escarbamos un poco más, veremos que la situación de las personas transexuales es devastadora en todas las estadísticas: son mucho más pobres, sufren más violencia sexual y policial, doblan la tasa promedio de desempleo y de contagio de HIV, caen más veces en la cárcel, experimentan más situaciones temporarias de calle o son homeless, abusan más que el resto de drogas y alcohol, tienen mucho menos acceso a la educación y a la salud, más de la mitad sufre el rechazo y el alejamiento de sus familias. Los trans, en el siglo XXI, viven en un verdadero ghetto a cielo abierto.

La realidad de los transexuales en nuestro país no es mucho mejor que en el resto del mundo. El 84% no terminó la secundaria, el 64% tiene la primaria incompleta, el 95% se dedica a la prostitución. La gran mayoría interviene su cuerpo en el mercado clandestino: las consecuencias derivadas de la aplicación de siliconas son la tercera causa de muerte en el colectivo. De estas condiciones locales, que también son mundiales, se deriva el dato más atroz: una expectativa de vida promedio de treinta y cinco años.

La legisladora María Rachid presentó esta semana un proyecto de ley para entregar un subsidio a miembros de la comunidad trans que hayan cumplido los cuarenta años. Fue recibido con un alto rechazo en páginas de Internet y redes sociales, con reacciones que van desde el clásico yo no pago mis impuestos para esto a la lisa y llana transfobia. Estos ciudadanos, insólitamente, consideran que los transexuales podrían ser una especie de privilegiados.

De aprobarse el proyecto de Rachid, el alcance de la medida beneficiaría a no mucho más de doscientas personas de la ciudad de Buenos Aires: la minoría de supervivientes que llegó con vida a esa edad. Ese —y no otro— debería ser el verdadero motivo de escándalo.

http://www.laizquierdadiario.com/La-lenta-muerte-trans

A través de http://www.kaosenlared.net/secciones/s/derechos-humanos/101091-la-lenta-muerte-trans

Horror sin fronteras

3 de octubre de 2006. Los colegas de la prensa nos arremolinábamos alrededor del coche de I.J.L., una mujer de 35 años a la que su ex pareja acababa de asestar varias puñaladas en el barrio de Sevilla Este, ante una cafetería, al lado de un colegio. Estaba viva. Camino del Hospital Virgen del Rocío. Necesitó mucha cirugía y, supongo, no pocas horas de psicólogo y de familia, no pocos botes de medicamentos para el cuerpo y el alma. El asesino –que no lo lograra no evita la etiqueta- se suicidó poco después, tras escapar. España tenía desde hacía dos años una ley contra la violencia de género. La conciencia iba ganando terreno al miedo.

19 de febrero de 2014. Nadie alborota –ni plumillas, ni foteros, ni vecinos- junto al coche de F.A.M., una joven de 23 años que acaba de ser apuñalada y, de seguido, atropellada de forma intencional en Hebrón, al sur de Cisjordania (Palestina). La ha atacado su primo, en nombre de una familia que consideraba que la chica era demasiado poco humilde. Demasiado coqueta con sus ropas ceñidas y sus combinaciones –tacones, maxi bolso y hiyab, todo rosa fucsia- y demasiado independiente –universitaria, futura abogada, pese a la tradición hogareña-. ¡Una conductora, por Dios! F.A.M. también está viva, aunque la han tratado de rematar asfixiándola con una almohada en su cama del Hospital Alia. Su asesino sigue suelto, tranquilo, a cara descubierta. No ha sido ni interrogado. Entre los suyos es un hombre cabal que ha dado su merecido a una díscola. Aquí no hay ley que ampare la violencia doméstica, la discriminación por razones de sexo. Es una promesa vieja. La conciencia no va ganando terreno al horror.

Han pasado más de siete años entre una escena y la otra, pero la desolación, el vacío en el estómago, el asco al cubrir la historia son los mismos, porque idéntica es la raíz: la tozudez forjada durante siglos que afirma la necesidad del sometimiento de la mujer, de su degradación; su aplastamiento por sociedades patriarcales, machistas, donde la del hombre es la voz poderosa. O única. La maté porque era mía o porque dañaba el nombre de los nuestros. “Violencia de género” o “crímenes de honor”. Mismo perro con distinto collar.

Las mujeres muertas en España son una evolución del mal, el refinamiento de la persecución en una sociedad que se dice avanzada, pero que proviene del mismo veneno que en esta tierra lleva a ataques como el de Hebrón. Las mujeres aquí son atacadas por adúlteras, por ir con novios no aceptados por la familia, por su inmodestia… pero también porque se convierten en una deshonra para su casa después de haber sufrido una violación que, en el 75% de los casos, ha sido cometida por algún varón de su propia sangre. 27 chicas –musulmanas pero también cristianas- fueron asesinadas por estos motivos el pasado año, sobre una población que roza los cuatro millones. El doble que en 2012. Hay que sumarles otras 20 al menos muertas por sus parejas o ex parejas en casos de lo que se entiende como maltrato doméstico clásico. En España fueron 48 sobre 47 millones.

Quien crea que se trata solamente de unos crímenes atroces propios de países musulmanes se equivoca. Estas muertes no son religiosas, sino culturales. La fortaleza del hombre que manda sobre la mujer que cumple, sin rechistar, o asume las consecuencias. Puede haber añadidos, peculiaridades, pero también las hay en Occidente. Unas 20.000 mujeres mueren al año por crímenes de honor en todo el mundo, según una reciente compilación hecha por el diario británico The Independent. Los casos han saltado a Europa, entre inmigrantes de segunda o tercera generación sobre las que sus progenitores, su entorno familiar, tratan de aplicar el poder de siempre, el que oculta a la mitad del mundo. También en España, alerta el artículo. Rana Husseini, una periodista jordana tan fuerte como dulce, ha estudiado cómo la “vergüenza” acaba siendo limpiada con sangre, y lo ha hecho sin mirar el pasaporte de las víctimas. Concluye que no hay más que un mismo dolor compartido. “Lo que aquí ocurre pudo pasar en España a la generación pasada. Mira los entornos rurales. Hay familias que metían a monja a la hija que salía con el chico equivocado. O que la mandaban a un reformatorio. O que la exiliaban y repudiaban. O que la mataban, al  fin”, resume. Unas décadas de diferencia, más primaveras árabes, más mujeres liberadas, y llegará el momento de la convivencia escogida, del hogar, y también el momento de la otra fase, la nuestra, de violencia.

La única evolución, comparte Rana, es la de la educación. La ocupación, dicen algunos, está por encima de cualquier otro problema que tenga Palestina. Hay que escalonar las prioridades. La legislación puede esperar, antes hay que ajustar otras cosas. Así se repite el mantra –no es lo esencial, con eso no se hace estado- sin reparar en que, con país soberano o sin él, el mal existe, el mal debe ser erradicado por el bien de la sociedad por venir. No hay más que levantar los ojos por encima del hormigón del muro para tener el desmentido: 17 muertas en Israel por violencia doméstica el pasado año, en una población como la de Andalucía. Un país donde las mujeres cobran un 23% menos que los hombres. Donde los abusos sexuales a mujeres en el seno del Ejército han crecido un 9% en el último año.

El horror no sabe de fronteras.

http://www.andalucesdiario.es/oriente_sur/horror-sin-fronteras/

“Nunca entenderán que un hombre pueda amar a otro hombre”

En India las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo están penalizadas. Los homosexuales son repudiados incluso por sus familias.

ELENA DEL ESTAL Nueva Delhi 04/07/2014

Dos hombres en Agra, en el estado de Uttar Pradesh (India). P. L.

Dos hombres en Agra, en el estado de Uttar Pradesh (India). P. L.

Salir del armario es todo un reto en India. Tras haber vivido un periodo de aclamada libertad (en 2009 el Tribunal Superior de Delhi derogó una ley del Imperio Británico que criminalizaba la homosexualidad), el pasado mes de diciembre el Tribunal Supremo revocó esta decisión y volvió a penalizar las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo. Pero a pesar de luchar contra una ley que les criminaliza, una sociedad que les margina y una cultura que les estigmatiza, muchas personas homosexuales en India tienen que enfrentarse también a la lucha que más les duele: su propia familia.

Ranjit sabe muy bien lo que esto significa. Hace algo más de dos años se atrevió a confesar a su familia lo que ya sabía desde su adolescencia: que es gay, que le gustan los hombres. “Al principio dudé mucho, temía su reacción, pero comprendí que no podía seguir ocultando a mi familia lo que soy”, cuenta este chico originario del estado sureño de Tamil Nadu que pide usar un seudónimo. Había pasado los últimos cinco años estudiando en Europa, volviendo a India sólo en visitas esporádicas. “Allí era feliz porque no tenía que esconder mis sentimientos, mi forma de ser, de actuar”. Fue a la vuelta que encontró el valor suficiente para confesarle a su familia su condición sexual. Con una feminidad muy evidente, a veces piensa que su familia siempre lo sospechó pero nunca quiso admitirlo. “Es cierto que en India los hombres heterosexuales son más afeminados que en Europa. Igual simplemente pensaban que era un hombre afeminado, pero jamás podrían imaginarse que fuese gay”, comenta.

Pero lo es, y su familia nunca aceptó este hecho. “Durante mi adolescencia sufrí muchísimo —dice mientras se toca las cicatrices de las heridas que se hizo a sí mismo, aún visibles en su muñeca izquierda— pero después comprendí que lo que más daño me hacía era pretender ser lo que no soy, por eso se lo conté”, confiesa. Aunque sabía que les disgustaría, en el fondo tenía la esperanza de que acabasen aceptándolo tal cual es. “Al fin y al cabo soy su hijo ¿no?”. Pero no fue así, y hubo un castigo por su confesión. “Pensaban que si me dejaban de enviar dinero cambiaría de opinión. Pero, ¿cómo voy a cambiar? Creen que ser gay es una elección, no comprenden que la homosexualidad no es algo que se pueda ‘dejar de ser'”.

Ranjit: “Creen que ser gay es una elección, no comprenden que la homosexualidad no es algo que se pueda ‘dejar de ser'”

De aquella última discusión han pasado más de dos años. No han vuelto a hablar ni se han vuelto a ver desde entonces. Sólo mantiene contacto esporádico con su hermana menor, que intenta mediar entre ellos, sin éxito. “Ella es la única que me entiende y que me acepta, aunque también está enfadada porque si mis padres no recuperan el dinero con mi boda ella no podrá casarse”.

El matrimonio en India, ese gran evento vital. Basado aun en una fuerte tradición, la familia de la novia es quien debe pagar la boda y una dote a la familia del marido, que será quien se haga cargo de la esposa cuando se casen. Sólo con el dinero de la boda de Ranjit, sus padres podrían costear la de su hermana menor. “Pero casarme con una mujer es algo inconcebible, no sólo por mí, ¿es que acaso la felicidad de mi supuesta esposa tampoco importa?”, comenta indignado.

Un estudio realizado por la ONG The Humsafar Trust revelaba en 2009 que al menos el 27% de los hombres gays entre 24 y 25 años están casados. Una cifra que se dispara hasta llegar al 70% en las grandes capitales y al 82% en ciudades más pequeñas cuando se superan los 30 años de edad. Quien no encuentra el valor suficiente para confesarse a su familia tiene que tomar el camino de en medio. “El ostracismo social es el miedo más grande”, decía Nitin Karani, miembro de The Humsafar Trust. “El concepto de no casarse es ajeno para muchos hombres homosexuales y aceptan hacerlo porque tienen miedo a ser tratados como parias”, decía a los medios locales el activista gay cuando salieron los resultados de la encuesta.

Es el caso de Akhil, un joven bisexual de Delhi, cuya familia ha planeado su boda para el año que viene. “Ellos han elegido a la que será mi futura mujer y en parte no me importa porque aunque me gustan los hombres también me gustan las mujeres”, cuenta a Público en un bar de ambiente de la capital. Tiene muy claro que jamás le dirá a su mujer que también se acuesta con hombres.

El problema al que se enfrenta Ranjit no es aislado. “Me atrevería a firmar que un 90% de los homosexuales en India tenemos que ocultar que lo somos”, explica Mayuke, un joven de Delhi que tampoco se ha atrevido todavía a confesarse a su familia y amigos. Vivir lo que él mismo llama una “doble vida” es común en un país donde la población sigue arraigada en una fuerte cultura conservadora. “El sexo es un tema tabú en las familias, un chico hetero tampoco le cuenta a sus padres si tiene relaciones sexuales o no, así que la dificultad es mayor para los homosexuales”, dice Arka, un chico gay originario del noreste del país.

Mi hijo es gay

Esta preocupación se ha llevado también al cine, que suele dejar de lado temas tan delicados como éste. Dos películas sobresalen en la industria india. I am es la historia de una joven lesbiana que nunca se atrevió a confesar a su familia que le gustaban las mujeres. Su directora, Sonali Gulati, explica que el film es su manera de reconciliarse con su madre ya muerta, a través de la experiencia de jóvenes indios que sí se atrevieron a salir del armario con sus familias.

Mi hijo es gay, una frase que no es fácil de asimilar para muchos padres en India, da título a la cinta del director indio Lokesh. Un proyecto arriesgado no sólo por la historia que narra, sino porque además es la primera película india sobre temática LGBT financiada a través de crowdfunding. “Tenía el deber de hacer una película que hablase de la necesidad que tiene la sociedad india de aceptar a la gente tal cual es”, explicaba el director del film, aun en rodaje. “Si alguien quiere salir del armario, esperemos que esta película se lo haga más fácil”, contaba a la prensa local Nakshatra Bagwe, el actor que encarna el papel de hijo gay que se confiesa a su madre.

Fácil, precisamente el adjetivo que con menos frecuencia puede usarse para definir la realidad a la que se enfrentan las personas homosexuales que quieren sincerarse con su familia en India. “A veces pienso cómo se puede ser tan estúpido y abandonar a tu hijo por ser como es, pero otras veces no les culpo, es su cultura y simplemente nunca serán capaces de entender que un hombre pueda ser feliz amando a otro hombre”, admite Ranjit.

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http://www.publico.es/531888/nunca-entenderan-que-un-hombre-pueda-amar-a-otro-hombre?src=lmFn&pos=7

Movilh enfrentará en Tribunales a Jacqueline Van Rysselberghe

El movimiento anunció que presentará un recurso de protección contra la senadora electa UDI y su colega Víctor Pérez.

“Deberán demostrar por qué los padres homosexuales son un peligro para sus hijos”, afirman.

Publicado: 11:24 | Autor: Cooperativa.cl
"¿Qué culpa tiene un niño de que lo adopte una pareja homosexual?", dijo hace pocos días la ex intendenta.

“¿Qué culpa tiene un niño de que lo adopte una pareja homosexual?”, dijo hace pocos días la ex intendenta.

El Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) afirmó que parlamentarios de la UDI “han desatado una homofobia sangrante en los últimos días” mediante “odiosas declaraciones que no miden los negativos efectos que tienen en la dignidad y honra de personas y familias con una orientación sexual o una identidad de género diferente”.

“La semana anterior vimos cómo los senadores UDI Víctor Pérez y Jacqueline van Rysselberghe se oponían a la adopción por parte de parejas del mismo sexo por considerarlas un peligro para los niños, mientras esta semana hicieron lo suyo los diputados María Angélica Cristi, Arturo Squella e Iván Moreira“, dijo el Movilh en un comunicado.

El próximo lunes 24 de febrero presentaremos en la Corte de Apelaciones de Santiago un recurso de protección contra los senadores Pérez y Van Rysselberghe. En tribunales deberán demostrar por qué los padres homosexuales son un peligro para sus hijos, como antojadiza y ofensivamente dicen. A la par evaluaremos con abogados si hacer extensivo el recurso a otros parlamentarios UDI”, anunció el organismo.

“En paralelo haremos desde marzo en el Senado todas las gestiones necesarias para que nuestras más de 30 indicaciones al proyecto de ley AVP sean aprobadas, incluidas en primer lugar la que aseguren no discriminación en la crianza o tuición de menores”, señaló.

  “Odio extremo”

El movimiento expresó además su repudio frente a declaraciones de Cristi en la Revista Ya de El Mercurio, donde comentó: “Ahora seguramente se votará el matrimonio homosexual y hasta podría permitírseles que adopten… Una aberración, porque un niño necesita padres de ambos sexos“, y a partir del “concepto de igualdad de género (…) se debilita a la familia, hay baja natalidad, se defienden los derechos homosexuales, más niños sufren” y “hay más abandono“.

En tanto, Squella comentó en su cuenta de Twitter que es “lamentable que se insista en la aprobación del AVP” y argumentó que “la relevancia jurídica del matrimonio está en que de esa unión puedan nacer y formarse nuevos ciudadanos“. También señaló que “no todo puede ser definido por ley. Ej. ¿Si la ley despenalizara el homicidio, pasaría a ser bueno matar?”.

En tanto, Iván Moreira dijo en CNN Chile que prefería el AVP sobre el matrimonio igualitario “por ser un mal menor”, enumeró el Movilh.

“Vemos así como autoridades tratan a personas de ser peligrosas para los niños y de aberrantes, mientras que las leyes que buscan la igualdad para la diversidad sexual , son calificadas de mal menor o comparadas con la despenalización del homicidio. Esta violencia verbal, que incita y justifica el actuar de quienes atacan físicamente a las personas con orientación sexual e identidad de género diversa, debe cesar“, advirtió la organización.

“Estos parlamentarios han mostrado un odio y una falta de respeto extremo, que violenta especialmente a hijo e hijas de parejas del mismo sexo. La liviandad, la falta de respeto al prójimo, que llega al extremo de ofender a niños y niñas, no está altura de un país civilizado. La libertad de expresión no tiene nada que ver con la incitación al odio y ya es tiempo que la sociedad vaya entendiendo las diferencias entre una y otra, no tolerando bajo ningún punto de vista la violencia verbal o física que denigra a personas sólo por ser diferentes a una mayoría”, agregó.

http://www.gaypress.es/browse?source_url=http://www.cooperativa.cl/noticias/pais/politica/udi/movilh-enfrentara-en-tribunales-a-jacqueline-van-rysselberghe/2014-02-19/105829.html

 

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Pechos ‘planchados’, la otra mutilación femenina

Por: María Antonia Sánchez-Vallejo | 06 de febrero de 2014

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Una mujer asiste con su hijo a una sesión de prevención en Duala / Joe Penney (Reuters)

Las víctimas son niñas prepúberes, entre ocho y once años. Les aplastan los pechos durante meses con un objeto candente para evitar que adquieran turgencia y su volumen atraiga demasiado pronto el interés de los hombres. Es una práctica ancestral denominada “planchado del pecho” y originaria de Camerún, pero hay un creciente número de casos en Reino Unido.

Dicen sus defensores que es un modo de preservar a las chicas del acoso sexual e incluso de evitar embarazos precoces. Nada más lejos de la realidad: la tortura ha demostrado su ineficacia a la hora de impedir la actividad sexual a edades tempranas. En 2010, alrededor del 30% de las camerunesas habían sido madres antes de cumplir los 18 años, según el Fondo de Población de la ONU.

Lejos de la repercusión que otras prácticas de mutilación sexual femenina han alcanzado en el mundo –precisamente esta semana se celebraba el Día Internacional Tolerancia Cero contra las distintas formas de mutilación genital, que afectan a 125 millones de mujeres en 29 países de África y Oriente Próximo-, el fenómeno de las niñas con los pechos deformados sigue siendo en su mayoría  un secreto. También las víctimas callan sobre lo sucedido, en parte porque asumen que es lo mejor para ellas –el discurso tradicional-, y apenas reconfortadas por las mujeres de la familia, que les aseguran que sus pechos volverán a crecer cuando sean mayores.

El silencio perpetúa la práctica y todas sus consecuencias, entre las que se cuentan abscesos, picores, descarga de leche, infecciones, disimetría de las mamas, mastitis, infecciones, fiebre alta, piel quemada y daño en los tejidos… por no hablar de las secuelas psicológicas.

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Uno de los instrumentos utilizados para ‘aplanar’ los senos / Joe Penney (Reuters)

El planchado afecta al 24% de las camerunesas –es decir, una de cada cuatro-, y es más común entre la población cristiana y animista del sur del país que en el norte, de mayoría musulmana, donde sólo se ven afectadas el 10% de las mujeres, sostiene el Fondo de Población de la ONU. En 2006, unos cuatro millones de camerunesas habían experimentado el proceso, que puede repetirse a diario durante más de un año, y otros cuatro millones eran víctimas potenciales del mismo, según la agencia alemana de cooperación internacional, que había dado la voz de alarma un año antes.

No es una práctica privativa de Camerún; también se realiza en Guinea-Bissau y en países del centro y el oeste de África como Chad, Togo, Benín y Guinea-Conakry. Más de la mitad de las agresiones (en torno al 58%) son perpetradas por la propia madre de la menor, aunque también suelen participar otras familiares. A menudo el padre permanece ajeno al suceso.

La ONG CAME Women and Girls Development Organisation, con base en Reino Unido, convocó recientemente una conferencia para dar luz pública al fenómeno, que la ONU ha incluido entre los crímenes más comunes que se perpetran contra las mujeres. Otros grupos locales, como la Asociación Red de Tías de Camerún (Renata), formada por víctimas del planchado, alientan campañas de radio y televisión dirigidas a 45.000 estudiantes de zonas rurales.

Las animosas Tías también han publicado carteles en los que se describen los tipos de objetos usados (lascas de piedra, martillos, espátulas, incluso la mano de un mortero calentado sobre brasas), un catálogo de horrores para una tortura silenciosa y, ojalá, cada vez menos secreta. Según el Gobierno camerunés, la práctica se ha reducido en un 50% desde que fuera detectada por primera vez, en 2005 y accidentalmente, durante una investigación de la agencia alemana de cooperación.

Victima

Una mujer de 28 años, víctima del ‘planchado’ de pechos, en su casa de Duala / Joe Penney (Reuters)

Represión sexual en Burgos

por Comunidad LGTB de Burgos

Domingo, 26 de Enero de 2014

 

La comunidad LGTB de Burgos denuncia las agresiones que gays, lesbianas y transexuales, vienen sufriendo desde hace años en la ciudad, por parte de grupos fascistas y neonazis.

 

Esto unido a la ausencia de políticas LGTB por parte de todos los grupos municipales lleva a situaciones de ostracismo y formas, refinadas o no, de violencia.  Algunos grupúsculos fascistoides se organizan para agredir a personas LGTB que, por miedo a afrontar un proceso judicial y volver a ser el objetivo de nuevos ataques, no denuncian, quedando- en la mayoría de los casos- impunes estas acciones.

 La comunidad LGTB advierte que, hasta el momento, estos trágicos sucesos han quedado- en la mayor parte de los casos-  silenciados u obviados. La crisis y la vuelta al armario en trabajos y lugares de ocio hace de la comunidad LGTB burgalesa casi un ente invisible, siempre fragmentado.

Los últimos sucesos  han ocurrido en el parque de La Isla, cuando homosexuales que  transitan por el mismo y lo usan como discreto lugar de encuentro, fueron agredid@s. Los ataques se producen también en parques como Fuentes Blancas, La Quinta y La Isla, además de en  las zonas de esparcimiento, algunos bares o el pinar de Cortes, donde se han producido agresiones con piedras, insultos  y hostigamientos continuos.

Los ataques se producen de madrugada y especialmente en los momentos en que las personas LGTB expresan su sexualidad, ligando, practicando cruising o simplemente mostrándose afecto en público, lo que ha conllevado en disputas y peleas provocadas por personas homófobas y de extrema derecha que pretenden que Burgos siga siendo una ciudad sitiada a gays, bolleras, transexuales, presas de un miedo  propio de otros tiempos, amenazados/as con la invisibilidad.

Así, son simbólicamente expulsados/as de la ciudad, obligándoles a exiliarse hasta ciudades grandes donde poder ejercer y mostrar su sexualidad en libertad.

Comunidad LGTB de Burgos

http://www.kaosenlared.net/secciones/s2/guerracriminalizacionrepresion/item/79230

“Yo quería sexo, pero no así”

Lo que iba a ser un encuentro deseado, se convierte en una agresión sexual. Esa situación es más frecuente que el estereotipo de violación por parte de un desconocido en la calle, pero para las mujeres es más difícil de identificar como un delito contra su libertad sexual. La culpa, la vergüenza de exponer su sexualidad y el miedo a que no las crean hace que pocas denuncien e incluso lo cuenten.

,25/11/2012

Haber salido a ligar o haber bebido alimentan el sentimiento de culpa de las víctimas./ thisisnotaninvitationtorapeme.co.uk

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La ‘primera vez’ de Blanca fue una violación, pero le costó años reconocerla como tal. Tenía 17 años y ligó con un compañero de clase en una fiesta de fin de curso. El chico le gustaba, y se sentía preparada para tener sexo con él. Pero en un momento dado su actitud le desagradó, y le pidió que parara. Él, lejos de atender sus ‘no’, la empotró contra la pared, le tapó la boca y la forzó. Ella respiró hondo e intentó relajarse para no sufrir lesiones. Se lo contó a sus amigas sin darle mayor importancia: que había tomado dos cervezas y se dejó hacer. Después de nueve años y dos relaciones de pareja marcadas por las humillaciones y los abusos, fortalecida por la terapia y el contacto con el feminismo, Blanca se reconoció como una mujer violada y lloró por primera vez.

Cuando escuchamos la palabra ‘violación’, nos imaginamos una escena muy distinta: una joven camina sola de noche, un desconocido la asalta y la fuerza brutalmente. “Las agresiones sexuales que no se asimilan a ese imaginario de violaciones de película se normalizan, se las considera ‘otra cosa’, o se culpa a la víctima (que le provocó, que no dijo que no con la suficiente insistencia…)”, alerta la psicóloga especialista en violencia de género, Norma Vázquez. El ‘ligoteo’ es uno de los contextos en los que más agresiones sexuales se dan, apunta, pero a las mujeres les cuesta identificarlas como tales, puesto que ellas querían en un primer momento trabar relación o mantener un intercambio sexual.

Agresores conocidos

Vázquez dirige la consultaría Sortzen, responsable del estudio ‘Agresiones sexuales. Cómo se viven, cómo se entienden y cómo se atienden’, publicado por la Dirección de Atención a Víctimas de Violencia de Género del Gobierno vasco, que revela que la mayoría de agresiones sexuales reportadas en 2009 ocurrieron de noche, pero la mitad tuvieron lugar en un domicilio (no se precisa si en el del agresor o de la víctima). La edad de la mayoría de las víctimas y de los agresores era de 26 a 35 años. El 60% de los agresores emplearon la violencia física, pero sólo el 9% amenazaron con un arma blanca.

En Bizkaia, en el 86% de los casos había relación previa entre la víctima y el desconocido; cifra que se queda en el 53% en Gipuzkoa, mientras que en Álava todos los agresores eran desconocidos. “Los datos nos muestran las características de las agresiones sexuales que se denuncian, no de las que ocurren”, se matiza en el informe.

En Castilla y León, la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Violencia de Género, Adavas, confirma que, según sus datos, tan sólo son 12-15% de todos los delitos sexuales son asaltos de desconocidos. En la mayoría de casos, “el agresor sexual se prevale de la cercanía con la víctima para perpetrar sus ataques: la propia pareja o ex pareja, o los familiares, cuidadores en el caso de menores, en los que la víctima no denuncia porque piensa que no le van a creer”, explica Manuela Torres , abogada de Adavas.

El límite del consentimiento

Lo que le ocurrió a Blanca es, según el informe del Gobierno vasco, uno de los casos más habituales: una mujer conoce a un hombre con el que le apetece tener un encuentro, en un momento se siente a disgusto o no le gusta el rumbo que toma la situación, y él la presiona o fuerza a seguir.

Para la realización del estudio se contó con los testimonios de alrededor de 70 mujeres a través de grupos de discusión. Muchas reconocieron no tener claro qué se puede considerar como agresión sexual. Por ejemplo, la mayoría no identificaban como tal que el hombre se niegue a usar preservativo. En el informe se alerta de que la actitud masculina tan extendida y normalizada de insistir y presionar para tener sexo, hace que las mujeres acepten esa conducta “como algo consustancial a salir de fiesta”.

Norma Vázquez responde que el límite es “la coacción: si hay presiones, si el hombre no ha respetado el ‘no’ de la mujer”. Pero reconoce que, a menudo, cuando el agresor es conocido, la línea que separa una relación consentida de una forzada es difusa. “Hay mujeres que empiezan diciendo que no, pero que ceden por la presión, el chantaje, o por evitar males menores, como el miedo a la violencia física. Esas mismas mujeres a menudo no lo consideran violencia, porque se quedan con que finalmente aceptaron o con que ellas lo buscaron”.

La psicóloga lamenta que la sociedad no entienda por qué una mujer no se opone con firmeza a una relación sexual no deseada, y que la pregunta sea esa en vez de cuestionar por qué muchos hombres siguen sin aceptar la primera negativa. “Decir que no, mantenerlo y defenderlo cuesta”, recuerda.

Vergüenza y culpa

“Sentí culpa y vergüenza”, relata Blanca. “Porque yo había decidido que quería tener relaciones, yo había decidido que quería irme con ese chico. Hasta le había dejado que me bajase las bragas. Sentía que yo me lo había buscado y que no tenía derecho a echarme atrás en el último momento. Me sentía tonta”, reconoce.

Haber bebido, haber salido de casa con ganas de un revolcón o no haber sabido dar un ‘no’ contundente son algunos de los elementos por los que las víctimas se sienten responsables de lo que les ocurrió, destaca la psicóloga. Si la sociedad transmite a las mujeres que son ellas las que tienen que protegerse y limitarse para no ser agredidas, cuando esto ocurre, su primera reflexión no apela al agresor (¿por qué ha agredido?) sino a la víctima (¿por qué se metió en esa situación?).

Incluso las participantes del estudio que afirmaron no vivir la agresión con culpa, admitieron que sentían que habían dado pie a ello. Por ello, uno de los ejes principales en la atención que brinda Adavas en Castilla y León a las víctimas de agresiones sexuales es transmitirles “que no han tenido la culpa de lo que les ha sucedido y que una agresión comienza cuando se transgrede la barrera del no y se daña así la libertad sexual de una persona”, señala la abogada de la asociación.

Pero una vez superado el sentimiento de culpa, persiste el miedo a ser juzgadas. Las participantes en el estudio del Gobierno vasco opinaron que la sociedad y la justicia tienden a señalar a las mujeres más que a los agresores. Un caso claro que se citó en los grupos de discusión fue el asesinato (homicidio, según la condena) de Nagore Laffage en las fiestas de San Fermín a manos de un psiquiatra del hospital en el que trabajaba, José Diego Yllanes. Pese a que el caso conmocionó a la ciudadanía vasca y navarra, dos preguntas flotaron en el aire en todo momento. ¿Si no quería sexo, para qué subió a casa de Yllanes? ¿Y qué hizo ella para que un tipo tan respetable se volviera loco y la asesinase?

Cuesta denunciar

De las más de 70 mujeres entrevistadas para el estudio, Norma Vázquez destaca que ninguna había denunciado las agresiones sexuales sufridas: “Nos decían cosas como: ‘Yo no me veo explicando al fiscal, al juez, a la médica… que sólo quería un magreo, o que él se puso violento y me dio miedo, o que no supe decir que no a tiempo’. Denunciar lo que está en el limbo de ‘yo sí quería pero no tanto’ es dificilísimo. Es la pescadilla que se muerde la cola: se denuncian las agresiones que más cumplen con el estereotipo de asalto con violencia”.

Blanca admite que si hubiera sufrido esa agresión ahora, tampoco hubiera denunciado. “¿Qué pruebas presentaría? Traté de relajarme en vez de oponer resistencia, por lo que no me desgarró la vagina, no me golpeó ni me rompió la ropa. ¿Por qué me iban a creer?”.

Conseguir pruebas es mucho más complicado cuando no se trata de un asalto con violencia por parte de un desconocido, reconoce Torres, pero señala que existe múltiple jurisprudencia de que en esos casos el testimonio único de la víctima puede ser tenido en cuenta como prueba suficiente, “ya que de lo contrario la mayoría caería en la más absoluta impunidad”. Pero para ello hay que cumplir ciertos requisitos: que no exista interés espurio para denunciar o una enemistad previa, que el testimonio de la víctima sea verosímil y coherente.

Pero según Vázquez, uno de los principales motivos por los que se descarta interponer una denuncia es porque “sienten que tienen que exponer su sexualidad, admitir ante diferentes personas que iban a acostarse con un desconocido y que cuando les dio mal rollo no pudieron parar la situación”. Y esto no ocurre sólo con las jóvenes, sino que las mujeres mayores “también salen de marcha, también se quieren enrollar con gente”, y eso es difícil de contar en un juzgado. Por ello, la psicóloga defiende la importancia de denunciar para romper con la impunidad, pero entiende que “el desgaste y la exposición que supone el proceso” las frene, y por ello reclama centrar las respuestas institucionales y sociales en brindar acompañamiento a las víctimas.

La abogada de Adavas confirma que “si la víctima cuenta con apoyo profesional especializada desde el inicio, la respuesta penal suele ser adecuada al daño ocasionado”. Como prueba, señala que el 73% del total de agresiones sexuales denunciadas por la asociación entre 2010 y 2011 terminaron en una sentencia condenatoria; menos del 10% de los agresores fueron absueltos, y en el resto de los casos no se llegó a juicio, generalmente por falta de pruebas. Eso sí, en 2010-2011 una media del 40% no quiso interponer denuncia, sobre todo por miedo a que no les crean. La abogada considera que, incluso cuando han pasado años desde la agresión (pone como ejemplo los abusos sexuales en la infancia), conviene denunciar si la persona lo desea, “porque ayuda a superar el episodio, porque el abusador debe tomar conciencia de lo que hizo, y puede servir de protección tanto a la víctima como a otras posibles víctimas”.

La asociación brinda asistencia gratuita las 24 horas del día a través de un servicio de emergencias, en coordinación con las demás instituciones. Se trata de una atención integral con perspectiva de género por parte de un equipo formado por psicóloga, abogada, trabajadora social, musicoterapeuta para menores y voluntariado, cuya prioridad es que la víctima supere el trauma, que no sienta culpa y que se sienta apoyada y comprendida en la toma de decisiones. Además, la organización realiza actividades de sensibilización y denuncia, bajo la premisa de que debe haber “una respuesta social adecuada y proporcionada ante los ataques contra la libertad sexual, sin llegar a la alarma social”.

 

http://www.eldiario.es/sociedad/queria-sexo_0_72093264.html

Sofía siempre fue David. Jerónimo siempre fue Lucía

Raúl Solís / Sevilla / 26 oct 2013

Manifestación por la Ley de Transexualidad en Andalucía. // ATAManifestación por la Ley de Transexualidad en Andalucía. // ATA

Cuando David nació, sus padres dieron la bienvenida a Sofía. Todo estaba preparado para recibir a la primera y deseada niña de la casa. Abundaba el color rosa, pero Sofía nunca existió. David lo gritó a los tres años cuando fue llorando a la guardería disfrazado de princesa. David no jugaba con las muñecas ni con las cocinitas, le gustaba tener el pelo corto y se dibujaba a sí mismo como un niño. Sofía cada vez estaba más ausente. Eva, su madre, pensó que su hija sería lesbiana pero a los seis años apareció la ficha necesaria para completar el puzzle: “Mamá, enséñame en Youtube cómo se ponen pene las mujeres”.

Por delante, un universo desconocido. Los padres de David no conocían ningún caso similar y tampoco sabían cómo actuar ante un claro caso de transexualidad masculina. Eva empezó a buscar en internet toda la información que no tenía, hasta saber más que la pediatra a la que acudió para encontrar alguna respuesta en medio de la nada. De la pediatra al psicólogo, misma respuesta: desconocimiento absoluto. “Yo pensaba que había creada una mínima infraestructura, pero la realidad es que no había nada”, se lamenta esta mujer que se ha hecho activista para ayudar a su hijo y a otras familias en las mismas circunstancias.

Eva se despidió de Sofía, lloró su pérdida y dio nuevamente la bienvenida a David. Esta vez sin lacitos rosas ni vestiditos de princesa. Se armó de valor para enfrentarse a las críticas que la culpaban de acceder a todos los caprichos de su hijo. Con un informe psicológico, que decía que Sofía siempre fue David, reunió a los profesores del colegio cordobés donde estudiaba su hijo para informarles de que había que cambiar el listado de clase y donde antes ponía “Sofía” ahora se tenía que poder leer “David”.

Comenzó a tratar a su hijo como lo que siempre fue, un niño con genitales femeninos, y el rendimiento escolar de David pasó de suficiente a notable. David ya duerme por las noches, es capaz de concentrarse y viste boxers. “Hoy es el día más feliz de mi vida”, le dijo David a su madre cuando se puso sus primeros boxers masculinos. David es un niño feliz que juega al fútbol en un equipo federado como tantos y tantos niños de su edad. El único que aún no se atreve a ducharse en el vestuario con el resto de compañeros.

TRATADOS POR SU GÉNERO

En las últimas semanas, los padres de varios menores han reclamado un trato adecuado en diferentes colegios de Andalucía, el último caso conocido en un centro público de la localidad onubense de La Zarza. Todas las historias de niños transexuales se parecen mucho. Rechazan sus genitales y piden ser tratados, insistentemente, en un género distinto al biológico desde una edad temprana. La prueba de que no es una vendetta es que los niños transexuales pasan por episodios depresivos hasta que empiezan a ser tratados por su género.

La Academia de Pediatría de Estados Unidos señala que la identidad de género se estabiliza entre los dos y cinco años. Los padres de Lucía saben bien a qué edad se tiene clara la identidad de género. A los tres años, la carta a los Reyes Magos de su hija pedía una varita mágica para hacer desaparecer su pene. Aquella escena los alertó. Dejaron ser a Lucía. Se ponía los tacones de mamá y su admirado traje de gitana. En casa era feliz y en la calle era Jerónimo. Salía a pasear por Isla Cristina (Huelva) con su carrito de muñeca y vestida con prendas unisex hasta que a los ocho años avisó a sus padres que, a partir del próximo curso, sería Lucía para el mundo entero.

La Academia de Pediatría de Estados Unidos señala que la identidad de género se estabiliza entre los dos y cinco años

En septiembre fue al colegio vestida de niña. Pasó todo el verano pensando con qué vestuario presentar en sociedad a Lucía, la niña escondida en el disfraz de Jerónimo. Su rendimiento académico ha mejorado, ha dejado de sentirse ridícula y ya no le asusta relacionarse con adolescentes de su edad. Todo su entorno, empezando por sus padres, le recuerdan cada día que siempre fue Lucía. Su padre, un farmacéutico dispuesto a luchar por la felicidad de su hija, anuncia orgulloso que ya han comenzado los trámites para que desaparezca el nombre de Jerónimo de los documentos oficiales. Este simple trámite tiene en vilo a Lucía, es la única manera de evitar futuras discriminaciones o situaciones “tan dolorosas” como ver que las calificaciones de su hija son anotadas a Jerónimo en el tablón de anuncios del colegio.

A Manuela y Manuel, los padres orgullosos de Lucía, les preocupa la cercanía de la explosión hormonal de su hija. Quieren evitar a toda costa que se le agrave la voz y la aparición del vello corporal. Ansían que el Parlamento de Andalucía les ayude a proteger a su hija y apruebe la Ley Integral de Transexualidad que permitirá que la sanidad pública suministre los bloqueadores hormonales a estos niños y niñas. Un tratamiento reversible que suspende el desarrollo de caracteres secundarios hasta llegar a la mayoría de edad, edad legal para administrar las hormonas femeninas que asemejarán el físico de Lucía a su identidad de género.

A diferencia de Lucía, Alejandro no pudo ser bloqueado hormonalmente. Con dieciséis años, su desarrollo hormonal femenino ya es irreversible. Cuando nació, su madre, solamente estaba pendiente de que una grave deficiencia visual no le limitara. Nunca pensó que, a los doce años, su hijo le preguntaría “qué nombre tenías pensando ponerme si hubiera nacido niño”. “Alejandro”, respondió, sabiendo por dónde iban los tiros. “A partir de ahora, mamá, ya nunca más seré Ana, desde este momento me llamaré Alejandro”, aseveró rotundo.

A los doce años, Alejandro había ya sufrido las transformaciones físicas de su cuerpo biológico de mujer. Los bloqueadores hormonales hubieran evitado sus voluminosos y repudiados pechos, las irritaciones y enfurecido carácter cada vez que aparece la menstruación, el agobio que le causan las vendas con las que oculta su biología y el “profundo asco” que le produce la anchura de sus caderas. A pesar de todo, Alejandro es un niño feliz. Tiene el apoyo de su novia, una compañera de instituto enamorada de un hombre, y el amor incondicional de su madre, que se emociona al relatar la felicidad que siente cuando ve a su hijo mirarse en el espejo con un par de calcetines metido dentro del calzoncillo. El amor y comprensión de los padres y madres de David, Lucía y Alejandro es la mejor terapia hormonal de estos menores. No sentirse solos y verse reconocidos en el género correcto les está ayudando a no engrosar la concurrida lista de personas transexuales que piensan o intentan suicidarse durante la infancia.

Mar Cambrollé, presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía, denuncia que el 80% de los transexuales ha pensado en el suicidio y un 40% de ellos lo ha intentado al menos una vez. Esta histórica activista transexual afirma que estos niños forman parte de una “generación de amor” que no le obligan al “desarraigo familiar”, renunciar a los estudios y ejercer la prostitución como única salida laboral. David entrena esta tarde con su equipo de fútbol. Lucía espera ansiosa la llegada de su nuevo DNI para no temer que el profesor publique sus calificaciones. Alejandro desea tener dieciocho años para someterse a una operación de reasignación de sexo y tirar las vendas y las compresas que le aprisionan su futuro. Al contrario que las generaciones sin amor, estos niños y niñas no serán expulsados de sus casas ni encarcelados por ser lo que siempre fueron.

http://www.andalucesdiario.es/ciudadanxs/sofia-siempre-fue-david-jeronimo-siempre-fue-lucia/

¿Qué pasó con la doctora homófoba de Jaén?

Shangay Lily, 25 sep 2013

arcoIris-jaenEste verano se armó un revuelo mediático enorme cuando un joven gay de Jaén tuvo el coraje y la lucidez de denunciar a su doctora de cabecera por homofobia.

Nuestro héroe, porque es un verdadero héroe para la comunidad gay, beneficiaria de su valentía, es David Cámara, un joven de 25 años aquejado de un cuadro depresivo y de ansiedad que se quedó estupefacto cuando, al acudir a la consulta de su doctora de cabecera con su madre, tuvo que soportar la violencia de que Mª Dolores Chica Maestre, doctora de la Sanidad Pública, o sea: que le pagamos todos, y convencida miembro del Opus Dei según atestiguan compañeros del centro sanitario, tuviese la indecencia, osadía y falta de profesionalidad de decirle al joven paciente que ser homosexual era la raíz de todos sus males.

Como explica magníficamente otro de los héroes de esta historia, el periodista de Andalucesdiario.es Francisco Artacho que, a instancias de otros de los grandes héroes que nos ha dado este truculento episodio de homofobia: la Federación LGTB Andaluza Arco Iris, expuso esta agresión a los medios en un brillante artículo, que la comunidad LGTB nunca le agradeceremos lo suficiente, titulado Una médica de la sanidad pública le dice a un chico gay que ‘lo suyo’ tiene cura:

David Cámara tiene 25 años y el pasado jueves pasó uno de los tragos más desagradables de su vida, cuando acudió a su médica de cabecera, acompañado de su madre, aquejado de un cuadro depresivo y de ansiedad. En los últimos meses David ha sido desahuciado de su vivienda, tras pagar cinco años de hipoteca.  También ha roto con el que, durante nueve años, ha sido su novio. “Me cuesta dormir, comer…. y desde luego no iba buscando lo que me ha pasado”, relata para Andalucesdiario.es David, visiblemente afectado tras sufrir un episodio de homofobia por parte de su médica de cabecera.

Fuimos muchos y muchas los que nos quedamos atónitos con lo que narró el artículo a continuación. A pesar de saber que esta situación se sigue dando en España habitualmente, el campeo de la homofobia en organismos públicos aterroriza:

La consulta médica transcurría con normalidad hasta que la doctora, Dolores Chica Maestre, le preguntó a David si tenía hijos. -No, mi ex pareja es un chico-, respondió el paciente. “En ese momento me dijo que lo primero sería hacerme la prueba del VIH. Ella sostenía que los homosexuales cogemos muchas enfermedades y que las propagamos”. La historia de David fue adelantada ayer por el Diario de Jaén.

Cuenta David que su madre “se quedó blanca” al escuchar a la médica relacionar homosexualidad con el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, en vez de hacerlo con prácticas de riesgo, que es lo que los protocolos médicos indican desde hace ya muchos años.  Pero ahí no quedó la cosa. La doctora, siempre según la versión de David, llegó a explicarle que lo suyo (la homosexualidad) “es algo antinatural” y definió la homosexualidad “como un trastorno”, que el problema estaba en su cabeza y que “tenía cura”. Tras una breve discusión con la doctora, David y su madre salieron de la consulta y pusieron un hoja de reclamaciones. También acudieron a un juzgado de Jaén para poner la correspondiente denuncia. “Por el momento nadie me ha contestado”, detalla David.

Poco después, el gran Artacho revelaba que no era, ni de lejos, el único episodio de violencia homófoba protagonizado por la “doctora cura homosexuales”. En un revelador artículo titulado Otro paciente gay interpuso hace un año una queja contra la doctora de Jaén, el gran Artacho explicaba:

Dolores Chica, la médica de cabecera de Jaén que ha sido denunciada por recomendar a un joven gay que su homosexualidad se puede curar, acumularía, al menos, la reclamación de otro paciente (también gay), que asegura que sufrió un trato vejatorio por parte de esta doctora. Así lo aseguró a Andalucesdiario.es el propio joven, que prefiere no desvelar su identidad. Fue el propio paciente el que se puso en contacto con la Federación de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (LGTB) Arco Iris, después de conocer el caso de David Cámara y así poder aportar su testimonio y sumarse a la denuncia.

La queja (de la que este paciente pidió ayer una copia a la Delegación de Salud al no conservar la copia) fue puesta el año pasado, después de que la doctora llamara “loco” a este joven, según explicó Gonzalo Serrano, presidente de Arco Iris, que ayer se trasladó a Jaén para mantener una reunión con ambos jóvenes. Según este nuevo testimonio, la doctora le llegó a decir “que como tenía esa barba y era tan masculino podía superar la homosexualidad”, detalló Serrano, que ayer pidió a la delegada de Salud de la Junta de Andalucía en Jaén, María Ángeles Jiménez, “una rectificación” ante lo que consideró una “postura indecente”.

Serrano se refiere a la nota enviada el lunes pasado por la Consejería de Salud, en la que se aseguraba que la denuncia de David Cámara “carece de fundamento” porque  “en ningún caso esta profesional valora la homosexualidad como una enfermedad”.

[…] Otra mujer de Jaén, que prefiere salvaguardar su identidad por razones de intimidad, aseguró a Andalucesdiario.es que notó “prejuicios morales y juicios de valor” cuando “hace tres o cuatro años” acudió a la consulta de esta doctora. “Fui porque tenía una regla dolorosa, para que me diera cita con el ginecólogo. Al decirle que no estaba casada me dijo que las relaciones sexuales tienen que ser con alguien muy especial”. Según este testimonio, la doctora le “cuestionó” su estado civil. “Incluso se ofreció a presentarme a alguien”, concluyó esta mujer.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿qué pasó con la doctora homófoba?

Por escandaloso que parezca, la respuesta es insultantemente simple: NADA. La Consejería de Salud y Bienestar Social de la Junta de Andalucía, en manos del PSOE, a través de su delegada en Jaén, se apresuró primero a sacar ese indecente comunicado defendiendo a la doctora cristofascista sin investigación alguna, y luego movió todos los contactos posibles para enterrar la historia lo antes posible y esconderla del pueblo. Veamos la extraña estrategia del partido socialista ante este repugnante episodio de homofobia.

Apenas aparece la denuncia en los medios, la delegada de Salud de la Junta de Andalucía en Jaén, María Ángeles Jiménez, se apresura a sacar un absurdo comunicado, sin mediar investigación alguna en los hechos, y proclama que la denuncia de David “carece  de fundamento” y que “No se ha tratado la homosexualidad como una enfermedad” y que “en todo momento la médico se ha dirigido al paciente de una manera respetuosa”.

Esto acaba en una extraña reunión secreta entre la doctora homófoba Chica Maestre, la delegada de Salud, un extraño personaje del que hablaremos inmediatamente y David Cámara, durante la cual se piden disculpas mutuamente denunciada y denunciante y tras la cual David retira la denuncia. De esta reunión se excluye muy premeditadamente a la Federación Andaluza LGTB Arco Iris que estaba siendo el único y gran apoyo de David. El mismo día sale una extraña noticia en la que se dice que La denuncia contra una médica de Jaén por homofobia se resuelve con unas simples “disculpas mutuas” o que El caso de supuesta homofobia de Jaén se resuelve con unas “disculpas” por ser un “malentendido”. Para la mayoría, se sobreentiende que David se ha echado para atrás y la doctora seguirá ejecutando homofobia en cuanto se pase la tormenta.

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Los 37 rostros de la desigualdad

ACNUR inaugura en el Museo Nacional de Antropología la exposición del fotógrafo Francisco Magallón ‘Mujer.Todos somos una’; una mirada desde los ojos femeninos de todos los continentes contra la concepción androcéntrica del mundo

JAIRO VARGAS Madrid 23/09/2013

Una mujer egipcia portando el 'niqab' junto a su hijo en 2011.

Una mujer egipcia portando el ‘niqab’ junto a su hijo en 2011.– FRANCISCO MAGALLÓN

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Matrimonio forzoso, mutilación genital, explotación y esclavitud sexual, violencia machista. Todos estos términos son comunes en los titulares de los medios e, inevitablemente, van asociados a la figura de la mujer.

Ser mujer nunca fue fácil. Ni siquiera en los países donde han logrado conquistar -no todos- derechos y libertades fundamentales. Sin embargo, el camino por la simple supervivencia se les presenta difícil en determinados contextos socioculturales, y de ese calvario particular sólo llegamos a conocer los casos con el desenlace más trágico: la muerte y las heridas irreversibles.

Por esta razón, el reportero gráfico Francisco Magallón, en colaboración con la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y el Museo Nacional de Antropología ha tratado de acercar los rostros de 37 mujeres de distintas partes del mundo que diariamente se enfrentan a situaciones de discriminación, desigualdad, exclusión, violencia o persecución. Unos retratos captados desde 1983  que podrán contemplarse bajo el nombre de Mujer, todos somos una en las paredes de este museo desde el 20 de septiembre hasta el 19 de enero (ver fotogalería).

“No se trata de un alarde gráfico ni de retratos bonitos”, afirma el fotógrafo, “sino unas caras que pretenden concienciar de que el problema de la mujer es el de toda la sociedad“, explicó durante la presentación de esta exposición temporal en el Museo Nacional de Antropología de Madrid.

Para Magallón, el título de la exposición hace referencia a esa “responsabilidad que tenemos tanto hombres como mujeres de cambiar esa visión androcéntrica del mundo que conduce a la invisibilidad de las mujeres, la negación de sus derechos y la ocultación de sus aportaciones”, un estigma social para el que el único remedio que ve es la educación.

Mujer y refugiada, doble peligro

“Cruzar la frontera conlleva peligros inimaginables para las mujeres y más aún para la madres” “La mayoría de estos peligros para la mujer se da en situaciones de conflicto armado”, explica la representante del ACNUR en España, Maricela Daniel, que destaca el “aumento exponencial de los riegos” que el simple hecho de ser mujer conlleva para los refugiados y los desplazados forzosos. Daniel sostiene que “cruzar la frontera conlleva peligros inimaginables para las mujeres y más aún para la madres”, y apunta que de los más de 45 millones de personas refugiadas y desplazadas en el mundo, el 80% son mujeres y niños.

Una conocedora de primera mano de lo que supone huir del país durante una guerra es Esma Kucukalic, que a los diez años abandonó su Bosnia natal, en 1992, junto a su madre y su hermana. Ahora, como periodista en el canal Córdoba Internacional TV y madre, puede explicar el miedo que pasó y que dejó plasmado en su diario. “Mi hermana tenía 21 años, una edad muy expuesta a la mirada de violadores. Mi padre murió en la guerra de los Balcanes y tanto mi madre como nosotras estábamos totalmente desamparadas, con una desprotección absoluta”, relata.

“En mi país, la violencia sexual se utilizó de forma sistemática como arma de guerra y con el objetivo de humillar y llevar a cabo una limpieza étnica“, recuerda esta antigua refugiada, inmortalizada en uno de los retratos de Magallón.

“La violación se utilizó en Bosnia de forma sistemática como arma de guerra”

Es precisamente a raíz del conflicto en la antigua Yugoslavia cuando el Tribunal Penal Internacional reconoció la violación como un crimen de lesa humanidad. Sin embargo, según datos de la ONU, cerca de 1,2 millones de niños y niñas son víctimas de trata cada año, siendo el 80% de las personas con las que se trafica son mujeres y niñas.

La mutilación genital femenina afecta a 3 millones de niñas anualmente en 28 países de África, Asia y Oriente Medio. Y una de cada tres mujeres en el mundo ha sido golpeada,  maltratada u obligada a mantener relaciones sexuales a lo largo de su vida.

ACNUR ha elaborado directrices sobre persecución por motivos de género, víctimas de trata, orientación sexual e identidad de género y mutilación genital femenina que sirven de orientación legal a quienes trabajan en temas de protección internacional. Pero aún queda mucho trabajo para llegar a conseguir la igualdad de género. Mientras tanto, trabajos como el de Magallón ponen cara a estas cifras. Algunas tiene final feliz; otras ni siquiera tienen rostro.

http://www.publico.es/469621/los-37-rostros-de-la-desigualdad