Abrazos de Judas

Y TIRO PORQUE ME TOCA

MIGUEL SÁNCHEZ-OSTIZ – Domingo, 8 de Septiembre de 2013

La prensa boliviana de hace unos días decía que, invitado por Rajoy, el presidente Morales había visitado al Borbón en su palacio madrileño y al infame Rajoy en el suyo, antes de ir a ver al Papa. Por su parte, el diario Público sostenía que la visita fue a petición del propio Morales. Cada cual, desde su lado de la trinchera, ha contado el encuentro, sus motivos y circunstancias como le ha convenido. El caso es que elmandatario boliviano y el sátrapa mentiroso de la Moncloa se han reunido, han declarado que todo está bien, se han abrazado, sonreído, sacado una foto y cada cual se ha ido por su lado de la escena… hasta la próxima. ¿Y en el fondo qué hay? Lo ignoro. Esa es una representación cuyo fondo al común se nos escapa.

A mí, esa reunión se me hace rara. Y lo digo. A portavoces y replicadores se les llena la boca con el estado de las “relaciones bilaterales”, pero lo cierto es que las del gobierno de España y el ahora Estado Plurinacional de Bolivia son unas relaciones marcadas por una serie constante de incidentes a los que podríamos llamar ” de los que nunca más se supo”. Incautaciones, expropiaciones y reiterados malos modos por ambas partes a los que la mayoría asistimos con absoluta indiferencia porque no nos conciernen, salvo cuando tenemos que enfrentarnos con un funcionario vengativo o con un cretino que nos hace pagar culpas lejanas por llevar en el bolsillo el pasaporte que llevamos. Del trato que reciben los inmigrantes bolivianos por parte de la inmigración española se habla mucho, a la inversa poco, nada, y no es bueno.

A mí, vistas las fotos de protocolo del presidente boliviano con el Borbón y el Rajoy, se me ocurre que hubiese sido deseable que Morales les dijera a ambos a la cara todo lo que les dijo desde lejos hace dos meses, al tiempo de la crisis de la detención de su avión y del “cafetito” que se quiso tomar el embajador español en Viena dentro del avión de Morales como excusa para registrárselo… Pero ya no me hago ilusiones. Ni en esto ni en casi nada que tenga que ver con palacios, matones, pícaros, vividores, mentirosos de profesión, banqueros, financieros, multinacionales, predicadores de verdades de conveniencia, embajadas, diplomáticos, maderos… etcétera (que hay mucho), tengan ya la bandera que tengan. Una cosa es lo que se pone en la escena del protocolo y otra en las trastiendas de la gobernación, en campo propio, cuando se trata de aferrarse al poder y de mantenerse en él. Entonces todo vale y en consecuencia lo que vale para hoy no vale para mañana. Un día execras a quien representa a tu colonizador (al que perdiste de vista hace 200 años) y otros te abrazas a él, quién sabe por qué motivo, si a ver qué cae o porque hay una transnacional que quiere hacer las Américas a costa del más débil, antes de ser tachada de cueva de ladrones, algo tan real como archisabido. Una tragicomedia de alta política de la que no entiendo nada; solo comprendo lo que veo y esto no siempre coincide con lo que es.

Como no descubro nada nuevo, las citas acuden en tropel. Viene Cioran hablando de esas verdades que aparecen anunciadas por ángeles que tocan no se qué flautillas y acaban siendo defendidas por los mismos ángeles armados con metralletas. Y junto a él, jugando al mus, como los borrachos del cementerio, Ambrose Bierce que en su Diccionario del Diablo, decía de manera cínica y corrosiva que un inmigrante era una persona poco ilustrada que creía que un país es mejor que otro, y el sanchopancesco que también está jugando tira de naipe bobo y añade sentencioso (para que lo tomen por sabio) que en todas partes cuecen habas, y Stevenson, en su viaje a la California de los buscadores de oro, saca buen juego cuando cuenta que los inmigrantes que regresaban con las manos vacías les gritaban, de tren a tren, a los que iban bulliciosos: “¡Regresad, regresad!”… Hay quien situó la Utopía en las Islas Flotantes, allí, en el Pacífico, siempre un poco más lejos de donde nos encontramos, escondidas por largos periodos.

Está visto que una cosa es la ideología y la puesta en práctica en un mundo globalizado, que una cosa es el protocolo que encubre los negocios de las transnacionales, de las empresas estatales y otra, bien distinta, los discursos políticos destinados a calentar a nuestro electorado y solo a esto.

A mí me gustaría saber qué es lo que de verdad opina Morales del Rajoy y del Borbón, cuando no está a ellos abrazado ni sonriendo a todo sonreír. Sospecho que lo mismo que ha expresado en multitud de ocasiones cuando de enardecer a sus seguidores se ha tratado. De Rajoy, al tiempo de los aviones, poco le faltó para decir que es un maleante, algo en lo que habría plenamente acertado. Ahora dice que el incidente está olvidado o eso ponen en su boca, porque no lo escuché. No creo que Rajoy piense nada bueno de Evo Morales. Se le nota, a él y a los suyos, y a los medios de comunicación. Cada cual por su lado. Hasta la fraternidad de la lengua es una ficción que solo beneficia a los poderosos. No hay fraternidad, hay un instrumento común que no siempre sirve para unir y que comunidades cada vez más extensas ven como un instrumento de dominación, aunque usen de ella.

Ahora, después de haber conversado de nadie sabe qué con el de la Moncloa y el cazador de elefantes y corinas, Morales dice que en su condición de aymara no es rencoroso y que lo del avión está olvidado. No me lo creo. Veremos lo que dice en su próxima campaña electoral o cuando le toque volver a sacar réditos políticos al bochornoso incidente. Todos sus discursos (los que tengan que ver con otros países) están impregnados de un resentimiento que da votos seguros. Tal vez solo esté pasando por esa fase de afirmación y construcción nacional en la que sin enemigos no somos nada. En las hemerotecas y archivos hay ejemplos sonrojantes de lo que digo. Basta buscarlos en la Red.

Entiendo mal que a petición tuya o por invitación ajena acudas a abrazarte con aquel a quien execras y que representa para ti todo lo que de execrable tiene tu historia -escrita siempre a conveniencia de quien la escribe-. Entiendo bien los abrazos del carterista que aprovecha el contacto para birlarte la cartera… al menos hasta que tú te des cuenta y le largues una pateadura… Tengo la sensación de que todo esto sucede en un mundo en el que la mayoría no estamos… ni se nos espera… aunque paguemos la farra.

http://www.noticiasdenavarra.com/2013/09/08/opinion/columnistas/y-tiro-porque-me-toca/abrazos-de-judas

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