¡A todas las mujeres del mundo, sed fuertes!

Esta es la historia de Kim Bok-dong, surcoreana de 90 años de edad a quien el ejército japonés se llevó de su pueblo natal durante la Segunda Guerra Mundial. Fue sometida diariamente a abusos sexuales, en lo que se conoce como “confort woman” o mujer de solaz para capricho y satisfacción de los soldados. Una mujer valiente que alza la voz para denunciar estos abusos.

Kim Bok-dong – “Confort woman” que habla públicamente de la esclavitud sexual a la que fue sometida por soldados japoneses durante la Segunda Guerra Mundial

04/01/2013

Kim Hak-soon fue la primera superviviente en hablar públicamente del sufrimiento como "confort woman". © Consejo Coreano de mujeres afectadas por la esclavitud sexual del ejército de Japón

Kim Hak-soon fue la primera superviviente en hablar públicamente del sufrimiento como “confort woman”. © Consejo Coreano de Mujeres Reclutadas por Japón para la Esclavitud Sexual

Tenía 14 años cuando me vi arrastrada a la fuerza a la esclavitud sexual por el ejército japonés. Dijeron que me contratarían como operaria de fábrica, pero en vez de eso nos llevaron a muchas hasta Taiwán, Hong Kong, China, Malaisia e Indonesia. Yo estaba con la comandancia del ejército, así que prácticamente fui a todas partes con ellos.

No tengo palabras para describir lo que me hacían los soldados todos los sábados, desde el mediodía hasta las cinco de la tarde; y los domingos, de ocho de la mañana a ocho de la tarde. Al final del día no podía ni incorporarme. Tras ocho años de suplicio me pusieron a trabajar en un hospital del ejército. Su intención era ocultar cualquier prueba sobre las “confort women”.

Ni siquiera me enteré de que la guerra había terminado. Cuando volví a casa tenía 22 años. ¿Cómo iba a contarle a nadie lo que me había sucedido? Mis padres no dejaban de decirme que me casara, pero no podía. Al final tuve que decirles la verdad. Al principio no me creyeron, y después dijeron que, al menos, había sido afortunada por sobrevivir a todo aquello. Han transcurrido varias décadas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y Japón todavía no ha dado una respuesta adecuada. Si nuestro propio gobierno no se esfuerza en este asunto, ¿con quién vamos a hablar? Ésa es la razón de que sigamos luchando.

Me impliqué en el movimiento de las “confort women” en cuanto se formó, por tanto hace 20 años. Un día estaban pidiendo informes de las “confort women” que habían sobrevivido. Así que llamé. Vinieron a verme unas personas y algunos periodistas. No recuerdo la fecha exacta, pero el Consejo Coreano de Mujeres Reclutadas por Japón para la Esclavitud Sexual llegó hasta mí y desde entonces estoy con ellas. Al principio fue realmente difícil, pero no podía quedarme cruzada de brazos cuando todas esas personas acudían todos los miércoles a manifestarse por nosotras. Ahora yo también protesto todos los miércoles ante la Embajada. Reclamamos a gritos al gobierno japonés que pida perdón. En este tiempo hemos establecido lazos afectivos entre nosotras, como no podía ser de otra manera.

Cuando asistí a la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de la ONU en Viena en 1993, muchas mujeres de todo el mundo gritaron con nosotras, por nosotras. Aprecio sinceramente el apoyo de otros Estados. Hablan como si estuvieran dispuestos a trabajar a nuestro lado ya mismo. Pero pienso que deben presionar más a Japón si de verdad quieren ayudarnos. Y no parece que sepan que esto no sólo les sucedió a mujeres coreanas. Todos los países cuyas mujeres lo sufrieron deben cooperar más activamente en la protesta contra la negación del gobierno japonés. Todos esos países probablemente conocen los delitos y saben que estuvo mal. Deben cooperar [entre ellos] y pedir a Japón que acepte recomendaciones y dé importancia al reciente proceso deexamen periódico universal de la ONU. Estoy deseando que, en vez de palabras, tomen más medidas que ayuden a mantener la presión sobre Japón.

Imagen de Lee Doo-soon, confort woman, (84), Tongyoung. © Paula Allen
Imagen de Lee Doo-soon, confort woman, (84), Tongyoung. © Paula Allen

Han pasado varias décadas pero nada se ha resuelto. Cuando oigo hablar de simpatizantes en todo el mundo me siento muy agradecida, y gracias a eso tengo esperanza en que esta lucha pueda terminar pronto. Confío en que cada vez más gente alce su voz para que este asunto se resuelva. Debemos permanecer fuertes y no rendirnos. También pido a las mujeres jóvenes y a los estudiantes que se sumen a nuestra lucha por la justicia: vuestras voces y acciones serán enormemente apreciadas.

Yo ya tengo 90 años, y lógicamente esto me fatiga. Pero quiero recibir en persona las disculpas del gobierno japonés. No lo hago por dinero. Sólo quiero que el gobierno japonés lamente sus acciones, asuma la responsabilidad de lo que hicieron, nos pida perdón a todas y respete nuestros derechos humanos.

A todas las mujeres del mundo, sed fuertes. ¡No a la guerra! ¡ No a la violencia contra las mujeres!

http://www.eldiario.es/amnistiaespana/todas-mujeres-mundo-fuertes_6_86851319.html

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