Nicolás Sánchez-Albornoz: “Hay que desacralizar el Valle de los Caídos y sacar de ahí los restos de Franco”

ENTREVISTA AL HISTORIADOR QUE PROTAGONIZÓ LA FUGA MÁS FAMOSA DE CUELGAMUROS| Publicado: 16/1/2015
Sato Díaz *Nicolás_Sánchez_Albornoz_entrevista

Nicolás Sánchez-Albornoz (Madrid, 1926) es una de esas personas cuya historia personal es un reflejo de la historia colectiva de este país. Ahora que se cumplen 75 años del inicio de la construcción del Valle de los Caídos, conocer la opinión de quien en agosto de 1948 protagonizó una fuga junto a su compañero Manuel Lamana, huyendo del destacamento penal de Cuelgamuros, donde cumplía condena realizando trabajos forzados por participar en un intento de reconstrucción de la Federación Universitaria Escolar, es imprescindible. Además, Sánchez-Albornoz tiene la capacidad de interpretar la actualidad que se le presupone a un especialista en historia económica de España y en la social de América Latina. Tras escapar de su cautiverio, se exilió en Argentina y luego en Nueva York. En ambos lugares fue profesor universitario. También se le ha concedido el grado de doctor honoris causa en las universidades Autónoma de Barcelona o Carlos III de Madrid, entre otras. El que fue el primer director del Instituto Cervantes, recogió en Cárceles y exilios (Anagrama, 2012) sus memorias de lo que vivió entre 1936 y 1975. También ha escrito numerosos artículos.

En el prólogo de Cárceles y exilios dice: “la cara que el país luce en la actualidad es más amable que en el pasado, a pesar de los oscuros forúnculos que la afean”. ¿Cuáles son esos forúnculos?

– El Gobierno actual es un forúnculo mayúsculo, pero hay más. Por ejemplo, el problema de la Iglesia no está resuelto. Se podría hacer una lista muy larga de forúnculos.

Mucha gente está calificando el momento actual como un periodo de cambio. ¿Cree que pronto será la cara del país más amable?

– Nunca se sabe cuál será el resultado. Lo que se puede decir es que es difícil que sea más fea.

La guerra y el franquismo supusieron un retroceso económico, social, político y cultural para España. ¿Se ha superado ya o se mantiene todavía ese retraso?

– La Segunda República supuso unos avances muy importantes y el Franquismo supuso un retraso. Después, en el orden social han habido una serie de cambios que han hecho que España vuelva a la línea de la República: la ley del divorcio, la convivencia entre ciudadanos… Todo eso se ha recuperado. Pero siguen habiendo una serie de grupos a los que les parecen mal los cambios sociales que se han producido espontáneamente. El hecho de que haya más matrimonios civiles que eclesiásticos es motivo de resentimiento para personajes como Rouco Varela. Hay un núcleo de resistencia muy fuerte que pone en peligro lo conseguido y la convivencia. En el orden económico, la Segunda República intentó un reparto del bienestar de las clases menesterosas, pero el Franquismo fue una marcha atrás. Después ha habido un esfuerzo para elevar el nivel de bienestar de la gente. Eso es por influencia de que estamos en Europa, pero hay una serie de gobernantes a los que les incomoda esto y están dañando a la Sanidad y a la Educación. Todo lo que representa el bienestar lo quieren echar para atrás. Eso no es único de España, ha habido una corriente en todo el mundo para romper el bienestar y abrir una brecha entre la gente con mucho dinero y los pobres y la clase media.

Este año se cumple el 75 aniversario del inicio de la construcción del Valle de los Caídos (1940). ¿Ha conseguido olvidar aquellos meses de 1948 en los que estuvo cautivo en Cuelgamuros?

“Cuelgamuros fue un observatorio de cómo funcionaba el sistema. Pude ver toda la corrupción de los funcionarios en la alimentación de los presos

– Recuerdo perfectamente todo lo que vi en el Valle de los Caídos en los pocos meses que estuve. Recuerdo nombres y anécdotas y eso me ha permitido escribirlo. Lo que pasa es que mi experiencia es limitada y nunca he querido exagerar. Estuve cuatro meses y en el mejor destacamento de los tres, el que construía el monasterio, y con unas condiciones accidentales muy favorables, pues yo estaba en una oficina en vez de poniendo ladrillos. Aquello fue un observatorio para ver lo que pasaba y para ver cómo funcionaba el sistema. Pude ver toda la corrupción sobre la alimentación de los presos.

¿Cómo era esa corrupción?

– El sistema, por lo menos en mi época, era que las compañías arrendaban al Estado los presos por 10 pesetas y 50 céntimos por día. El Estado depositaba 50 céntimos en una cartilla que el trabajador preso iba acumulando y que cuando salía libre se le pagaba. La propaganda de Franco decía que el Estado era previsor y creaba un fondo para que los liberados cobraran dinero al salir. ¿Pero qué cantidad era esa? Poca, para volver a su pueblo y poco más. Tras quitar esos 50 céntimos, quedaban 10 pesetas. El presupuesto de la alimentación del preso era de cinco pesetas al día. El Estado hacía pagar al preso su alimentación y quedaban cinco pesetas de beneficio, que se pueden atribuir a financiar a los guardianes, a la Guardia Civil… Era un sistema por el cual mantener a toda esa población presa no costaba dinero al Estado, que podía permitirse el lujo de tener a decenas de miles de personas haciendo trabajos forzados. La corrupción venía en la alimentación de los presos. Las cinco pesetas por día para alimentar a los presos iban al Estado, que compraba la comida. Venían los camiones, pero lo que yo veía era que se volvían llenos. Hacían el paripé de bajar galones de aceite o lentejas, pero se volvían llenos. El estraperlo de esa época venía de lo que los funcionarios robaban a los presos. El funcionario podía hacerlo porque sus compañeros no le denunciaban y los jefes también estaban pringados. Era una corrupción vertical, como los sindicatos. Esto era generalizado, esto lo tenían que saber el ministro y Franco, porque era la forma de comprar lealtades. El régimen conseguía lealtades por la persecución y represión, pero también dando a su propia gente esos beneficios que llegaban de la corrupción.

¿Hemos heredado ese sistema corrupto?

– Es que esta gente corrupta se ha formado así. Cree que el mundo funciona y debe funcionar de esa manera.

No existen cifras oficiales de la gente que murió en el Valle…

– En el periodo que yo estuve no me consta que hubiera muertos, pero sí recuerdo comentarios de las explosiones. Las explosiones durante la construcción existían. Lo de los 14 muertos que figuran es una cifra muy reducida, pero que ha sido reconocida por la propia Fundación Francisco Franco. A mi modo de ver, es una cifra mínima, pero bien está que reconozcan esa cifra. Lo que la gente no computa es todos los que quedaron heridos por el trabajo, que eran trasladados a hospitales, y, sobre todo, a todos los que barrenaban la piedra, porque eso levanta mucho polvo y tiene un efecto nocivo para los pulmones. Todos los muertos que ha habido después no se computan, pero también son víctimas del monumento.

Nicolás_Sánchez_Albornoz

Durante los cuatro meses en los que estuvo preso en el Valle de los Caídos, ¿fue víctima de torturas o las vio?

– No. No traía a cuenta. Se les llevaba a Carabanchel o a la Jefatura de Policía. Cuando nos fugamos Manuel Lamana y yo, había un tercer compañero, Ignacio Faure, a quien le faltaban 15 días para cumplir la condena, por lo que nos parecía absurdo hacerle participar en una fuga y que se jugara la vida. Pero, por otro lado, se nos planteó el problema de que nuestro compañero no lo supiera. Entonces, fuimos en el último momento y se lo contamos. Cuando nos fugamos, lo primero que hicieron fue llevarle a interrogatorios, que no fueron nada suaves. Él no cantó. Aguantó y hubo malos tratos, pero no en Cuelgamuros, sino en la Puerta del Sol. En vez de 15 días tardó tres meses en que le pusieran en libertad, pero salió. Luego lo vi una vez, era un arquitecto muy famoso y marchó a México, donde se desarrolló su carrera.

La ley de Memoria Histórica, aprobada en 2007 por el Gobierno de Rodríguez Zapatero, dicta que “el Valle de los Caídos se rige por normas aplicables a lugares de culto y religiosos”, así como que “se prohíben los actos políticos que exalten el Franquismo y la Guerra Civil”. Además, mediante dicha ley se pretende honrar a todas las personas fallecidas en la contienda y la represión posterior. ¿Qué se ha llevado a la práctica de esto?

– Parto de una discrepancia: el monumento se ha creado como un monumento religioso para dar un culto a los muertos del Franquismo, en especial a Franco y a Primo de Rivera. Se ha convertido en un lugar sagrado, y la ley reconoce ese carácter sagrado, donde se prohíben los actos políticos. Yo creo que hay que desacralizar el Valle de los Caídos. Tiene que abandonarse ese carácter sagrado y renegociar con la Iglesia, porque allí no puede darse el culto, es un monumento a un acto político y tiene que tratarse como algo político. Yo dije en un artículo que había que poner un urinario encima de la tumba de Franco y cuando se discutió en el Consejo de Ministros la ley de Memoria Histórica, hicieron referencia a eso. “Hay alguien que incluso quiere poner un urinario…”, dijeron. (Risas) Eso que dije es una barbaridad, pero de vez en cuando hay que decir barbaridades. Lo que no puede ser es un lugar sagrado y la ley lo reconoce implícitamente. Ante lo que es una expresión de un acto político hecha por Franco y con el agravante del trabajo forzado de los presos políticos, la Iglesia tendría que ser la primera que dijera que eso no puede ser un sitio de culto.

Según usted, ¿en qué se debería convertir el Valle de los Caídos?

– Primero, lo desacralizamos. Luego ya tendremos tiempo de meditar si se mantiene, de qué forma se mantiene, si se destruye o si se deja que la naturaleza lo destruya. Algo que ya está pasando, se está agrietando. De momento, yo, a parte de la solución del urinario, no tengo otra solución. El problema es que quedarán una gran cantidad de huesos, de los dos bandos, de Franco, pero también fusilados. Ahí está el problema, eso está lleno de cadáveres. Se complicará la solución. Pero lo primero es desacralizarlo y sacar de ahí a Franco. También a Primo de Rivera.

“Se le dice a nieta: – Ahí tiene [los restos de Franco], haga lo que le dé le gana. Y a Primo de Rivera, a Jerez de la Frontera. Todo con normalidad

Y, ¿a dónde nos llevamos el cadáver de Franco?

– Se le dice a la nieta: “ahí lo tiene, haga lo que le dé la gana”. Y a Primo de Rivera, a Jerez de la Frontera. Todo con normalidad.

Los guías turísticos del Valle todavía no explican quién lo construyó…

– Eso es problema de Patrimonio Nacional, vende toda clase de folletos pero no dice la verdad.

Patrimonio Nacional, que fue administrado por socialistas, ¿porque no introdujeron la verdad?

– Son de esas herencias de las que no nos hemos deshecho y para las que no ha habido ningún esfuerzo por deshacerse de ellas.

¿Sigue sin visitar el Valle de los Caídos?

– ¿Para qué? No lo visito, hay muchas fotografías.

¿Lo ha visto desde la carretera?

– Sí, la cruz esa.

¿Qué sentimientos le produce el verlo?

– El mismo sentimiento que me producen la cantidad de cruces que hay por el mundo levantadas en entornos físicos bonitos. El valle de Cuelgamuros es bonito, pero lo estropearon.

“La memoria no se circunscribe al pasado, sino que es garante de futuro”, dice usted en el mismo libro. ¿Qué es lo más inmediato que hay que solucionar de aquel tiempo?

– Aquí hay algo referencial. ¿Cómo podemos presumir de que tenemos un sistema democrático homologable al resto de Europa cuando tenemos todavía todos los restos del Franquismo, como Cuelgamuros? En Italia o en Alemania sería impensable tener un monumento de esas dimensiones a Mussolini o Hitler. ¿Cómo se puede explicar a nuestros vecinos que somos europeos cuando permitimos estas cosas? Es la antidemocracia. En Alemania, cuando los grupos nazis se manifiestan, se les cortan las alas…

Durante su exilio, cuando pensaba en volver a España, ¿se la imaginaba igual que se la encontró?

– Al volver, en 1976, por fuerza tenía que encontrar que España era mejor que la que había dejado. La España de mi juventud es la de Cuelgamuros. Yo estaba enterado y podía tener el deseo de que las cosas eran distintas, pero al volver me encuentro una España mejor que la de los años 40. Y una España en marcha, en la que cabían todos los deseos y esperanzas. Íbamos a mejor, pero no hemos logrado tanto como se podría haber hecho.

Hoy también hay mucha gente, muy preparada, que tiene que irse fuera de España, como usted. ¿Qué les diría?

Eso es muy triste. Lo que se demuestra es que España económicamente y socialmente ha estado siempre atrasada con respecto al resto de Europa. Con la entrada de España en Europa se dio una gran oportunidad para dar un salto adelante y ponerse a un nivel comparable con el resto. Algo se ha hecho, evidentemente, el PIB, los ingresos, el modo de vida… todo eso ha progresado, pero no se han aprovechado las condiciones favorables para un crecimiento sólido y sostenible. Se han gastado los recursos y las oportunidades para consolidar ese avance. Aznar se gastó el dinero en fuegos artificiales, en el ladrillo, en las radiales. Todo eso ha sido un despilfarro que ha impedido la consolidación de los progresos. Esas imbecilidades nos han llevado a que ahora no haya empleo y la gente se tenga que ir. Eso es criminal y eso no se dice lo suficiente.

(*) Sato Díaz es periodista.

http://www.cuartopoder.es/invitados/2015/01/16/nicolas-sanchez-albornoz-hay-que-desacralizar-el-valle-de-los-caidos-y-sacar-de-ahi-los-restos-de-franco/4268

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