Manteros y mercados informales, oprimidos contra opresores

ROSA MORO

Madrid 28/11/2014

El otro día el blog de Michel Collon me recordó una magnífica reflexión de Malcom X que nunca está de más recordar y que viene bien para todo: “Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido”. Lo legal y lo ilegal, lo bueno y lo malo, en nuestra mentalidad muchas veces no lo conforma tanto la racionalidad como la machaconería de los mensajes mediáticos y de la educación -estrechamente ceñidos al sistema capitalista.

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Una de estas irracionalidades que hemos asimilado como incuestionables es la ilegalidad o maldad del modo de supervivencia de la gente que no tiene trabajo formal/regular/oficial, más bien que está en situación de “desempleo encubierto” como define el economista Gaspard Muheme* a todos los que no entran en los esquemas cuadriculados de la economía occidental capitalista. Los que alimentan a sus familias y pagan las facturas con trabajo dentro de lo que se considera economía informal, o trabajar en negro.

Mi amigo Bara es mantero, un tipo fantástico, muy educado y respetuoso, inteligente, honrado y con una visión de futuro para él y su familia ceñida a los principios de honradez y respeto a los demás que rigen su vida. Se ve obligado a vivir y mantener a su familia vendiendo en la manta, no le gusta, le encantaría ser asalariado en cualquier sitio, pero no encuentra trabajo que esté integrado en el sistema. ¿qué va a hacer? ¿Robar? ¿Mendigar? Oye, vender en la calle es una forma muy digna de vida en África. En muchos países de África, al no tener instituciones que establezcan y organicen unas normas basadas en la economía tal y como la conocemos en España, la capitalista, la gente basa su economía en las redes de confianza de su comunidad. Los mercados informales tienen sus reglas y la gente las cumple, aunque no encajen en la mentalidad capitalista. ¿y qué pretende hacer el sistema con la gente que se empeña en comer y vivir o sobrevivir a pesar de no tener cabida en él? ¿Matarlos a todos? ¿Meterlos a todos en la cárcel por el crimen de no encajar en el capitalismo? ¡Pero si no se los deja encajar!

Leyendo el interesantísimo blog del filósofo-reportero Robert Neuwirth, “Stealth of nations”, he aprendido que los mercados informales, si fueran un país, la hipotética república popular de los trabajadores informales, serían el país más grande del mundo, la economía más potente, donde vivirían ¡la mitad de los empleados del mundo! El único problema con estos pequeños supervivientes es que no encajan en el sistema capitalista que rige el minoritario mundo occidental… ¿y?

Cuando defiendo a los manteros, porque sobrevivir no es un delito, a veces me callo argumentos por no herir la sensibilidad de quienes dicen “Si todos hacemos lo mismo y no pagamos impuestos ¡España se hundiría!” o “Tiene que ser ilegal vender en la manta porque imagínate que tienes una tienda de bolsos y se te pone a la puerta un mantero a vender los suyos ¿te gustaría?” o “¿Qué hay de los derechos de los autores originales?”.

  1. No creo que a todos nos gustase vender en la manta para no pagar impuestos, egoístamente pensando en no pagar impuestos, me daría más envidia un banquero, un accionista del IBEX, un político que recibe sobres con dinero negro, un Pujol o un Fabra o un Cristina de Borbón de la vida, que tampoco pagan impuestos y tienen millonadas en paraísos fiscales. No creo que el mundo se vaya a echar a perder si se deja de perseguir a los manteros, porque nadie va a abandonar su vida para dedicarse al jugoso negocio de la manta. Nadie envidia su situación de tener que elegir entre pagar impuestos o comer. Ellos desean salir de esta situación y lo harían si pudieran.
  2. Si yo tuviera una tienda de bolsos me asustaría mucho más que abriera enfrente o en cualquier lugar de cerca un corte inglés, un Tiger, un Primark, o cualquier gran cadena internacional de bolsos, ropa, complementos o cosas varias (con sus beneficios fiscales). Esos sí han hecho cerrar cientos de miles de negocios, pero no conozco un solo negocio que haya cerrado por los manteros.
  3. Y por último, no creo que a Louis Vuitton le haga falta mi solidaridad para salvaguardar sus beneficios, y sí creo que a mi amigo Bara no le viene mal mi solidaridad, para defender la dignidad de su medio de pagar el alquiler, las facturas, la comida, la ropa… en fin.

Bara cuenta que a veces, cuando está vendiendo en la calle, alguna señora de buen corazón se le acerca y le da una moneda. Él educadamente lo rechaza, porque está vendiendo, no mendigando. Soy afortunada por haberle conocido y haber aprendido tanto de él y sus compañeros, gracias a ellos he abierto mi mente. A pesar de mi mentalidad europea, he racionalizado esta situación de los vendedores callejeros y he llegado a la conclusión de que estaba odiando al oprimido y defendiendo al opresor. Si quiero un mundo mejor, más me vale asociarme con el oprimido y que el opresor siga ahí arriba, en ese mundo de legalidad con paraísos fiscales, negocios globales con trabajadores esclavos, lujos y derroches.

Gaspard Bagalwa MUHEME es economista y sociólogo. Profesor en las Facultades de Económicas de la Universidad católica de Bukavu, la universidad católica de Graben/Butembo y la universidad de Lubumbashi, en la República Democrática del Congo. Autor, entre otras obras, de “Le Poids Des Economies Non Officiell

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