“Somos un país ocupado que vive en la mentira de la soberanía” Irak, 10 años después (I)

En conflicto

 

La herencia de la guerra pesa como siglos para los iraquíes, en especial para la minoría suní, despojada del poder y marginada por los nuevos dirigentes

Los chiíes suelen justificar el cambio político como la forma de recuperar el papel que le correspondía dada su mayoría demográfica, pero nadie considera que los cientos de miles de muertos y heridos mereciesen la pena

20.03.2013 ·

Soldados norteamericanos, durante la toma de Bagdad el 9 de abril de 2003. (Mónica G. Prieto)

Las respuestas de Saif, un ingeniero informático de Baaquba de 24 años que hace poco se mudó a Bagdad, se habían hecho esperar. Varios días después de ser contactado, junto a una decena de ciudadanos iraquíes, para solicitarle su visión de la última década transcurrida, Saif se escondía bajo un mutismo absoluto. Hasta que un e-mail de sabor amargo explicó su silencio. “Desde que leí las preguntas, estoy de mal humor. Los iraquíes nos hemos acostumbrado a vivir sin pensar, y esta entrevista me obliga a reflexionar sobre lo que ha ocurrido”, se lamentaba. “De estos años sólo recuerdo la destrucción, las matanzas, el miedo al futuro y una lucha constante hasta por el mínimo derecho, aunque aún no hemos conseguido ganar nada. En estos 10 años hemos retrocedido a la Edad Media. Vivimos en la mentira del avance tecnológico y la civilización mietras buscamos constantemente agua potable para beber y electricidad con la que iluminarnos”.

El balance de estos 10 años pesa como siglos para muchos iraquíes, en especial para la minoría suní, que se vio despojada por la invasión del poder que había ostentado durante décadas y marginada por los nuevos dirigentes. Los chiíes suelen justificar el cambio político –raramente apoyarlo o aplaudirlo- como la forma de recuperar el papel que le correspondía en la estructura del poder iraquí dada su mayoría demográfica, pero nadie considera que los cientos de miles de muertos y heridos mereciesen la pena.

Al contrario que la mayoría de consultados, Saif nunca apoyó la idea de una invasión militar para acabar con la dictadura de Sadam Husein. “Sabía que una invasión significa la destrucción de una comunidad”, escribe en su correo. Hace 10 años, cuando una profusa campaña mediática había preparado el terreno para la ocupación/destrucción de Irak, en el Bagdad de Sadam nadie se pronunciaba abiertamente a favor de la misma, pero el mismo día 9 de abril, cuando la simbólica estatua de la Plaza Firdous fue derribada por un tanque norteamericano consumando el espectáculo que tanta sangre derramó y tanta sangre iba aún a derramar, los iraquíes cambiaban súbitamente su discurso. “Nadie quería a Sadam, pero nos habría gustado que el cambio viniese desde dentro. Les agradecemos que nos hayan librado del dictador, pero ahora, que se marchen, por favor”, musitaba un historiador un 10 de abril de hace 10 años tras atravesar juntos uno de los puentes sobre el Tigris, donde decenas de cadáveres yacían aún atrapados en los hierros retorcidos de sus automóviles, alcanzados por disparos norteamericanos.

Su discurso resumía lo que, a lo largo de los siguientes años, me dirían tantos otros iraquíes en viajes a la antigua Mesopotamia. Sadam había sido un dictador odiado, no sólo por las desapariciones forzadas en prisión, torturas ante cualquier atisbo de disidencia, las matanzas contra kurdos y chiíes y la represión cultural y religiosa contra ambas comunidades- sino por la guerra contra Irán o por la aventura militar que le llevó a invadir Kuwait en 1991 provocando 10 años de sanciones económicas que empobrecieron hasta un punto indescriptible a la que fue una sociedad pudiente y educada. Pero los iraquíes eran demasiado orgullosos para vivir bajo ocupación militar. No tardaron ni siquiera horas en plantar cara a los invasores, al principio de forma desorganizada y más tarde mediante una miriada de grupos insurgentes que aún hoy siguen activos en el nuevo Irak.

Un hombre con su hijo, amputado por una explosión. El resto de su familia pereció ese día. (Mónica G. Prieto)

La invasión de 2003 tenía todos los ingredientes para acabar en desastre. Fue justificada con mentiras, se llevó a cabo de forma ilegal y una vez consumada marginó a la sociedad iraquí en sus decisiones. Todas las medidas que se adoptaron, desde la democracia sectaria hasta la desarticulación de las fuerzas del orden, parecían destinadas a promover el caos. Los saqueos fueron indecentemente tolerados por las tropas norteamericanas: en el Museo Arqueológico de Bagdad, mientras alibabas de ojos enloquecidos y sonrisa tenebrosa se llevaban piezas de valor incalculable, los soldados norteamericanos fumaban para matar el tiempo en los carros de combate situados a un puñado de metros. Los militares invasores –la nueva autoridad del país ocupado- no intentaron prevenir los robos de hospitales –recuerdo médicos saliendo de la sala de urgencias con un fusil en la mano para impedir que la oleada de ladrones, provenientes de los suburbios más miserables de Bagdad, se llevaran desde camillas hasta botellas de gas-, de escuelas, universidades y ministerios. Incluso instalaciones de alta seguridad, aeropuertos militares y arsenales del Ejército cayeron en manos de los saqueadores. Un ex alto oficial llegaría a contarme que la Fuerza Aérea iraquí había sido desmantelada a pedazos por los saqueadores. Sólo el Ministerio de Petróleo y el de Finanzas fueron protegidos por los invasores, en una declaración de intenciones sobre qué había llevado a Washington y Londres a asaltar Irak.

Para consumar la destrucción del Estado iraquí, los nuevos ‘administradores’ actuaron deprisa disolviendo los organismos de Seguridad y proscribiendo al Baaz, el partido único, lo que criminalizaba de facto a decenas de miles, sino cientos de miles, de iraquíes que se habían visto obligados a militar en el mismo para optar a un puesto de funcionario. Sin fuerzas de Seguridad, el crimen –los criminales comunes que no habían sido excarcelados por Sadam en sus últimas amnistías masivas quedaron en libertad tras la euforia de la invasión, cuando las prisiones fueron abandonadas por sus guardianes- se disparó hasta límites insospechados: los secuestros de civiles se convirtieron en una práctica común, así como los asesinatos por robo.

La educación quedó destruida porque la inseguridad era demasiado alta para enviar a los niños a la escuela, y eso dejó a una generación a merced de la guerra. Estados Unidos promovió a la comunidad chií –mayoritaria en el país y muy castigada por la dictadura de Sadam- en el poder, dejando su proyecto democrático en manos de clérigos religiosos sin experiencia política y con deseos de vengarse de décadas de afrentas, facilitando el enfrentamiento con los suníes. El estatuto de la mujer, orgullo del mundo árabe, fue revocado rescindiendo los derechos de las féminas iraquíes hasta límites insospechados. Grupos yihadistas suníes llegados a Irak para combatir contra los ocupantes y la propia resistencia armada suní, tan legítima como necesitada de ayuda, formaron un bando en conflicto en el que las atrocidades contra los chiíes –considerados colaboradores con la ocupación- eran frecuentes. En el otro lado, las milicias chiíes que, amparadas en el nuevo poder que les había concedido la potencia ocupante, actuaban con total impunidad: escuadrones de la muerte legales que torturaban, y asesinaban, en instalaciones secretas. Para muchos, otra dictadura con ínfulas de democracia. En medio, atentados masivos con coches bomba de procedencia desconocida –muchos de ellos, reivindicados por la facción local de Al Qaeda, contra barrios chiíes y otros, no reclamados, contra barrios suníes- destinados a promover un odio sectario tan inexistente en tiempos de la dictadura como el terrorismo en sí.

A partir de ahí, cuatro años de guerra civil atroz (entre 2005 y 2008) de la que no existen estudios ni balances, un doloroso capítulo del que nadie habla y que sólo benefició a los ocupantes, a salvo en sus bases mientras suníes e iraquíes se masacraban. La convivencia se transformó en una desconfianza casi paranoica. El tejido social y moral de Irak se extinguió entre los crímenes, las matanzas, las violaciones, los movimientos forzados de población y la impunidad de sus responsables.

“La unidad nacional ya se ha perdido, y no creo que volvamos a recuperarla”, continúa el joven Saif. “Ahora, las relaciones sociales son una cuestión sensible. La primera pregunta tras conocer a alguien es ‘¿de qué secta eres?. Además, tendemos a olvidar las injusticias que comete la secta a la que pertenecemos”, prosigue el informático. Abu Jamal, un profesor universitario que prefiere ampararse en el anonimato de su pseudónimo, cree que la fractura social derivada de haber implantado un modelo político sectario donde los cargos oficiales son elegidos según su comunidad religiosa, no según su valía, durará “para las próximas generaciones”. El intelectual naserista Raed al Hamed considera que el tejido social es irreparable. “Los principios sobre los que se basaba la sociedad iraquí ya no existen”, lamenta. “La identidad de los ciudadanos con su nación ha desaparecido: ahora se identifican con su secta o su etnia, no con su país. Por eso no creo que Irak siga unido en el futuro, tras el derramamiento de sangre de los últimos 10 años a manos de milicias apoyadas por el Gobierno iraquí y por Irán. Por eso, los suníes piden ahora con voz firme un Estado suní independiente, y no una confederación”.

Para Abu Jamal, que se define como laico, el objetivo de los 10 años pasados fue “la destrucción intencional de la dignidad de los iraquíes” y el principal problema actual es el “saqueo intelectual, cómo se ha echado del país a los profesionales”. Desde 2003, cuando la desbaazificación llevó al exilio de miles de profesionales iraquíes, la fuga de cerebros de la clase media-alta iraquí ha sido un fenómeno que aumentaba según crecía la violencia y la falta de oportunidades. De los encuestados para este artículo, todos salvo uno admiten que dejarían el país de poder hacerlo.

No les faltan razones. Y no se trata sólo de la pasada ocupación militar, con agresiones norteamericanas contra poblaciones insurrectas en las que  se llegó a usar armamento prohibido como las armas químicas lanzadas contra Faluya. “No hay casa de Faluya donde no haya al menos un caso de enfermedad traída por la ocupación”, asegura Umm Mustafa, responsable de la ONG de Faluya Al Rabita al Islamiya (Asociación Islámica). “Las armas químicas con las que nos bombardearon han provocado casos de cáncer, estabilidad y malformaciones congénitas en recién nacidos”.

La guerra civil provocada por la invasión anglo-norteamericana, con un coste de 800.000 millones de dólares, dejó un saldo en vidas humanas aún incierto. Las tímidas estimaciones de 150.000 muertos no se corresponden con muchos cálculos que hablan de cientos de miles de muertos –esa cifra me fue confirmada por el vicepresidente suní de Irak, Tareq al Hashimi, en una entrevista realizada en 2009- o incluso del millón de muertos, la cifra que suelen dar los iraquíes de a pie cuando se estima cuánta sangre se derramó en los años más terribles. Irak tiene hoy en día cuatro millones y medio de huérfanos, 600.000 niños viviendo en las calles, un millón de viudas y 1.3 millones de desplazados internos que no han podido volver a sus hogares por la limpieza étnica o sectaria. Del millón de refugiados que encontró asilo en Siria, se desconoce cuántos han podido regresar huyendo de la guerra civil: muchos temen represalias o una detención del Gobierno de Bagdad. Se estima que el 50% de la población iraquí vive en suburbios.

El Poder Judicial iraquí se jactaba de ser “como cualquiera de Europa”, me decía en mayo de 2009 el juez portavoz del Consejo Superior Judicial de Irak. En realidad, es una pantomima sectaria que representa los inimaginales niveles de corrupción que han convertido a Irak en uno de los países más corruptos del mundo. El caos que sobrevino a la ocupación favoreció los maletines, los contratos a dedo, las malversaciones y el robo de toda una nación. Y se adoptó la corrupción como un comportamiento generalizado y tolerable. Sólo eso puede explicar que, pese a ganar 73.000 millones de dólares al año con sus exportaciones de petróleo, Irak no disponga de suministro eléctrico constante, agua potable o de sistemas de alcantarillado o recogida de basuras. “La corrupción de cualquiera de las instituciones iraquíes puede equivaler a la de cualquier otro país conocido por su corrupción”, explica Nizar al Samarrai, ex miembro del Baaz, también contactado por correo electrónico. “No exagero si digo que la corrupción en Irak es, hoy en día, 10 veces mayor que antes”, afirma por su parte Qais al Dulaimi, un ingeniero de 53 años que trabajó en el Programa Oil for Food de la ONU en Irak y, por tanto, familiarizado con el problema de la corrupción. “En Irak no se considera que la corrupción sea un fenómeno aislado, sino un comportamiento sistemático del que participa todo el Gobierno, desde el presidente hasta el funcionario”, prosigue.

Un ex ministro definió el Gobierno iraquí como “una cleptocracia institucionalizada”. Escribía el periodista británico Patrick Cockburn estos días el resultado de un encuentro con la asesora del Ministerio de Recursos Hidráulicos Shirouk Abayachi. “Me explicó que, desde 2003, 7.000 millones de dólares han sido gastados en construir un sistema de alcantarillado para Bagdad, pero o las alcantarillas nunca se colocaron o eran de tan mala calidad” que, cuando llueve de forma masiva, “funcionan mejor las que datan de 1980”.

En general, se puede hablar de una herencia de los comportamientos aprendidos durante la dictadura. El aparato administrativo que antes beneficiaba a los suníes hoy beneficia a los chiíes, la recomendación es imprescindible para acceder a un puesto de funcionario, y la administración, en la práctica, es incompetente. Según un estudio realizado por oficiales iraquíes y citado por Cockburn, se estima que la media de tiempo productivo al día es de 17 minutos por funcionario.

En cuanto a las fuerzas de Seguridad, si antes muchos consideraban que estaban para proteger a Sadam y su círculo, hoy velan por los intereses de Maliki con los riesgos que eso implica. “La dominación de Maliki de las fuerzas de Seguridad le reporta control, pero los intentos por centralizar el poder en sus manos y marginar a sus rivales podría desestabilizar Irak y reiniciar la guerra civil”, estima el investigador británico Toby Dodge. Hay que recordar que Maliki, secretario general del Partido islamista Al Dawa -al que muchos tildan del nuevo dictador de Irak- ni siquiera ganó su puesto en las elecciones. La primera vez, en 2006, fue designado a dedo por decisión de Estados Unidos en sustitución de Ibrahim al Jaafari. La segunda, tras las elecciones de 2010, que perdió frente a un grupo secular que aglutinaba a chiíes independientes y suníes, se aprovechó de la presencia mayoritaria de chiíes en el Parlamento para llamar al voto sectario y quedarse en el cargo.

Sus vínculos con Irán son más que obvios, hasta el punto de que Irak es uno de los contados países árabes que no critica al régimen sirio en su campaña militar contra la población civil. Esa es la principal ironía de la invasión: Estados Unidos, que pretendía ganar beneficios económicos pero también geoestratégicos en Oriente Próximo creando un régimen afín a Washington, arrojó de facto a la antigua Mesopotamia a manos de Irán, su principal enemigo, hoy con una enorme influencia sobre la economía y política iraquí. “La religión es un disfraz de líderes a los que sólo les importa el dinero y aplicar agendas exteriores”, estima Saif. “La intervención iraní es evidente para cualquiera que conozca Irán, como ocurre con la intervención norteamericana. Somos un país ocupado que vive en la mentira de la soberanía”.

Leer: Irak, diez años despues (y II) Un levantamiento suní que aspira al secesionismo

http://periodismohumano.com/en-conflicto/somos-un-pais-ocupado-que-vive-en-la-mentira-de-la-soberania.html

Los bombardeos estadounidenses en Irak dejan un legado de bebés deformados

Common Dreams/Toronto Star
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

 

¿Recordáis Faluya? Esa ciudad del centro de Irak fue escenario de dos furiosos ataques de los marines estadounidenses en 2004. Esa primavera, realizaron bombardeos y una matanza indiscriminada para vengar el asesinato y mutilación de cuatro mercenarios estadounidenses. En lugar de atacar a unos 2.000 insurgentes, los marines prácticamente arrasaron la ciudad de 300.000 habitantes, sin conquistarla. Siete meses después, volvieron a atacarla con artillería y bombas en lo que se describió como la guerra urbana más sangrienta de los estadounidenses desde la Guerra de Vietnam.

¿Recordáis Basora? Esa ciudad del sur de Irak sufre desde la primera Guerra del Golfo, en 1991. Los residuos radiactivos de las 800 toneladas de bombas y del millón de proyectiles utilizados dejaron su marca en los recién nacidos con enormes cabezas, ojos anormalmente grandes, brazos atrofiados, estómagos hinchados y corazones defectuosos. Más tarde, en los años noventa, volvieron a atacar Basora como parte del mantenimiento de la zona de exclusión aérea estadounidense contra Sadam Hussein. Y la atacaron otra vez durante la invasión estadounidense-británica de 2003 y la subsiguiente ocupación.

Ahora vemos que los niños de Faluya y Basora están sufriendo un aumento alarmante de defectos de nacimiento causados primordialmente por los metales liberados por bombas, balas y casquillos, el polvo que aparece en alimentos, agua, aire, el suelo y los cultivos.

Un estudio reciente de un toxicólogo medioambiental de la Universidad de Michigan atribuye los defectos a la presencia de altos niveles de plomo, mercurio y otros contaminantes en los cuerpos de los progenitores y los hijos afectados.

El estudio confirma las cosas de las que los doctores horrorizados del Hospital General de Faluya vienen informando desde 2005. En septiembre de 2009 solicitaron a las Naciones Unidas que investigaran por qué una cuarta parte de los 170 niños nacidos allí murieron antes de cumplir una semana de vida y un alarmante 75% de los bebés muertos estaban deformados.

En 2010, la Universidad de Ulster informó de que el incremento de defectos de nacimiento congénitos, leucemia y mortandad infantil en Faluya eran superiores qa los de Hiroshima y Nagasaki en 1945.

Durante ese mismo año Mozhgan Savabieasfahani, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan, publicó un estudio epidemiológico que también muestra niveles sorprendentes de defectos de nacimiento en los niños de Faluya.

Desde entonces, ella y su equipo de doctores colaboradores en Irak y en el vecino Irán han ampliado su investigación en Faluya y Basora. El mes pasado publicaron sus resultados en el Boletín de Contaminación Medioambiental y Toxicología.

Monitorearon a 56 familias en el Hospital General de Faluya y también miles de expedientes en el departamento de obstetricia y ginecología del hospital de maternidad de Basora.

Entre 2004 y 2006 casi la mitad de los embarazos de esas familias de Faluya terminó en abortos espontáneos. Entre 2007 y 2010 más de la mitad de los niños nacidos en esas familias tenían algún tipo de malformación (en comparación con menos de un 2% en 2000). Las anormalidades incluían defectos cardíacos, extremidades deformadas o inexistentes, paladares hendidos, cabezas hinchadas, ausencia de ojos, estómagos hinchados y órganos corporales que sobresalían de paredes abdominales defectuosas.

Entre los niños con defectos de nacimiento los niveles de plomo eran cinco veces superiores y los de mercurio seis veces superiores a los de niños normales.

En Basora, los defectos de nacimiento aumentaron al 23 por 1.000 hasta 2003, un aumento de hasta 17 veces desde 1994.

Los niveles de mercurio en niños con defectos eran tres veces superiores a los de niños normales. La porción de esmalte de los dientes de leche de un niño con defectos de nacimiento mostraba casi tres veces los niveles de plomo que los de dientes de niños de otras áreas. Sus padres tenían 1,4 veces los niveles de plomo en el esmalte dental en comparación con padres de niños normales.

En todo caso los datos subestiman la epidemia, dice Savabieasfahani. Muchos padres tienden a ocultar a sus hijos con defectos y anormalidades.

Los gobiernos estadounidense y británico tratan de eludir estudios tan incriminatorios diciendo que “no tienen conocimiento de ellos”, o que es posible que los resultados no sean definitivos.

Pero Savabieasfahani me dijo por teléfono desde Ann Arbor, Michigan, que hay una “evidente huella de metal en la población” de Faluya y Basora. “Hay evidencia convincente que vincula los alarmantes aumentos en defectos de nacimiento en Irak con una contaminación neurotóxica de metales tras los repetidos bombardeos. No existe otra explicación. No ha habido una erupción de un volcán, por ejemplo”.

Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud también estudia las crisis no solo en Faluya y Basora sino también en otras ciudades iraquíes de “alto riesgo”. Su informe se publicará el mes que viene.

Estos estudios deberían ser de lectura obligatoria para todos los que todavía se preguntan por qué el mundo árabe y musulmán sigue tan indignado con EE.UU. y sus aliados.

© 2012 Toronto Star

Haroon Siddiqui es editor emérito de la página editorial del Toronto Star. Su columna aparece los jueves y los domingos. (hsiddiq@thestar.ca).

 

Fuente: http://www.commondreams.org/view/2012/10/21-2

Irak: posguerra

Un documental de Alberto Arce
Recorre Irak sin prisas. Cada día, puedes conocer una ciudad y sus gentes. Haz click sobre los puntos del mapa para hacer tu viaje

18 vídeos de 9 minutos, 14 reportajes, 30 días, 650 kilómetros, cuatro ciudades, Bagdad de norte a sur, militares, gobernadores, feministas y sindicalistas, tenderos y estudiantes, Khadamiye y Adhamiye unidos por un puente, Al Mutanabi y Abu Noass, festividades religiosas y debates laicos, obras de teatro y propaganda gubernamental, un viaje a través de Irak sin más compañía que la de un par de amigos, sin empotramientos, escoltas o chalecos antibalas.

Entre el 13 de diciembre de 2009 y el 5 de enero de 2010 viajé por el país por encargo del ICIP (Institut Català Internacional per la Pau). Tras aterrizar en Basora, recorrí Rumeitha, Najaf y Bagdad para encontrarme con sindicalistas, estudiantes, profesores, vendedores de ropa, un alcalde, un gobernador, generales, un herrero chiíta que ha adoptado a cuatro niños sunitas para protegerles o el padre de un nadador sunita que salvó la vida a siete peregrinos chiítas antes de morir ahogado en el río Tigris. Me limité a preguntar sin prisas. Comer, beber té y charlar, escuchando. Sin complejos. Historias y enfoques que no eran necesariamente los que buscaba ni los que quería traer de vuelta a casa. Los que salieron a encontrarme. Pequeñas resistencias.

Surgen maneras alternativas de practicar el periodismo. La prensa escrita, la televisión, la radio, el video, la fotografía e incluso la literatura coexisten y se transforman. Con cada vez más eco, asistimos a la mezcla de los diferentes formatos posibles con el objeto de ser publicados en Internet, sin paso previo por los medios tradicionales. Internet es ese lugar en el que se puede jugar al periodismo documental, a medio camino entre la inmediatez de lo que sucede aquí y ahora, la historia en la que se sustentan y finalmente algunas de las causas que alimentan los lodos en los que casi siempre nadamos. Siempre desde una libertad de espacios y enfoques mucho mayor que la de los medios de comunicación acostumbrados.

En Internet se puede profundizar en la historia, mostrar vídeos que no tienen suficiente duración para las pantallas de los festivales al mismo tiempo que son demasiado largos para la televisión. Historias que no “caducaron ayer” -como los redactores jefe gustan de calificar a lo que no van a publicar- que quizás ya han sido contadas y que no por eso dejan de ser menos actuales o necesarias.

Cada profesional debe elegir el modo en el que mejor se exprese para una cobertura concreta en un lugar y momento determinados. Muchas veces, la urgencia de las noticias diarias, la agenda marcada por la competencia entre empresas, la contaminación de periodistas que viajan, fotografían, filman y entrevistan en grupo o, simplemente el sensacionalismo y exclusivismo de quienes buscan simplemente llamar la atención, se llevan por delante la información y, sobre todo, la posibilidad de comprender un poco mejor a los seres humanos que la protagonizan, transmitiendo elementos críticos a quien la recibe y generando una mínima empatía con quienes viven realidades diferentes. Esa crónica de 700 palabras que debe ser enviada a las 8 de la tarde se lleva por delante gran parte de la realidad observada. La pieza de minuto medio con aguerrido locutor provisto de casco y chaleco antibalas también. Cuando además se trabaja en árabe y se depende de traducciones es positivo poder escuchar y leer con calma todo lo grabado y anotado antes de seleccionar lo que se va a mostrar.

Fruto de casi un mes de trabajo sobre el terreno y aproximadamente otro mes de mesa y trabajo ante la máquina, ya de vuelta en casa, se publica ahora un conjunto de reportajes en texto y video. Con el objetivo de sumar y completar- aquellos aspectos de la realidad que los enviados especiales no tienen tiempo de cubrir, ahora que ya no quedan corresponsales en Bagdad. También lo que los empotrados con el ejército no pueden ver ya se supone caro, peligroso o simplemente inútil regresar a Basora o Najaf asumiendo los costes que conlleva. Porque para entender lo que sucedió en las elecciones iraquíes, también es importante conocer la cotidianeidad previa y posterior, permanente en definitiva, de los ciudadanos que votan en las mismas, más allá de las partidas de mus entre formaciones políticas a escenificar a lo largo de un par de semanas de campaña electoral.

El periodismo documental apoyado por el ICIP es un formato de comunicación que no puede definirse más que como un privilegio. Tiempo y libertad para profundizar. Para pensar, madurar, traducir, editar y transmitir una parte de la realidad iraquí que no pretende ser noticia ni competir con ningún titular. Que cuesta. Dinero, tiempo y esfuerzo. Para ser generada y para leerse o verse. Porque informarse y comprender requiere también de la voluntad de quien está dispuesto a recibir y por tanto, a esforzarse. No es entretenimiento. Aprender no pasa necesariamente por divertirse. Información que no pretende, tampoco, llegar a demasiadas conclusiones. Que no trata de convencer a nadie de nada. Pero tampoco pretende disfrazarse de objetividad apegada a los hechos. No lo es. Todo trabajo proviene de una selección previa de lugares, momentos y personas. Porque se tiene una intención. Y en este caso se descubre antes de comenzar a publicarse. Abdallah, Thuwar, Ali o Zaid, protagonistas de las historias que se mostrarán, comparten algo.

Rechazan de plano la violencia y tratan de contribuir en su vida diaria a rebajar el nivel de odio, venganza, represalia y competencia armada por el poder que tanto les ha afectado, tanto a ellos como al resto de sus compatriotas. Nunca, ni en los peores momentos, abandonaron Irak, y hablan desde esa experiencia. Tratan de explicarle a un extranjero la situación que viven. Para que, a través del extranjero, quienes tengan curiosidad por comprender Irak dispongan de más instrumentos de los que tenían antes de comenzar a leer y visionar estas crónicas.

Nadie avanza por un país a ciegas. Al igual que en la mayoría de los casos el periodista extranjero que llega a Irak lo hace de la mano de un traductor que cobra por su trabajo, yo llego a Irak de la mano de un grupo de hombres y mujeres que me guían y traducen porque quieren transmitir sus puntos de vista y que le otorgan al extranjero en el Irak de 2009 y 2010 el privilegio de dormir en sus casas, acompañarles a sus trabajos y pasear por sus calles. A cuerpo.

Y tanto su trabajo como mi enfoque a la hora de tratar de compartirlo, ya de vuelta en casa, es difundido gracias a un encargo del ICIP en el marco de su programa de promoción de la paz. El periodismo siempre tiene intención y valores. En este caso, se explicitan: amplificar una voz, con intención informativa cuyo mensaje es, simplemente, de hartazgo frente a la violencia y reconciliación entre iraquíes. Algunos lo calificarán de activismo. Otros de propaganda. Es, simplemente, periodismo documental para Internet con encargo previo por parte de una entidad pública. Una nueva forma de trabajo que esperamos tenga eco no sólo en esta ocasión sino como apertura de una más de entre las nuevas formas de acercarse a la realidad que muchas personas reclaman en el marco del debate actual sobre el futuro de la información.

http://irak-posguerra.periodismohumano.com/

Miles de bebés iraquíes mueren a causa de armas químicas usadas por EE.UU.

por Telesur

Sábado, 21 de Abril de 2012
Desde el año 2003, Irak vivió sangrientos asedios por parte de las tropas estadounidenses. Cada año, son miles las vidas inocentes que sufren las terribles consecuencias de las armas químicas y los componentes altamente radioactivos, utilizados por el país norteamericano.

Luego de la intervención militar de Estados Unidos en Irak (2003-2011) el aumento de los casos de cáncer, leucemia, malformaciones congénitas, parálisis, daños cerebrales y mortalidad infantil son alarmantes.

Cada año, miles de bebés iraquíes son víctimas mortales de las armas químicas que utilizaron las tropas estadounidenses durante la intervención militar en ese país. Según datos registrados por Nadim Al Hadidi, médico del hospital de Faluya, una ciudad iraquí situada 65 kilómetros al oeste de Bagdad, tan sólo en enero de este año, 672 bebés fallecieron como consecuencia de las armas químicas en dicha localidad.

“Pero sabemos que son muchos más”, ha dicho Al Hadidi en declaraciones a la prensa local.

“Esta localidad, es hoy uno de los lugares del mundo donde nacen más niños sin cerebro, sin ojos o con los intestinos fuera de la cobertura abdominal. Lamentablemente, este tipo de casos son tan comunes que ya han pasado a ser una ‘seña de identidad’ local”, informó el galeno iraquí.

Hadidi reiteró que estas desgracias son el resultado de las pruebas de sustancias químicas y explosivos como bombas termobáricas, fósforo blanco o uranio empobrecido, usados por parte de los estadounidenses en el año 2004.

En los meses que siguieron a la invasión de Irak, en marzo de 2003, las manifestaciones contra la ocupación y los desafíos a los toques de queda se encadenaron a diario en la región de Faluya. Sin embargo, fue en 2004 cuando esta ciudad vivió dos sangrientos asedios por parte de las tropas estadounidenses. En ambas ocasiones, varias organizaciones de defensa de los derechos humanos denunciaron el uso de proyectiles de fósforo blanco, sustancia que la ONU prohíbe utilizar durante las acciones militares.

Además, algunos expertos afirman que las tropas también emplearon otros componentes altamente radioactivos como el uranio empobrecido.

“Todavía se desconoce el número total de víctimas. Muchas de ellas no han nacido aún”, aseguró Abdulkadir Alrawi, médico del hospital de Faluya.

TeleSUR-RT/ml-YIB

“La sensibilidad cultural es la clave”

“El empoderamiento de las mujeres rurales tiene que hacerse desde adentro, de acuerdo con la cultura y las normas aceptadas por las comunidades”, dijo la activista Mishkat Al Moumin cuya organización trabaja con las iraquíes de los pantanos.

19.03.2012 · IPS · Rousbeh Legatis · (Iraq)

Iraqsmile – Alaá al -marjani /AP

La fundadora de la entidad iraquí Women and the Environment Network (WATEO) fue ministra de Ambiente de ese país entre 2004 y 2005. La organización busca capacitar a mujeres rurales en tanto principales usuarias de los recursos ambientales, especialmente el agua.
Dialogo con Mishkat Al Moumin sobre la importancia de la cultura y las tradiciones en el abordaje de estos temas.

IPS: ¿Puede describir la forma de sustento de las mujeres en Iraq y su relación con el ambiente?

MISHKAT AL MOUMIN: WATEO trabajó entre mujeres rurales que viven en la zona de pantanos iraquíes, de 20.000 kilómetros cuadrados, y que según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) tiene el ecosistema más particular de Medio Oriente, que se remonta a 5.000 años antes de Cristo.

El régimen de Saddam Hussein, (1979-2003) destruyó los pantanos, drenándolos y lanzando ataques sistemáticos contra los “árabes de los pantanos”, que se estima son medio millón. (De ellos,) 40.000 huyeron a Irán y alrededor de 100.000 se convirtieron en desplazados.

Tras la caída del régimen de Saddam (Hussein), en 2003, los árabes de los pantanos volvieron y cooperaron con el Ministerio de Ambiente y con organizaciones internacionales para rehabilitar el ecosistema. Alrededor de 45 por ciento de los pantanos fueron recuperados. Sin embargo, ya no volvieron a ser los mismos. La falta de agua dulce requiere que las mujeres caminen por lo menos 16 kilómetros, de ida y vuelta, más de una vez al día, para recolectar ese líquido.

En cuanto a los alimentos, los árabes de los pantanos dependen de la caza y de la pesca para subsistir. Más de 66 especies de aves se consideran en riesgo. Debido a la escasez de alimentos, los árabes de los pantanos, otrora orgullosos de pescar con un tridente, ahora pescan usando redes o electricidad.

Este entorno complicado significa más trabajo y más responsabilidades para las mujeres. Antes de la destrucción, había agua dulce por todos lados. Ahora es escasa. Las mujeres cosechan agua sin importar qué olor o color tenga. A veces las familias beben del contenedor aunque sus animales hayan tomado antes de allí. Una taza es usada para la familia entera. Eso causa enfermedades que se transmiten a través del agua.

IPS: Usted intenta empoderar a las mujeres rurales mediante el manejo de recursos en las provincias de Basora, Maysan y Thi Qar. ¿Podría explicar los problemas subyacentes que busca abordar?

MAM: Los principales problemas en los que trabaja la organización es capacitar a las mujeres para que obtengan agua, saneamiento e higiene a fin de satisfacer las necesidades básicas de su familia.

Además, queremos incluir la perspectiva femenina en las políticas hídricas. A menudo las políticas olvidan incluir la perspectiva de quienes usan agua la mayor parte del tiempo: las mujeres. A tal fin, en agosto de 2010, WATEO organizó reuniones comunitarias en las tres provincias. A las mismas asistieron funcionarios del gobierno, representantes del sector privado, de organizaciones no gubernamentales y mujeres rurales evaluando políticas hídricas, lo que llevó a la recomendación de que las mujeres deberían ser reconocidas como las principales usuarias del agua.

En el caso de los árabes de los pantanos, como ejemplo adicional, hemos capacitado a mujeres de más de 53 aldeas en la zona, instruyéndolas sobre cómo proveer de agua, saneamiento e higiene.
Eso incluyó conocimientos sobre cómo preservar agua, saneamiento e higiene, hirviendo agua, cubriendo los contenedores para mantenerla limpia, lavando las tazas que se usan para beber en vez de que todos los miembros de la familia usen la misma, etcétera.

IPS: ¿Logró avances en el apoyo a las mujeres rurales iraquíes?

MAM: Cuando las comunidades se juntan para abordar un tema, se logran avances. Siento que se concretó un gran progreso (en el caso de las mujeres árabes de los pantanos) porque fue un esfuerzo grupal que incluyó a profesores iraquíes que contribuyeron con su conocimiento, su tiempo y su esfuerzo, líderes tribales que apoyaron estos programas y que creen que capacitar a las mujeres vuelve más seguras a sus comunidades –lo que ocurrió-, así como organizaciones internacionales, especialmente el PNUMA, la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional, la Universidad de Victoria y la de Waterloo.

El estudio realizado antes de la capacitación muestra que 90 por ciento de las mujeres consultadas recolectaban agua sin considerar su color ni su olor. Luego del curso, 80 por ciento de las mujeres se preocupaban por el color y el olor del agua, 80 por ciento identificaban áreas donde el agua estaba menos contaminada, 85 por ciento la hervía y 85 por ciento limpiaba el contenedor antes de usarlo.

El único desafío que tenemos que afrontar es el financiamiento. Debido a la falta de recursos financieros, no podemos ampliar el entrenamiento a otras aldeas y cubrir más áreas para brindar un nivel superior de capacitación.

IPS: El empoderamiento de las mujeres rurales necesita que se comprendan y consideren aspectos culturales en la inclusión de los temas de género en las políticas. ¿Puede explicar esto?

MAM: El empoderamiento de las mujeres rurales tiene que hacerse desde adentro, de acuerdo con la cultura y las normas aceptadas por las comunidades. La tribal es una comunidad islámica conservadora, por lo tanto el lenguaje que se usó en el curso reflejó esa característica.

Todos los materiales de la capacitación fueron diseñados para coincidir con la naturaleza de la comunidad. Por ejemplo, mujeres musulmanas conocidas que administraban recursos hídricos fueron presentadas como ejemplos. Se utilizó el dialecto local y expertos de esas áreas fueron entrenados para formar a otros.

A lo largo de la capacitación, todos los expertos usaron el lenguaje local, así como prácticas y tradiciones conocidas, para introducir la idea de que las mujeres son las principales usuarias y administradoras de los recursos hídricos.

http://periodismohumano.com/mujer/la-sensibilidad-cultural-es-la-clave.html