Felipe VI o el caos

PROCLAMACIÓN DE FELIPE VI

JAVIER PéREZ DE ALBéNIZ | 19/6/2014

Un miembro del Grupo de Operaciones Especiales (GEO) vigila desde la azotea del Congreso.

Un miembro del Grupo de Operaciones Especiales (GEO) vigila desde la azotea del Congreso. / Paco Campos (Efe)

 

Mientras usted lee este post 120 tiradores de élite se encuentran apostados, empuñando rifles de precisión, en las azoteas de las calles de Madrid. Pertenecen a los GEO. Ya sabe, el Grupo Especial de Operaciones, especialistas del gatillo que presumen de poner la bala donde ponen el ojo: aseguran hacer blanco a más de un kilómetros de distancia. ¿Vuelve ETA a las andadas? ¿Nos invade definitivamente el moro? No, tranquilos. Se corona un rey, y los escopeteros simplemente “velan por su seguridad durante la ceremonia de proclamación”.

 

Políticos, empresarios y medios de comunicación se esfuerzan en transmitir un mensaje: Felipe VI o el caos. Por eso, para evitar la anarquía, el saqueo de tiendas, la quema de iglesias y la violación de ancianas, Madrid es hoy una ciudad blindada. Por tierra, mar, aire e incluso por el subsuelo. El tráfico aéreo está cerrado. El Ministerio de Interior ha elevado la alerta anti terrorista del nivel 2 al nivel 3, ni más ni menos. Más de 25 perros policía, unidades caninas, olfatean desde las seis de la mañana la zona del recorrido real, buscando explosivos y quién sabe si alguna china perdida.

La alcaldesa Ana Botella ha pedido a los madrileños “patriotismo” en un bando demencial, de esos que forjan republicanos: “Os animo a testimoniar en nombre de toda España nuestro pleno respaldo a nuestros nuevos reyes con vuestra presencia en todas las calles y plazas, que serán testigos de los actos de la proclamación, así como a adornar vuestros balcones con la enseña nacional, para ofrecer, con esta sencilla prueba de patriotismo, nuestra plena confianza en el porvenir de nuestra nación en esa jornada memorable”. Como guinda a su parrafada, por cierto muy mal escrita, Botella ha repartido 120.000 banderas de España entre los vecinos. Espontaneidad y austeridad. Banderas que no tenían que ser devueltas, y hubiesen servido para seguir haciendo patria si La Roja hubiese pasado de ronda ¡No olvide que han sido pagadas con dinero de los ciudadanos! Incluso de los republicanos…

Mientras escribo este texto me llega una alerta telefónica. Es un informe que acaba de publicar la Fundación Bancaja y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) sobre “Pobreza en un periodo de crisis económica”. Y es que el 22% de la población española es pobre.  Me gustaría comentar este tema, pero no lo voy a hacer. Sería demagógico y populista, ¿verdad? Recuerde que el problema de la desigualdad no entra nunca en la agenda política. Además, resultaría miserable por mi parte quitar protagonismo a la corona en su gran día con cuatro datos que no van a ningún sitio. Que si las diferencias entre comunidades en el nivel de pobreza se han duplicado durante la crisis, que si el porcentaje de pobres ha subido un 16,2% entre 2007 y 2012, que si el paro de larga duración ha crecido un 565%, que si en los últimos tres años los servicios sociales han perdido 56.700 puestos de trabajo….

Minucias. Hoy es el gran día de la Monarquía. Salvas militares a cascoporro. Ondearán banderas rojigualdas a cientos y de proporciones descomunales. El himno será interpretados por la Guardia Real. Vivas al rey y a España. La policía impedirá la exhibición de banderas u otros símbolos republicanos en las proximidades del recorrido: consideran que es una provocación hacia las personas que asistan al desfile. Felipe VI y Letizia recorrerán el centro de Madrid en un Roll Royce cubierto. ¿Tirarán caramelos al populacho, como sus colegas magos? Juan Carlos verá la ceremonia por televisión tras conocer que será nombrado capitán general en la reserva, es decir, que a sus 76 no podrá ser movilizado pero nunca será jubilado. Siempre tendrá un plato de rancho en un cuartel. La Fundación Francisco Franco le despidió en Twitter“Último día de reinado de Juan Carlos de Borbón, sucesor de Franco”. Ana Botella, mientras, a lo suyo: “El pueblo de Madrid, en su condición de ‘muy antigua, noble y coronada’ Villa y Corte, ha forjado estrechos vínculos con la corona”.

Todo parecía indicar que la proclamación de Felipe VI daría repelús. Hoy sabemos que también da miedo, con todos esos chuchos olisqueadores, y esos policías de élite, y esos helicópteros, y esos francotiradores letales, sueltos por la calles de Madrid. Pero es por nuestro bien. El riesgo de caos, de destrucción del sistema, de desgobierno y vandalismo, en caso de que algo falle, de que el pueblo no responda con suficiente sumisión, de que los súbditos no muevan como es debido las banderitas al paso del Rolls, es alto, altísimo.

http://www.cuartopoder.es/telematon/felipe-vi-o-el-caos/6014

El rey abdica: ¡Fuera los borbones! ¡Viva la República! ¡Felipe: si quieres ser jefe de estado, preséntate a las elecciones!

por Kaos. Tercera República

Lunes, 02 de Junio de 2014

Es el momento de deshacerse de una institución anacrónica y antidemocrática, establecida por el criminal régimen franquista como garantía de continuidad del sistema de dominación del capital en el Estado Español. Convocatorias en todo el Estado español para exigir REFERENDUM YA!

ABOLICION DE LA MONARQUIA YA!

Desde que se ha conocido la noticia de la renuncia del rey han surgido varias convocatorias para exigir un referéndum en el que se decida la forma de Gobierno y la posible coronación del sucesor de Juan Carlos I. Las convocatorias son a las 20h y de momento están confirmadas las de Barcelona (20 horas en Plaza de Catalunya) Bilbao (20 horas, Arriaga) Madrid (20 horas, Puerta del Sol) Granada (20 horas, plaza del Carmen) y Málaga (20 horas, Plaza de la Constitución). :   Plaza España 20h,   Delegación Gobierno 20h y  Subdelegación Gobierno, 20h.

 


Zarzuela quiere coronar a Felipe VI a la carrera

El príncipe Felipe será proclamado rey de España, bajo el nombre de Felipe VI, en un plazo de “4 a 6 semanas”, es decir, antes de mediados de julio, han informado fuentes del Palacio de la Zarzuela. El calendario concreto lo establecerá el Gobierno, que este mismo martes celebrará un Consejo de Ministros extraordinario para aprobar la ley orgánica que regulará este proceso de abdicación.

La proclamación de Felipe VI se hará “sin fastos” en una sesión solemne de las Cortes, donde reside la soberanía nacional. No está previsto por tanto invitar a otras Familias Reales ni a dirigentes internacionales al acto. Una vez proclamado rey, Felipe VI establecerá su hoja de ruta, que incluirá, entre otras cosas, qué papel reservará a su padre, al que previsiblemente le asignará unas funciones y, por tanto, una asignación de los presupuestos de la Casa del Rey para retribuir esas labores, según las fuentes consultadas.

Lo que está claro es que Juan Carlos seguirá viviendo en el complejo de la Zarzuela, al igual que los nuevos Reyes. La vivienda actual de Felipe y  Letizia está situada en el mismo complejo, pero separada de lo que es el Palacio de la Zarzuela. Ni unos ni otros tienen intención de cambiar su domicilio actual.

Leonor será la nueva princesa de Asturias La infanta Leonor, hoy segunda en la línea de sucesión al trono, pasará automáticamente a ser considerada heredera de la Corona desde la proclamación de su padre como rey. Tal y como establece el artículo 57.2 de la Constitución, tendrá la dignidad de princesa de Asturias y los demás títulos vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona de España. Cuando cumpla 18 años, Leonor tendráque jurar la Constitución en las Cortes, como hizo su padre.

Mejor abdicar con el apoyo de la mayoría

¿Y por qué el Rey eligió este momento preciso para abdicar? Según las fuentes consultadas, Juan Carlos I se planteó seriamente la abdicación tras cumplir en enero pasado 76 años.

Tras consultarlo con el Príncipe, los distintos jefes de la Casa del Rey, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, decide que el momento “oportuno” para abdicar sería tras las elecciones europeas y antes del verano, porque en septiembre el desafío soberanista en Catalunya volverá a la primera línea de las prioridades del Gobierno.

Juan Carlos es consciente de que es más fácil abdicar ahora que cuenta con el apoyo de los dos partidos mayoritarios, y hacerlo mientras Rubalcaba se mantenga al frente de la secretaría general del PSOE, puesto que mantendrá hasta el próximo 27 de julio.

http://www.publico.es/politica/524675/zarzuela-quiere-coronar-a-felipe-vi-a-la-carrera

 

 


La agonía del régimen del 78
¿Abdicación? Desgraciadamente, lo han entendido todo

El anuncio real es una respuesta del régimen a la ruptura electoral y al ciclo de movilizaciones sociales. Pero no significa su derrota, dice el autor.

 

El régimen del 78 se ha erosionado a marchas forzadas y todas sus instituciones están debilitadas, como confirman las encuestas del CIS: partidos, sindicatos, jueces, medios de comunicación o monarquía (en Abril de 2013 se desplomó hasta el 3,89 de valoración). Los escándalos de corrupción de la Infanta Cristina y Urdangarín o las salidas de tono de Juan Carlos lo han puesto más fácil pero, estrictamente hablando, todo eso ya sucedía antes. Antes del 15M, ningún juez les habría juzgado (sólo hay que ver las presiones al juez Castro) ni ningún medio de comunicación se habría hecho eco. Y es que la llegada de los ‘indignados’ hizo a (algunos) jueces más valientes y obligó a los medios a informar. En ese contexto de crisis institucional, el rey Juan Carlos (y Rubalcaba) ha dejado de ser funcional y su presencia era más un lastre que una ayuda al proyecto de las élites y del FMI o el BCE. Con limitado apoyo social y frágil salud, no podía ser un revulsivo. Aunque, ¿es su abdicación una derrota del régimen? Rotundamente no: Es una reacción al asedio a las castas del 78, un movimiento en un tablero de ajedrez ante una (esperada) creciente ola de movilizaciones.

¿Es su abdicación una derrota del régimen? Rotundamente no: Es una reacción al asedio a las castas del 78¿Por qué ahora? Nada volverá a ser lo mismo

Rajoy ha anunciado que la decisión fue tomada en enero. Quiso decir: ‘la decisión lleva planificándose desde enero’, porque la realidad es que el 25 de mayo ha precipitado los acontecimientos y ha activado su plan de emergencia. No es casual que fuera el propio presidente quien anunciara la abdicación. Que la mayoría social (ya existente) pretenda ser mayoría electoral también en las instituciones es un motivo de preocupación para las elites. Pero lo que a la casta más les preocupa es que se ha abierto un nuevo ciclo de movilización, con consecuencias impredecibles. Lo decía Madrilonia hace un mes. La irrupción de una candidatura rupturista el 25M podría romper la resignación instalada a nivel social y abrir un nuevo ciclo. La reacción de los medios de comunicación con furibundos ataques dirigidos a Pablo Iglesias y Podemos (“Dinamita antisistema” tituló el periódico La Nueva España su especial sobre este movimiento) revelan su nerviosismo. Los círculos de Podemos se han multiplicado (su reciente asamblea en Valencia reunió a un millar de personas), Izquierda Unida saldrá reactivada con Alberto Garzón, la movilización social crecerá al acercarse las elecciones generales, municipales y autonómicas, y activistas como Ada Colau darán el paso a lo institucional. Es decir, las cosas podían ponerse más feas para el régimen del 78. ¿Podría en ese contexto haberse realizado una sucesión monárquica pactada? No. Sin embargo, a día de hoy Rajoy sabe que las protestas sociales exigiendo un referéndum (que no se realizará, porque desangraría nuevamente al PSOE), no evitarán la sucesión. En un año y con poder institucional, ¿quién sabe? Por ello, se lleva a cabo un cambio en el juego de tronos ahora que se puede y se controlan las instituciones.

Repliegue u ofensiva: las estrategias de las élites pre y post-25M

La estrategia pre-25M era replegarse y aguantar el chaparrón, como si nada estuviera pasando. Lo había dicho el activista asturiano Emilio León tras la derrota en las movilizaciones mineras de 2012: la pugna no era por la represión sino por la depresión. Por eso Rajoy no cedió con los mineros, ni con los funcionarios, ni con la PAH, ni con el 15M. ‘Ya se cansarán, no hay alternativa’, decía. Mientras, pseudo-regeneracionistas como Rosa Díez o Albert Rivera (el político con mayor apoyo mediático) recogían el descontento ante PP y PSOE. El 25M rompe eso y la estrategia de repliegue ya no es posible. A partir de ahora, cada día con TVs de plasma, corrupción y Rubalcabas abrían el espacio político a las fuerzas rupturistas en las instituciones, que demostraron que ‘sí se puede’. La ventana de oportunidad es aquí clave: Si quedaran 4 años para las siguientes elecciones, el régimen optaría por el desgaste progresivo a esas formaciones y el ataque sutil en los mass-media, para hacer virar la opinión pública. Pero las élites están asustadas: en 1 año habrá un nuevo ciclo electoral y Pablo Iglesias o Ada Colau son más influyentes en las redes sociales que el propio presidente del Gobierno.

Escrache de la PAH en demanda de alquileres sociales frente a la residencia de la presidenta de Sareb, Belén Romana, en la calle madrileña de La Masó. /DisoPress

Por ello, la nueva estrategia post-15M sólo puede ser de ofensiva: de hacer que todo cambie para que nada cambie. Anunciarán una segunda Transición, en la que hemos de esperar cambios y reformas (descafeinadas) negadas desde el 15 de Mayo de 2011. Es más, se pretende que Felipe ayude a las elites a salir del callejón sin salida en el que están metidas y a llevar a cabo el proyecto de la troika en un clima de (esperadas) crecientes movilizaciones. Los liderazgos jóvenes se cotizan al alza y Felipe no será una excepción. Alertaba el periodista Iñigo Errazkin en 2013 que nos dirigíamos a una “sucesión pactada, con un Rey emérito en la sombra con Viagra de los presupuestos del Estado y su hijo en su lugar, como hijo del que salvó España”, opinión que compartía con Chato Galante, querellante en Argentina contra el franquismo, que señalaba que “la sucesión pretende cerrar la crisis de un régimen que no se ha renovado desde el franquismo”. ¿Ayudará Felipe a sostener el (neo) régimen del 78? Le va su reinado en ello o será recordado como ‘Felipe el breve’. Lo decía un tertuliano hoy en TVE respondiendo a cuál era su principal reto: “Mantenerse como rey”, contestó. Juan Carlos, por otra parte, será parte de una nueva ola de propaganda, que acallará el cambio tectónico que vivimos el 25M, como ya se hizo con Suárez y el 22M.

Los liderazgos jóvenes se cotizan al alza y Felipe no será una excepción Los cambios que veremos

La dimisión de Rubalcaba (que dijo a Rajoy “no quiero dimitir pero tampoco puedo continuar”) y el cambio de liderazgo en el PSOE (Chacón, Madina o Susana Díaz –o algún potencial outsider-) han de entenderse en esas claves. Rubalcaba, por mucho que el PP le sostuvo en esta campaña, sólo servía para una estrategia de repliegue, de evitar cambios, pero no para una de ofensiva. Ya no era útil y el PSOE elegirá su candidato/a para presidente/a por primarias abiertas (con gran apoyo mediático). Pero sostendrán a la Corona, porque la crisis de la Monarquía es “la crisis del sistema” y PP y PSOE “la necesitan y se necesitan mutuamente”, recordaba Errazkin. Ante la ‘renovación’ socialista, Podemos, IU o los movimientos sociales tienen que rearmarse ¡y rápido! Y lo están haciendo. Paralelamente, se fomentará la estrategia del miedo (“nosotros –el PP- o el caos”), aunque ello se podría llevar por delante al PSOE (y a IU), como sucedió en Grecia con el PASOK y el KKE. Es una incógnita el rol que tendrá Albert Rivera, que saltará a Madrid, pero que necesita a UPyD para ser influyente.

Rajoy hará reformas y en su último año dará un perfil social (y liberal) a su gobierno. Bajará impuestos a clases medias y empresarios, implementará medidas económicas populistas, presentará mejoras en las cifras macroeconómicas (los beneficios de las empresas del IBEX35 llevan ya dos años mejorando, a nuestra costa) y en las del paro (a costa de empleos más precarios, emigración forzosa y desempleados no inscritos en el INEM). Pero el gallego, un presidente que evita comparecer ante la prensa, tendrá dificultades para rentabilizar ese empuje. Por otra parte, el referéndum de autodeterminación catalán añadirá inestabilidad. El líder del PP, aún sonriente por el fiasco de VOX, intentará centrar el debate político en la cuestión nacional (para que no se hable de economía), esperando dejar a las izquierdas fuera de juego. Y si eso no es suficiente, si el caso Bárcenas le explota, si con Catalunya no gana votos, o si se estrella en municipales y autonómicas, Rajoy aún tiene un as en la manga: ceder la candidatura a las generales a un perfil más joven como Soraya Sáenz de Santamaría, Monago o Feijóo. Ser una marioneta del poder económico tiene sus ventajas: Hará lo que tenga que hacer para que sostener al régimen del 78. Hoy hemos visto el primer paso. Nada fue lo mismo tras la toma de las plazas el 15M de 2011 y nada volverá a ser lo mismo tras el 25M de 2014. Estemos preparados, porque como decía Miquel Martí i Pol: “tot està per fer y tot és possible”.

Fuente: Diagonal

http://www.kaosenlared.net/component/k2/item/89025-el-rey-abdica-%C2%A1fuera-los-borbones-

Suárez contra el rey: la otra historia de la Transición

Ya antes de las primeras elecciones democráticas, Adolfo Suárez se había librado de la tutela real. Algunas de sus decisiones más importantes se tomaron contra el criterio del rey y de Fernández Miranda

Mucho antes del golpe, importantes sectores de la derecha política y económica presionaron al rey para que Suárez fuera sustituido por un militar

El rey y Suárez en una reunión de la Junta de Defensa del Alto Estado Mayor el 24 de febrero de 1981. Foto: Manuel H. de León / Efe.

El rey y Suárez en una reunión de la Junta de Defensa del Alto Estado Mayor el 24 de febrero de 1981. Foto: Manuel H. de León / Efe.

Adolfo Suárez era un gran jugador de póker, una virtud que resultó muy útil en los años de la Transición. Es el juego en el que no es imprescindible tener buenas cartas para ganar, y durante mucho tiempo la baraja sólo le ofreció muy malas opciones, tanto en su lenta ascensión en la nomenklatura franquista como en sus años de presidente.

Además, Suárez era un mal lector, o casi un lector inexistente. Su falta de interés intelectual era evidente. Tampoco eso le perjudicó. Otros cerebros del ala reformista del franquismo (así llamada entonces sin asomo de ironía) creían tener más méritos para asistir al rey en sus primeros años en el trono. Fraga, Areilza o Silva Muñoz presentaban credencias intelectuales más destacadas, pero por eso mismo eran menos manejables y, por tanto, más imprevisibles.

La gran ironía de la Transición es que Suárez fue elegido por el rey Juan Carlos y Torcuato Fernández Miranda tanto por su lealtad como por su condición de alumno aventajado al que se podría guiar en cada paso en un camino repleto de trampas. Y sin embargo, incluso antes de las primeras elecciones democráticas, Suárez ya se había deshecho de Fernández Miranda y había marcado distancias con el monarca de forma irreversible.

Suárez –aún más después de su muerte– es un icono de la Transición tanto por méritos propios como por el mito creado por políticos y medios de comunicación. Esa historia oficial de la Transición la presenta como un proceso propulsado con inteligencia y altura de miras por el rey y Fernández Miranda, y ejecutado con maestría por Suárez. El presidente respondió con generosidad al inevitable desgaste con su dimisión y, de repente, surgió de la nada un golpe de Estado, organizado por los restos franquistas del Ejército, que fue conjurado con valentía y nocturnidad por el rey. Fin del cuento de hadas, ovación del público puesto en pie y cae el telón.

El fin de la tutela real

Tanto se ha estirado el mito que, al ocultar sus desavenencias con el rey y olvidar la campaña de la derecha política y económica contra él, casi se han minimizado sus logros. El proceso modélico nunca fue tal, sino una accidentada sucesión de decisiones, muchas de ellas improvisadas, en las que se alternaban la valentía y los engaños (o a veces ambas, como ocurrió con la legalización del PCE y la promesa que hizo a la cúpula militar de no dar ese paso).

Su entente con el monarca se vino progresivamente abajo, porque cuanto más crecía la figura de Suárez, a modo de vasos comunicantes, menos espacio debían ocupar las opiniones del rey. Cuanto más lejos llegaba la audacia del presidente, menos pesaba la cautela natural en Juan Carlos de Borbón y menos poder tenía el rey para intentar repetir los manejos que habían hecho no precisamente célebre a su abuelo. Cuando el rey quiso borbonear, Suárez se lanzó hacia adelante y terminó pagando por ello.

A lo más que se ha llegado en los relatos autorizados de la Transición es a destacar que en su último año en el poder el rey entendía que la carrera política de Suárez estaba llegando a su fin, aunque no hasta el punto de implicar al jefe del Estado en la telaraña de conspiraciones contra el Gobierno. Como mucho, se circunscribe esa presión a la crisis interna de UCD, como si políticos tan menores como Miguel Herrero de Miñón y Óscar Alzaga hubieran podido por sí solos provocar la caída de Suárez.

Suárez no habría llegado a la presidencia sin las maniobras previas de Fernández Miranda, que se movía en los pasillos del franquismo con la seguridad que da saberse mucho más inteligente que los ineptos que ocupaban posiciones de poder. Pero llegó el momento en que el presidente del Gobierno supo que había que dar pasos arriesgados, sin importarle la estrategia trazada por Fernández Miranda. Eso ocurrió por ejemplo con las reuniones secretas con Santiago Carrillo y la legalización posterior del PCE en abril de 1977.

Tres hechos decisivos

En su biografía de Suárez, Gregorio Moran –un puntal en la resistencia contra la versión edulcorada de la Transición– cuenta que fueron tres los hechos que provocaron la ruptura entre Suárez y Fernández Miranda y dejaron al rey con la idea de que era el presidente, y no él, quien controlaba el ritmo de los cambios: la amnistía, la legalización del PCE y la creación de lo que se llamó el partido del presidente, y que después pasaría a tener las siglas de UCD.

Pero ya antes Suárez se decidió a gobernar, ante el pasmo del monarca y de Torcuato, y fue en relación al Ejército cuando se produjeron los primeros choques. La destitución del vicepresidente, el general Fernando de Santiago, heredado del Gobierno de Arias Navarro, en septiembre de 1976 dejó claro que Moncloa iba a llevar la iniciativa: “Fue el primer rasgo de Suárez gobernando solo”, escribe Morán en su libro. “Lo hizo él y provocó la primera fisura. El Rey se indignó ante aquella decisión ya tomada y que él desaconsejaba. Suponía también un choque directo del presidente con Alfonso Armada, ayudante del Rey; el primero de una ristra significativa que acaba el 23-F de 1981”.

A partir de entonces, Suárez ya no obedece órdenes. El triunfo del referéndum de diciembre de 1976 es suyo. Cuando el país queda a unos pasos del precipicio, en la semana de violencia de enero de 1977 que culmina con el asesinato de los abogados de Atocha por la extrema derecha, él toma las riendas. Él decide cuándo empezar a negociar con Carrillo y cuándo se legaliza a los comunistas, lo que provoca las iras de la derecha.

“La historia os pasará factura. Habéis retrocedido 40 años la historia de España”, le dice Fraga a Calvo Sotelo. En su editorial, el monárquico ABC se declara escandalizado porque los auténticos responsables de la guerra civil (se refiere a los comunistas) “se ven, del día a la mañana, en plano de igualdad con cuantos ofrecieron sus vidas a defender a España de aquello que el Partido Comunista anhelaba y a punto estuvo de conseguir: la instalación de nuestra Patria en la órbita en la que hoy giran Polonia y Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria, los países de detrás del telón de acero, en fin”. En opinión de aquellos para los que la retórica política no había cambiado mucho desde el franquismo, Suárez era un peligroso caballo de Troya.

El rey se resigna

Suárez toma también la decisión, contra el criterio del rey y de Torcuato, de crear un partido desde el poder para concurrir a las elecciones, lo que acabaría con la idea de que iba a ser una figura de transición que debería haberse quemado en el puesto para que fuera otro el que liderara las fuerzas liberales y conservadoras. Fernández Miranda no tarda mucho en rendirse y dimitir. El rey tendrá que resignarse a convivir con un político que tiene sus propios planes.

Las relaciones entre Suárez y el rey, aún no rotas, están condicionadas por el general Alfonso Armada, mentor del monarca durante años y una de sus principales vías de comunicación para saber qué opina el Ejército. En lo más alto de su poder, el presidente conseguirá librarse de su némesis militar. Años después, cuando la situación de Suárez sea casi insostenible, Armada volverá a primera línea a Madrid con el beneplácito del jefe de Estado, o al menos eso creerá todo el mundo.

Es en las relaciones con el Ejército, la bestia franquista dormida a la que muchos quieren despertar, donde los poderes de Suárez son limitados y donde el rey puede prestar mucha ayuda, aunque también dejar claro que tiene sus propias ideas al respecto.

Resulta significativo el discurso del rey en la Pascua Militar de 1979. Elogia las reformas internas puestas en marcha en las Fuerzas Armadas por el general Gutiérrez Mellado, ya que las innovaciones “para adaptarse a los nuevos tiempos” son necesarias. Incluso así, no tarda en marcar unos límites lejos del estilo arrojado habitual en Suárez: “Pero sin prisa, sin excesos ni precipitaciones, con el ánimo de eludir cuantos perjuicios sea posible. Y sin abordar más reformas que las oportunas”.

1979 y 1980 son años terribles por la crisis económica y el terrorismo. La victoria electoral de 1979 supone un alivio para Suárez que en seguida queda amortizado. Importantes sectores del poder político y económico (con la CEOE de Ferrer Salat a la cabeza), por no hablar del militar, creen que la solución ya no pasa por las urnas. Son los tiempos del “golpe de timón” o la “Operación De Gaulle”, y el momento en que las miradas se dirigen hacia la Zarzuela.

Los conspiradores cuentan con los buenos oficios de Luis María Ansón, que había convertido el comedor principal de la agencia EFE en la antena que, ya desde 1977, lanza el mensaje que cierta derecha quiere escuchar: hay que sustituir a Suárez por una personalidad no partidista que meta en vereda a los terroristas, los nacionalistas y la clase trabajadora. El único que puede “evitar el caos” es el rey, dice el periodista monárquico más significado. Y desde el principio todos piensan que quien debe terminar de convencerle es el Ejército.

“Ya se ha dado cuenta de quién es Suárez”

En el libro 23-F. La verdad, de Francisco Medina, el teniente general José Ramón Pardo de Santayana confirma al autor que en julio de 1980 el secretario general de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, le explicó por dónde iban los tiros (políticos). “Habíamos hablado muchas veces de que el Rey estaba muy amigado con Suárez, y eso no nos gustaba ninguno de los dos, y Sabino me dijo: ‘José Ramón, al Rey se le ha caído la venda de los ojos. Sí, sí, ya se ha dado cuenta de quién es Suárez’. Lo que me quería decir es que don Juan Carlos estaba pensando en que Suárez ya no fuese… Me dijo más: ‘Y la solución es formar un Gobierno de concentración nacional'”.

Fernández Campo le pregunta quién puede ser el presidente. Pardo prefiere no mojarse, algo que no se puede decir de su interlocutor, que lo tiene claro: “Pues tiene que ser un militar”, dice primero, y de inmediato da el nombre de Alfonso Armada. Pardo da su aprobación (“Tienes razón. Ése sí, porque es una persona que sabe de política, lo ha hecho bien al lado del Rey”) y Fernández Campo le pone al día: “Pues mira, eso está hablado, incluso los socialistas están de acuerdo… y eso se va a hacer”. Repitamos la fecha. Julio de 1980.

No se hizo, y no por falta de ganas de muchos políticos y militares que decían hablar en nombre del rey, incluido Armada. Quizá al final el rey dudó, como por otro lado era habitual en él. Quizá Suárez lo vio venir y la única manera de evitar eso o un golpe fue su dimisión. Se dijo que el presidente no explicó en realidad las razones de su retirada, aunque ciertas frases (“no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España”) dejaban poco margen para la interpretación.

Dos días después del 23F, el rey creó el Ducado de Suárez para su viejo compañero de batallas. Una forma elegante de comunicarle que era conveniente que pusiera fin a su carrera política.

http://www.eldiario.es/politica/Enfrentamiento-Suarez-rey_0_241126546.html

El príncipe cobarde

Aníbal Malvar en Rosa y espinas

23 nov 2013

Alucinados quedáronse unos amigos franceses el pasado lunes cuando, oh là là, contemplaron en su Canal + un reportaje titulado Le crépuscule d´un roi (el crepúsculo de un rey, como resulta obvio). Aclarar que el crepuscular protagonista del reportaje era el rey nuestro, un tal Juan Carlos. Los motivos de los hélas, los mon dieu o los ça alors! de mis gabachos no eran por el caso Urdangarín, ni por los elefantes abatidos, ni por las Corinnas, ni por esas gaitas conocidas de que Juan Carlos es el heredero de Franco y juró los principios del Movimiento un día de dictadura. Todo eso ya lo sabían los franceses, que saben más de nuestros delincuentes y de nuestros poetas que de los suyos. El motivo de la estupefacción de los franceses es cómo puede ser tan paleto, tan fascista o tan infantiloide nuestro príncipe Felipe como para mandar a unos guripas a evitar que una periodista francesa le preguntara sobre Urdangarín.

La reportera francesa le preguntó al príncipe si sabía algo de los negocios de Urdangarín.

Varios guardaespaldas, uno muy fuerte muy calvo y muy serio, rodearon inmediatamente a la reportera y la alejaron del príncipe un par de pares de metros. A empujones.

Momment de panique -dice la reportera francesa en directo.

En dicho documental, que por su falta de interés no creo que jamás emita la televisión española, se ve a los guardaespaldas del príncipe apartar a lo lejos a la reportera, que protesta su secuestro diciendo que solo estaba haciendo una pregunta. El guardaespaldas muy fuerte muy calvo y muy serio le echa el aliento a la reportera francesa desde arriba. Discuten. Finalmente, el guardaespaldas muy fuerte muy calvo y muy serio, grita:

-La Constitución lo dice. No se le pueden hacer preguntas a los miembros de la Casa Real -o algo así.

-Eso no lo dice la Constitución -responde la reportera quizá con algo de razón.

Una de estas tres cosas es este príncipe, a la vista de los citados hechos: paleto, fascista o infantiloide. Paleto si se cree que por vetar aquí un documental de la televisión francesa no nos vamos a enterar en España. Fascista si está de acuerdo con el discutible hecho de que la Constitución impida a una periodista, aunque sea francesa, hacer una pregunta a su Alteza Real. O infantiloide si los guardaespaldas lo protegen para que no diga nada, haga nada, o piense nada que se pueda salir del recto escribir de nuestra impecable monarquía. Que el niño aun no ha cumplido los cincuenta años, y no se sabe manejar.

Mis amigos decían oh là là, y mon dieu, y ça alors, viendo cómo guardaespaldas impedían a una periodista hacerle una inocente pregunta a un triste príncipe. Quizá los franceses dicen muchas tonterías. Pero nosotros no decimos nada.

http://blogs.publico.es/rosa-espinas/2013/11/23/el-principe-cobarde/

A mí también me da asco ser español

Arturo González,18 oct 2013

Pero no como a Albert Pla, por supuesto. Me da asco porque el mismo día marcado de Lucha contra la pobreza, el señor Botín afirma que el dinero está entrando a espuertas en España, pero no paliar la pobreza. Me da asco porque el mismo día en que se conoce que el 40% de los andaluces viven en la miseria, el Príncipe Felipe afirma en Panamá que la economía española está encontrando su camino. Me da asco que haya personas que en el Ibex amasan fortunas superiores a los cinco mil millones de euros. Porque tenemos un Presidente del Gobierno tan obsceno que promete que no subirá más los impuestos e incluso los bajará y a continuación los sube vía Comunidades Autónomas y Ayuntamientos. Me da asco ese mismo Presidente que afirma que las cargas a que ha sometido a los españoles han sido repartidas con justicia. Me da asco un país con más de tres millones de pobres en pobreza severa sin que ocurra nada. Me da asco que cacareen que España es un ente mágico y los españoles sufran para vivir dignamente. Me da asco que abusen del poder que se les concedió en las urnas. Que el líder, o como se llame, de la oposición juegue con España y con su partido y posibles votantes haciendo oídos sordos a toda renovación seria. Me da asco que no se permita votar a los catalanes ni al resto de españoles en nada de lo que deseen. Me da asco el retroceso ético y moral que nos han impuesto. Me dan asco los meapilas, los corruptos, los sindicatos que se disculpan sin reconocer sus mangancias, me da asco el ministro de Justicia, y el de Educación, y la de Empleo, y la de Sanidad. Me da asco la farsa en que se ha convertido el Parlamento.

El asco supone un grado superior a que te duela España. Me dan asco las Comunidades Autónomas y el desbarajuste en que han devenido. Me da asco a toro pasado el ex presidente Zapatero, y el ex presidente Aznar, que trata de resurgir, me dan asco los obispos, el Opus Dei y su secretismo influyente, me dan asco los telediarios oficiales y oficiosos, me da asco la gresca permanente, que no la discrepancia, como nuestra seña de identidad, me da asco la España borde, que la Constitución sea inmutable y digan que no lo es por mucho que lo reclamemos, me da asco la represión municipal, que ya no se pueda cantar y tocar la guitarra en las calles, que sea delito mendigar, y, sobre todo, me da asco ser español y ver las abismales diferencias económicas y sociales que se han instaurado entre los españoles. Me dan asco los triunfalistas, los defensores de la caverna y la injusticia. Me dan asco los que se vanaglorian del orgullo de ser y sentirse españoles, me da asco que no dejemos que a alguien le dé asco ser español.

http://blogs.publico.es/arturo-gonzalez/2013/10/18/a-mi-tambien-me-da-asco-ser-espanol/

¿Es Corinna una especie de espía estilo Mata-Hari?

Enric SopenaENRIC SOPENA
Cabos Sueltos,26/02/2013

Esta princesa de pitiminí, llamada Corinna zu Sayn-Wittgenstein, parece en cierto modo una especie de Mata-Hari, versión siglo XXI, aunque  de menor intensidad escénica. “Fue Mata-Hari la más legendaria espía de nuestros días”, se sigue hoy en día diciendo de ella. Fue fusilada por un pelotón de soldados franceses en Vincennes, tras ser condenada por un tribunal militar. La mataron el 17 de octubre de 1917, antes de que terminara la primera guerra mundial.

Agente doble
Era  una agente doble. Actuaba como espía tanto en Berlín como en París. Fue una mujer eróticamente  atractiva, una artista fascinante, que extasiaba a los hombres de aquella época cuando bailaba la danza de los siete velos. No le deseamos en absoluto a nuestra Corinna -que ha saltado definitivamente a la popularidad- ninguna sentencia condenatoria. En todo caso, nadie probablemente hablaría de ella, si no fuera porque es amiga entrañable  del Rey Juan Carlos I.

Asuntos clasificados
Viene a cuento la dimensión detectivesca de Corinna. Lo decía la princesita, o hada madrina de Su Majestad, en su entrevista periodística: “La colaboración que he prestado al Gobierno español, cuando se me ha pedido, ha sido siempre delicada, confidencial. Son asuntos clasificados, situaciones puntuales que he ayudado a solucionar por el bien del país.

“Delicada” “Confidencial”
O sea, que ya tenemos  otra salvadora de España a la vista. Nada más ni nada menos que la amiga del monarca. Ella nos  ha “ayudado a solucionar” –según asegura sin complejos- y mediante sus colaboraciones, pedidas por el Gobierno de forma “delicada” y “confidencial”. ¿Corinna es una espía? ¿O una detective, que ahora están de moda, sobre todo gracias a  Método 3?

El silencio del Gobierno
Aparquemos sin embargo las ironías. Lo más sorprendente e irritante de estos episodios es, una vez más, el silencio del Gobierno, concernido directamente por las palabras de la princesa espía. “Lo que está ocurriendo es trágico”, ha advertido. Mariano Rajoy como casi siempre calla. ¿Pero en verdad quién es esta princesita –al margen de sus amoríos o sus simpatías o sus negocios- para proclamar que trabaja “por el bien del país”?

¿Ni un solo euro?
¿Cuáles son los encargos hechos a ella desde la Moncloa o sus alrededores? ¿Es cierto lo que afirma? “Nunca he recibido un solo euro de los contribuyentes españoles. He ayudado gratis al Gobierno español y me han pagado algunas empresas privadas que querían expandirse globalmente”. ¿Quienes son esos empresarios?

La otra media, también
Urgandarin pudo enriquecerse a niveles extraordinarios en Nóos gracias a que actuaba de facto en nombre de la Casa Real o, directamente, del Rey. Si no hubiera sido yerno de Su Majestad no estaría media España, y la otra media también, escandalizada con el antiguo balonmanista y marido de la Infanta Cristina.

Vocación global
Sin duda alguna, esas empresas con vocación global pusieron su confianza en Corinna por seramiga entrañable del Rey, que es el jefe de Estado español. ¿Muy ejemplar todo este tráfico de influencias, don Mariano?

Enric Sopena es director de ELPLURAL.COM

http://www.elplural.com/2013/02/26/es-corinna-una-especie-de-espia-estilo-mata-hari/

Felipe puede esperar: una propuesta para cuando el rey Juan Carlos se vaya

25 de febrero de 2013

Hugo Martínez Abarca *

La abdicación de Juan Carlos I ya es un lugar común en los debates sobre la Casa Real. Y no somos los machacones republicanos quienes insistimos con el paso a la reserva del monarca, sino precisamente quienes quieren salvar la monarquía. En este mismo periódico escribía Isaac Rosa cómo la abdicación de Juan Carlos en su hijo Felipe es de los pocos tapones con los que la monarquía puede parar la sangría de popularidad que está sufriendo con sólo un leve inconveniente: la pérdida  de la inmunidad real, problema agravado desde que los mails de Diego Torres le apuntan como conseguidor en torno a la Fundación Laureus. Estos días ha sido la propia Casa Real la que ha desmentido la inminencia de tal abdicación tras informaciones de Zarzalejos cuyas posteriores aclaraciones prueban que el desmentido viene a ser como la ratificación de un entrenador de fútbol: la prueba más contundente de su seguro cese.

La estrategia de los monárquicos para la supervivencia de la institución pasa por vendernos a un príncipe Felipe como (en palabras de su padre) “el Príncipe de Asturias más preparado de la Historia” (nótese que no hay humildad en el reconocimiento de su hijo: Juan Carlos no usó el título de Príncipe de Asturias sino de Príncipe de España pues no era sucesor del rey sin trono sino del dictador con mando en plaza). La estrategia es paradójica: según vamos conociendo detalles de la trama corrupta que tanto está desgastando a la monarquía va siendo más inevitable pensar que si alguien de Zarzuela no se enteraba del saqueo tenía que estar más en babia que Carlos II, a quien por algo llamaban El Hechizado. Tendríamos a un príncipe preparadísimo que no se entera de nada, algo difícil de conjugar.

Más allá de la estrategia de los monárquicos toca pensar la de los republicanos. Es obvio que nunca desde la reinstauración de la monarquía se dieron tales condiciones para que la democratización de la cúspide del Estado abriera un proceso constituyente en clave republicana que permitiera una salida justa y democrática a la profunda crisis política y económica, a la crisis de régimen.

Debemos pensar ya qué hacer en el momento crítico de la sucesión de Juan Carlos.

En las redes sociales ya se está hablando de ir pensando en convocatorias en todas las plazas el día que se produzca el hecho sucesorio (previsiblemente la carta de renuncia) como se previeron hace diez años para los días en que empezaran los bombardeos sobre Irak.

Pero también deberíamos pensar cómo aprovechar la crisis sucesoria para abrir una transición democrática, tener diseñado un plan, unas reivindicaciones mínimas apoyadas desde esa movilización popular imprescindible.

No sería malo empezar a consolidar una propuesta que incluso tendría sustento en la propia Constitución de 1978. El artículo 57 de la Constitución regula la sucesión en la Corona. Y lo hace sin citar plazo alguno. Cuando Juan Carlos muera, abdique o renuncie el siguiente en ser coronado sería, según la Constitución, su hijo Felipe. Pero la Constitución no dice cuándo: podría ser a los dos días (como el propio Juan Carlos fue coronado dos días después de la muerte de Franco), a los dos meses o a los dos años: todo ello con exquisito cumplimiento de las previsiones constitucionales.

Sería, pues, perfectamente constitucional exigir que entre el cese de Juan Carlos y la coronación de Felipe haya un plazo suficiente que permita a la ciudadanía en su conjunto decidir si mantiene la monarquía o prefiere una república. Y en tal caso sería el momento de elaborar qué república queremos, es decir, nos tocaría elaborar unas nuevas instituciones que relevaran a las carcomidas actuales. A diferencia de los años 70, ya no cabe hurtarnos la decisión sobre la jefatura del Estado amenazando con ruido de sables: lo que hay es ruido de mercados a los que la Casa Real, lejos de ser una alternativa, está decididamente entregada. Las excusas que se dan para evitar otros referendos no servirían en este caso: “la soberanía reside en el conjunto del pueblo español”, insisten: perfecto, preguntemos al conjunto del pueblo español soberano. Amparémonos en lo que el propio príncipe le decía a una ciudadana navarra que le pidió tal referendo: “Por mecanismos democráticos todo es posible: el referéndum está previsto como mecanismo posible”.

En definitiva, parece difícil negar con argumentos democráticos ni incluso legales la convocatoria de una consulta a la ciudadanía previa a la prevista coronación de Felipe. Sólo se podría interpretar como un enroque propio de quien sabe que, si nos preguntan, contestaremos que no.

Es obvio que para los republicanos no debería esperarse a la crisis sucesoria para que el pueblo decida sobre su forma de Estado, pero también lo es que no hay una ocasión como esta para plantear la construcción de un nuevo edificio institucional a partir de la revisión democrática de su  cúpula resquebrajada.

Pero también es obvio que tal propuesta sería inviable sin presión popular. Doy por hecho que las movilizaciones por una democracia real sin privilegios ni corruptos incluyen la quintaesencia de los privilegios no democráticos que es la monarquía. La petición de apertura de proceso constituyente que se hace desde las plazas y que fue recogida (arrimando cada cual el ascua a su sardina, lógicamente) por numerosos grupos parlamentarios en el Debate sobre el Estado de la Nación tendría en tal convocatoria una puerta abierta y los guardianes de la legalidad no se podrían quejar de los escrúpulos con los que se atendería el orden constitucional (escrúpulos que ya habríamos deseado en la defensa de muchos de los derechos que reconoce esa misma Constitución).

La Corona ha sido el vértice de toda una forma de hacer política, supeditada mediante sobres a los intereses de las grandes empresas a costa de la ciudadanía, que nos ha traído hasta esta crisis: no sólo es una institución de nulo contenido democrático sino que además ha sido absolutamente funcional al modelo político-económico que se está derrumbando. Por eso hoy su caída puede ser igualmente funcional para la apertura de un proceso democrático: no la desaprovechemos. Ante la inminente caída (esta vez política) de Juan Carlos, Felipe puede esperar: la democracia, no.

(*) Hugo Martínez Abarca es miembro del Consejo Político Federal de Izquierda Unida y autor del blog Quien mucho abarca.

http://www.cuartopoder.es/tribuna/felipe-puede-esperar-una-propuesta-para-cuando-el-rey-juan-carlos-se-vaya/4008

Con el debido respeto

Ruth Toledano 

06/01/2013 –

Con motivo del 75 cumpleaños de Juan Carlos de Borbón, la televisión pública española trató, supuestamente, de agasajar al monarca con un programa panegírico que falló de forma estrepitosa (ya se sabe que, con frecuencia, los sonidos del silencio son más estruendosos que los de la algarabía; se sabe que el volumen de la nada suele ser más evidente que el de cualquier contenido). No extraña que la intentona fuera fallida, pues es lo que pasa cuando lo que se hace persigue un objetivo distinto al anunciado: no era una fiesta de cumpleaños, sino el aprovechar, a la desesperada, la circunstancia del aniversario para generar unos réditos ya imposibles: la defensa a ultranza de la Corona, su inútil acercamiento a un pueblo que nunca la quiso o ya no la quiere, no se la cree.

Sobre la entrevista de Jesús Hermida al Rey queda poco que añadir. Un Rey que no sabe que decir, al que se le ven las costuras torcidas de un pobre guión que es obvio que tampoco él se cree. Un Rey sin el carisma de los grandes hombres. Sin capacidad ni para la seducción, sin inteligencia ni para la manipulación. Sin ninguna fuerza, ni la del poder ni la de la verdad. Sin la campechanía que se le atribuyó, siquiera. Un Rey pillado en falta, fuera de juego, desconcertado, agónico, más muerto que vivo.

Por su parte, la bochornosa actuación de Hermida ha hecho correr ríos de tinta sonrojada: el envaramiento de su actitud, la servidumbre ante el personaje, la ranciedad del tratamiento, la vacuidad de sus preguntas, la reiteración inane. Qué necesidad tendría este periodista septuagenario de echar por la borda una carrera profesional que, gustase más o menos, le hacía merecedor de respeto. Supongo que la vanidad. Imaginar un broche regio para tu trayectoria, un colofón incomparable, la traca final: entrevistar al Rey… De traca ha sido, desde luego, pero de otra naturaleza. Estoy segura de que Hermida lo lamenta. O quizá no, la ceguera puede ser total. En cualquier caso, poco importa: asuntos entre monarcas y lacayos.

Me importa mucho más lo que vino después: esa especie de monográfico sobre la Transición en el que participaron distintos personajes de la época, desde banqueros como Francisco González hasta periodistas como Iñaki Gabilondo, desde empresarios como César Alierta hasta escritores como Antonio Gala. Lola Herrera, Concha Velasco, Nuria Espert. Santana, Ángel Nieto. Nájera, Dexeus, Punset. Ansón, Cebrián. Lo que el Rey había llamado antes “generación de la libertad”. Y lo que contaron fue bastante patético. Lo que recordaron, pobre. Lo que transmitieron, poco. Lo digo con el respeto debido porque soy de las que creen que los mayores merecen consideración: a su experiencia, a la sabiduría aprendida en el camino. La palabra generación se repitió como si fuera la última palabra y como si fuera la ultima generación. Como si no hubiera habido otra. Como si la historia de España fueran solo ellos. Es una fea sensación que nos transmite siempre la generación de la transición. Fea por soberbia y fea por egoísta.

La generación de la transición nos tiene un poco hartos porque ha ido muy sobrada, si se me permite la expresión. Se creen que hicieron milagros y lo que hicieron fue unos pactos más que discutibles. No se hizo justicia, no se pidió perdón. Se heredó lo que quiso Franco (el que murió en la cama), empezando por el Rey. Se permitió la permanencia de los fascistas en el poder, se reservó un lugar privilegiado para la Iglesia Católica. No fue para tanto, señoras y señores de la transición. Quizá hicieron lo que pudieron y no podían hacer más, de acuerdo, pero sería de agradecer la humildad de reconocerlo. Personalmente, yo reconozco que el miedo es libre, que la miseria moral deja muy poco margen, que la falta de músculo democrático puede llevar a tragar lo que sea. Pero ustedes deberían ser los primeros que dijeran: es lo poco que podíamos hacer, apenas preparar el camino, agostado por décadas de dictadura militar, para los que vinieran después. Lejos de eso, se les llena la boca con su componenda. Yo lo digo con todos los respetos. Pero reclamo el respeto debido a las generaciones posteriores, a las que todos estos señores y señoras, intelectualmente muy mayores, emocionalmente esclerotizados, ningunean, minusvaloran y hasta desprecian. Forges, cuya presencia en esa hagiografía televisiva me sorprendió, llegó a decir que no veía nada, nadie que le convenciera en la actualidad. Qué poca vista. Y, sobre todo, qué poca generosidad.

¿Es que los de la “generación de la libertad” no ven lo que han dejado, lo que han hecho, la que han liado sus banqueros, sus empresarios, sus presidentes, sus consejeros delegados, su Rey? ¿Es que no les queda un poco de dignidad? La suficiente para acercarse a los jóvenes, analizar juntos los errores, intercambiar aptitudes, perspectivas, ideas. Respetar. Luego dicen del respeto a los mayores. Un respeto debido, por supuesto, pero que hay que merecer. Como merecen respeto las generaciones posteriores, los jóvenes que están tratando de superar las trampas de aquella supuesta libertad de su generación. Que se ha demostrado libertinaje.

http://www.eldiario.es/zonacritica/debido-respeto_6_87551250.html

Lo que no le preguntaron al Rey

Arturo González

Puntadas sin hilo, 05 ene 2013

1.- Pasados 35 años desde la aprobación de la Constitución, y para sentirse legitimado, ¿no cree que es necesario someter a la consideración de los españoles si están conformes con una monarquía o prefieren una república?

2.- ¿Cree sinceramente que todos los españoles son iguales ante la ley?

3.- ¿Por qué, para evitar maledicencias, no se hacen públicos voluntariamente los gastos de la Familia Real, incluyendo esa posibilidad en la inminente Ley de Transparencia?

4.- ¿Cree que hay suficiente separación de poderes entre el Estado y la Iglesia Católica?

5.- ¿Hay que cambiar la Constitución en algún punto? ¿Qué circunstancias deben darse para la necesidad de cambio?

6.- Señor, usted reina, pero no gobierna. ¿Eso qué quiere decir? ¿No se siente una figura decorativa?

7.- ¿Permitiría el Ejército la secesión unilateral de Catalunya?

8.- ¿Le parecen justas las graves diferencias económicas existentes entre los españoles? ¿Cómo se puede corregir?

9.- ¿Sabe que ha bajado considerablemente el aprecio que los españoles tienen por su persona?

10.- Se ha hablado y escrito mucho acerca de su gran patrimonio. ¿Puede decir algo al respecto?

11.- No hablo de abdicación, pero ¿un rey no se jubila nunca?

12.- ¿Se quedó satisfecho después de haber pedido perdón por lo de la cacería de elefantes en Botsuana?

13.- Majestad, ¿Ha tenido su Majestad amistades peligrosas?

14.- ¿Ha tenido que firmar algo que no le satisfacía o agradaba? ¿Por qué lo firmó?

15.- ¿Qué piensa del General Franco?

16.- Señor, ¿es usted capaz de hacer autocrítica?

17.- Majestad, ¿cree que es mejor para revalorizar su cometido y figura una entrevista amable y complaciente o una exigente y comprometida?

Pues muchas gracias.

http://blogs.publico.es/arturo-gonzalez/2013/01/05/lo-que-no-le-preguntaron-al-rey/

Ayer me hice monárquico de toda la vida

Aníbal Malvar
Rosa y espinas, 05 ene 2013

juan carlosMe ocurrió ayer, señor doctor. Delante de la tele. De repente y sin mediar fiebres ni calenturas, me hice monárquico de toda la vida. Ya solo me apetece matar elefantes y osos borrachos y detener extraños golpes de estado con un discursillo. Creo que es grave. No sé si está esto en su mano, pero yo preferiría cambiar mi patología por cualquier otra enfermedad incurable y fulminante. Pues esto de hacerse monárquico de toda la vida no solo te enfurcia el futuro, sino que te deja sin un pasado razonable. Muérame usted de otra cosa, señor doctor, que estoy que me aflijo y me aflojo. Supongo que es lo que ustedes llaman una enfermedad coronaria. Que me lleve ya.

hermida¿Que cómo empezó? Anda usted tonto, señor doctor. Preocúpese menos de las bacterias y más de la tele. Empezó anoche. Zapeando. ¿Sabe usted lo que es zapear? Saltar de estupidez en estupidez hasta lograr la paz lobotómica. Y entonces lo vi a él: a Jesús Hermida. Y después al otro él: a don Juan Carlos I de Borbón y dos Sicilias. Conversando. Y entonces dijo mi rey: “Aun nos falta por conseguir una España más igualitaria”. A él, a quien yo hasta ahora acusaba de haber contribuido solo a crear una España más igualita (a la de Franco) que igualitaria, le escuché la dicha frase. Y solté una carcajada feliz. Y, desde entonces, con cariño, le llamo a mi Juanito Su Graciosa Majestad. Porque es gracioso. Porque me hace reír. Pero aun mi enfermedad estaba en fase incubacionista, y malicié, aunque solo un poco, que un rey que desea ser igualitario lo que no quiere es ser rey. Lo que quiere es ser igual. O sea que nos hacen a todos reyes o al rey le nombran parado, porque en esta España ya no queda casi término medio.

Después, entre sus logros, apuntó mi Juanito el irrefutable hecho de que “hemos ganado la libertad y el bienestar de los españoles”. Cierto es, alegarán los recalcitrantes, que pocas horas antes de esta encantadora entrevista de contrastado rigor periodístico, dos hombres se habían quemado a lo bonzo en Málaga. Hay gente que encuentra el bienestar quemándose a lo bonzo, sobre todo ahora en invierno con el frío. Y además estaban disfrutando de su libertad para no vivir.

urdanEn un gesto de elegancia profesional que le honra, Jesús Hermida no preguntó a Juan Carlos por las imputaciones contra Iñaki Urdangarin. Entre caballeros nunca se habla de embutidos, salvo para pronunciar algún que otro chiste presuntuoso y soez. Los chorizos que se le sirven a la realeza y al resto del pueblo igualitario son exquisitos, pero no por ello más importantes que, por ejemplo, la invertebrable unidad de España. De la que sí que hay que hablar. ¡Cómo preocupa la unidad de España a los seis millones de parados! En las colas del INEM, que habitualmente frecuento después de escribir este tipo de columnas, no se habla de otra cosa.

felipePero cuando mi monarquismo de toda la vida alcanzó su fase aguda e irreversible, cuando los sarpullidos invadieron mi epidermis en forma de coronas y de caritas de Franco, fue cuando el rey nos tranquilizó asegurando que su hijo Felipe es un fulano de “una gran honestidad intelectual”. No anduvo presumiendo de que fuera muy listo. Ni de que sea muy honesto. Combinó las dos cosas. No dijo “altura intelectual”, ni “honestidad manifiesta”. No. Dijo “honestidad intelectual”. Hitler, por ejemplo, también poseía una enorme honestidad intelectual: era absolutamente honesto a la hora de vindicar sus ideas o creencias. Stalin, igual.

A mí esto de la honestidad intelectual del príncipe me da, por tanto, entera confianza. Y por eso ayer me hice monárquico de toda la vida, señor doctor.

No entiendo…

¿Qué me está diciendo de lo de un euro por receta?

¡Suélteme la cartera, señor doctor!

¿Es que no sabe con quién está usted hablando?

¡Yo soy monárquico de toda la vida!

http://blogs.publico.es/rosa-espinas/2013/01/05/yo-soy-monarquico-de-toda-la-vida/