«Quiero ser puta»

Curso exprés para aspirantes independientes

La crisis ha multiplicado el ingreso en el oficio de mujeres catalanas, que antes del cataclismo económico eran una rareza. El colectivo de trabajadoras sexuales Aprosex ha decidido combatir las incertidumbres de las principiantes con un máster acelerado, el próximo sábado, en Barcelona.

NÚRIA NAVARRO

Domingo, 16 de febrero del 2014

Conxa Borrell (de cara), 'escort' y promotora del curso 'Prostitución: nociones básicas para la profesionalización', y una de las cursillistas.

JULIO CARBÓ -Conxa Borrell (de cara), ‘escort’ y promotora del curso ‘Prostitución: nociones básicas para la profesionalización’, y una de las cursillistas.
 

Aquí no hacemos apología de la prostitución. Tampoco hablamos de trabajadoras sexuales que lucran a terceros. Nos limitamos a la descripción clínica de un hecho: en los últimos cuatro años, una cantidad nada desdeñable de mujeres del país que antes podían afrontar facturas y ahora no, se han metido -o estudian hacerlo- en la prostitución de manera libre e independiente. Y explicamos que, ante este dato estadístico, un colectivo de veteranas del oficio, Aprosex, por fraternidad y activismo, imparten el próximo sábado un curso exprés dirigido a las indecisas, las principiantes y hasta las perfeccionistas sobre todo lo que hay que saber del negocio.

“Están entrando en la profesión chicas tremendamente jóvenes, de entre 18 y 23 años, y mayores de 50”, explica Conxa Borrell, escort desde hace siete años y presidenta de Aprosex. Las jóvenes se apuntan para pagar los estudios o ayudar a la familia y, “por lo general, no están preparadas para ser profesionales de casi nada”; mientras que la mayoría de las maduras ingresan porque no encuentran empleo. “Son mujeres que apenas han estado con un hombre -su marido-, pero que tienen un mercado porque son tiernas, saben cómo tratar un gatillazo y están por la faena”, ilustra.

43% de autóctonas

El aumento de ‘oferta nacional’ lo certifica también uno de los socios fundadores de PhotoEscorts, el mayor portal español de anuncios de ‘freelances’ con precios superiores a 150 euros la hora (durante el Mobil World Congress, por ejemplo, distribuye un volumen de 10.000 llamadas en Barcelona): “Cuando abrimos la web en el 2006, la mayoría de anuncios eran de chicas latinoamericanas y las de aquí eran la excepción codiciada; pero desde hace un par de años el aumento ha sido espectacular. Un 43% del total de profesionales dadas de alta este año son autóctonas, frente al 38% del mismo periodo del año anterior, que a su vez superó al precedente”.

Al gestor de PhotoEscorts también le consta que son estudiantes y mujeres que se han quedado sin empleo. Entre las universitarias, apunta, se está extendiendo como un fenómeno viral las casual scorts, muy consolidadas en Londres. “Son chicas que han crecido con las redes sociales, que se atreven más y que eventualmente sacan un dinero -400 o 500 euros a la hora- durante las ferias y los congresos”.

Es un conjunto de mujeres que optan por el ejercicio libre de la prostitución, algo que no solo no es delito, sino que reconoce el Protocolo de Palermo de la ONU, suscrito por España. “Eligen hacer de putas, como elegirían ser cajeras de súper. Nadie sueña de pequeña con ser una cajera de súper, ¿verdad? -cuestiona Borrell-. Pues tampoco puta. No es algo vocacional. Pero, en caso de tomar la decisión, hay que saber unas cuantas cosas para que no se sientan perdidas, como al principio me pasó a mí”.

La voz de la experiencia

Y lo que le pasó a ella, a Conxa Borrell, fue lo siguiente. Era contable, esposa y madre. Su marido montó una empresa que se fue a pique. Habían hipotecado la casa. Los apremios económicos la asfixiaban. Y un día, lavando platos, escuchó en un telediario una noticia relacionada con el sexo de pago. “Hay prostitutas que ganan 200 euros al día”, fluyó desde el televisor mientras el agua se llevaba la espuma del Mistol sumidero abajo. Con ese dinero podía pagar el colegio de su hijo, echó cuentas. Se preguntó si podría hacerlo, y en una semana organizó su nuevo negocio. “Sexo inteligente y morboso”, puso en el anuncio. Paula Vip sería su nombre de batalla. La primera vez, asegura, no sabía ni por dónde empezar. “Algún día, intentaré evitar el trago a otras”, se prometió ya entonces, cuando Zapatero decía que el país iba de perlas.

Y ahora ha llegado el día. Porque hace dos años salió del armario. Se lo contó a su familia, y su estar en el mundo se normalizó. Y porque está decidida a plantar cara al abolicionismo que pone el membrete de “carne en venta” a todas las putas sin oír sus argumentos; a defender el oficio, a condenar las redes y cualquier tipo de trata -“faltaría más”– y a intentar mejorar las condiciones de sus colegas presentes y futuras. De ahí que el sábado dé el curso exprésProstitución: nociones básicas para la profesionalización’ (www.aprosex.com), junto a Cristina Garaizábal, psicóloga clínica con 30 años de experiencia en el mundo del sexo de pago y cofundadora del colectivo Hetaira de Madrid. Y, de momento, el comentario mayoritario de las cursillistas apuntadas es un aliviado “¡por fin alguien nos quiere enseñar!”, asegura la encargada de las inscripciones.

La primera lección del máster es capital: saber si realmente quieren ser putas. “Porque una cosa es la fantasía y otra, la realidad”. Deben darle una y mil vueltas. “Insistiremos en los inconvenientes -explica Borrell-. Deben saber que la contrapartida a ganar dinero rápido, por ejemplo, es mentir a tu entorno más íntimo sobre la procedencia de un dinero que no tiene explicación”. Ella misma ocultó a su hijo y a sus hermanos su vida paralela borrando las huellas como un trampero canadiense.

Por otra parte, la condenada crisis ha bajado las tarifas. Montserrat Neira, de 53 años, prostituta de libre elección desde 1989 y autora del libro ‘Una mala mujer’, explica que los precios actuales están lejos de cuando empezó. “En el 89 estar en un piso de 11 de la mañana a 9 de la noche significaba llevarse a casa el millón de pesetas (6.000 euros). Hoy, como máximo, te puedes sacar 3.000 limpios”, asegura. En parte, por la recesión, que afecta a los bolsillos del cliente como a todo hijo de vecino, pero también, como subrayan desde el portal PhotoEscorts, por la multiplicación de la oferta y la aparición de los anuncios en webs generalistas como LoQUo o Milanuncios, incubadoras del ‘low cost’ de la vida disoluta.

Luego está el encajar el estigma social, la consideración general de estar en el ‘lado indecente’.Te enfrentas a la idea preconcebida de ‘eres-puta-porque-no-sabes-hacer-otra-cosa’ y, por lo tanto, nadas en inseguridad”, explica Borrell. Porque la sociedad tiende a cosificar a la prostituta. Y le dice con todas las letras que su actividad es degradante. “Se hartan de repetir que todas somos esclavas, sumisas, humilladas y violadas; que no puedes decir que ‘no’ a las demandas del cliente, y eso es falso”, se queja, muy en la línea de la escritora francesa Virginie Despentes, que en su libro ‘Teoría King Kong’ sostiene que esa idea de envilecimiento generalizado es tan pertinente como hablar del trabajo textil mostrando solo imágenes de niños cosiendo en sótanos.

Lo peor de lo peor

La psicóloga clínica Cristina Garaizábal, la otra profesora del máster, explica que antes el oficio estaba más penalizado moralmente, pero también más extendido y, en consecuencia, ellas estaban más insertadas, “pero hoy las normativas dictadas desde las instituciones y la condena de un cierto sector del feminismo han calado en el imaginario social y las hace sentirse lo peor de lo peor, cuando la realidad es así solo para las víctimas de trata”. Los ‘síntomas’ derivados de ese estigma son: baja autoestima, sentimiento de que nadie te reconoce, desconfianza causada por la doble vida, angustia a la hora de negociar, miedo a la violencia.

Y frente a esa batería de fragilidades, la experta les propondrá un mantra: “Organízate, reúnete con otras trabajadoras sexuales, haz red de solidaridad y pelea por tus derechos”. Y Borrell, de natural más intensa, va más allá: “Si es una elección libre, no hay trabajo en el que la mujer se empodere tanto desde el primer minuto como el de puta. El cliente elige entre la oferta, pero las riendas las lleva la profesional. Eso les debe quedar claro”.

Gusto por el sexo

Una vez digeridos los inconvenientes -que, como han visto, son unos cuantos-, las maestras subrayarán que es primordial que el sexo no les dé dentera. “Una puta a la que no le guste el sexo es como una anoréxica metida a crítica gastronómica”, compara Borrell. “Eso posible, pero lo pasará francamente mal”. Y una vez no salen pegas, lo segundo es conocer y reconocer el propio cuerpo. “Para hacer sexo deben buscar su propio placer. Es imprescindible que la puta entienda que primero es ella. Ya tendrá luego oportunidad de conocer muchas variedades de penes y de saber cómo se comportan”, dice a la brava.

Después, y no menos importante, viene el márketing corporativo. “La candidata debe ofrecer algo con lo que se sienta poderosa, y exponerlo de manera honesta -enuncia-; si dicen que trabajan de 12 a 8, deben cumplir el horario; si afirman que miden 1,70, que así sea; si publican unas fotos de reclamo, hay un límite tolerable de Photoshop”, explica. “No pueden engañar, porque se perjudican a sí mismas y a todo el colectivo”. Sobre lo que sí engancha, hay poca ‘literatura’. Desde el portal PhotoEscorts suelen enviarles consejos de cómo hacerse las fotos y redactar un anuncio. “Pero no tienen interiorizada la idea de la importancia de invertir en su publicidad”.

Solventadas la convicción y la promoción, el siguiente nivel es la importancia de la inteligencia emocional y de la empatía. “Las putas somos listas, sabemos que el dinero no se hace con el coño, que lo tienen todas las mujeres del mundo –dice la maestra–, sino con la cabeza. Es fundamental escuchar mucho, prestar atención al cliente como si fuera lo más importante del mundo y memorizar la información que te dé”. Porque, al parecer, la gracia no es hacer muchos clientes, sino retenerlos, y saber manejar cada una de las situaciones. “Ahí es donde se ve quién es buena profesional –sentencia–, si no pasas de ser puta a ser zorra”. ¡Cielos! ¿Y cuál es la diferencia? “La misma que entre el arquitecto que se niega a seguir unos planos sin pies ni cabeza por el capricho de un cliente, o el que tira adelante sin más”.

Planes de ahorro

Y luego están las finanzas –”cada una guarda lo que quiere, pero lo óptimo es destinar un tercio al ahorro”, según Borrell, recordando una sabia máxima de su abuelo–, y los asuntos legales. El abogado Fernando Esteban, que ha elaborado el dossier del curso, asegura que “el primer consejo legal para una prostituta que quiere trabajar con normalidad y no en el mercado oculto es darse de alta en la Seguridad Social y en Hacienda. Pagar impuestos no solo las ampara como trabajadoras, sino que también las dignifica”.

Y es conveniente enseñarles cómo hacer una cobertura de seguridad. “Ellas deben sentir que no están solas, que si hay una agresión se puede denunciar”. De manera astuta, el curso servirá de paso para conectarlas, para darles la oportunidad de que se reconozcan como compañeras y no como competidoras. “Al principio todas tenemos angustias parecidas, como: ‘Se me ha vaciado un condón dentro, ¿habré cogido el sida?’. Crear y extender relaciones entre ellas les ayuda a combatir las incertidumbres”.

Y luego, claro, vendrán los consejos ‘mecánicos’. Porque en el vicio también debe haber virtud. “Hay que profesionalizarse”. Y sin titubeos, añade: “Porque uno de los trabajos de la puta es enseñar al hombre a ser mejor amante, que se vaya a su casa y sepa hacerle algo nuevo a su pareja. También arreglamos problemas, ¿eh? Una vez recuperé a un SSPM (Solo le Sirve Para Mear). Aquello estaba muerto. Tardé un año, pero lo conseguí. Eso es lo que realmente tiene precio”, concluye. El resto de secretos solo los sabrán las cursillistas.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/quiero-ser-puta-3105869

Pechos ‘planchados’, la otra mutilación femenina

Por: María Antonia Sánchez-Vallejo | 06 de febrero de 2014

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Una mujer asiste con su hijo a una sesión de prevención en Duala / Joe Penney (Reuters)

Las víctimas son niñas prepúberes, entre ocho y once años. Les aplastan los pechos durante meses con un objeto candente para evitar que adquieran turgencia y su volumen atraiga demasiado pronto el interés de los hombres. Es una práctica ancestral denominada “planchado del pecho” y originaria de Camerún, pero hay un creciente número de casos en Reino Unido.

Dicen sus defensores que es un modo de preservar a las chicas del acoso sexual e incluso de evitar embarazos precoces. Nada más lejos de la realidad: la tortura ha demostrado su ineficacia a la hora de impedir la actividad sexual a edades tempranas. En 2010, alrededor del 30% de las camerunesas habían sido madres antes de cumplir los 18 años, según el Fondo de Población de la ONU.

Lejos de la repercusión que otras prácticas de mutilación sexual femenina han alcanzado en el mundo –precisamente esta semana se celebraba el Día Internacional Tolerancia Cero contra las distintas formas de mutilación genital, que afectan a 125 millones de mujeres en 29 países de África y Oriente Próximo-, el fenómeno de las niñas con los pechos deformados sigue siendo en su mayoría  un secreto. También las víctimas callan sobre lo sucedido, en parte porque asumen que es lo mejor para ellas –el discurso tradicional-, y apenas reconfortadas por las mujeres de la familia, que les aseguran que sus pechos volverán a crecer cuando sean mayores.

El silencio perpetúa la práctica y todas sus consecuencias, entre las que se cuentan abscesos, picores, descarga de leche, infecciones, disimetría de las mamas, mastitis, infecciones, fiebre alta, piel quemada y daño en los tejidos… por no hablar de las secuelas psicológicas.

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Uno de los instrumentos utilizados para ‘aplanar’ los senos / Joe Penney (Reuters)

El planchado afecta al 24% de las camerunesas –es decir, una de cada cuatro-, y es más común entre la población cristiana y animista del sur del país que en el norte, de mayoría musulmana, donde sólo se ven afectadas el 10% de las mujeres, sostiene el Fondo de Población de la ONU. En 2006, unos cuatro millones de camerunesas habían experimentado el proceso, que puede repetirse a diario durante más de un año, y otros cuatro millones eran víctimas potenciales del mismo, según la agencia alemana de cooperación internacional, que había dado la voz de alarma un año antes.

No es una práctica privativa de Camerún; también se realiza en Guinea-Bissau y en países del centro y el oeste de África como Chad, Togo, Benín y Guinea-Conakry. Más de la mitad de las agresiones (en torno al 58%) son perpetradas por la propia madre de la menor, aunque también suelen participar otras familiares. A menudo el padre permanece ajeno al suceso.

La ONG CAME Women and Girls Development Organisation, con base en Reino Unido, convocó recientemente una conferencia para dar luz pública al fenómeno, que la ONU ha incluido entre los crímenes más comunes que se perpetran contra las mujeres. Otros grupos locales, como la Asociación Red de Tías de Camerún (Renata), formada por víctimas del planchado, alientan campañas de radio y televisión dirigidas a 45.000 estudiantes de zonas rurales.

Las animosas Tías también han publicado carteles en los que se describen los tipos de objetos usados (lascas de piedra, martillos, espátulas, incluso la mano de un mortero calentado sobre brasas), un catálogo de horrores para una tortura silenciosa y, ojalá, cada vez menos secreta. Según el Gobierno camerunés, la práctica se ha reducido en un 50% desde que fuera detectada por primera vez, en 2005 y accidentalmente, durante una investigación de la agencia alemana de cooperación.

Victima

Una mujer de 28 años, víctima del ‘planchado’ de pechos, en su casa de Duala / Joe Penney (Reuters)

La violencia contra las mujeres como arma estratégica del poder en la guerra social

Mujer

La violencia contra las mujeres a menudo ha sido utilizada como un arma de guerra, con la intención de castigarlas, humillarlas y deshumanizarlas, pero sobre todo, con la intención de reprimir y destruir por todos los medios posibles el grupo al que pertenecen.

En los conflictos armados, esta violencia ha sido durante mucho tiempo asimilada a un signo de dominación más que a una herramienta de destrucción.

Sabemos también que en tiempos de paz, las violencias contra las mujeres pasan sobre todo por ser actos individuales de hombres violentos, y no por armas de destrucción “estratégicas”.

Y bien, ¿Qué diríais si en la situación de crisis exacerbada que sacude Grecia, la violencia contra las mujeres se estuviera convirtiendo en un arma en manos del poder?

En efecto, en los últimos tiempos, los casos de tal violencia se multiplican en Grecia. Es el ejemplo de cuatro manifestaciones emblemáticas:

La primera y ¿más reciente? ha tenido lugar a principios de noviembre de 2013 ante las cámaras, prácticamente en directo, cuando las fuerzas especiales de la policía griega (MAT), quisieron impedir a dos diputadas entrar en el edificio de la Radiotelevisión Pública (ERT), que acababa de ser ocupado por la policía, y las acorralaron contra el portón de entrada de hierro forjado. Las dos diputadas de la oposición parlamentaria, Zoe Konstandopoulou, de Syriza, y Rachel Makris, del partido ‘Griegos Independientes’, fueron muy maltratadas. Especialmente Zoe Konstandopoulou, que fue conscientemente asfixiada y estuvo a punto de morir, ha demandado a sus agresores por intento de asesinato. Y todo esto, porque las dos diputadas querían simplemente ejercer su derecho constitucional de entrar en la Radiotelevisión Pública para impedir el montaje policial (destrucción de material, etc.) que tenía como objetivo ¿ir contra? la lucha de los trabajadores.

La continuación de este suceso es muy elocuente y viene a confirmar nuestra tesis. Al día siguiente, el gran periódico pro-gubernamental ‘TA NEA’, lanzaba una violenta campaña ultra-sexista contra las dos diputadas, publicando una viñeta en portada que presentaba a las dos diputadas… haciendo striptease bailando en una barra ante un público de clientes masculinos habituales de este tipo de locales (ver viñeta). En la leyenda del “dibujo” se podía leer este supuesto intercambio entre dos clientes: “A la derecha está Raquel y a la izquierda Zoe. ¿Y es que ellas hacen también otra cosa? He oído que también emprenden acciones legales. Pero mejor vamos a preguntar al chico”…

La segunda ha dado lugar a un auténtico linchamiento público, acrecentado por las cadenas de televisión, de mujeres seropositivas, algunas de ellas prostitutas. En plena campaña electoral, dos ministros socialdemócratas, tristemente célebres por su papel en la represión salvaje de las manifestaciones contra la Troika y el desmantelamiento del sistema de Sanidad, animaron a la población a denunciar para detener a las que, según los ministros, “constituyen una bomba de relojería sanitaria”, “contaminan a la sociedad con enfermedades contagiosas” y matan de sida a “los padres de familia griegos”.

La tercera manifestación de esta violencia ha tenido como víctimas a las decenas y decenas de mujeres -¡incluso abuelas!- de los alrededores de Skouries, en el norte de Grecia, que se oponen a la sociedad canadiense Eldorado y su proyecto de extracción de oro de la región. Desde hace meses, las fuerzas especiales de la policía, por órdenes directas de su ministro, hacen de las mujeres de los pueblos de los alrededores el blanco prioritario de una represión feroz y en masa que ya ha desembocado en el encarcelamiento de algunas de ellas y en la acusación por… crímenes de aún más (ver las fotos). No es casualidad que esta campaña de represión sin precedentes enmarcada en la imposición del estado de excepción en una región habitada por pacífica/os campesina/os se pretende -a decir de sus responsables- que sea ejemplar con la intención de prevenir la multiplicación de estos actos de “desobediencia civil”. Y evidentemente, no es casualidad que esta “represión ejemplar” se ejerza prioritariamente contra las mujeres de esta población local a la que ha hecho destruir cueste lo que cueste.

Y la cuarta manifestación, el episodio tristemente célebre del diputado del partido neonazi Kassidiaris, que golpeó “en directo” a dos diputadas de izquierda durante una emisión transmitida durante la campaña electoral de la pasada primavera. Este acto de violencia, en lugar de suscitar la indignación y la reprobación, suscitó por el contrario una gran ola de simpatía popular y contribuyó al éxito electoral de Amanecer Dorado.

¿Qué está pasando?

Pensamos que se trata de un nuevo mal que empieza a aparecer. Esta violencia nos lleva a pensar en las violencias exacerbadas contra las mujeres en las guerras étnicas. La violación de mujeres por parte de hombres del bando contrario muy a menudo debe analizarse no como el efecto de un deseo masculino “incontrolable”, sino como parte de una estrategia de conflicto, de combate, en la que las mujeres representan biológica y simbólicamente la integridad de la etnia o de la nación a combatir. Y que hay que destruir. En nuestro caso, es evidente que no estamos en presencia de  una violencia nacionalista con motivo de una limpieza étnica. Estamos en presencia de un conflicto de una naturaleza diferente, de otra guerra, de una guerra social, ¡de una lucha de clases!

En suma, humillar a las dos diputadas identificándolas con bailarinas de striptease no significa solamente que dedicarse a la política es ante todo un derecho de los hombres y no de las mujeres. Significa, más vulgarmente, que el papel que ¿se le deja? a la mujer es ante todo estar siempre disponible para ser ¿follada?, poseída y gobernada por los machos.

Igualmente, lapidar a las mujeres seropositivas, criminalizarlas, satanizar su sexualidad, presentarla como una “amenaza” para la ley y el orden que debe reinar en nuestras sociedades, esta amenaza se parece a la que siempre han representado las “clases” que estos señores llaman desde hace casi dos siglos “peligrosas”. Mismo lenguaje, misma  demonización y misma represión…

Así pues, hacer de la misoginia, el odio contra las mujeres, la violencia contra las mujeres y sus derechos un arma de guerra no debería extrañar en la medida en que todas las políticas de quienes mandan en estos tiempos de la Troika triunfante apuntan también a hacernos volver a los peores momentos del capitalismo más salvaje y bárbaro del siglo XIX. Exactamente a una época durante la cual las mujeres no tenían prácticamente ningún derecho…

El hecho de que asistamos a la puesta en marcha de un auténtico ataque frontal, de una verdadera guerra de dimensiones históricas contra la inmensa mayoría de la/os ciudadana/os  (asalariada/os, pobres, parada/os, pensionistas, jóvenes, “diferentes”, inmigrantes, minorías…) debería explicar esta transformación de la violencia contra las mujeres en una verdadera arma que poder y pudientes utilizan en masa y cada vez más frecuentemente. Como en los casos de violaciones en masa que sirven a los limpiadores étnicos para hundir la moral del pueblo víctima y someterle definitivamente, la violencia contra las mujeres ejercida por poder y pudientes en tiempos de guerra social tiene en la actualidad exactamente los mismos objetivos: hundir la moral, romper el tejido social para someter no solamente a las mujeres -que son evidentemente el primer objetivo- sino a todas las víctimas, hombres incluidos, de sus políticas inhumanas y neoliberales.

Traduccion: Fatima Fafatale

http://periodismohumano.com/mujer/la-violencia-contra-las-mujeres-como-arma-estrategica-del-poder-en-la-guerra-social.html

“Yo quería sexo, pero no así”

Lo que iba a ser un encuentro deseado, se convierte en una agresión sexual. Esa situación es más frecuente que el estereotipo de violación por parte de un desconocido en la calle, pero para las mujeres es más difícil de identificar como un delito contra su libertad sexual. La culpa, la vergüenza de exponer su sexualidad y el miedo a que no las crean hace que pocas denuncien e incluso lo cuenten.

,25/11/2012

Haber salido a ligar o haber bebido alimentan el sentimiento de culpa de las víctimas./ thisisnotaninvitationtorapeme.co.uk

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La ‘primera vez’ de Blanca fue una violación, pero le costó años reconocerla como tal. Tenía 17 años y ligó con un compañero de clase en una fiesta de fin de curso. El chico le gustaba, y se sentía preparada para tener sexo con él. Pero en un momento dado su actitud le desagradó, y le pidió que parara. Él, lejos de atender sus ‘no’, la empotró contra la pared, le tapó la boca y la forzó. Ella respiró hondo e intentó relajarse para no sufrir lesiones. Se lo contó a sus amigas sin darle mayor importancia: que había tomado dos cervezas y se dejó hacer. Después de nueve años y dos relaciones de pareja marcadas por las humillaciones y los abusos, fortalecida por la terapia y el contacto con el feminismo, Blanca se reconoció como una mujer violada y lloró por primera vez.

Cuando escuchamos la palabra ‘violación’, nos imaginamos una escena muy distinta: una joven camina sola de noche, un desconocido la asalta y la fuerza brutalmente. “Las agresiones sexuales que no se asimilan a ese imaginario de violaciones de película se normalizan, se las considera ‘otra cosa’, o se culpa a la víctima (que le provocó, que no dijo que no con la suficiente insistencia…)”, alerta la psicóloga especialista en violencia de género, Norma Vázquez. El ‘ligoteo’ es uno de los contextos en los que más agresiones sexuales se dan, apunta, pero a las mujeres les cuesta identificarlas como tales, puesto que ellas querían en un primer momento trabar relación o mantener un intercambio sexual.

Agresores conocidos

Vázquez dirige la consultaría Sortzen, responsable del estudio ‘Agresiones sexuales. Cómo se viven, cómo se entienden y cómo se atienden’, publicado por la Dirección de Atención a Víctimas de Violencia de Género del Gobierno vasco, que revela que la mayoría de agresiones sexuales reportadas en 2009 ocurrieron de noche, pero la mitad tuvieron lugar en un domicilio (no se precisa si en el del agresor o de la víctima). La edad de la mayoría de las víctimas y de los agresores era de 26 a 35 años. El 60% de los agresores emplearon la violencia física, pero sólo el 9% amenazaron con un arma blanca.

En Bizkaia, en el 86% de los casos había relación previa entre la víctima y el desconocido; cifra que se queda en el 53% en Gipuzkoa, mientras que en Álava todos los agresores eran desconocidos. “Los datos nos muestran las características de las agresiones sexuales que se denuncian, no de las que ocurren”, se matiza en el informe.

En Castilla y León, la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Violencia de Género, Adavas, confirma que, según sus datos, tan sólo son 12-15% de todos los delitos sexuales son asaltos de desconocidos. En la mayoría de casos, “el agresor sexual se prevale de la cercanía con la víctima para perpetrar sus ataques: la propia pareja o ex pareja, o los familiares, cuidadores en el caso de menores, en los que la víctima no denuncia porque piensa que no le van a creer”, explica Manuela Torres , abogada de Adavas.

El límite del consentimiento

Lo que le ocurrió a Blanca es, según el informe del Gobierno vasco, uno de los casos más habituales: una mujer conoce a un hombre con el que le apetece tener un encuentro, en un momento se siente a disgusto o no le gusta el rumbo que toma la situación, y él la presiona o fuerza a seguir.

Para la realización del estudio se contó con los testimonios de alrededor de 70 mujeres a través de grupos de discusión. Muchas reconocieron no tener claro qué se puede considerar como agresión sexual. Por ejemplo, la mayoría no identificaban como tal que el hombre se niegue a usar preservativo. En el informe se alerta de que la actitud masculina tan extendida y normalizada de insistir y presionar para tener sexo, hace que las mujeres acepten esa conducta “como algo consustancial a salir de fiesta”.

Norma Vázquez responde que el límite es “la coacción: si hay presiones, si el hombre no ha respetado el ‘no’ de la mujer”. Pero reconoce que, a menudo, cuando el agresor es conocido, la línea que separa una relación consentida de una forzada es difusa. “Hay mujeres que empiezan diciendo que no, pero que ceden por la presión, el chantaje, o por evitar males menores, como el miedo a la violencia física. Esas mismas mujeres a menudo no lo consideran violencia, porque se quedan con que finalmente aceptaron o con que ellas lo buscaron”.

La psicóloga lamenta que la sociedad no entienda por qué una mujer no se opone con firmeza a una relación sexual no deseada, y que la pregunta sea esa en vez de cuestionar por qué muchos hombres siguen sin aceptar la primera negativa. “Decir que no, mantenerlo y defenderlo cuesta”, recuerda.

Vergüenza y culpa

“Sentí culpa y vergüenza”, relata Blanca. “Porque yo había decidido que quería tener relaciones, yo había decidido que quería irme con ese chico. Hasta le había dejado que me bajase las bragas. Sentía que yo me lo había buscado y que no tenía derecho a echarme atrás en el último momento. Me sentía tonta”, reconoce.

Haber bebido, haber salido de casa con ganas de un revolcón o no haber sabido dar un ‘no’ contundente son algunos de los elementos por los que las víctimas se sienten responsables de lo que les ocurrió, destaca la psicóloga. Si la sociedad transmite a las mujeres que son ellas las que tienen que protegerse y limitarse para no ser agredidas, cuando esto ocurre, su primera reflexión no apela al agresor (¿por qué ha agredido?) sino a la víctima (¿por qué se metió en esa situación?).

Incluso las participantes del estudio que afirmaron no vivir la agresión con culpa, admitieron que sentían que habían dado pie a ello. Por ello, uno de los ejes principales en la atención que brinda Adavas en Castilla y León a las víctimas de agresiones sexuales es transmitirles “que no han tenido la culpa de lo que les ha sucedido y que una agresión comienza cuando se transgrede la barrera del no y se daña así la libertad sexual de una persona”, señala la abogada de la asociación.

Pero una vez superado el sentimiento de culpa, persiste el miedo a ser juzgadas. Las participantes en el estudio del Gobierno vasco opinaron que la sociedad y la justicia tienden a señalar a las mujeres más que a los agresores. Un caso claro que se citó en los grupos de discusión fue el asesinato (homicidio, según la condena) de Nagore Laffage en las fiestas de San Fermín a manos de un psiquiatra del hospital en el que trabajaba, José Diego Yllanes. Pese a que el caso conmocionó a la ciudadanía vasca y navarra, dos preguntas flotaron en el aire en todo momento. ¿Si no quería sexo, para qué subió a casa de Yllanes? ¿Y qué hizo ella para que un tipo tan respetable se volviera loco y la asesinase?

Cuesta denunciar

De las más de 70 mujeres entrevistadas para el estudio, Norma Vázquez destaca que ninguna había denunciado las agresiones sexuales sufridas: “Nos decían cosas como: ‘Yo no me veo explicando al fiscal, al juez, a la médica… que sólo quería un magreo, o que él se puso violento y me dio miedo, o que no supe decir que no a tiempo’. Denunciar lo que está en el limbo de ‘yo sí quería pero no tanto’ es dificilísimo. Es la pescadilla que se muerde la cola: se denuncian las agresiones que más cumplen con el estereotipo de asalto con violencia”.

Blanca admite que si hubiera sufrido esa agresión ahora, tampoco hubiera denunciado. “¿Qué pruebas presentaría? Traté de relajarme en vez de oponer resistencia, por lo que no me desgarró la vagina, no me golpeó ni me rompió la ropa. ¿Por qué me iban a creer?”.

Conseguir pruebas es mucho más complicado cuando no se trata de un asalto con violencia por parte de un desconocido, reconoce Torres, pero señala que existe múltiple jurisprudencia de que en esos casos el testimonio único de la víctima puede ser tenido en cuenta como prueba suficiente, “ya que de lo contrario la mayoría caería en la más absoluta impunidad”. Pero para ello hay que cumplir ciertos requisitos: que no exista interés espurio para denunciar o una enemistad previa, que el testimonio de la víctima sea verosímil y coherente.

Pero según Vázquez, uno de los principales motivos por los que se descarta interponer una denuncia es porque “sienten que tienen que exponer su sexualidad, admitir ante diferentes personas que iban a acostarse con un desconocido y que cuando les dio mal rollo no pudieron parar la situación”. Y esto no ocurre sólo con las jóvenes, sino que las mujeres mayores “también salen de marcha, también se quieren enrollar con gente”, y eso es difícil de contar en un juzgado. Por ello, la psicóloga defiende la importancia de denunciar para romper con la impunidad, pero entiende que “el desgaste y la exposición que supone el proceso” las frene, y por ello reclama centrar las respuestas institucionales y sociales en brindar acompañamiento a las víctimas.

La abogada de Adavas confirma que “si la víctima cuenta con apoyo profesional especializada desde el inicio, la respuesta penal suele ser adecuada al daño ocasionado”. Como prueba, señala que el 73% del total de agresiones sexuales denunciadas por la asociación entre 2010 y 2011 terminaron en una sentencia condenatoria; menos del 10% de los agresores fueron absueltos, y en el resto de los casos no se llegó a juicio, generalmente por falta de pruebas. Eso sí, en 2010-2011 una media del 40% no quiso interponer denuncia, sobre todo por miedo a que no les crean. La abogada considera que, incluso cuando han pasado años desde la agresión (pone como ejemplo los abusos sexuales en la infancia), conviene denunciar si la persona lo desea, “porque ayuda a superar el episodio, porque el abusador debe tomar conciencia de lo que hizo, y puede servir de protección tanto a la víctima como a otras posibles víctimas”.

La asociación brinda asistencia gratuita las 24 horas del día a través de un servicio de emergencias, en coordinación con las demás instituciones. Se trata de una atención integral con perspectiva de género por parte de un equipo formado por psicóloga, abogada, trabajadora social, musicoterapeuta para menores y voluntariado, cuya prioridad es que la víctima supere el trauma, que no sienta culpa y que se sienta apoyada y comprendida en la toma de decisiones. Además, la organización realiza actividades de sensibilización y denuncia, bajo la premisa de que debe haber “una respuesta social adecuada y proporcionada ante los ataques contra la libertad sexual, sin llegar a la alarma social”.

 

http://www.eldiario.es/sociedad/queria-sexo_0_72093264.html

Violencia en el presente de las mujeres, y ¿en las mujeres del futuro?

Berta Cao
24/11/2013
Uno de los carteles elaborados con motivo del Dia Contra la Violencia de Género, el próximo 25 de noviembre. / CCOO

Uno de los carteles elaborados con motivo del Dia Contra la Violencia de Género, el próximo 25 de noviembre. / CCOO

 

Un reciente estudio, publicado por la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, señala sin ambages la necesidad de invertir en políticas de educación ciudadana, o cívica, o social, pero en una educación que, en definitiva, intervenga en los procesos de construcción de la identidad para evitar que se perpetúe la cadena de la violencia, para romper los vicios y arquetipos que se mantienen entre la adolescencia y la juventud. En La evolución de la adolescencia española sobre la igualdad la igualdad y la prevención de la violencia de género, el estudio mencionado, se ha entrevistado a 8.125 personas, estudiantes de secundaria y formación profesional. El resultado ofrece datos espeluznantes:

 El 73% relacionan los celos con el amor (se lo han oído decir a sus padres).

 El 31% consideran que un hombre con actitudes agresivas es más atractivo.

 El 28’8% se sienten o han sentido excesivamente controladas por sus novios.

 El 26% creen que la violencia en el ámbito familiar debe quedarse ahí (en el ámbito de lo privado, de lo silenciado, de lo invisible).

 El 22% de las entrevistadas reconoce que su pareja la ha insultado y que ha querido aislar de sus amistades.

Y a todo ello tenemos que añadir las nuevas formas de violencia detectadas en estas edades: el ciberacoso, que no se queda en un control exhaustivo a través del móvil y el whatsapp, sino que avanza con el sexting (envío de imágenes u otros contenidos eróticos a través de teléfonos móviles o internet, así como las extorsiones u otras coacciones derivadas de dichos contenidos) y el grooming, acoso sexual de menores a través de la red y, sobre todo, en las redes sociales.

Si bien estas nuevas formas de violencia que sufren las adolescentes y jóvenes no son exclusivas de nuestro país, como no lo es -lo hemos comprobado nuevamente este año-, la violencia de género y sus múltiples formas, desde la violación y asesinato de la joven india a finales de 2013, que conmocionó a India y al mundo, hasta el francés ‘No toques a mi puta’, el manifiesto de los 343 salouds.

No, en España no tenemos 343 cabrones que firmen un manifiesto a favor de la prostitución. Nos vamos conformando con libros, folletos y otras publicaciones que indiquen el camino a la mujer virtuosa, más cercana al pasado que al presente,  como el “Cásate y sé sumisa”, de la moralista evangelizadora Constaza Miriano. Editado por el Arzobispado de Granada, “Cásate y sé sumisa” recuerda las indicaciones de los libros de escolares para maestras y bachilleres de la Sección Femenina, que nos moldeaban y cercenaban para aceptar todo tipo de tropelías de un marido/macho que ya debería haber desaparecido. Pero no, sigue entre nosotras y entre ellos, protagonizando las noticias más luctuosas, como el último caso -conocido- de exacerbación del machismo, horas antes de esta celebración del Día Internacional contra la Violencia de Género, el 25 de Noviembre. Un caso que reproduce todas las malas prácticas que atraviesa la atención a las mujeres víctimas de esta monstruosidad.

Primero, la culpabilización de la víctima (“La tenía que matar, me hacía la vida imposible”). La víctima había interpuesto 11 denuncias en los últimos seis años y había orden de alejamiento. Habrá alguien con tanta maldad y desprecio hacia las mujeres para creer que la víctima se lo había buscado. ¿Quién ha tenido una vida –al menos estos últimos años- imposible de vivir?

Segundo, la falta de cobertura y atención a las víctimas. ¿Dónde estaba el cordón de seguridad del alejamiento? ¿Dónde estaban los efectivos de protección a las víctimas de la Guardia Civil y la Policía municipal? ¿Alguien pedirá un informe sobre la falta de atención y cobertura a las mujeres víctimas con órdenes de alejamiento? ¿Se depurará alguna responsabilidad? ¿Se están aplicando recortes en los presupuestos destinados a la atención a las víctimas? A nivel del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, en los presupuestos para 2014 la partida destinada contra la violencia se reduce un 1,5%, que se suman a la reducción del 6,8% en 2013.

No está muy claro de dónde van a salir los 1.500 millones –de euros, claro-, que el Gobierno ha dicho que destinará a la Estrategia Nacional contra la Violencia de Género 2013-2016, aprobada en julio de este año y que pretende hacer frente a esta lacra sin fin, que no disminuye por mucho que se frenen las cifras, y ya estamos en el tercer aspecto en el que apreciamos malas prácticas para afrontar la VG. La misma falsedad del año pasado, del anterior, y de todos los anteriores. La mujer asesinada este pasado sábado, día 23, es la enésima. Ya da igual que sea la cuarenta y tantas, la cincuenta y tantas… Son cientos de mujeres asesinadas en estos últimos años, sólo en este país. Mujeres que han sido torturadas hasta la muerte, y su única culpa fue establecer una relación afectiva con un maltratador.

A lo largo de este año hemos visto, en las características de las víctimas, que no importa la edad. Desde una adolescente de 14 años asesinada por su exnovio, hasta una anciana de 84, asesinada por su marido. No la procedencia, ni el nivel socioeconómico. Y sí, un número excesivamente elevado de hijos/hija (6) que, como en el caso de las mujeres asesinadas, seguiría siendo demasiado alto aunque hubiera sido sólo 1.

Mientras, seguimos escuchando discursos a favor de la custodia compartida, que desde el Ministerio de Justicia pretenden imponer y que, aunque haga una salvedad en los casos de violencia de género, es difícil siquiera imaginar que nuestros tribunales y juzgados la tengan en cuenta y no generen un problema, si cabe mayor, a las mujeres.

(*) Berta Cao es consultora de género y Máster en Género y Políticas de Igualdad.

http://www.cuartopoder.es/invitados/violencia-en-el-presente-de-las-mujeres-y-en-las-mujeres-del-futuro/2127

Violencia sexual en la República Democrática del Congo (RDC)

Imagine un orfanato de 300 niños abandonados por haber sido fruto de violaciones sexuales. Ahora imagine una aldea donde solo en el último año fueron violados 11 bebés de entre seis meses y un año y 59 infantes de entre uno y tres años.

La historia de la violencia sexual en los conflictos es tan antigua como la guerra misma. No distingue fronteras, condición étnica, religión ni edad.

La población de la República Democrática del Congo (RDC) conoce demasiado bien el sufrimiento de la violencia sexual. Según un informe del Ministerio de Género, solo en 2012 se reportaron 15.654 casos, un aumento de 52 por ciento en relación a 2011.

De estos delitos, 98 por ciento se perpetraron contra mujeres. En las zonas congoleñas de conflicto, la edad promedio de las sobrevivientes es menor a 21 años, y un tercio tienen entre 12 y 17 años. El año pasado, 82 por ciento de todas las víctimas no habían completado la escuela primaria.

Estos no son solo números. Se trata de niños concebidos en violaciones y abandonados, y también de mujeres y niñas que día a día soportan las secuelas físicas y emocionales de semejante agresión, y de hombres y niños que sufren en silencio la vergüenza y el estigma asociados a este delito.

Todos los sobrevivientes deben recibir la atención necesaria, y todos los actores involucrados deben unir fuerzas para permitir que reconstruyan sus vidas y evitar que estos hechos se repitan.

No fue este conflicto el que creó el flagelo de la violencia sexual que hoy enfrentamos en la RDC. Las raíces, en especial la desigualdad de las mujeres y el abuso de poder, han estado ahí durante siglos.

En la RDC y en todo el mundo, la violencia de género es el abuso más prevalente, pero menos reportado, de los derechos humanos.

El conflicto genera inseguridad y un entorno de impunidad, lo que a su vez exacerba la violencia sexual preexistente.

Para erradicar efectivamente la violencia sexual en los conflictos debemos redoblar la promoción de los derechos femeninos como derechos humanos, y crear mecanismos viables que pongan fin a la impunidad y envíen un potente mensaje de que este abuso de poder, extremo y dominante, no se tolerará. Debemos hablar fuerte y claro: se juzgará y se castigará.

La violencia sexual en situaciones de guerra, como la que vive el oriente de la RDC, presenta desafíos únicos. Según el último informe del secretario general (de la Organización de las Naciones Unidas, ONU) solo en esa parte del país operan más de 44 grupos armados, algunos procedentes de países vecinos.

Casi todos estos grupos han estado implicados en delitos sexuales. También se acusa a efectivos de las Fuerzas Armadas y de la policía. En este contexto, resulta particularmente complejo atraer a una amplia variedad de actores estatales y no estatales para garantizar que las violaciones no se usen como arma de guerra.

Los costos económicos y humanos de estos delitos y de otras formas de agresión de género son tremendos: incluyen la pérdida de vidas y sustentos, el rechazo de familias y comunidades y graves consecuencias para la salud reproductiva y mental, incluso con riesgo de muerte.

Pero la violencia sexual no es inevitable.

El gobierno de la RDC ha reconocido estas consecuencias y ha tomado medidas para modificar el discurso público ante este problema. En 2006 aprobó una ley que amplió la definición de violencia sexual y promovió sanciones más severas para los perpetradores.

En 2009, el país desarrolló la Estrategia Nacional sobre Violencia de Género, y en marzo de este año el gobierno y la ONU firmaron un comunicado conjunto, exponiendo las acciones concretas que las autoridades adoptarían para erradicar estos delitos.

Todos estos son pasos en la dirección correcta, pero es necesario hacer mucho más. Las leyes tienen que aplicarse, y se debe juzgar y condenar a los agresores.

Hacer que impere la ley en un territorio inmenso donde el derecho consuetudinario es, en muchos lugares, la única autoridad reconocida, representa un enorme desafío para las instituciones y los actores concernidos en el combate a la impunidad.

Sin embargo, la RDC no está sola en esta lucha. El sistema de la ONU, que incluye las fuerzas de mantenimiento de la paz, también tiene una responsabilidad directa en apoyar y facilitar las iniciativas nacionales.

Asumimos esta misión conjunta para la RDC para profundizar el compromiso político, potenciando la participación de las instituciones democráticas, los dirigentes políticos y la sociedad civil.

Nuestro objetivo es que los compromisos asumidos y el trabajo hecho por el gobierno y la ONU marquen una diferencia en las vidas de mujeres, niñas, niños y hombres que viven con temor cada día.

Nos comprometemos a trabajar hacia la eliminación de la violencia sexual en la RDC.

Para lograr avances significativos, necesitamos el apoyo de la comunidad internacional, de todo el sistema de la ONU y del gobierno. También abogamos por una mayor atención de los donantes en los servicios básicos para los sobrevivientes, que incluyan educación, atención de salud, refugio, sustento y otras acciones psicosociales.

La violencia sexual en la RDC dista de haber terminado, pero trabajando juntos podemos poner fin a lo que durante mucho tiempo constituyó el mayor silencio de la historia, y escribir su capítulo final.

Eliminar la violencia de género y empoderar a mujeres y niñas constituyen la esencia de los cambios que este país debe adoptar para alcanzar la paz y el desarrollo.

http://periodismohumano.com/sociedad/discriminacion/violencia-sexual-en-la-rdc.html

“Cuantos más frenos ponemos a una inmigración normalizada, más se refuerzan las redes de trata”

Mujer

Conferencia de la investigadora Helena Maleno en el marco de la jornada de sensibilización organizada en Gijón por Fundación Amaranta, que trabaja con mujeres víctimas de trata o en situación de exclusión.

Estamos atravesando una época muy dura en la frontera sur donde se encuentran muchas mujeres y menores víctimas de trata y explotación sexual, también muchos niños que vienen de Guinea Bissau y Conakry como correos de la droga y que están en CETIS en Ceuta y Melilla como si fueran mayores de edad.

Dentro de estas personas que están atravesando a Ceuta y que el otro día fueron deportadas, devueltas, por Policía Nacional y Guardia Civil, había una chica víctima de trata que quería pedir protección y que no pudo porque la Policía Nacional no tuvo el momento de escucharla. Fue cogida por los marroquíes y después la encontraron en la frontera de Oujda donde fue violada sistemáticamente.

Hay que entender que la trata se ha convertido en una oportunidad para migrar en los países de origen. Es complicado para nosotros entenderlo. Pero cuando hemos reforzado las fronteras cada vez más en países donde existía la libertad de circulación desde hace mucho tiempo como es la zona de la CEDEAO, estamos viendo cómo la UE ha puesto entre Senegal y Mali 45 puntos de radar, de control   (…) Cuantos más frenos ponemos a una inmigración controlada y normalizada,  cada vez más las redes de trata se refuerzan y se presentan en los países de origen como una oportunidad, como una garantía y seguridad para migrar. Esta es la paradoja de esta política migratoria que los países de la UE venden como lucha contra las mafias.

Estos perfiles de mujeres vienen de países en guerra, están buscando una mejora de las condiciones económicas, son colectivos en alta situación de pobreza, con una gran tasa de analfabetismo, mujeres que encuentran en las redes de la trata una formar para migrar pero que en realidad vienen buscando acceso a derechos: vienen huyendo de matrimonios forzados, de violencia en su país de origen y que paradójicamente ven en esa red de trata una forma de huir de esa violencia.

“Es muy complejo trabajar con las mujeres nigerianas, camerunesas” nos dicen muchas veces. Y lo es porque hay que entender los contextos de origen donde la trata es endémica, donde el PIB de esa zona son las mujeres, la riqueza de la zona es que las mujeres salgan fuera. Entonces toda la colectividad participa en la trata. Las familias lo normalizan, te explican que tienen siete hijas y van a sacrificar a dos, dos se van a ir, es el futuro de la comunidad. Entonces la trata empieza a visibilizarse como algo que trae beneficios para la comunidad.

Así comenzó Helena Maleno que podéis seguir viendo a continuación.

http://periodismohumano.com/mujer/

700 mujeres asesinadas en España en la última década en crímenes de violencia de género

Violencia de género

Una media de 70 homicidios al año y más de 600.000 mujeres sufren maltrato en nuestro país, aunque menos de la cuarta parte decide contarlo

EUROPA PRESS Madrid 03/11/2013

GOBIERNO DE ESPAÑA

Un total de 700 mujeres han sido asesinadas en España en la última década por otros tantos hombres con los que mantenían o habían mantenido una relación sentimental. Es el resultado estadístico de una media de setenta homicidios cada año, desde que en 2003 se empezaran a contar los crímenes con vistas a la aprobación, un año más tarde, de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

Aunque la Delegación Especial del Gobierno para la lucha contra la Violencia de Género, creada con la citada ley, es el organismo que se encarga de la recopilación de los datos, son tradicionalmente las organizaciones de mujeres quienes han venido poniendo nombres y apellidos a una realidad que, según el Centro de Investigaciones Sociológicas, padecen más de 600.000 mujeres cada año en España, aunque menos de la cuarta parte se decidan a contarlo.

Este era el caso de una mujer asesinada por su novio en la localidad malagueña de Fuengirola el 7 de enero de 2003. Fue la primera en una estadística poblada de historias de mujeres cuyo único rasgo en común es precisamente su condición femenina. Ella tenía 28 años, era extranjera. La mujer asesinada este sábado en la localidad conquense de Villanueva de la Jara, la última en ingresar en la estadística, era española, rondaba los 40 y tenía dos hijos pequeños.

En más de la mitad de los casos, las víctimas seguían manteniendo una relación de pareja con el maltratador

Aquel año se cerró con 71 mujeres muertas, de las que 62 eran españolas. La más joven tenía menos de 17 años y el grupo más amplio, 27 mujeres, eran treintañeras. No obstante, murieron quince mujeres que contaban entre 41 y 50 y otras siete que como una mujer octogenaria asesinada por su marido a finales de enero, tenían más de 64. En más de la mitad de los casos seguían manteniendo una relación de pareja con el hombre que las maltrataba.

Todos los expertos coinciden en destacar que no hay un perfil único de víctima de violencia de género. En estas setecientas mujeres hay inmigrantes sin red social de apoyo en España, mujeres rurales y mujeres (se estima que más de un catorce por ciento) con alguna discapacidad. Pero también hay tituladas superiores, candidatas de partidos políticos, estudiantes, empresarias atrapadas en el mismo círculo vicioso.

Según los datos del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género adscrito al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), en España se registran cada año unas 140.000 denuncias por delitos o faltas relacionadas con la violencia machista y el grueso de las sentencias en los juicios que se generan en consecuencia son condenatorias.

Se registran cada año 140.000 denuncias por delitos o faltas relacionadas con la violencia machista

En 2003 la estadística oficial no desgranaba el porcentaje de mujeres asesinadas en crímenes de violencia de género que habían dado en algún momento la voz de alarma. El dato se incorporó en 2006, dejando ver que en menos de la cuarta parte de los casos constaban denuncias previas contra los agresores. Aquel año murieron 68 mujeres, de las que 22 sí habían pedido ayuda a las autoridades.

De toda la serie de datos, el que registra la menor cifra de asesinatos es 2012, cuando se produjeron 52 homicidios de este tipo. En 2009 se habían contado 56 y, en 2005, un total de 57. Son las tres excepciones, los únicos tres años de la década en los que la violencia machista se ha cobrado menos de sesenta vidas en España.

En lo que va de año se cuentan 42, aunque podrían ser 46, porque la Delegación del Gobierno mantiene cuatro casos en investigación ocurridos en Orense, Asturias, Zamora y Zaragoza durante los últimos meses, en espera de que se esclarezca si las muertes se ajustan o no a las particularidades de la violencia de género.

37 niños huérfanos

Desde hace unos meses, el recuento incluye además a los hijos menores de edad que los maltratadores dejaron huérfanos o que pasaron a engrosar el recuento de víctimas mortales. Según la ya citada encuesta del CIS, al menos 840.000 niños y niñas padecen en España la violencia machista que se ejerce sobre sus madres y más de medio millón son maltratados directamente.

El hombre que ha asesinado a una mujer en Cuenca este fin de semana ha dejado sin madre a dos niños de seis y once años. Sólo en lo que va de año 37 se han quedado huérfanos por esta misma razón.

016. Teléfono de atención a víctimas de violencia de género. Es gratuito y no deja rastro en la factura telefónica.

http://www.publico.es/479355/700-mujeres-asesinadas-en-espana-en-la-ultima-decada-en-crimenes-de-violencia-de-genero

Niñas esposas, niñas esclavas

Por: Autor invitado | 11 de octubre de 2013

Esta entrada ha sido escrita por Anna Lucas, coordinadora de la iniciativa de salud materno-infantil del Instituto de Salud Global de Barcelona (@ISGlobalorg). Esta entrada se publica conjuntamente con el blog de ISGlobal, que les recomendamos.

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Segunda edición del Día Internacional de la Niña. Un grupo que en las regiones en desarrollo sufre la desigualdad de género, la pobreza y la falta de derechos propia de los niños. Y a las que hemos abandonado a su suerte. El exponente más evidente de ello es el matrimonio infantil (contraído antes de cumplir los 18 años y mayoritariamente forzado), una práctica que determina fatalmente la trayectoria vital de millones de niñas. Supone una violación de sus derechos humanos, las aparta de la educación y pone en grave riesgo su salud. Propicia que sean víctimas de la violencia sexual y psicológica en el hogar, porque no tienen información ni capacidad para negociar prácticas sexuales seguras. Las expone a embarazos de riesgo, no deseados, a infecciones de transmisión sexual y a enfermedades mentales, con mucha más frecuencia que las que permanecen solteras.

¿Qué nos dicen los datos disponibles? Las niñas-esposas se concentran sobre todo en el Sur de Asia, donde casi la mitad de las jóvenes están casadas antes de alcanzar su décimo octavo cumpleaños, y en África subsahariana, donde son más de un tercio de las jóvenes. 70 millones de niñas. Un 12% del total antes de los 15 años. Y, una vez más, la inequidad como explicación de los matrimonios precoces: la situación económica (hasta el 54% en las más pobres), la falta de educación (63% de las niñas sin educación primaria frente al 20% de las que han completado la  secundaria) y vivir en el medio rural (44%).

No es casualidad que los mismos países que ocupan los primeros puestos en el penoso ranking de matrimonios infantiles tengan también las tasas de mortalidad materna más altas (Níger, ¡con un 75% de matrimonios!,  tiene la tasa más alta, y le siguen países como Chad, Malawi, Mozambique o Bangladesh). Las complicaciones del embarazo y el parto son las principales causas de muerte de las niñas entre las edades de 15 y 19 en estos países. En África, donde se concentran gran parte de las mortalidad materna global, la cuarta parte de los fallecimientos se produce entre adolescentes.

Ni siquiera en este momento de perenne valoración y evaluación de los Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) se resalta suficientemente el estrecho vínculo entre la situación de las niñas y el no cumplimiento del ODM5 (mejora de la salud materna), y de otros como el ODM4 (reducción de la mortalidad infantil): los hijos de las niñas-madres tienen hasta un 60% más probabilidades de morir durante el primer año de vida. O los ODM2 (educación primaria universal) y ODM3 (igualdad y empoderamiento).

¿Cómo avanzar? Hay nuevos actores e iniciativas globales en marcha como Girls, Not Brides. El grupo de alto nivel de Naciones Unidas designado por Ban Ki-moon para asesorar en el marco post-2015 ha pedido que el matrimonio infantil sea uno de los cuatro indicadores clave para medir el progreso hacia el empoderamiento de niñas y mujeres. Pero los cambios sociales deben producirse desde abajo. La mayoría de países han modificado sus legislaciones elevando la edad legal para contraer matrimonio pero apenas se ha avanzado durante la última década. Hay que involucrar a líderes comunitarios y religiosos locales, padres y docentes para cambiar percepciones y conductas, como los sesgos contra la educación de las niñas que se dan ya a edades muy tempranas. Y ofrecer opciones que disminuyan la probabilidad de que la necesidad económica les empuje a casar a las niñas.

A falta de voluntad política de los países, los recursos deberían canalizarse hacia los que conocen mejor que nadie las barreras existentes para defender los derechos de niñas, como las ONG locales que trabajan en el terreno combatiendo estas prácticas. Por el momento, su poca reconocida labor parece la única opción para acelerar la erradicación de esta costumbre terrible que es causa y consecuencia de subdesarrollo.

http://blogs.elpais.com/3500-millones/2013/10/ninas-esposas-ninas-esclavas.html

Sandra, el viaje interminable de pagar 45.000 euros de deuda por trata

 

Patricia Simón

 

Sandra está pendiente del teléfono esperando la respuesta a una entrevista de trabajo. Busca cualquier empleo, ha trabajado de camarera en bares y hoteles, de dependienta y ha hecho mil cursos de formación. Aunque, puestos a poder elegir, preferiría cuidar a niños o ancianos. Su presencia y su tono en la conversación es contundente, tiene 31 años aunque hay vidas y contextos en los que la edad no nos dice nada de la experiencia acumulada ni de etapas vitales. Sandra, como el resto de mujeres entrevistadas víctimas de trata con fines de explotación sexual, son mujeres a los que sus contextos, sus decisiones y la vida les ha colado más obstáculos de los narrables –cuántos no se habrán quedado en el tintero de la memoria, borrados por la concatenación de desgracias–, pero que han tenido que ir superando porque seguía amaneciendo, dando lugar a unas mujeres en las que casi se materializa la capacidad de supervivencia del ser humano.

Sandra (Javier Bauluz)

 

Sandra relata su vida asépticamente, sin autocompasión ni normalización de los abusos sufridos. Sólo a veces su fortaleza brota con tono de sorna, cuando la sucesión de dificultades se hace abrumadora incluso en el relato. Mientras, su teléfono no para de vibrar, es el presente y espera que tenga forma de un trabajo.

Sandra (Javier Bauluz)

 

Sandra tenía 17 años cuando “como forma de agradecimiento a su abuela, la persona que más quería en el mundo”, con la que vivía por el alcoholismo de su padre -nunca menciona a su madre-, decide que va a darle una vida mejor viniendo a España. Para ello, consigue el teléfono de una mujer que traslada gente a este país europeo y que le confirma que tiene trabajo para muchachas como ella y que a cambio sólo tendrá que pagarle el coste del billete de avión. “Como yo pensaba que aquí caía el dinero del cielo le dije que sí, claro”.

Poco después el hermano de su “jefa” fue a buscarla “y me llevó a un brujo que me dijo que si, por ejemplo, yo no pago, me muero o que esa mujer puede hacer lo que quiera con mi familia. Me dieron algo para comer, luego me pidió cosas de mi cuerpo (cabello de la cabeza, de los genitales y de las axilas, y uñas de los pies y manos)”.

Sandra (Javier Bauluz)

 

El caso de Sandra es paradigmático de la trata de mujeres con fines de explotación sexual con origen nigeriano. El empleo del vudú como forma de coacción, las redes de cercanía con el entorno familiar y las amenazas contra éste, así como la trampa de una deuda que se justifica a partir de los gastos del viaje y que puede alcanzar los 60.000 euros. Por ello Sandra es capaz de asegurar que tuvo suerte, porque fueron 45.000 euros los exigidos por sus tratantes, una rebaja que atribuyen a que Sandra no hizo el viaje en avión como se le prometió inicialmente, sino a pie con otras  ya que finalmente el viaje no fue en avión, sino a pie con otras “sesenta y pico personas”, lo que les llevó un año y medio “porque no había dinero para coche”. Desde Nigeria a Marruecos. En el camino por el desierto, verse sobreviviendo gracias a “beberse la propia orina”, ver cómo compañeras de viaje tienen que dejar sus bebés -muchas veces fruto de violaciones de sus tratantes- “porque no tienen para alimentarlos y porque queda mucho hasta su destino”.  Nueve horas en patera hasta España. Y doce muertos, porque volcó. En varios medios de transporte hasta Palma de Mallorca, donde le esperaba su “chula”. “Cuando me llevó a un club para trabajar, yo nunca había visto a gente así, desnuda, con tanga. Y después ella me dijo que ahora me toca a mí. Es una vida muy dura. Llamé a mi abuela y me dijo que volviera y la jefa me dijo que aunque volviera iba a tener que pagar. ¿Dónde voy a encontrar 45.000 euros para pagar?”.

“Cuando yo estaba sufriendo, sin fuerzas, bebiendo mi meado porque no hay agua, muriendo… Me arrepentí mucho. Ver gente muriendo, sin comida…”

“En Marruecos mucha gente abortaba sin tener idea de cómo hacerlo. Hay mucha gente de mi país que hoy no puede tener hijos porque se quedaban embarazadas y hacen cosas que no deben, gente que ha muerto desangrada y otra que vive por suerte, pero que no puede tener hijos”

“Mi chula todavía hoy tiene cuatro chicas (tratadas) pero no la voy a denunciar (…) Terminé de pagarle el año pasado y duermo muy feliz porque ya no me llama, no me insulta ni amenaza….”

“Cuando pagué le pedí todo lo que me había quitado (uña, pelo de la cabeza, axilas y genitales… para ritos de vudú)”

“Yo aprendí muchísimo aquí (en APRAMP) de informático, de español, para cuidar a personas mayores, sobre drogas, a hacer currículos…”

Llegó en abril de 2002 y terminó de pagar la deuda en 2011. “Cuando les digo a mi familia que aquí no es tan fácil, no me creen. Pero es normal, yo tampoco lo creía”. Sandra sale pitando a una entrevista de trabajo. Tiene 31 años, fue víctima de trata, pero también y gracias al apoyo de la Asociación para la prevención, reinserción y atención de la mujer prostituida (APRAMP), Sandra ha aprendido a leer y escribir, español, informática, y lo que haga falta para seguir adelante.

http://trata.periodismohumano.com/2012/09/21/sandra-el-viaje-interminable-de-pagar-45-000-euros-de-deuda-por-trata/