Más madera: es el pacto fiscal o…

9 de mayo de 2012

Marta Lasalas *

BARCELONA.– La metáfora del choque de trenes ha hecho fortuna en Cataluña. Los trenes son PP y CiU o, mejor dicho, el gobierno español y el govern de la Generalitat. El pasado viernes evocaba esta imagen un dirigente nacionalista tan poco sospechoso de veleidades independentistas como Josep Antoni Duran Lleida. El político democristiano advertía en su carta web semanal que las instituciones del Estado por un lado y la sociedad catalana por el otro avanzan como dos trenes a gran velocidad por una misma vía y en sentido contrario. Duran alertaba que el choque amenaza con provocar un descarrilamiento que perjudicará a unos y a otros, y se preguntaba quién moverá las agujas de las vías para evitarlo.

De momento, nadie muestra la más mínima intención de cambiar el gesto. Al contrario. Las posiciones se tensan a cada día que pasa. El gobierno popular no está dispuesto a ceder ni, sobre todo, a que parezca que cede. Presionar a Cataluña vende bien en el resto del Estado -esto no es victimismo catalán, es una lección que los dos principales partidos españoles tienen muy bien aprendida-. Además, los catalanes muestran esta vez el descaro de reclamar aquello que en su momento no se atrevieron a exigir, es decir, el mismo trato fiscal que Euskadi y Navarra. O dicho de otro modo, un pacto que permita que Cataluña recaude y administre sus impuestos y que acabe con el déficit fiscal que desangra su economía.

Por su parte, el PP no sólo no acepta hablar del pacto fiscal sino que ni siquiera ha satisfecho las deudas que el gobierno español tiene pendientes con Cataluña fruto de la aprobación del Estatut. De hecho, el gobierno ha penalizado a los catalanes con un contundente –y ¿provocador?- recorte del 45% de la inversión en infraestructuras, lo cual  le sitúa como el territorio más castigado por los presupuestos del Estado. A ello hay que añadir las amenazas de intervenir la Generalitat o la exhibición de los humillantes adelantos del Estado para pagar a los funcionarios que no hacen más que aumentar el sentimiento de agravio.

Los síntomas de irritación se escapan como el vapor en una olla a presión. Un ejemplo claro fue el movimiento ciudadano No volem pagar –No queremos pagar– que el puente del 1 de mayo protestaba contra los peajes de las autopistas –en Catalunya un 67% de las autopistas son de peaje frente al 4% de Madrid–. Miles de ciudadanos siguieron la convocatoria de insumisión a pesar de la amenaza de una multa. Los partidos políticos, descolocados, bascularon entre el intento de apropiarse del movimiento o la expresión de simpatía. Y es que la marea de irritación se extiende veloz a caballo de la crisis y amenaza desbordar a los partidos. Un conseller de la Generalitat reconocía en privado la semana pasada que “o nos subimos a la ola, o la ola nos superará”.

De hecho, para CiU, la estrategia de romper la relación con el PP en caso de que no se avenga a negociar el pacto fiscal no sólo es posible sino altamente rentable. No hay que olvidar que el 76% de los catalanes, incluidos votantes del PP, apoyan la propuesta. CiU sabe que puede contar con ERC en esta reivindicación y que, por tanto, tendrá la mayoría del Parlament asegurada. Incluso en el PSC, sumido aún en una profunda crisis a pesar de ser el principal partido de la oposición, se levantan voces reclamando una actitud más decidida de los diputados socialistas en este tema. Sin embargo, la preocupación de Mas no es el Parlament sino la sintonía con los ciudadanos atormentados por la crisis. El mismo president reclamó el pasado jueves en una comida con empresarios una respuesta “contundente” en la calle a favor del pacto fiscal.

El pulso está servido. Desde el día que entró en su despacho de la Generalitat, Mas dejó claro que el pacto fiscal marcaría la legislatura. Si el pacto no es posible, habrá elecciones. En este contexto, la enmienda de CiU a los presupuestos de un gobierno del PP que se muestra insensible a las reivindicaciones catalanas es casi una decisión inevitable. Igual que la defensa de todas y cada una de las competencias catalanas que el Estado pretenda invadir. Cualquier movimiento en este sentido no hace más que reforzar la posición de CiU y su president. El govern, profundamente desgastado por los recortes, puede señalar un culpable de la precariedad de sus finanzas, mientras CiU se carga de autoridad ante sus electores con la defensa a ultranza del autogobierno.

En Catalunya, el silbido de los dos trenes se escucha cada vez con más potencia. Lo sorprendente es la sordera que demuestra el gobierno español…

*Marta Lasalas es periodista.

http://www.cuartopoder.es/invitados/mas-madera-es-el-pacto-fiscal-o/458

Anuncios

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s