Encontraremos a nuestra hija

Publicado: 14/01/2013

Eduardo Raya y Gloria Rodríguez denunciaron por primera vez un supuesto caso de niño robado en España en 2010. Las cuatro pruebas de ADN realizadas al cadáver que exhumaron en 2008 confirman que no se trata de la hija de este matrimonio. Encontrar a su verdadera niña y que ella conozca su identidad se convierte en el Leitmotiv de este matrimonio granadino.

Gloria ingresó en el Hospital de Granada el 6 de junio de 1990, quince días antes de lo previsto, por pequeñas molestias tras haber tenido un embarazo “estupendo”. El personal sanitario que le atendió diagnosticó sufrimiento fetal por lo que le realizaron una cesárea una hora más tarde. Uno de los ginecólogos que atendió el parto fue condenado por la Audiencia Provincial de Granada en 1993 por suposición de parto y falsedad documental.

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Eduardo y Gloria en Granada.
Durante el tiempo que la presunta hija de Gloria permaneció en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP) detectaron alguna rareza como el hecho de que la familia no pudiese visitar a la recién nacida en el horario habitual. “Cuando esta pida ver a su hija llamar antes a la UCIP para que os indiquen si puede subir o no”, se lee en su historial clínico anotado en referencia a las visitas al bebé.

“A mí me parecía indignante no poder ver a la niña en horario habitual como el resto de los padres pero ellos decían que tenía un virus muy raro y que era necesario predeterminar las visitas”, relata Gloria. Después de tres días de ingreso, les comunicaron el fallecimiento de su hija. “Aunque en la historia también aparece que el feto nació muerto”, recrimina Eduardo haciendo referencia al historial médico de 167 páginas que él ha presentado frente al de 50 que aportó la Policía judicial.

La causa de la muerte de su hija también varió en varias ocasiones. Les dijeron que había muerto de hepatomegalia, ascitis y más tarde de una enfermedad genética que portaba la madre. “Si fuese una hepatomegalia o ascitis podría haberse visto en las ecografías y yo me hice pruebas con resultado negativo a las enfermedades que decían. Cuando les recriminábamos, cambiaban la versión”, apuntala Gloria. La sospecha de que el hospital había cometido alguna negligencia aumentaba a medida que indagaban sobre el suceso.

“En su momento no denunciamos al hospital porque pensábamos que nuestra hija estaba muerta y que solo podrían indemnizarnos con dinero”, aclara Eduardo Raya. “Para mí ese dinero estaba maldito, dinero en pago por la muerte de mi niña. ¿Qué iba a hacer con él, irme de vacaciones?”, expresa Gloria con el gesto amargo. “Pensamos que solo serviría para remover aún más el dolor”, puntualizan.

En el año 2008 este matrimonio granadino desenterró el cuerpo de su supuesta hija para trasladarlo a su pueblo natal y de paso realizarle unas pruebas genéticas. “Se habían denunciado casos de niños robados en el mismo hospital en el que Gloria dio a luz y queríamos asegurarnos de que el bebé enterrado era nuestra hija”, explica Eduardo repasando en voz alta los titulares de distintas noticias que ha recopilado durante este tiempo.

Dos laboratorios (Tecnogen y Genómica) les confirmaron que el ADN hallado en los restos del bebé no pertenecía a la madre. Una resolución distinta a la emitida por el Instituto Nacional de Toxicología. El organismo público afirmó que “los restos exhumados no eran idóneos para el análisis”, entona Eduardo. “Lo más grave es que esta afirmación la realizaron 42 días antes de que les llegasen los restos. Los recibieron el 20 de julio y el informe lo emiten el 8 de junio, por lo que emitieron un informe predeterminado”, denuncia Eduardo con los documentos que lo acreditan en la mano. Cuando le llegaron los restos, Toxicología emitió de nuevo el informe.

Un tercer y cuarto laboratorio, Labgenetics y NBT, han analizado las muestras y han concluido que el ADN encontrado en el análisis mitocondrial del cabello analizado por Toxicología no pertenecen a una hija biológica de Gloria Rodríguez.

CARPETAZO

“El equipo de la Policía judicial que investigaba nuestra causa presentó además restos de tejido hepático que le sustrajeron a nuestra supuesta hija cuando falleció. Sin embargo, nosotros solo habíamos autorizado al hospital a que realizaran una biopsia al cadáver por lo que no sabemos de dónde sacan esos restos”, relata Raya. “Toxicología analizó este tejido y dijo que los marcadores analizados no permitían excluirnos como padres biológicos de la recién nacida”, explica Raya.

Sin embargo, otros dos informes contradicen, de nuevo, al organismo público. En esta ocasión el análisis realizado por el catedrático del Hospital Clínico de Barcelona Bruguera demuestra que el tejido hepático no pertenece a un feto o a un bebé recién nacido de pocos días. Un segundo informe, el de Labgeneticis, concluye que el “ADN encontrado no es de una hija biológica de Eduardo y Gloria”.

“Y ante las contradicciones de los resultados la Fiscalía archivó de manera definitiva la causa”, relata Eduardo cansado de su continua lucha. Ante el cierre definitivo de su causa, Raya presentó una denuncia al Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. Este organismo judicial se pronunció a su favor el pasado mes de noviembre. “Ante las graves irregularidades cometidas por la policía judicial, que se tienen que investigar ahora, se pide el archivo provisional”, explica Eduardo acerca de la decisión del pasado noviembre.

Sobre la mesa de su despacho Raya despliega pruebas, documentos y reclamaciones. En total ha recopilado 12 informes, “lo que acredita que mi hija fue robada en el Hospital Clínico de Granada y que me entregaron otro cuerpo que es el que enterramos”, concluye.

Gloria recalca que no van a dejar de buscar a su hija ni un solo día. “Tengo la necesidad de verla porque la he llevado dentro y la he sentido”, relata al hablar del sufrimiento que le acompaña en su vida diaria. “Mi tiempo se lo dedico a ello y a mis otros dos hijos: Eduardo y Carmen”.

Piden que se haga justicia en España y que se rompa el silencio que ha acompañado a esta trama durante tantos años. “Es vox populi que esto ha pasado. ¿Por qué nadie dice nada? Le podría haber pasado a cualquiera”, espeta Gloria desgarrada.

La familia confía en que la presión social reviente la impunidad que rodea a la trama. “¿Qué derecho tenían para robarme a mi bebé? ¿Por qué no pagan los culpables por ello? ¿Quién se cree que son para arrancarme a mi hija de las entrañas y venderla? Que vendan los suyos si tantas ganas de dinero tienen. Increíble que esto esté pasando en España”, continúa Gloria.

Las asociaciones españolas de personas afectadas calculan que 300.000 bebés fueron sustraídos desde el año 1936 hasta finales de los 90. “Las apropiaciones se realizaron con el uso de la institucionalidad: fueron sanitarios, funcionarios judiciales, administrativos y demás personal que empleó los mecanismos de poder existentes”, explica la doctora en Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires Carla Villalta.

Las familias afectadas reclaman que finalice la impunidad gubernamental y que la ciudadanía española reconozca que esto ocurrió en su país durante muchos años. “Mi hija tiene ahora 22 años, le podía haber pasado a la de cualquiera”, finaliza Gloria con la esperanza de que quienes tengan hijos sientan su tragedia como propia.

 

Seguir a Irene Piedrabuena en Twitter: www.twitter.com/IPiedrabuena

http://www.huffingtonpost.es/irene-piedrabuena/encontraremos-a-nuestra-h_b_2446396.html?utm_hp_ref=fb&src=sp&comm_ref=false

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