Nicolás Sánchez-Albornoz: “Hay que desacralizar el Valle de los Caídos y sacar de ahí los restos de Franco”

ENTREVISTA AL HISTORIADOR QUE PROTAGONIZÓ LA FUGA MÁS FAMOSA DE CUELGAMUROS| Publicado: 16/1/2015
Sato Díaz *Nicolás_Sánchez_Albornoz_entrevista

Nicolás Sánchez-Albornoz (Madrid, 1926) es una de esas personas cuya historia personal es un reflejo de la historia colectiva de este país. Ahora que se cumplen 75 años del inicio de la construcción del Valle de los Caídos, conocer la opinión de quien en agosto de 1948 protagonizó una fuga junto a su compañero Manuel Lamana, huyendo del destacamento penal de Cuelgamuros, donde cumplía condena realizando trabajos forzados por participar en un intento de reconstrucción de la Federación Universitaria Escolar, es imprescindible. Además, Sánchez-Albornoz tiene la capacidad de interpretar la actualidad que se le presupone a un especialista en historia económica de España y en la social de América Latina. Tras escapar de su cautiverio, se exilió en Argentina y luego en Nueva York. En ambos lugares fue profesor universitario. También se le ha concedido el grado de doctor honoris causa en las universidades Autónoma de Barcelona o Carlos III de Madrid, entre otras. El que fue el primer director del Instituto Cervantes, recogió en Cárceles y exilios (Anagrama, 2012) sus memorias de lo que vivió entre 1936 y 1975. También ha escrito numerosos artículos.

En el prólogo de Cárceles y exilios dice: “la cara que el país luce en la actualidad es más amable que en el pasado, a pesar de los oscuros forúnculos que la afean”. ¿Cuáles son esos forúnculos?

– El Gobierno actual es un forúnculo mayúsculo, pero hay más. Por ejemplo, el problema de la Iglesia no está resuelto. Se podría hacer una lista muy larga de forúnculos.

Mucha gente está calificando el momento actual como un periodo de cambio. ¿Cree que pronto será la cara del país más amable?

– Nunca se sabe cuál será el resultado. Lo que se puede decir es que es difícil que sea más fea.

La guerra y el franquismo supusieron un retroceso económico, social, político y cultural para España. ¿Se ha superado ya o se mantiene todavía ese retraso?

– La Segunda República supuso unos avances muy importantes y el Franquismo supuso un retraso. Después, en el orden social han habido una serie de cambios que han hecho que España vuelva a la línea de la República: la ley del divorcio, la convivencia entre ciudadanos… Todo eso se ha recuperado. Pero siguen habiendo una serie de grupos a los que les parecen mal los cambios sociales que se han producido espontáneamente. El hecho de que haya más matrimonios civiles que eclesiásticos es motivo de resentimiento para personajes como Rouco Varela. Hay un núcleo de resistencia muy fuerte que pone en peligro lo conseguido y la convivencia. En el orden económico, la Segunda República intentó un reparto del bienestar de las clases menesterosas, pero el Franquismo fue una marcha atrás. Después ha habido un esfuerzo para elevar el nivel de bienestar de la gente. Eso es por influencia de que estamos en Europa, pero hay una serie de gobernantes a los que les incomoda esto y están dañando a la Sanidad y a la Educación. Todo lo que representa el bienestar lo quieren echar para atrás. Eso no es único de España, ha habido una corriente en todo el mundo para romper el bienestar y abrir una brecha entre la gente con mucho dinero y los pobres y la clase media.

Este año se cumple el 75 aniversario del inicio de la construcción del Valle de los Caídos (1940). ¿Ha conseguido olvidar aquellos meses de 1948 en los que estuvo cautivo en Cuelgamuros?

“Cuelgamuros fue un observatorio de cómo funcionaba el sistema. Pude ver toda la corrupción de los funcionarios en la alimentación de los presos

– Recuerdo perfectamente todo lo que vi en el Valle de los Caídos en los pocos meses que estuve. Recuerdo nombres y anécdotas y eso me ha permitido escribirlo. Lo que pasa es que mi experiencia es limitada y nunca he querido exagerar. Estuve cuatro meses y en el mejor destacamento de los tres, el que construía el monasterio, y con unas condiciones accidentales muy favorables, pues yo estaba en una oficina en vez de poniendo ladrillos. Aquello fue un observatorio para ver lo que pasaba y para ver cómo funcionaba el sistema. Pude ver toda la corrupción sobre la alimentación de los presos.

¿Cómo era esa corrupción?

– El sistema, por lo menos en mi época, era que las compañías arrendaban al Estado los presos por 10 pesetas y 50 céntimos por día. El Estado depositaba 50 céntimos en una cartilla que el trabajador preso iba acumulando y que cuando salía libre se le pagaba. La propaganda de Franco decía que el Estado era previsor y creaba un fondo para que los liberados cobraran dinero al salir. ¿Pero qué cantidad era esa? Poca, para volver a su pueblo y poco más. Tras quitar esos 50 céntimos, quedaban 10 pesetas. El presupuesto de la alimentación del preso era de cinco pesetas al día. El Estado hacía pagar al preso su alimentación y quedaban cinco pesetas de beneficio, que se pueden atribuir a financiar a los guardianes, a la Guardia Civil… Era un sistema por el cual mantener a toda esa población presa no costaba dinero al Estado, que podía permitirse el lujo de tener a decenas de miles de personas haciendo trabajos forzados. La corrupción venía en la alimentación de los presos. Las cinco pesetas por día para alimentar a los presos iban al Estado, que compraba la comida. Venían los camiones, pero lo que yo veía era que se volvían llenos. Hacían el paripé de bajar galones de aceite o lentejas, pero se volvían llenos. El estraperlo de esa época venía de lo que los funcionarios robaban a los presos. El funcionario podía hacerlo porque sus compañeros no le denunciaban y los jefes también estaban pringados. Era una corrupción vertical, como los sindicatos. Esto era generalizado, esto lo tenían que saber el ministro y Franco, porque era la forma de comprar lealtades. El régimen conseguía lealtades por la persecución y represión, pero también dando a su propia gente esos beneficios que llegaban de la corrupción.

¿Hemos heredado ese sistema corrupto?

– Es que esta gente corrupta se ha formado así. Cree que el mundo funciona y debe funcionar de esa manera.

No existen cifras oficiales de la gente que murió en el Valle…

– En el periodo que yo estuve no me consta que hubiera muertos, pero sí recuerdo comentarios de las explosiones. Las explosiones durante la construcción existían. Lo de los 14 muertos que figuran es una cifra muy reducida, pero que ha sido reconocida por la propia Fundación Francisco Franco. A mi modo de ver, es una cifra mínima, pero bien está que reconozcan esa cifra. Lo que la gente no computa es todos los que quedaron heridos por el trabajo, que eran trasladados a hospitales, y, sobre todo, a todos los que barrenaban la piedra, porque eso levanta mucho polvo y tiene un efecto nocivo para los pulmones. Todos los muertos que ha habido después no se computan, pero también son víctimas del monumento.

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Durante los cuatro meses en los que estuvo preso en el Valle de los Caídos, ¿fue víctima de torturas o las vio?

– No. No traía a cuenta. Se les llevaba a Carabanchel o a la Jefatura de Policía. Cuando nos fugamos Manuel Lamana y yo, había un tercer compañero, Ignacio Faure, a quien le faltaban 15 días para cumplir la condena, por lo que nos parecía absurdo hacerle participar en una fuga y que se jugara la vida. Pero, por otro lado, se nos planteó el problema de que nuestro compañero no lo supiera. Entonces, fuimos en el último momento y se lo contamos. Cuando nos fugamos, lo primero que hicieron fue llevarle a interrogatorios, que no fueron nada suaves. Él no cantó. Aguantó y hubo malos tratos, pero no en Cuelgamuros, sino en la Puerta del Sol. En vez de 15 días tardó tres meses en que le pusieran en libertad, pero salió. Luego lo vi una vez, era un arquitecto muy famoso y marchó a México, donde se desarrolló su carrera.

La ley de Memoria Histórica, aprobada en 2007 por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, dicta que “el Valle de los Caídos se rige por normas aplicables a lugares de culto y religiosos”, así como que “se prohíben los actos políticos que exalten el Franquismo y la Guerra Civil”. Además, mediante dicha ley se pretende honrar a todas las personas fallecidas en la contienda y la represión posterior. ¿Qué se ha llevado a la práctica de esto?

– Parto de una discrepancia: el monumento se ha creado como un monumento religioso para dar un culto a los muertos del Franquismo, en especial a Franco y a Primo de Rivera. Se ha convertido en un lugar sagrado, y la ley reconoce ese carácter sagrado, donde se prohíben los actos políticos. Yo creo que hay que desacralizar el Valle de los Caídos. Tiene que abandonarse ese carácter sagrado y renegociar con la Iglesia, porque allí no puede darse el culto, es un monumento a un acto político y tiene que tratarse como algo político. Yo dije en un artículo que había que poner un urinario encima de la tumba de Franco y cuando se discutió en el Consejo de Ministros la ley de Memoria Histórica, hicieron referencia a eso. “Hay alguien que incluso quiere poner un urinario…”, dijeron. (Risas) Eso que dije es una barbaridad, pero de vez en cuando hay que decir barbaridades. Lo que no puede ser es un lugar sagrado y la ley lo reconoce implícitamente. Ante lo que es una expresión de un acto político hecha por Franco y con el agravante del trabajo forzado de los presos políticos, la Iglesia tendría que ser la primera que dijera que eso no puede ser un sitio de culto.

Según usted, ¿en qué se debería convertir el Valle de los Caídos?

– Primero, lo desacralizamos. Luego ya tendremos tiempo de meditar si se mantiene, de qué forma se mantiene, si se destruye o si se deja que la naturaleza lo destruya. Algo que ya está pasando, se está agrietando. De momento, yo, a parte de la solución del urinario, no tengo otra solución. El problema es que quedarán una gran cantidad de huesos, de los dos bandos, de Franco, pero también fusilados. Ahí está el problema, eso está lleno de cadáveres. Se complicará la solución. Pero lo primero es desacralizarlo y sacar de ahí a Franco. También a Primo de Rivera.

“Se le dice a nieta: – Ahí tiene [los restos de Franco], haga lo que le dé le gana. Y a Primo de Rivera, a Jerez de la Frontera. Todo con normalidad

Y, ¿a dónde nos llevamos el cadáver de Franco?

– Se le dice a la nieta: “ahí lo tiene, haga lo que le dé la gana”. Y a Primo de Rivera, a Jerez de la Frontera. Todo con normalidad.

Los guías turísticos del Valle todavía no explican quién lo construyó…

– Eso es problema de Patrimonio Nacional, vende toda clase de folletos pero no dice la verdad.

Patrimonio Nacional, que fue administrado por socialistas, ¿porque no introdujeron la verdad?

– Son de esas herencias de las que no nos hemos deshecho y para las que no ha habido ningún esfuerzo por deshacerse de ellas.

¿Sigue sin visitar el Valle de los Caídos?

– ¿Para qué? No lo visito, hay muchas fotografías.

¿Lo ha visto desde la carretera?

– Sí, la cruz esa.

¿Qué sentimientos le produce el verlo?

– El mismo sentimiento que me producen la cantidad de cruces que hay por el mundo levantadas en entornos físicos bonitos. El valle de Cuelgamuros es bonito, pero lo estropearon.

“La memoria no se circunscribe al pasado, sino que es garante de futuro”, dice usted en el mismo libro. ¿Qué es lo más inmediato que hay que solucionar de aquel tiempo?

– Aquí hay algo referencial. ¿Cómo podemos presumir de que tenemos un sistema democrático homologable al resto de Europa cuando tenemos todavía todos los restos del Franquismo, como Cuelgamuros? En Italia o en Alemania sería impensable tener un monumento de esas dimensiones a Mussolini o Hitler. ¿Cómo se puede explicar a nuestros vecinos que somos europeos cuando permitimos estas cosas? Es la antidemocracia. En Alemania, cuando los grupos nazis se manifiestan, se les cortan las alas…

Durante su exilio, cuando pensaba en volver a España, ¿se la imaginaba igual que se la encontró?

– Al volver, en 1976, por fuerza tenía que encontrar que España era mejor que la que había dejado. La España de mi juventud es la de Cuelgamuros. Yo estaba enterado y podía tener el deseo de que las cosas eran distintas, pero al volver me encuentro una España mejor que la de los años 40. Y una España en marcha, en la que cabían todos los deseos y esperanzas. Íbamos a mejor, pero no hemos logrado tanto como se podría haber hecho.

Hoy también hay mucha gente, muy preparada, que tiene que irse fuera de España, como usted. ¿Qué les diría?

Eso es muy triste. Lo que se demuestra es que España económicamente y socialmente ha estado siempre atrasada con respecto al resto de Europa. Con la entrada de España en Europa se dio una gran oportunidad para dar un salto adelante y ponerse a un nivel comparable con el resto. Algo se ha hecho, evidentemente, el PIB, los ingresos, el modo de vida… todo eso ha progresado, pero no se han aprovechado las condiciones favorables para un crecimiento sólido y sostenible. Se han gastado los recursos y las oportunidades para consolidar ese avance. Aznar se gastó el dinero en fuegos artificiales, en el ladrillo, en las radiales. Todo eso ha sido un despilfarro que ha impedido la consolidación de los progresos. Esas imbecilidades nos han llevado a que ahora no haya empleo y la gente se tenga que ir. Eso es criminal y eso no se dice lo suficiente.

(*) Sato Díaz es periodista.

http://www.cuartopoder.es/invitados/2015/01/16/nicolas-sanchez-albornoz-hay-que-desacralizar-el-valle-de-los-caidos-y-sacar-de-ahi-los-restos-de-franco/4268

El impostor y la memoria democrática

Javier Cercas, a partir del caso Enric Marco, critica la industrialización de la memoria y la aproximación sentimentaloide al pasado.

Negar como hace el escritor que exista la memoria histórica significa dar por bueno el relato del pasado que el Estado construyó y difundió entre los años sesenta y ochenta.

Las críticas del libro de Cercas pueden servir para que, diez años después, asociaciones e instituciones superen los errores de la aproximación emocional al pasado.

Dos víctimas del franquismo felices al ser escuchadas en la Audiencia Nacional

Protesta frente a la Audiencia Nacional en mayo de 2014, cuando la jueza Servini tomó declaración a dos víctimas de la dictadura franquista junto al juez Fernando Andreu.

Javier Cercas acaba de presentar su nueva obra titulada El impostor. El escritor reconstruye la historia real de Enric Marco, el impostor que se hizo pasar por deportado a los campos nazis, al mismo tiempo que hace un repaso devastador de lo que él llama “la industria de la memoria” en nuestro país y una crítica a su historia reciente. En las entrevistas en las que se ha prodigado ya lanzaba las ideas que sustentan el libro: “La memoria histórica no existe, solo existe la memoria individual”. “La memoria histórica se ha vuelto una industria”.

Cercas estudia el caso Marco y lo aprovecha magistralmente para cargar contra una determinada forma de construir lo que él nombra “la llamada memoria histórica”, aunque no queda claro si hace referencia a la memoria democrática o a una determinada forma de reconstruir la memoria histórica. En todo caso, acierta en la crítica a ciertas aproximaciones emocionales y sentimentaloides al pasado reciente que hacen más mal que bien a nuestra cultura democrática.

Cercas aprovecha el caso Marco porque los que debieron extraer lecciones de aquel escándalo no lo han hecho en los casi diez años pasados desde que estalló. Lo que pasó en 2005 fue una gran oportunidad para modernizar la cultura de la memoria en España, para sacarla del gheto de la clandestinidad y del empeño de algunas asociaciones de víctimas por patrimonializarla. Fue una gran ocasión para europeizar la cultura de la memoria en España, tan dañada por una dictadura que sí elaboró su propio relato: el de la Cruzada y el de los XXV Años de Paz, el de las culpas compartidas y los errores moralmente equivalentes de dictadura y República.

Cercas relata muy bien cómo se gestó el escándalo. Explica la entrada de Enric Marco en Amical y el ambiente dentro y fuera de la asociación, que permitió que el engaño triunfase. Explica también lo que sucedió después, cómo muchas asociaciones, en lugar de abrirse, continuaron cultivando una cultura cerrada, resistencialista y patrimonializadora de la memoria de las víctimas. En muchos casos, las personas al frente de estas asociaciones no detectaron la necesidad de cambio ni los errores cometidos. Tras el escándalo, continuó algo que también denuncia Cercas en el libro y que los que estudiamos la deportación hemos vivido: la sacralización del testigo, a la que añadiría la del familiar del testigo, y la aproximación acrítica y sentimental al pasado.

Por todo ello, la crítica de Cercas es oportuna y útil. Pero no para descartar la petición de políticas de memoria, sino por lo contrario. El relato del escritor y su análisis debiera ayudar a que, diez años después, se sustituya la concepción comercial de la memoria histórica por la defensa de la justicia, de la verdad, de la reparación y el desarrollo de una memoria democrática en nuestro país.

Porque la memoria colectiva, contra el parecer de Cercas, sí existe. O al menos existe de la misma manera que la memoria individual: como metáfora. Los neurólogos desconocen el mecanismo de lo que llamamos memoria. Ignoran todavía cómo funciona la transmisión de impulsos que permite hacer referencias a experiencias del pasado. La memoria del ser humano es por ello una metáfora referida a esos desconocidos mecanismos. Y al igual que el individuo hace referencias al pasado, también los sistemas sociales -la sociedad en su conjunto, la política o el derecho- construyen relatos que hacen referencias al pasado. Es lo que llamamos memoria histórica. La memoria democrática es la que reivindica la lucha antifascista y por las libertades. Desgraciadamente en España existe memoria histórica del Estado, mas todavía no tenemos memoria democrática o esta es muy precaria.

Y es que Cercas, tan crítico con el concepto, hizo mucho por construir una determinada manera de referenciar el pasado de la guerra civil con su primera novela: la que ve errores moralmente equivalentes y no ve las diferencias entre el gobierno legítimo de un Estado tocado de muerte por los golpistas y unos fascistas que tenían un programa de eliminación física del enemigo. En el nuevo libro el autor, en un imaginado (¿?) diálogo con Marco, reconoce que Soldados de Salamina jugó una función en lo que algunos llamamos hace años el “boom del Franquismo” o “historia en migajas del Franquismo”. Cercas, por tanto. participa de esa reconstrucción colectiva del pasado. O mejor dicho: participa de una determinada forma de reconstruir el pasado que hunde las raíces en los años sesenta, cuando Manuel Fraga y otros impulsaron la campaña de los “XXV Años de paz” que permitiría cambiar el discurso legitimador del régimen. Este discurso que todavía pervive es el de las culpas compartidas, el de la guerra entre hermanos en la que todos cometieron errores. Cercas participa de ella al equiparar moralmente al miliciano Miralles y al falangista Sánchez Mazas en su novela Soldados de Salamina.

Con su última obra, Cercas equipara todo el memorialismo a la industria de la memoria, aunque reivindica, sin llamarlas por su nombre, la necesidad de acabar con la vergüenza de los miles de cadáveres en las cunetas. Pero la memoria no es solamente Enric Marco y Amical de Mauthausen. De hecho, Cercas se refiere a esta organización como “la asociación de deportados”, cuando sabe perfectamente que es solamente una entre varias asociaciones de deportados, al lado de la FEDIP francesa o Triangle Blau o Amical Ravensbrück, escisiones estas últimas del Amical de Mauthausen. De hecho, el escritor cita solamente en una ocasión a una deportada, Neus Català, quien ya decía hace años lo que se descubrió en 2005: que Marco nunca había estado en un campo de concentración.

Cercas critica la sacralización del testigo, pero la propuesta que hace de sustituir testigo por historiador obvia que este último, por muy riguroso que sea, también está “inventando” el pasado desde sus anteojos culturales e ideológicos. Eso lo sabemos los que, como Cercas, vivimos y trabajamos en este momento en Cataluña.Además, pese a no ser sagrado, el testigo sí es necesario: como señalaba Ferriol Soria recientemente,el testigo, aunque no tiene la verdad, sí posee una de las verdades que, al lado de la histórica, la jurídica o la factual, también es importante a la hora de actualizar el relato del pasado.

Es necesario diferenciar entre esa llamada industria de la memoria -que en muchos casos ha intentado generar una cultura democrática que es muy precaria en España- de las demandas de derechos. Cuando se reclama reconocimiento y ayuda, también financiera, por parte de asociaciones o individuos, se están defendiendo derechos todavía vigentes y no realizados en nuestro Estado democrático de derecho. Eso hacían asociaciones y personas en los años setenta. Se dejó de hacer, dice Cercas, porque la vida en libertad hizo que se olvidasen estas reclamaciones. El escritor niega que hubiese un pacto de silencio, pero obvia el candado que entre 1981 y 1982 se echó en España para evitar la profundización en la joven democracia. Al cerrarse la vía de la justicia, la verdad y la reparación, se evitó que el incipiente discurso de la memoria democrática sustituyese al de los XXV Años de Paz.

Lo que Margalida Capellà llamó “la revuelta de los nietos” hizo resurgir la reivindicación memorialística veinte años después. Eso sin duda ha generado excesos o incluso falsedades como las de Marco, lo que hace que la denuncia de Cercas sea justa y pueda ser utilísima para separar el grano de la paja y conseguir desenmascarar no solamente a los Enric Marco que puedan seguir viviendo, sino también la impostura de unas elites españolas que, como Rodolfo Martín Villa, se inventaron en los años setenta y ochenta un pasado de liberales y demócratas de toda la vida. También la mentira de un Estado español que ahora pretende rescatar un falso pasado de país ajeno a la Segunda Guerra Mundial y salvador de judíos.

En resumen, me atrevería a decir que la crítica de Cercas a la industria de la memoria debe ser utilizada, pero precisamente para defender con más ahínco una memoria democrática en nuestro país. Porque, como la realidad se empeña en recordarnos constantemente, sin memoria democrática no puede haber una verdadera, moderna y europea cultura democrática. La alternativa es seguir con la inercia de la memoria histórica que comenzó a elaborarse en los sesenta, que continuó en los ochenta y que ahora esgrimen los defensores del pacto de 1978. Esa alternativa es la que continúa manteniendo miles de cadáveres en las cunetas y defendiendo a los franquistas que la justicia argentina reclama y que aquí dan lecciones de democracia.

http://www.eldiario.es/contrapoder/Javier_Cercas-memoria_historica-memoria_democratica_6_325527455.html

Ver también:

No hay más preguntas, señor Cercas

Argentina – Orden de detención contra el exministro Martín Villa y otros 19 imputados por crímenes del franquismo

La jueza argentina María Servini de Cubría ha emitido la orden de detención y extradición contra 8 exministros franquistas, un excapitán, siete expolicías, dos antiguos jueces, un ginecólogo y un abogado.

La magistrada acusa al exministro Utrera Molina de convalidar con su firma la sentencia de muerte de Puig Antich y a Martín Villa por la matanza de Vitoria de 1976

“Es un gran avance hacia el fin de la impunidad del franquismo”, señala a eldiario.es el abogado Carlos Slepoy, uno de los impulsores de la querella argentina

DOCUMENTO: Consulta la resolución de la jueza Servini

Una quincena de ministros que formaron parte de sucesivos gobiernos de la democracia en España integran la Fundación España Constitucional, un foro de reflexion y debate público sobre asustos de relevancia politica,económica y social que se ha presentado hoy en valencia.En la imagen de I a D, los exministros, Pio Cabanillas, Martin Villa, Eduardo Serra y Marcelino Oreja . EFE/ Juan Carlos Cárdenas

Rodolfo Martin Villa, Eduardo Serra y Marcelino Oreja en Valencia. EFE/ Juan Carlos Cárdenas

más INFO

En una exhaustiva resolución de 286 páginas a la que ha tenido acceso eldiario.es la jueza argentina María Servini ordena la detención y extradición de veinte personas vinculadas con la represión y crímenes del franquismo. Entre ellos hay ocho exministros franquistas, así como exjueces o expolicías a los que la magistrada quiere tomar declaración indagatoria en el marco de la única causa penal en el mundo que investiga los crímenes del franquismo.

En el auto la jueza Servini de Cubría señala que “lo que se investigan son hechos atroces de lesa humanidad”, como la sentencia de muerte de Salvador Puig Antich, el proceso de Burgos de 1970, los sucesos de Vitoria en marzo de 1976, asesinatos, torturas y represión.

La magistrada recuerda en el auto que los delitos de los que se les acusa constituyen crímenes de lesa humanidad y por tanto son imprescriptibles. Es decir, “sus responsables están sujetos a persecución gracias a la jurisdicción universal”.

Ocho exministros

A Rodolfo Martín Villa, ministro de Relaciones Sindicales entre 1975 y 1976, se le piden responsabilidades por la muerte en Vitoria en marzo de 1976 de cinco trabajadores durante una acción de represión policial en la que también hubo 150 heridos de bala.

A Utrera Molina -suegro de Alberto Ruiz Gallardón-, ministro de la Vivienda en 1973 y ministro secretario general del Movimiento en 1974-75 se le acusa por su responsabilidad en la pena de muerte de Salvador Puig Antich, último ejecutado a garrote vil en España.

También está incluido Fernando Suárez, ministro de Trabajo y vicepresidente del gobierno en 1975: La justicia argentina pide su detención por su responsabilidad en la pena de muerte de los cinco últimos fusilados por la dictadura franquista en 1975.

Al exministro de la Presidencia Antonio Carro le acusa de convalidar la sentencia de muerte de Puig Antich y de los últimos fusilamientos del régimen franquista en septiembre de 1975 en Madrid, Burgos y Barcelona.

También se solicita el arresto de otros cuatro exministros:

 Licinio de la Fuente, ministro de Trabajo (1969-1975) y vicepresidente (1974-1975); Antonio Barrera, ministro de Hacienda (1973-1974), ya fallecido; José María Sánchez Ventura Pascual, ministro de Justicia (1975); Alfonso Osorio García, ministro de la Presidencia (1975-1977) y vicepresidente del Gobierno (1976-77).

Además se solicita el arresto del excapitán de la antigua Policía Armada Jesús Quintana Saracíbar, acusado de asaltar la Iglesia San Francisco de Asís en Vitoria, donde murieron cinco trabajadores en la carga policial.

También figuran siete expolicías: Jesús González Reglero, Ricardo Algar Barrón, Félix Criado Sanz, Pascual Honrado de la Fuente, Jesús Martínez Torres, Benjamín Solsona Cortés, y Atilano del Valle Oter, por torturas en diversos lugares.

A ellos se suma Carlos Rey González, miembro del Consejo de Guerra que juzgó a Salvador Puig Antich -y actualmente abogado que ha ejercido como defensor de la líder del PP catalán Alicia Sánchez Camacho-, los entonces jueces Antonio Troncoso de Castro y Jesús Cejas Mohedano, y el ginecólogo Abelardo García Balaguer. Este último está denunciado por el caso de Flor Díaz Carrasco, quien busca a su hermano desaparecido en el Hospital Municipal de la Línea de la Concepción el 6 de noviembre de 1967, donde García trabajaba como ginecólogo.

“Que haya jueces españoles dispuestos a investigar”

En declaraciones a eldiario.es el abogado Carlos Slepoy, uno de los impulsores de la querella argentina, ha destacado la importancia de este : “Es un paso más que se suma a otros llevados a cabo por comisiones de derechos humanos de Naciones Unidas. Esperamos que haya una resolución por parte del Gobierno y de la Justicia española, que sean sensibles a este clamor de cada vez más sectores. Cada vez hay más denunciantes, la querella avanza y confiamos en que haya jueces españoles que asuman la tarea de investigar estos crímenes contra la humanidad”, ha señalado.

Slepoy ha querido destacar que esta orden es “producto del esfuerzo de mucha gente que ha viajado a Argentina para declarar ante la jueza o ha logrado que se lleven a cabo declaraciones por videoconferencia”.

Los procesos de extradición pasarán por la Audiencia Nacional y será previsiblemente el Gobierno el que tenga la última palabra. “Es probable que se dicte una decisión similar a la adoptada ante la solicitud de extradición de Billy el Niño y el capitán Muñecas”, indica Slepoy, en referencia a la decisión de la Audiencia Nacional de no entregar a aquellos acusados a la jueza por considerar que sus delitos habían prescrito. “Pero eso abunda en la impunidad del franquismo en un momento en el que se suman pasos, pruebas y denunciantes para acabar con esa impunidad e investigar de una vez tales crímenes de lesa humanidad”, añade el letrado.

La querella argentina

La causa contra los crímenes del franquismo arrancó en Argentina el 14 de abril de 2010, aniversario de la Segunda República, a raíz de una querella presentada por familiares de víctimas del franquismo: Darío Rivas, de 94 años, e Inés García Holgado. A ellos se han ido sumando más querellas de familias de represaliados. En la actualidad ya hay más de 150 querellantes.

La jueza Servini de Cubría ha pedido a España la exhumación de cadáveres de víctimas que yacen en una fosa común en el cementerio de Guadalajara, para comprobar por análisis de ADN si allí están los restos del padre de una de las querellantes, Ascensión Mendieta Ibarra, quien con 88 años ha viajado a Argentina para rogarle a la magistrada que le ayude a encontrar los restos de su padre antes de morir.

En España aún hay más de 100.000 desaparecidos víctimas de la dictadura franquista.

http://www.eldiario.es/sociedad/exministro-Martin-Villa-imputados-franquismo_0_319519072.html

Colombia – Así se inauguró la ‘Semana por los desaparecidos’

Publicado 28 May 2014
Conversatorio con relatores de los informes Conversatorio con relatores de los informes Foto por Álvaro Cardona

Colombia tiene tres veces más desparecidos que los que hubo en las dictaduras de Chile y Argentina. Esta es una de las revelaciones que se hicieron ayer en el marco de la inauguración de la ‘Semana por los desaparecidos. Ausencias que interpelan’, la cual tuvo lugar en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, en Bogotá.

El evento que contó con la participación de 440 asistentes y que reunió por primera vez a doce organizaciones de familiares de víctimas de desaparición forzada de todo Colombia, sirvió para lanzar los cuatro informes  que el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) realizó sobre el tema, en un proceso que se prologó por más de dos años de trabajo.

Estos tratan las siguientes temáticas:

Este lanzamiento contó también con la asistencia del ministro de Justicia, Alfonso Gómez Méndez, quien destacó este trabajo como fundamental para lograr que haya verdad en el proceso de paz actual y los venideros, ya que “no es posible una paz sobre la base del olvido”, afirmó.

Así mismo, Gonzalo Sánchez, director del CNMH, habló del significado de la desaparición forzada en la historia de Colombia como una herramienta de invisibilización, usada principalmente por agentes del Estado, que sigue vigente, que tuvo un capítulo reciente en los mal llamados ‘falsos positivos’ y que se sigue practicando en Buenaventura, entre otros lugares de la geografía nacional.

El encuentro también sirvió para que los autores del informe discutieran los hallazgos de sus investigaciones, las cuales permitieron consolidar la cifra oficial del número de colombianos desaparecidos en los últimos 40 años: 26.000.

Frente a los cuatro informes, Janeth Bautista, directora de la ‘Fundación Nydia Érika Bautista’,  afirmó que por primera vez los familiares de las víctimas de desaparición forzada “no se sienten solos”, al tiempo que criticó el tratamiento que el Estado le ha dado a este crimen y exigió acciones más efectivas para combatir esta atroz práctica.

El evento terminó con los alabados de las ‘Madres por la vida’ de Buenaventura y con el lanzamiento de la exposición ‘Ausencias’, del argentino Gustavo Germano que estará durante un mes en el Centro Cultural Gabriel García Márquez.

MEMORIA HISTÓRICA / LA JUSTICIA UNIVERSAL ARGENTINA LLEGA A LA AUDIENCIA NACIONAL

A través de Cuarto poder

Testimonios del horror franquista que ha escuchado la juez Servini: “Le clavaron varillas de paraguas en los oídos”

MANUEL ÁNGEL MENéNDEZ | 29/5/2014 08:16

José Alvarez Alonso, segundo por la izquierda, detenido y torturado tras la Guerra Civil, en el Batallón de Trabajadores con otros compañeros.

Sancho Álvarez Alonso nunca pudo recibir la manta que su hermana Teresa le llevó en 1940 a “El Chalet”, la casa de indianos de Grado (Asturias) reconvertida en prisión de odio y de muerte: “A Sancho se lo han llevado de ‘paseo’”, pudieron oír de labios de otros condenados. Todos sabían que de esos ‘paseos’ ya no se volvía: los ‘paseíllos’ falangistas acababan siempre frente a una tapia, y los ‘paseados’, en una fosa sin identificar en los caminos. Es uno de los horrorosos testimonios que la juez argentina María Servini ha escuchado de sus protagonistas, o de sus familiares.

A sus 93 años Teresa Álvarez Alonso mantiene la entereza y el recuerdo vivo del pasado más ominoso que se ha vivido en la historia de España: su abuelo paterno, su padre y dos hermanos mayores de Teresa fueron represaliados por el régimen franquista en la pequeña localidad asturiana de Bayo (Concejo de Grado). El abuelo, Evaristo Álvarez Iglesias, con 77 años, fue juzgado en consejo de guerra el 4 de noviembre de 1938 (inmediatamente tras la toma de Asturias por las tropas traidoras de Franco) y condenado a la isla de San Simón, en Redondela (Pontevedra), de donde nunca volvería. Algunos dijeron que murió famélico en prisión y que sus restos los tiraron al mar. Otros dicen que sí, que murió de hambre, pero que está enterrado de forma anónima en Vigo.

Nadie conoce la historia con exactitud, pero conocimiento y justicia poética -ya no cabe otra, al menos en este caso- es lo que busca Teresa, y eso, justamente, es lo que esta asturiana con coraje le ha pedido a la juez María Servini de Cubría, que instruye en Argentina la causa de los crímenes del franquismo y que desde el 18 de mayo está recorriendo el País Vasco, Andalucía y ahora Madrid para recoger testimonios de víctimas que por su avanzada edad no pueden desplazarse a Argentina para declarar.

María Servini, con la colaboración inestimable del juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu, ha tomado declaración a Teresa y a Faustina Romeral, de 90 años, también represaliada, también víctima. Sus testimonios son desgarradores.

Hambre, frío y muerte

Francisco Álvarez Miranda, represaliado por el franquismo tras la Guerra Civil, en la boda de una sobrina.

Teresa Álvarez Alonso nació en Asturias en 1921, el año del desastre de Annual. En 1934, siendo una zagala de apenas 13 años vio pasar la sombra sangrienta de la revolución de Asturias; dos años después, con 15, el levantamiento de los perjuros y el inicio de la Guerra Civil; en 1938, con la toma de Asturias por las tropas rebeldes, la prisión y luego muerte de su abuelo, Evaristo, en tierras pontevedresas, y finalmente en 1940, con 19 años, la tortura y prisión de su padre, Francisco Álvarez Miranda, los trabajos en un batallón disciplinario franquista de su hermano José Álvarez Alonso y la desaparición de su otro hermano, Sancho, al que los falangistas le dieron el ‘paseíllo’.

“Ninguno había militado en ningún partido. Creemos que hubo una delación, no sé si por maldad o por qué, de unos vecinos. Pero nunca supimos por qué se los llevaron”, dice Teresa a cuartopoder.es. Vivían en una casa familiar y las tierras que labraban estaban arrendadas a un marqués. La delación, por lo tanto, no pudo ser para quedarse con sus bienes. Tuvo que ser, más bien, por odios miserables, por miserables rencillas.

“Primero se llevaron al abuelo Evaristo, con 77 años, pero luego, el mismo día que terminó la guerra (1 de abril de 1939), el coronel Antonio Uría, de la fábrica de armas de La Vega, en Oviedo, vino con una columna gallega a por mi padre y a por mi hermano José. Querían llevarse también a mi otro hermano, Sancho, pero no lo encontraron porque no había regresado aún del trabajo. Se lo llevaron al día siguiente, el 2 de abril”.

¿Qué ocurrió luego? Los hechos fueron dramáticos: “A mi padre, Francisco, le torturaron en el hórreo: le metieron varillas de paraguas en los oídos y le dejaron sordo. Luego, a él, y a mi hermano José, les llevaron primero a Grado para interrogarles; después, a la cárcel de Algodonera, en Gijón, y finalmente, a la prisión de San Marcos, en León, donde les torturaron a ambos. Como mi padre no les servía para trabajos forzados, lo dejaron libre, porque no había hecho nada; pero mi hermano José, aunque tampoco hizo nada, se lo llevaron a un Batallón de Trabajadores en Barcelona. Fueron 28 meses de trabajos forzados y luego a hacer la mili. Cuando se licenció, mi hermano José se fue a Argentina, donde murió muchos años después”.

Dramática historia la de Francisco y José, pero salvaron la vida. No pudo decir lo mismo el otro hermano, Sancho, a quien se lo llevaron el 2 de abril de 1939. “A mi hermano Sancho se lo llevaron a Grado y lo encerraron en la casa de un indiano que habían convertido en prisión. Un día fuimos a llevarle una manta, porque hacía mucho frío, pero desde unos ventanucos que daban al sótano escuchamos a otros prisioneros que decían: ‘A Sancho le han dado el paseo’. Nunca le volvimos a ver”.

Las otras víctimas cuya historia investiga la justicia argentina

Puede que la historia de Teresa sea arquetípica de lo que pasó en los años más ominosos de la historia de España, pero la juez María Servini ha recibido también de labios de otros protagonistas todo un muestrario del horror del que fue capaz el régimen franquista.

No menos lamentable es la historia de Faustina Romeral Cervantes, de 90 años: fueron represaliados su padre, su madre y ella misma, que fue detenida junto con sus padres cuando tenía 15 años. Mataron a su padre, y a su madre la condenaron a prisión. Faustina fue liberada, pero quedó sola y despojada de su casa. Luego, ella misma sufrió prisión entre 1947 y 1953.

Estos han sido los últimos testimonios escuchados en vivo por la juez Servini en la Audiencia Nacional, junto con el juez Jerónimo Andréu, pero desde el 18 de mayo, esta juez argentina -a la que no afecta la eliminación de la ‘justicia universal’ que ha declarado el aún ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón– ha oído otras historias igual de espeluznantes en Andalucía y País Vasco.

Por ejemplo, las de Julen Kalzada Ugarte y su hermana Luisa, en Euskadi. O la de Félix Padín, de 97 años, miliciano anarcosindicalista internado en campos de concentración de Miranda de Ebro. O la de la andaluza Antonia Parra, nacida dos meses después del asesinato de su padre, Antonio Parra Ortega, cuyos restos se encuentran supuestamente en la fosa del cementerio de Marchena. O la del sevillano F. M. C., de 90 años, que tenía 14 en septiembre de 1936, cuando asesinaron a su padre, Manuel Marín Rodríguez, en las tapias del cementerio de Sevilla: dejó viuda y seis hijos, y su esposa estaba embarazada del séptimo.

O, en fin, del también andaluz F. R. N., de 87 años, que tenía 10 cuando asesinaron a su abuelo Francisco de Paula Nodal Avala, de 63 años, y a su tío materno Antonio Nodal Pulido, en Carmona, por aplicación de bando de guerra. Sus cuerpos se encuentran en distintas fosas comunes en Carmona y el Viso del Alcor, en Sevilla.

 es del batallón de trabajo donde tuvieron a uno de los represaliados.

Así se gestó el último parte de Franco: «La guerra ha terminado»

Día 30/03/2014
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Cuando se cumplen 75 años, ABC accede al documento original con el que el Caudillo decretó el fin de la Guerra Civil

La voz de Fernando Fernández de Córdoba, actor de profesión, sonó a través de la ondas poco después de las 10.30 con el habitual énfasis y engolamiento, pero también especialmente emocionada. Era un momento muy especial y eso pesaba en el ambiente. Fue entonces cuando se escucharon en todo el país las famosas palabras: «Parte oficial de guerra, del cuartel general del generalísimo, correspondiente al día de hoy, primero de abril de 1939, tercer año triunfal. En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos, primero de abril de 1939, año de la victoria. El generalísimo Franco».

De esa forma se ponía punto final a una de las etapas más trágicas de la historia de España, una guerra fratricida que había dejado tras de sí cerca de 200.000 cadáveres y miles de exiliados. Aún quedarían algunos focos de resistencia y continuarían las ejecuciones fruto de la represión posterior. Pero, en ese momento, el bando nacional celebraba su victoria.

Poco antes del mensaje radiofónico, la noticia de la caída de la última resistencia republicana en la provincia de Alicante, en cuyos muelles había tenido lugar una desesperada y agónica huida de partidarios de la República, había llegado hasta el palacio de los Muguiro, en el Parque de la Isla, en Burgos, cuartel general y sede del gobierno de Franco, desde donde este dirigía las operaciones militares desde mediados de 1937.

Así se gestó el último parte de Franco: «La guerra ha terminado»

abc
Martínez Maza con Franco

A aquellas horas, el general se encontraba en la cama, aquejado de una gripe, y se dice que fue la única enfermedad capaz de postrarlo durante el tiempo que duró la contienda. Algunos opinan que la fiebre fue resultado del final de la tensión que había soportado durante esos tres últimos años, cuando ya el avance de sus tropas era casi un paseo militar desde la caída de Madrid el 28 de marzo. A la habitación entró el teniente coronel y ayudante de campo de Franco, José Martínez Maza, para comunicarle la ya esperada noticia. Franco respondió con un escueto «muchas gracias».

Correcciones del documento

El autoproclamado Jefe del Estado se levantó y se dirigió a su escritorio, donde escribió un primer borrador. Tras finalizar, lo repasó e hizo algunas correcciones: puso «cautivo y desarmado el ejército rojo» encima de «haber desarmado a la totalidad del ejército Enemigo rojo»; cambió «fuerzas» por «tropas» y escribió «objetivos» con todas sus letras encima de la abreviatura. Hizo un último repaso, lo pasó a limpio y se lo dio a su ayudante para que fuera mecanografiado. Según José María Zavala en su libro «1939. La cara oculta de los últimos días de la Guerra Civil», «pese a ser el más hábil de los nueve taquimecanógrafos del cuartel general, el soldado Muñoz Navarro fue incapaz de terminar aquel último parte de guerra. Temblaba de emoción mientras introducía el cliché de multicopista en el rodillo de la máquina de escribir».

El teniente coronel Antonio Barroso fue el encargado de llevar una copia hasta los estudios de Radio Nacional, donde fue leído al país. Del cliché se realizaron tantas copias que quedó inservible. Incluso, cuenta Zavala, «los propios mecanógrafos tuvieron que desprenderse de sus copias para atender la demanda de personajes importantes».

Pero, poco antes, el comandante Martínez Maza le preguntó a Franco si se podía quedar con ese papel amarillento, además del lápiz con el que habían sido escritas aquellas palabras. Franco no puso objeción.

En exclusiva

Así se gestó el último parte de Franco: «La guerra ha terminado»

e. agudo
Mercedes Martínez, hija del teniente coronel, con el parte

Así ha permanecido este documento, primero en las manos del teniente coronel hasta su muerte en 1963, y después en las de sus familiares. Excepto una fotografía en blanco y negro realizada por la agencia Efe hace varias décadas, no existía ninguna otra imagen pública de este borrador. Hoy, ABC muestra en exclusiva y en color este trozo de la historia de España, justo cuando se cumplen 75 años de la redacción de las famosas palabras que tantas vidas había costado redactar. Mercedes Martínez, hija del teniente coronel protagonista de este relato, cuenta algunos detalles, como, por ejemplo, la explicación de la utilización del término «Año triunfal» desde el inicio de la contienda. Según ella, «tanto Franco como mi padre eran muy católicos, y, según la Iglesia, no se podía empezar una guerra si no se estaba seguro de que se iba a ganar. Por eso aquella frase debía responder a ese convencimiento en la victoria».

José María Martínez Maza, el filtro de Franco

España, vendida al fascismo

La ayuda militar y económica prestada por Alemania e Italia desde los primeros compases de la guerra fue clave para la victoria del ejército de Franco. El Estado español de abril de 1939 debía a Hitler 372 millones de marcos y a Mussolini 6.926 millones de liras

ALEJANDRO TORRÚS Madrid 30/03/2014 08:00 Actualizado: 30/03/2014

Hitler y Franco durante su encuentro en Hendaya.

Hitler y Franco durante su encuentro en Hendaya.

Mito número uno de la Guerra Civil española: el conflicto bélico debe ser interpretado en clave interna y la fecha del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 se explica por el asesinato de Calvo Sotelo el 13 de julio del mismo año y la “anarquía” a la que conducía la República. Mentira. La realidad es que la elección del 18 de julio como fecha del golpe se explica por los contratos de compra de armas que los conspiradores monárquicos firmaron con la Italia fascista de Mussolini el 1 de julio mediante los cuales los italianos se comprometieron a entregar a los golpistas 47 aviones de guerra y miles de bombas, ametralladoras y municiones.

“De todos los países que intervinieron en la Guerra Civil el que más recursos invirtió fue, sin duda, Italia, que sin embargo era más débil que Alemania y la Unión Soviética, porque Mussolini consideró que podría influir en la orientación futura de la política española”, explica el historiador Ángel Viñas en la obra 75 años después. Las claves de la Guerra Civil española (Ediciones B) de Mario Amorós, que asegura que la firma de los contratos con la Italia fascista demuestran que “los conspiradores pensaban que el golpe de Estado podía fácilmente derivar en una guerra civil” y que el asesinato de Calvo Sotelo no afectó a la sublevación militar. “La sublevación hubiera estallado igualmente. Todo estaba preparado. Incluso el ‘detalle’ de los aviones”, prosigue Viñas.

“De los países que intervinieron en la guerra el que más recursos invirtió fue, sin duda, Italia”, apunta Viñas

El historiador Ángel Viñas desveló en la obra colectiva Los mitos del 18 de julio (Crítica) los contratos que materializaron la ayuda italiana. Fueron, exactamente, cuatro documentos con sus correspondientes anexos. El primer contrato ascendía a un valor 16.246.750, 55 liras e incluía doce aviones Savoia 81; 10.000 bombas de dos kilogramos; 500 bombas de 50 kilos; 1.500 de 100; y 100 de 250; más carburantes y lubricantes. “Es muy importante destacar que los suministros objeto de este primer contrato debían entregarse durante el mes de julio. Es decir, eran la punta de lanza que había de asegurar el éxito de la sublevación en el curso de las siguientes semanas”, asegura Viñas.

Los tres siguientes contratos recogieron la compra de decenas aviones caza CR 32, hidroaviones Macchi 41, un hidro Savoia 55X, proyectiles perforantes, más motores, ametralladoras, etc. En total, estos cuatro contratos. “El importe final de los contratos romanos ascendió, pues, a la suma de 39.286.876,37 liras (…) En resumen, se trató de un montante de 339 millones de euros. Una cifra nada desdeñable, aunque menos desdeñable era que había que pagar a tocateja, a la entrega del material”, escribe Viñas.

El Duce financia a Falange

La ayuda militar contemplada en estos cuatro contratos descritos no fue la única que Mussolini prestó a los sublevados. Desde junio de 1935 el Duce estuvo transfiriendo 50.000 liras mensuales. La operación -describe José Ángel Asiaín en La financiación de la Guerra Civilespañola (Crítica)– se rodeó del más estricto secreto, hasta tal punto que incluso José Antonio Primo de Rivera iba cada dos meses a París a recoger personalmente los fondos, no utilizando en ningún momento los servicios de los medios italianos en Madrid, ni la valija diplomática.

“En todo caso, parece claro que esa subvención permitió a Primo de Rivera y a los falangistas emanciparse financieramente y que el partido pudiera satisfacer sus necesidades más perentorias sin recurrir a la ayuda de los monárquicos”, escribe José Ángel Asiaín.

Bonos del Tesoro para Mussolini

Una vez acabada la Guerra, el Gobierno de Franco procedió a la negociación de la liquidación de la deuda con el Gobierno italiano. El total del crédito ascendía a 6.926 millones de liras más otros 300 millones que había prestado la banca italiana. El proceso de liquidación no planteó, en cambio, ningún problema, debido a “la generosidad que en todos los momentos las altas jerarquías del Estado italiano”, dice Sánchez Asiaín. “El Gobierno italiano propuso fijar en 5.000 millones de liras la deuda total. El resto quedaba condonado”, escribe el economista, que añade que la devolución del crédito de 300 millones de euros fue objeto de “un acuerdo especial”.

Así, para la devolución de tal cantidad de dinero el Gobierno español debía emitir, y consignar a favor del Gobierno italiano, bonos del Tesoro español no transferibles ni pignorables. El acuerdo fue materializado en el BOE el 5 de febrero de 1942 cuando se estableció que, superadas “las dificultades de orden material para confeccionar los títulos en que se ha de quedar representada la deuda al Gobierno de Italia por suministros especiales durante ‘la guerra española de liberación’ , el ministro de Hacienda emitiría y entregaría a la administración central del Banco de Italia cinco mil bonos del Tesoro español de un millón de liras cada uno.

El resultado de la II Guerra Mundial fue favorable a los intereses de España, al menos, en lo referido a la devolución de la deuda. La notable depreciación de la lira, que se produjo en el período 1942-1967, provocó que el peso de la deuda disminuyera considerablemente, en términos reales, para la España de Franco.

La ayuda de la Alemania de Hitler

Pero sí la ayuda de Italia fue la más importante en términos cuantitativos, la alemana tuvo especial importancia en términos cualitativos. Si bien Mussolini había prestado su ayuda con la intención de influir al máximo en la política española, Ángel Viñas relata que fue Hitler y su III Reich el que fascinó al general Francisco Franco. “En el transcurso de la Guerra Civil la nación que deslumbraría a Franco fue Alemania, no Italia. Por eso, cuando acabó la contienda, Franco gravitó hacia el III Reich a pesar de los roces que había tenido con ellos“, asegura Viñas, que afirma que si bien Franco tomó muchas cosas importantes de la Italia fascista como “los sindicatos verticales” él estaba “fascinado” por los nazis.

“Los golpistas trataron de acercarse desde el primer momento a Alemania en busca de ayuda”

Al contrario que la Italia fascista, la Alemania nazi no tuvo nada que ver con el golpe de Estado de 1936. Los alemanes no intervinieron en España hasta que comenzó la Guerra Civil. Los golpistas trataron de acercarse desde el primer momento a Alemania en busca de ayuda. El proceso oficial de petición de ayuda de los sublevados a Alemania comenzó el 21 de julio, cuando Franco, tratando de llegar a Hitler de la forma más directa y rápida, recibió a Johannes Berbhardt, del que sabía que estaba en condiciones de contactar con facilidad, y sin trámites administrativos, directamente con el propio Hitler.

Entre los motivos por los cuales Hitler aceptó la petición de ayuda de Franco se encuentra, según Sánchez Asiaín, la “simpatía hacia los planteamientos anticomunistas” y la posibilidad de “utilizar el conflicto español como un laboratorio para mejorar las técnicas de los ejércitos alemanes”. Así, Hitler decidió mandar unos JU-52 de transporte cuanto antes a Marruecos para trasladar a las tropas de Franco a la península.

Sin embargo, los motivos políticos no fueron los que más pesaron en la decisión de Hitler. Relata el autor de La financiación de la Guerra Civil española que “pronto quedó claro que la península Ibérica formaba parte de sus objetivos comerciales, y que la riqueza minera era un importante objetivo”. “La intervención alemana en la Guerra Civil española, y el volumen de su ayuda, no puede entenderse sin tener en cuenta la política de aprovisionamiento de materias primas, especialmente de minerales aplicados a las necesidades de guerra”, escribe.

A través de varias empresas, Hitler trazó un “perfecto mecanismo” para explotar la dependencia de Franco de la ayuda militar y económica alemana. La más importante de ellas fue Hisma, que se convirtió en un instrumento decisivo de la influencia alemana cuyo último objetivo “era reducir España a una especie de protectorado alemán”.

372 millones de marcos

Así, una parte considerable de la deuda que España contrajo con Alemania fue pagada por compensación, es decir, con exportaciones españolas a Alemania, sobre todo de minerales. Cabe recordar que en enero de 1939, casi la mitad del comercio exterior de la España de Franco se dirigía a Alemania y que, por otra parte, ha quedado más que demostrado que los alemanes intentaron cobrarse con creces su ayuda, y que para conseguirlo hicieron todo lo que estuvo en sus manos, al menos, hasta su derrota en la II Guerra Mundial.

Una vez terminada la Guerra Mundial, Alemania fijó la deuda de la España de Franco en 372 millones de marcos, incluyendo el coste de la Legión Cóndor, que los alemanes cifraron en 99 millones de marcos. No obstante, la dictadura de Franco y la de Hitler jamás llegaron a un acuerdo para devolver el importe de la deuda aunque sí que encontraron una solución política de entendimiento mutuo para demorar el acuerdo firmado en 1941 que permitía a los alemanes hacer compras en España sin pagar su importe. “Y minerales, aceite y naranjas, entre otras cosas, fueron enviados a Alemania sin generar divisas para la economía española”, concluye Sánchez Asiaín.

http://www.publico.es/politica/511227/espana-vendida-al-fascismo

Represión Franquista en Valladolid – Un club infernal

Y las oficinas están íntegras, tal cual estaban en 1936. Aquellas oficinas, símbolo del dolor, testigo de las escenas más atroces; esos locales donde los familiares recibían la noticia temida; la puerta de entrada de los detenidos al infierno, sigue hoy en pie: un pequeño edificio de ladrillo rojo, en cuya fachada ondea la bandera nacional los días de fiesta, un edificio ominoso reconvertido en un club para personal militar.

Las oficinas de Cocheras son hoy un casino militar

Las cosas que han pasado en un lugar dejan, según un amplio parecer, huellas visibles e invisibles. Puede que no sea así, pero la mayoría de la gente que conozco evitaría irse de copas a un bar abierto sobre un cementerio, por ejemplo.

Y no por temor a los muertos, precisamente, sino por respeto a su memoria. En nuestra ciudad existieron varios lugares infernales, donde la muerte, el dolor y la desesperanza moraron durante años. Uno de esos lugares se encuentra en pleno centro de la ciudad: se trata de las cocheras donde se guardaban y reparaban los tranvías vallisoletanos. Estas cocheras, compuestas por dos grandes naves que delimitaban un patio y un edificio de oficinas, estaban situadas en el Paseo del Príncipe, hoy rebautizado como Arco de Ladrillo. Las oficinas tenían su acceso por el Paseo de los Filipinos, frente por frente del Campo Grande.

En 1936 ya no circulaban los tranvías por las calles de la ciudad, que se modernizaba adoptando nuevos medios de transporte. Las vías habían desaparecido de las calles, y los viejos tranvías iban pasando a mejor vida en aquellas cocheras, a la espera de su destino final.

Pero las cocheras iban a tener un nuevo uso tras el 18 de julio de aquel año. Y es que, saturada la Cárcel Nueva (inaugurada en junio del año anterior), los golpistas llenaron de detenidos la Vieja; después, el antiguo Matadero municipal; llevaron detenidos al campo de fútbol, y por fin determinaron destinar las naves de las cocheras a campo de detención.

A principios de septiembre de 1936, los lugares de detención vallisoletanos estaban completamente definidos: los hombres en general, a las cocheras; las mujeres, a la Cárcel Vieja de Chancillería; los jóvenes, los que iban a ser juzgados y los condenados a muerte, a la Cárcel Nueva.

Las cocheras de tranvías de Valladolid llegarían a ser legendarias. La inmensa mayoría, por no decir todos los detenidos de la provincia, fueron a parar a ellas en uno u otro momento. Allí, hacinados en el suelo de las naves, organizados según el orden alfabético del pueblo del que provenían, esperaban un destino incierto.

Las naves eran dos, una mayor que otra; en los momentos álgidos de la represión pudo haber 1.600 detenidos en la pequeña y quizá unos 3.000 en la mayor. Los detenidos iban y venían: muchos entraban, y también muchos fueron sacados por las noches por patrullas que traían listas con los nombres de los que iban a morir. Los hombres, acurrucados sobre sus propias ropas, se tapaban las cabezas con abrigos y tapabocas, según fuera su condición, al oír los pasos y los gritos que anunciaban la sentencia. Después, el silencio. Los nombres gritados a voz en cuello. Los sollozos, las palabras de adiós.

En los días de visita, madres y hermanas se afanaban por acercarse a las puertas de las oficinas con sus paquetes en las manos. El que recibía comida era un privilegiado. El que además contaba con ropa limpia, tabaco o un colchón, podía considerarse una persona con suerte.

Pero prácticamente a diario se vivían en aquellas oficinas dramas desgarradores. Los guardianes comunicaban a aquellas mujeres que su marido, su hermano, su padre o su hijo ya no se encontraba allí. Unas veces les decían que habían sido puestos en libertad. Otras, que los habían trasladado de prisión. Y aunque ya se sabía (y después los demás presos lo refrendaban) que los desaparecidos habían sufrido “un paseo”, muchas mujeres permanecían haciendo guardia, sentadas en el suelo, desesperadas, llorando en las afueras de las oficinas, esperando ver algo que les aclarase la situación para bien o para mal.

Estas vigilancias llegaban a su fin con la confirmación del asesinato que los compañeros del infortunado daban a sus familiares, algunas veces acompañada de objetos personales que la víctima, segura de su destino, entregaba a algún amigo o compañero para que lo hiciera llegar a su familia.

Este campo de detención estuvo en funcionamiento más de tres años, y por él pudieron pasar alrededor de 5.000 personas. No hay rincón en la provincia que no conozca las famosas cocheras y a algún vecino que estuvo detenido en ellas, en el mejor de los casos, o a alguno que en ellas desapareció.

Hoy podéis ver sus restos: se hallan en el Arco de Ladrillo. El patio donde los presos se lavaban con el agua helada de un caño y hacían sus necesidades en una zanja, cavada por los que vestían traje para humillarlos más, aparece reconvertido en un aparcamiento de coches. En la esquina se ha construido un enorme bloque de pisos. El patio está limitado por una pequeña nave adjunta a la Consejería de Sanidad.

Y las oficinas están íntegras, tal cual estaban en 1936. Aquellas oficinas, símbolo del dolor, testigo de las escenas más atroces; esos locales donde los familiares recibían la noticia temida; la puerta de entrada de los detenidos al infierno, sigue hoy en pie: un pequeño edificio de ladrillo rojo, en cuya fachada ondea la bandera nacional los días de fiesta, un edificio ominoso reconvertido en un club para personal militar.

Y mientras los socios disfrutan de sus cervezas y sus vermuts en su “casinillo”, muchos vallisoletanos, sobre todo los más ancianos pasan ante su fachada bajando la cabeza ante lo que consideran un club infernal.

Beatos y cínicos

 

JOSÉ MARÍA GARCÍA MÁRQUEZ* 14/10/2013

 

Vaya por delante que en mis investigaciones no me he tropezado nunca con ninguno de los religiosos beatificados el pasado 12 de octubre en Tarragona. Y de veras que lo lamento, aunque de todas formas existe un problema operativo: las declaraciones de los testigos en las causas de beatificación son secretas y los historiadores no pueden verlas. De tal forma que sería imposible contrastarlas con otras y con diversas fuentes documentales. Ese secretismo, que sería inadmisible en una disciplina científica como la historia, sigue siendo practicado por la Iglesia católica. Así, por ejemplo, si la Iglesia nos dice que fulanito murió “perdonando a sus verdugos”, tendremos que utilizar la “fe” para creerlo, pues no podremos contrastar al testigo que supuestamente presenció la muerte del beato y, por tanto, contradecir o negar su testimonio. Es una práctica vieja esta del secretismo en la Iglesia. Siempre les ha ido bien con ella y no tienen, por tanto, que cambiarla.

Además, esas cosas para la Iglesia son terrenales y es cuestión de darles tiempo. A veces, incluso, consideran que deben de reconocer algo y entonces no tienen inconveniente en confesar ciertos errores de la Iglesia, como ocurrió con Galileo. El problema, claro, es que cuando llegó esta confesión de la mano del papa Wojtyla, Galileo llevaba más de tres siglos muerto y, no obstante, la comisión que creo el mismo papa determinó que la postura de la Iglesia había sido la correcta y que Galileo anduvo equivocado, postura que el siguiente papa Ratzinger ratificó íntegramente. Y eso en el caso de Galileo. No sabemos que habría hecho el papa Francisco que, en otro gran ejercicio de fe para los contrarios, nos dice ahora que nunca ha sido de derecha.

En nuestro país tampoco la Iglesia fue nunca de derecha durante la Segunda República y la dictadura. Es cierto. Su posición se situó en la extrema derecha y así continuó durante años hasta que la descomposición de su gran aliado, el franquismo, le hizo adoptar precipitadamente posturas más acordes con los tiempos que se avecinaban. Como decía el historiador Ricard Vynes: la Iglesia no colaboró con el franquismo, la Iglesia formó parte del franquismo. La beligerancia de la Iglesia la colocó con claridad junto a los militares golpistas y terratenientes y, como ellos, recibió la violenta contestación de la exacerbación popular desatada por el golpe. No había ninguna diferencia en la fe de los militares golpistas, los falangistas, requetés o patronos y terratenientes con los religiosos. ¿Y estos serán llamados mártires y aquellos simplemente muertos? Fueron más, muchos más aquellos que los religiosos muertos. ¿Por qué después de conspirar unidos, de combatir unidos a la República, ese interés en diferenciar sus muertos de otros?

Como les decía, no he podido investigar esos religiosos beatificados en Tarragona, no es el ámbito territorial en el que desarrollo mi trabajo, pero sí he tropezado con otros casos de religiosos muertos, incluso algunos de ellos también beatos.

Constantina, por ejemplo, fue el pueblo sevillano donde más se atentó contra la vida de religiosos. De los catorce religiosos que murieron en la provincia de Sevilla (menos de los que los franquistas mataron en el País Vasco), tres fueron asesinados en aquel pueblo. El problema es cómo explicar por qué dos sacerdotes más (uno de ellos especialmente querido en el pueblo por su amistad con los pobres) y las religiosas del convento de la Doctrina Cristiana, fueron respetados sin que nadie atentara contra ellos. ¿Es que la fe de los tres primeros era distinta de los demás? No. Por supuesto que no. La “persecución” no se llevó a cabo contra la Iglesia o contra la fe, sino contra algunos miembros de la Iglesia, que es bastante diferente. En Morón de la Frontera, después del golpe, se llevó a cabo la detención de más de treinta derechistas y entre ellos tres salesianos. Un cuarto no fue molestado, al igual que los otros ocho religiosos que había en el pueblo y tampoco sufrieron agresión física alguna las monjas Jerónimas del convento de Santa María, las Concepcionistas del convento de San Juan de Dios y las monjas de la Caridad del Hospital Municipal. ¿Se estaba persiguiendo la “fe” de los tres salesianos detenidos únicamente? ¿Y el resto? ¿Eran descreídos, quizá? Las medias verdades siempre suelen terminar en grandes mentiras. Pero hay más.

Dos de los salesianos que resultaron muertos (el tercero sobrevivió) fueron declarados mártires de la fe en la masiva beatificación de 2007. Pero no murieron por su fe, ni mucho menos, incluso uno de ellos, el salesiano José Blanco Salgado, estuvo disparando contra los trabajadores desde el cuartel de la Guardia Civil (es obvio que pese a lo que diga el papa Francisco, no es muy imitable este mártir). Su muerte fue miserablemente provocada por el teniente de la Guardia Civil José Chamizo para intentar él mismo salvarse con los suyos, obligando a un grupo a salir del cuartel para poder escapar a fuego limpio por otra calle. ¿Dónde están los testimonios de la beatificación de estas personas? Me gustaría verlos, porque la información de la que disponemos (publicada y documentada) no guarda relación alguna con el martirio de estos hombres. Y estos casos en absoluto pueden negar que otros religiosos hayan sido asesinados por el mero hecho de serlo, pero evidencian la forma en que se han llevado a cabo los masivos procedimientos de beatificación. Los crímenes cometidos contra religiosos, como contra cualquier persona, fueron abominables, pero hay que saber medir el alcance y la utilización de todos ellos. Los debates tienen que ser claros, públicos y documentados, lo demás es historia sagrada, no historia.

Por cierto, todavía la Iglesia de Morón tiene pendiente una deuda, una gran deuda con los cuatrocientos cuarenta vecinos muertos y ochenta y cinco en paradero desconocido identificados que ocasionaron los sublevados. Total, algunos dirán que qué son 525 víctimas moronenses comparadas con la inmensidad del océano. Pues yo les diré lo que son: tres más que los 522 beatos del 12 de octubre, y estamos hablando solamente de un pueblo andaluz, con beatos y todo, donde la Iglesia sigue en silencio. ¿Olvido? ¿Cinismo? Será sencillamente que necesitan más de tres siglos como con Galileo. Y dicho sea de paso, ¿qué hace un ministro de justicia en un acto como ese cuando el gobierno que representa no cumple una Ley como la de Memoria Histórica? ¿No quedamos que es un acto exclusivamente “religioso” como dice la Conferencia Episcopal?

¿Para cuándo la Iglesia arrodillada ante las víctimas de la sublevación y la dictadura? Señor Rouco ¿está usted ahí?

*Investigador e historiador

http://www.publico.es/474646/beatos-y-cinicos

 

Vuelve el fascismo, promovido desde el PP

El tablero global

Carlos Enrique Bayo

 

 

11 oct 2013

A nuestro ministro del Interior le parece que “no hay que generar alarma social” ni cuando los neonazis atacan la delegación de la Generalitat en Madrid y causan cinco heridos. Pero un escalofrío está recorriendo la espina dorsal de Europa porque, una vez más, y otra vez en medio de una gravísima crisis económica y de valores, la ultraderecha escala desenfrenada hacia el poder político… incluso en Francia, donde algunas encuestas ya colocan en primer lugar para las próximas elecciones europeas al Frente Nacional de Marine Le Pen.

 

En cambio, Jorge Fernández Díaz sostuvo tras el asalto al Centro Cultural Blanquerna que ese auge neofascista “no responde a la realidad”. Como es costumbre con las declaraciones de los ministros del PP (que parecen vivir en una realidad aparte) inmediatamente después (incluso antes) los hechos han desmentido rotundamente sus afirmaciones… quizá fundadas en una cierta incapacidad para distinguir el fascismo de la política neoliberal de su propio partido.

 

Previamente, en agosto, el líder de las juventudes del PP de Xátiva, Xesco Sáez, apareció haciendo el saludo fascista en su perfil de Facebook y no sólo no fue sancionado sino que incluso recibió el respaldo de las Nuevas Generaciones de otras localidades. Así que poco puede extrañar que la nueva campaña en vídeo lanzada ahora por los conservadores #SomValencians incluya un vídeo en el que aparecen militantes de los ultraderechistas España 2000 y Grup d´Acció Valencianista.

 

Nada más comenzar los calores del verano, el Gobierno de Rajoy empezó a retratarse: primero, la televisión pública de todos los españoles, RTVE, utilizó el apelativo “caudillo” para referirse al dictador fascista; y después del interregno de agosto, el Ejecutivo avaló que se siga llamando “Generalísimo” a Francisco Franco, como se hace en el Museo del Ejército del Alcázar de Toledo, por “estrictos criterios museográficos”. Todo ello para mantener las tesis del politólogo franquista Juan Linz al servicio de la Guerra Fría, como explicaba magistralmente en Público hace poco el profesor Vicenç Navarro.

 

Infunde espanto que todo esto ocurra en nuestro país –no sólo impunemente para los promotores de la ideología fascista, sino bajo el amparo del partido en el poder– mientras el resto del mundo civilizado trata de contener el resurgir de ese ideario tan querido por los actuales dirigentes del Partido Popular. Cuando la Justicia argentina dicta orden internacional de arresto contra torturadores del franquismo por crímenes de lesa humanidad, la Fiscalía española se niega a cumplir los compromisos jurídicos internacionales de España, aduciendo el indefendible argumento de que “hace mucho tiempo” que ocurrieron esas monstruosidades imprescriptibles. Cuando la mismísima ONU exige a España que acabe con la “impunidad en los casos de desapariciones forzadas ocurridas durante la Guerra Civil y la dictadura”, nuestro ministro de Exteriores responde que “estudiará con cuidado” el asunto, y vuelve a enterrar esa aberración en un cajón, como si 130.000 desaparecidos y decenas de miles de niños robados fueran peccata minuta. Igual que el Gobierno español ha hecho cada vez que la comunidad internacional le ha exigido que repudie la barbarie fascista del franquismo.

 

No hay interlocutor alemán, francés, británico, estadounidense, italiano, nórdico… que no muestre su horror e incredulidad cuando se entera de que España es el único país del mundo donde se niega toda reparación, cualquier tipo de justicia, incluso el mero consuelo de dar entierro digno a sus familiares fusilados o torturados hasta la muerte por una dictadura filonazi, a las víctimas de esa monstruosidad franquista que hoy sigue defendiendo el PP. Las instituciones jurídicas continuadoras de ese régimen dictatorial, mal llamadas hoy “Administración de Justicia”, cercenan todo intento de hacer verdadera justicia e incluso inhabilitan a los jueces que se rebelan ante tamaña injusticia, insensibles e indiferentes al escándalo internacional que eso provoca. Como bien dijo Baltasar Garzón a la juez argentina María Servini, “en España no hay ninguna posibilidad de investigar el franquismo”.

 

No sólo eso, sino que las autoridades del PP están exaltando hasta el propio nazismo, como han hecho en un mercadillo amparado por el ayuntamiento en el colegio público Príncipes de Asturias de Quijorna (comunidad de Madrid), justificando que “la exposición no está pensada para fijarse en las cruces gamadas, sino en símbolos militares”. Es decir, los miembros del Partido Popular equiparan a todo Ejército con el significado de la parafernalia hitleriana. Lo asombroso es que Alemania –más todavía Israel– se sientan a gusto colaborando con semejante Gobierno negacionista del fascismo franquista y colaboracionista con los neonazis españoles.

 

Por todo ello, la Historia condenará a este PP neofascista, pero también a los gobernantes de otros países que le son cómplices.

http://blogs.publico.es/eltableroglobal/vuelve-el-fascismo-promovido-desde-el-pp/627?src=lmvn