Pena de muerte: un error letal

Por: Javier Valenzuela | 18 de mayo de 2012

CarlosDeLuna
Carlos DeLuna no tenía nada que ver con el asesinato por el que fue ejecutado en Texas en 1989. Esta es la conclusión de cinco años de investigaciones de un equipo de la Columbia Law School dirigido por el profesor James Liebman. La noticia, que de nada le sirve a Carlos DeLuna pero vuelve a poner en cuestión esa atrocidad llamada pena de muerte, está siendo difundida esta semana en medios norteamericanos, entre otros Time y salon.com.

DeLuna pagó con su vida parecerse mucho al autor de un homicidio cometido en 1983: el mortal apuñalamiento de Wanda López en el atraco a una gasolinera de Corpus Christi. Pero aunque el verdadero autor del homicidio, un tal Carlos Hernández, fue detenido antes de la ejecución de DeLuna y confesó repetidamente su crimen, nada ni nadie impidieron que la justicia (es un sarcasmo llamarla así) texana diera marcha atrás.

Hablando en plata, DeLuna fue ejecutado por ser un hispano que se parecía al autor del crimen (la única prueba de la acusación fue un testigo ocular) y por ser pobre y no poderse pagar un buen abogado. El informe de la Columbia Law School que cuenta todo esto en detalle se llama Los Tocayos Carlos: An Anatomy of a Wrongful Execution.

   Death-penalty-chamber-California

Incluso para aquellos que no son conscientes de que la pena de muerte, amén de inefectiva como elemento disuasorio, degrada a una comunidad hasta situarla al nivel del asesino, la existencia de un solo error en su aplicación debiera ser suficiente para abolirla. Eso, supone, por supuesto, tener un mínimo de decencia moral.

La buena noticia es que la larga e intensa relación de amor entre Estados Unidos y la pena capital parece haber entrado en crisis. Citando un estudio del Death Penalty Information Center, CNN informa que en 2011 descendieron de modo significativo en todo el país tanto las condenas a muerte como las ejecuciones materializadas.

Las condenas fueron 78, convirtiendo al pasado año en el primero en que se sitúan por debajo de 100 desde la reinstauración en Estados Unidos de la pena de muerte en 1976.

Los ejecutados fueron 43, tres menos que el año anterior y más de la mitad menos que 12 años atrás.

CNN informa asimismo que, según una encuesta suya realizada en octubre de 2011, el número de norteamericanos que se oponen a la pena de muerte es ahora superior al de sus partidarios: 50% frente a 48%. De asentarse esta tendencia, estaríamos ante un hecho histórico. Y uso el condicional porque la propia CNN señala que otros sondeos siguen dando la mayoría a los partidarios de la pena capital. Esta diferencia se explica, según sus especialistas, porque hay muchos norteamericanos que desean que ese castigo siga siendo una opción aunque tienen reparos a la hora de aplicarlo.

Electricchair500En un artículo publicado en Time (Why the Death Penalty Is Slowly Dying, Por qué la pena de muerte esta muriendo lentamente), Adam Cohen, profesor de la Yale Law School, explica que está ocurriendo.

Arranca el profesor recordando que California no ha ejecutado a nadie desde 2006, cuando un tribunal federal sentenció que el hoy generalizado método de la inyección letal es inadecuado por causar un dolor excesivo. California se ha gastado desde entonces un montón de dinero en buscar otras alternativas.

A continuación, Cohen señala que el lento y subterráneo movimiento abolicionista comenzó en Illinois en el año 2000, cuando el entonces gobernador republicano ordenó una moratoria en las ejecuciones después de que se supiera que varios de los inquilinos del corredor de la muerte de ese Estado eran inocentes. En 2011 el nuevo gobernador demócrata de Illinois consiguió abolir allí la pena de muerte. Nueva Jersey ya la había desterrado en 2007 y Nuevo México en 2009.

DeathRowFourteen.Texas
Ya son 16 los Estados norteamericanos, un tercio del país, que, en sintonía con el resto del mundo democrático y civilizado, no matan a sangre fría a seres humanos. Incluso muchos de los que siguen reservándose esa posibilidad tienen sus dudas. El año pasado, el gobernador de Oregón ordenó una moratoria de las ejecuciones con el argumento de que “no cumplen los niveles elementales de justicia”.

Estados Unidos sigue teniendo decenas de millones de partidarios del ojo por ojo y diente por diente. Gente convencida de que Dios ordena que aquel que a hierro mate a hierro muera, y que argumentan sin el menor problema que solo la venganza trae consuelo y reparación. En mis cinco años de estancia en el país conocí a muchos de ellos.

Troy.DavisHay, sin embargo, otros a los que les va produciendo reparos y hasta remordimientos la testarudez de los hechos: no pocos de los detenidos que son condenados a muerte resultan ser inocentes. Desde 1973, el propio sistema de justicia estadounidense ha declarado que 139 personas que ya estaban en el corredor de la muerte no habían cometido los crímenes por los que habían sido condenados.

Esos aún fueron afortunados porque la absolución llegó antes que el cumplimiento de la sentencia. ¿Y los otros? Carlos DeLuna murió en Texas en 1989 gritando la verdad: era inocente. ¿Cosas del pasado? En absoluto. El pasado septiembre, Troy Davis, un negro, fue ejecutado en Georgia como castigo por la muerte de un policía blanco a pesar de que varios testigos cruciales en su contra habían retirado su declaración.

http://blogs.elpais.com/cronica-negra/2012/05/pena-de-muerte-un-error-letal.html

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