Una Conferencia Política para llorar

11/11/2013

Alejandro-Inurrieta-

Alejandro Inurrieta *

Pasar el fin de semana en la Conferencia Política organizada por el PSOE tiene tintes masoquistas, salvo para los que de verdad se pueden creer que este tipo de eventos engendra algún cambio de verdad. Sólo se podría salvar el laboratorio creado y montado a su imagen y semejanza por César Calderón. Este laboratorio permitió disfrutar de algunas experiencias interesantes en materia de transparencia y gobierno abierto, elementos exóticos en una organización cerrada, viciada en todas sus estructuras y con vigilantes de discoteca que expulsaban de malos modos a los que queríamos escuchar las propuestas en las diferentes comisiones y  no éramos participantes/delegados.

La estructura de la Conferencia era idéntica a la de cualquier Congreso de la organización, con su apertura, comisiones, enmiendas, ponentes, votaciones por delegación y escaso o nulo debate en un marco farragoso y deprimente. Solo se salvó el discurso de Javier Fernández, presidente asturiano, que se quitó su etiqueta de soso y moderado y encendió a los militantes y no militantes con un mensaje rico en contenido, emotivo, directo y muy creíble. Por esta razón, tanto los medios de comunicación como parte del aparato del Partido prefirieron obviar aquel y quedarse con el impostado y nada creíble discurso de la estrella emergente, la actual presidenta de Andalucía, quien tiene todo por demostrar en lo político.

La expectación creada en torno a un manifiesto de cambio estructural en el PSOE ha quedado completamente diluida, pues las estructuras y quien toma las decisiones últimas carece de alguna voluntad reformadora en profundidad. Los escasos debates han sido monólogos de mucha gente con demasiado ego, la autocritica de verdad se quedó en la puerta y la mediocridad del documento es una señal muy grave que indica que, o se carece de ideas nuevas, frescas y creíbles, o simplemente no hay capital humano suficiente para llevarlo a cabo.

Después de una derrota tan severa, mucho más que la simple pérdida del gobierno, no se ha vislumbrado que los grandes temas a debate: Monarquía, Educación, Servicios Públicos, Laicidad, Banca Pública, Distribución de la Riqueza, Pobreza, Cooperativismo, Industria, Ley Electoral, etc., hayan tenido respuesta. Parecía que lo único que importaba era trasladar a la opinión pública su predisposición a que se pudiese elegir un candidato a la presidencia del Gobierno mediante elección directa por la ciudadanía. Si nos atenemos a la experiencia francesa, si todo lo que ha podido ofrecer el PSF es presentar a Hollande, casi mejor que se haga mediante el método antiguo.

Hurgando en los supuestos debates, nos encontramos con que se mantiene y se sostiene el modelo educativo híbrido entre educación pública y concertada, muy querido por muchos dirigentes y militantes que alegremente defienden y subvencionan a la Iglesia católica a través de la educación concertada. Este tipo de sistema educativo es el germen de la desigualdad entre ciudadanos, pues no garantiza una gratuidad real para todos y segrega de forma consentida a los buenos estudiantes, blancos y de clase media, y los de color o inmigrantes y clase baja. El mantenimiento de este modelo educativo, por más que se esté en contra de la LOMCE, ya no garantiza la igualdad de oportunidades en materia educativa.

En el ámbito económico la desazón es aún más grande. Toda la ponencia es un corte y pega de otros cónclaves, llena de lugares comunes y sin atajar ninguno de los aspectos cruciales en estos momentos, ni tampoco un arma de futuro para nuevas fases del ciclo económico. El documento pasa de puntillas por la acción política llevada a cabo por los gobiernos de Zapatero. El relato no se corresponde con la realidad y por tanto el diagnóstico es falso. Todos los problemas económicos derivados de los excesos llevados a cabo en esos años, o el miedo a los lobbys económicos, no se plasman como una realidad, ni se refieren a ellos como la causa de que no se moderase el ritmo de crecimiento del crédito y por tanto la burbuja económica.

En este intento de adecuación del discurso nada se dice sobre cómo controlar a las élites económicas y financieras que, junto a las élites administrativas, son las que realmente gobiernan este país. De nuevo el miedo y la propia ignorancia se han juntado para no acometer un verdadero discurso de autonomía de la política frente al poder financiero y administrativo.

En el apartado fiscal, más tópicos sobre exención fiscal a gente que ya lo está, los que cobran menos de 16.000 €, o recuperar el impuesto de patrimonio que ellos mismos eliminaron. No han estudiado las mejores prácticas impositivas, como la francesa, para poder tener unos ingresos fiscales estables alrededor del 50% del PIB.

En materia financiera tampoco se han acometido los grandes problemas de financiación de los sectores más necesitados. Antes que eso, ni una palabra dedica a resolver el problema del sobreendeudamiento, ni de la restructuración de la deuda privada. Es como si no existiese, ni les importase solventar el principal problema que impide crecer a la economía española. Por ello, sorprende que lo único que propongan sean más créditos avalados por CERSA, es decir, instrumentos insuficientes y nada novedosos. No se atreven a plantear la creación de una Banca Pública de verdad, como en EEUU, Francia o Alemania, que financie la innovación, las empresas que están fuera del canal del crédito, la industria en todas sus acepciones, y todo lo que realmente crea valor. Por supuesto, la que tendría que financiar el parque público de vivienda social imprescindible para solventar el grave problema de acceso a la vivienda.

En materia de vivienda, nada aparece que cambie la legislación urbanística que entregue, como el Reino Unido, las plusvalías del suelo a los Ayuntamientos en un 100%, ni que se desarrolle el ya citado parque público de viviendas en alquiler, que se recupere la Renta Básica de Emancipación o que se topen los precios de alquiler como existe en Francia o Alemania. En general, se sigue apostando por el mismo modelo de acceso mediante la compra, abandonando lo poco que se hizo bajo el último ejecutivo de Zapatero, sin apenas autocrítica sobre un escenario de ruina para tantos ciudadanos que se han visto abocados a ser desahuciados tras la ejecución inmobiliaria.

Tampoco se apuesta realmente por  un marco industrial que ha perdido en 15 años más de 10 puntos del PIB,  es más, se nota cierto hastío hacia posiciones    que se denominan como la vieja fisiocracia industrial. Con el grado de formación laboral y una sociedad de servicios de bajo valor añadido, la economía española se deja al albur de los ciclos económicos y la concatenación de burbujas de todo  tipo.

En suma, estamos ante una estafa intelectual, llena de tópicos y lugares comunes y sin ninguna ambición de alternativa real a un mundo que degrada a los mayores, a los jóvenes, a las mujeres, al medio ambiente y que recoge lo peor de la tradición socio liberal. Lo de menos es quién encabece el proyecto perdedor que hoy encarna el PSOE.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

http://www.cuartopoder.es/tribuna/una-conferencia-politica-para-llorar/5204

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